ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.


29 de febrero de 2008

Selene. Capítulo III.

CAPÍTULO III: TURNO ANTI – ESTRÉS, ¿ME EXPLICAS LA LECCIÓN?

- Hola, buenos días ¿Necesitan ayuda? – Dice Selene.

- Si, por favor ¿dónde están las bailarinas de plata? – Pregunta una clienta.

- Están por…….

- Sígame, señores por aquí podrán encontrar una gran variedad. ¿Qué modelo quiere en especial? – Dice una compañera de Selene.

No puede decir nada, no es bueno crear ningún tipo de conflicto, cuando hay clientes en la tienda. Por lo que Selene, lo único que puede hacer, es dejar marchar a su cliente y ver como Sonia, su compañera, se lo arrebata.

“Lleva así toda la mañana de hoy, y parte de la semana. Esta se va a enterar de lo que es bueno”. Piensa ella mientras mira el reloj.

- Huy… Las dos y media. ¡Hora de irme!- Piensa en voz alta.

No dice nada más, se despide de sus compañeros, haciendo un gesto con la mano, coge su bolsito y se va. Sale feliz, harta de llevar toda la mañana atendiendo a personas, pero aún no ha acabado el día. Comienza una larga carrera hasta la parada del autobús, como siempre llegará tarde a la primera clase. Ella prefiere comer y tomarse un café tranquila, antes de iniciar su jornada estudiantil.

Tras un tranquilo descanso al sol, decide iniciar su aprendizaje. Se acerca al ojo de buey de la puerta, presiona el botón del pomo y, sin hacer ruido, se sienta en la última silla de la cuarta banca. Mira a sus compañeras, con una sonrisa, por haber tenido el detalle de guardarle el sitio, dice gracias, de forma muy marcada y silenciosa, y se sienta.

- Bueno, para el final de cuatrimestre, me haréis un trabajo sobre la división celular de unas 100 páginas como mínimo. – Añade el profesor antes de encaminarse hacia el pasillo.

- Hola, ¿Cómo te ha ido en el curro? ¿Mucho follón? – le dice Tina.

- Algo, muchos pesaos. Pero bueno, dejarme los apuntes que voy un poco pegada, con la cosa que esta asignatura siempre nos toca a primera hora, no se ni porqué tema vamos. – Les dice a las niñas mientras saca un poco de dinero del bolsillo.

- ¿Hoy no te has traído ropa para cambiarte? – Le dice Gema.

- No, me pesa mucho la mochila y como no voy a salir, paso de ir cargada. – le responde Selene.- Por lo menos el color me gusta.

Selene toma los apuntes, de todas sus compañeras de clase, siempre le gusta tenerlos de varias personas, para poder completar lo máximo posible. De vuelta de la fotocopiadora se cruza con Roberto.

- Hola Selene. – Le dice mirándola fijamente.

Ella se pone nerviosa, no esta muy puesta en la materia.

- Ho, hola Roberto. Buenas tardes. – Le responde.


- Selene, ¿te importaría que este fin de semana quedáramos para que me expliques bioquímica?, no me entero. Quedamos donde tu digas y a la hora que digas.- la sonrisa de Selene se borró en ese instante.

- Y yo ¿qué saco a cambio? – Le contesta ella muy seriamente.- O ¿es que me has visto cara de hermanita de los pobres?


- A cambio te invito a cenar. – dice él mientras le coge la nariz brevemente, provocando que vuelva la sonrisa de la chica. - ¿Te parece bien el cambio? ¿En tu piso o en el mío?

- En el mío, el viernes. Te veo a las seis en mi piso.

- ¿Te gusta: chino, un italiano, un marroquí…? – Le pregunta él con intriga.

- Depende de lo que se me apetezca, nos vemos y no llegues tarde. – Dice ella vuelta de espaldas y despidiéndose con la mano levantada, mientras se dirige a la clase.

Roberto la mira a lo lejos, puede ver como su bonita figura, parece aún más apetecible a contra luz. Aprovechará, los conocimientos de Selene para aprobar. Nada porqué ir mal, se pone las gafas de sol, mete las manos dentro de su gabardina y abandona el pasillo para dirigirse, quien sabe donde. Solo faltan dos días para volver a ver a Selene.

27 de febrero de 2008

Cómo espantar a la novia de mi hermano. Capítulo 3 (2ªparte)

La semana anterior:

INT. SALÓN DE LA CASA DE IÑAKI.
ARUAL, se levanta de su asiento y se va al cuarto de baño.

FANTASMA.
(voz espectral del inframundo)
¿Ya estás aquí, otra vez?, te voy a matar.

Minutos después, tras múltiples porrazos y golpes.

ARUAL.
(con voz penosa)
Mamá, el fantasma del cuarto de baño me ha dado una paliza, dice que quiere matarme.

Tras haberla curado Arual, se levanta de su asiento, se desvía a la cocina y, sale de la misma, con un delantal y poniéndose unos guantes de latex.


CAPÍTULO III: UN TRANQUILO CAFÉ (2ª PARTE)

Charo continúa con la conversación, es más, se extraña que Elisbeht, haya parado de hablar. De pronto, todo queda envuelto en un tremendo silencio. La novia de Iñaki, está expectante, sabe que cualquier cosa puede ocurrir. La puerta del cuarto de Arual, se abre. Allí está ella, completamente llena de sangre, una de las salpicaduras le atraviesa la cara.

- Mamá, ya te he cortado los filetes de cerdo que me pediste ¿Dónde te los dejo? – Dice la niña.

El cuchillo que porta Arual, es de grandes dimensiones y una punta muy afilada. La hermana de Iñaki, lo mantiene elevado en el aire, por encima de su cabeza. Elisabeth ve como la sangre gotea, formando un charco en el suelo. Cuando recorre el camino de una de las gotas, a la inversa. No puede evitar fijarse en la cara de la niña. Está desencajada, chupándose la sangre del rostro, ayudada por la otra mano, y mira fijamente a todos los componentes del salón.

El corazón se le va a salir por la boca, ya no puede evitarlo más. Unas gotas de sudor frío, le recorren la espalda y han aparecido en su frente. Su pulso tiembla, todo le da vueltas, intenta chillar pero no puede y, por fin, la oscuridad. Todo está en paz, el susto ha pasado. Su cuerpo está flotando en otra dimensión, se encuentra muy a gusto allí, protegida y lejos de esa loca familia. Parece como si hubiera vuelto al vientre materno. De pronto….

- Elisabeth, elisabeth, elisabeth,….. – escucha una voz lejana que la llama, a la que se niega a responder.

¿Qué pasará? ¿Despertará Elisabeth? ¿Se ha desmayado solo o le ha dado un ataque al corazón? ¿Qué pretende Arual con todo lo que ha montado en la casa?...... Quizás en el próximo capítulo no responda a todas vuestras preguntas, pero en él algunas de ellas serán esclarecidas y otras muchas, aparecerán ¿Tendrán respuesta?

24 de febrero de 2008

Selene. Capítulo II

CAPITULO II: SALVADA POR EL KMnO4.

El catedrático estaba explicando la aburrida lección, su voz resonaba en toda el aula. La única interrupción, era un leve murmullo, casi imperceptible, de un sacapuntas.

- Si unimos el permanganato potásico a este ácido. Sacaremos como resultado….. – explicaba el experto.

Parecía que, el reloj, se resistía a marcar las horas aquella tarde, a penas quedaban cuatro minutos para el descanso. Aún así el tiempo, dentro de aquellas cuatro paredes, era estático. Shif, shif, shif,… podía escucharse en la tercera silla de la cuarta banca, shif, shif, shif.

Una mirada despavorida dio un grito silencioso, no hizo falta que hablara. Su boca abierta, los ojos salidos de sus órbitas y aquella expresión de miedo, mezclada con asombro, no la dejaban expresar su desagradable sorpresa. A penas pudo exhalar una leve onomatopeya.

Estaba mirando de reojo hacia su asiento trasero, pero jamás habría esperado encontrarse la punta de un lápiz afilado, a pocos milímetros de su ojo. Esa fina lanza de grafito, amenazaba con atravesar su gran pupila dilatada. Una mano, de uñas francesas, sujetaba firmemente aquel útil de escritura. Al otro lado de su correspondiente brazo, la dueña la contemplaba, con sus profundos ojos verdes. Su sonrisa era diabólica.

No podía moverse, la penetrante mirada de, la chica de atrás, se internaban hasta lo más profundo de su alma. Dejándola indefensa ante ella. Sólo su voz la despertó de aquella hipnosis involuntaria.

- ¡Qué sea la última vez que te veo cotilleando! – Le dijo la inquilina del asiento de atrás, mientras echaba un vistazo rápido al reloj.

- Yoooo…… - Le contestó como pudo, formando un gesto de ofensa.

- Te acaba de salvar la campana. – dijo mientras bajaba el lápiz y ordenaba sus papeles, para salir de la clase.

Ya era casi de noche, pero aún quedaba la última parte de la explicación. Selene sacó un café de la máquina, se encendió un cigarrillo y salió al exterior.

- Hola, ¿qué te parece la clase? – Le comenta una compañera.

- Larga y aburrida. – Le responde dándole una calada al pitillo.

- Sabes, creo que esa bruja no volverá a molestar. – Le dice.

- Eso espero, porque en una semana que llevamos, no ha parado. Lo cierto es que, tampoco decía nada, pero la forma que tenía de mirarnos, cada cinco minutos, me molestaba bastante. – Da un sorbo al café. – Tina, ¿sabes de algún sitio donde estén buscando a alguien?

- No, ¿por qué? ¿Te hace falta curro? – Le responde.

- Lo cierto es que si. Los pocos ahorros que tengo están desapareciendo.

El descanso había terminado, las dos chicas se adentraron en el edificio, y reanudaron las clases.

- Un poco más y me saltas un ojo. – Intentar provocarle una voz, pero Selene no levanta la mirada del folio. – Te estoy hablando, ¿me escuchas?

Pero Selene sigue con los ejercicios. Es más, ignora completamente que alguien está intentando llamar su atención. La chica, que antes le ha hablado, se levanta de su sitio muy enfadada y toca su hombro, empujándola hacia atrás.

- Te estaba hablando a ti ¿sabes? – La desafía mientras ejecuta la acción.

- Si, se que me estabas hablando a mi. – Le responde ella, incorporándose para continuar con la tarea.- Por si no lo sabes, no soy sorda.

- Entonces contesta a lo que te he dicho, ¡maleducada!- Le dice la compañera malhumorada.

- No soy una mal educada, aquí la única que no tiene educación eres tú, así que no me des lecciones. Yo simplemente, como la tengo, la uso cuando me da la gana, y esta no era una de esas ocasiones. – le responde con una media sonrisa. – Yo no era la que miraba de reojo, para ver lo que estábamos haciendo. Y si no te he saltado el ojo, no ha sido de casualidad.

En ese mismo instante, comienza una nueva conversación con su compañera, Tina. Había que entregar los ejercicios esa misma tarde, y Selene no era de las que le gustara perder el tiempo. Silvia, que así se llamaba la de la fila de adelante, se quedó sin el derecho a réplica. Tampoco le habían dado oportunidad para ello, volvió a su sitio enfurecida, pero no se le ocurrió volver la vista, por si era verdad que si su ojo seguía en su cuenca, no era por casualidad.

La noche había invadido las calles, los relojes marcaban las once, cuando Selene entro hacia su portal. Estaba a punto de entrar cuando:

“Nuevo centro comercial Arriviá, calle centro. Buscamos personal. Ofrecemos: buen salario, jornada completa, estabilidad laboral, un sueldo fijo y posibilidades de ascender. Deja tu currículum en el local Paralelo Arriviá, en la zona norte de la ciudad.”

Se escuchó salir desde una ventana, alguien tenía la televisión demasiado alta. En otras circunstancias le hubiera molestado. Esta vez se alegró que, la “vieja sorda del quinto”, como era de costumbre, no bajara el volumen.

- “¿Trabajo como dependienta a media jornada?, no es lo mío, pero puedo intentarlo” – pensó en voz baja mientras, abría la puerta de hierro de entrada al portal.

22 de febrero de 2008

Cómo espantar a la novia de mi hermano. Capítulo 3 (Primera parte)

En el capítulo anterior.

INT. MESA DEL SALÓN.

IÑAKI

(hablándole a la oreja, de su novia)

Anda, dile algo a mi hermana. Dale conversación, verás que no es tanto como parece, es una niña adorable.

ELISABEHT

(dirigiéndose a Arual)

Arual, ¿Hiciste algo anoche?

ARUAL

Estuvimos haciendo una hoguera. Quemamos un muerto.


CAPÍTULO III: UN TRANQUILO CAFÉ (Primera parte).

Por fin terminó la comida. Elisabeth, junto con toda la familia de su novio, pasan a la mesita de café del salón. Arual se sienta frente a ella, no para de balancearse adelante y atrás, mientras se frota las manos una y otra vez, a la vez que hace pequeños ruidos, con la boca, mientras mantiene la cabeza baja.

La futura nuera, no le quita ojo de encima. Aunque sea de reojo. No se fía ni un pelo, la próxima vez, el tenedor podría clavárselo a ella con cualquier excusa. Se encuentra bastante tensa y no para de mirar el reloj, ansía que llegue una hora prudencial para no dar mala impresión. Pero el guardar las apariencias le van a costar un poco caras.

Arual para en seco, se mantiene unos minutos una pose curvada, levanta la cabeza y se dirige a su madre.

- Mamá, ¿sabes que vamos a morir?

- Si, si cariño. No te preocupes, anda déjame terminar de escuchar la noticia que están dando, que después llega tu padre, se adueña del mando y no hay quien se lo quite. – Le responde Charo tan tranquila sin quitar la vista del televisor.

En ese instante, Alfonso aparece por la puerta de la cocina con una gran bandeja de dulces y unas tazas de café. Las coloca en la mesa de cristal, sonríe a Elisabeth y acaricia la cabeza de su hija, antes de sentarse, al lado de su mujer. En un pequeño instante le quita el mando a distancia, apaga la tele y se dirige a la novia de su hijo.

- Elisabeth, ¿has visto que niña más bonita tengo? ¡ Ay, mi niña qué bonita es. – dice mientras le acaricia la barbilla a su niña bonita.

Arual está en su mundo, parece un perro cuando está intentando localizar algo. Elisabeth, lo más que puede hacer es asentir con la cabeza, tímidamente. Está aterrada y asombrada, a la misma vez. “¿Cómo es posible que no se den cuenta que su hija tiene un serio problema?”

Arual se levanta, no dice nada, no mira a nadie. Como un zombi se dirige al cuarto de baño.

- Ya estás aquí otra vez, te voy a matar. – Dice una voz espectral desde el interior de la habitación.

- No si antes no lo hago yo. – Contesta la niña.

Desde el interior del servicio salen ruidos y sonidos, de tarros rotos, cosas que caen al suelo. Los golpes contra la puesta son estrepitosos.

- Esto te ha dolido ¿verdad? Pues toma esto – Dice Arual.

Los golpes continúan, Elisbeth intenta mantener la calma, pero el pulso de sus manos la delata. Está inquieta, pero se sorprende, aún más, cuando contempla como el resto de los componentes de la familia, está viendo la televisión como si nada estuviera pasando.

La puerta del cuarto de baño se abre. Desde el lugar donde está Elisabeth, ve como Arual aparece con una brecha en la cabeza, que emana sangre. Sin embargo no se tambalea, va directamente hacia su madre.

- Mamá, el fantasma del cuarto de baño me ha dado una paliza, dice que quiere matarme.

- ¡Ay mi niña¡, pobrecita. ¿Te has hecho daño?, ahora mismo voy a por algo para curarte mi amor. – Le contesta su padre mientras se levanta, dejándole su sitio a la niña.

- Mira que te he dicho que tengas cuidado con la estantería del cuarto de baño que está muy baja. Has visto lo que te has hecho.

Mientras la curan, Arual está mirando a Elisabeth, dedicándole una sonrisa maliciosa, y provocando que se ponga aún más nerviosa y asustada que antes. Parece que no le duele el golpe, y mucho menos que su padre le echa alcohol puro en la herida. Al acabar de curarla:

- Mamá me voy para mi cuarto.

Vuelve a levantarse, la misma manera que antes. Pero toma un desvía antes de llegar a su habitación, va hacia la cocina. Minutos después se la ve pasar, hacia su destino inicial, con un delantal blanco y colocándose unos guantes de látex hasta los codos.

- Elisabeth, ¿qué estás estudiando? – Le dice Charo.

- Pues estoy haciendo ya las praccccc.cc.c..

La conversación se ve interrumpida por unos chillidos procedentes del cuarto de Arual.

¿Cómo acabará el día? ¿para qué quiere la niña los guantes?¿qué son esos chillido que proceden del cuarto de Arual?¿le dará un ataque al corazón a Elisabeth, al final de la tarde?.........

20 de febrero de 2008

Selene. Capítulo I.

CAPÍTULO I: LLEGADA DE NINGÚN SITIO A CIERTA PARTE.

El tren acababa de llegar a la estación, era un día lluvioso, nublado y frío. Unas pequeñas botas negras, salieron hacia el arcén, portando una pequeña maleta. A penas llevaba equipaje encima, se encaminó hacia la parada de taxis y tomó uno.


- ¿A dónde la llevo señorita? – Sonó una voz ronca y casi desinteresada.

- Al centro de la cuidad. – Contestó aquella mujer misteriosa.


Con el gran tráfico tardarían un poco en llegar, pero eso a ella le daba igual. No paraba de mirar aquel papel, con una dirección escrita y unas frases, que decían:


“Tu piso está a mediación de la calle peatonal, que atraviesa el centro de la ciudad. Ya lo he preparado todo, tu compañera te está esperando. Dale recuerdos de mi parte, que te vaya bien en tu nueva vida”

Besos, espero poder verte pronto.


- Ya hemos llegado, señorita, ¿la ayudo con la maleta? – Le dice el conductor.

- No gracias, ¿cuánto le debo? – Le responde la muchacha.

- Son 7 euros.

- Aquí tiene, gracias.

Estaba totalmente perdida, esa situación la irritaba, no le gustaba sentirse desvalida, a pesar de que siempre fue un pez fuera del agua.


Caminaba entre una gran multitud, la calle estaba llena de gente. Le era muy difícil mantener la mirada fija, en la placa donde ponía el nombre de las calles, llevar la maleta y mantener el paraguas. Cuando alguien chocó con ella, el golpe no fue muy fuerte, pero lo suficiente para hacerla caer al suelo mojado y resbaladizo.


- Lo siento, iba corriendo y no te vi. – Le dijo el muchacho.

- Es que no se puede ser más inútil. Con la de personas que hay en la calle, y has ido a tropezar conmigo. – Decía ella irritada sin levantar la cabeza.

- Ya te he dicho que lo siento, ¿te has hecho daño?

- No, simplemente me he mojado y aún no he encontrado la calle donde está mi piso. – Le contestó ella. - ¿Puedes decirme donde está esta calle?, mierda se me ha mojado el papel.

- No te preocupes, aún puede leerse. A ver. – Le decía mientras lo cogía para leerlo. – Esa calle es justo esta. – Le señaló con la mano la calle paralela.

Selene se levantó y se volvió a coger el paraguas, que estaba justo a la entrada del camino que debía tomar.

- Mierda, se ha roto. Por lo menos en este lugar no llueve mucho. – Pensó en voz baja mientras de adentraba hacia su destino.


- Oye dame las gracias por lo menos. – Le chilló el.

- ¿Esperas que te de las gracias por mojarme y romperme el paraguas? – le contestó.

- No, lo cierto es que pareces un besugo. – le contestó mientras ella se alejaba, cada vez más. – Por lo menos dime tu nombre. – Habló en voz alta, aunque parecía que ya no lo escuchaba.


- Selene. – Se escuchó a lo lejos, como un eco.

Casi no se distinguía su figura, mientras se perdía entre las sombras. Pero fue lo suficiente para que él se quedara mirándola. Quizás esperaba que se volviera, ver una sonrisa entre sus labios carmesí, desvelar el misterio de sus ojos verdes,…. Pero ese encanto se desvaneció, ya no le importaba haber tropezado con aquella extraña, ni siquiera se acordaba de la conversación, minutos antes. Aquella persona sólo había sido un instante perdido en su vida, como tantos otros.

“Selene”, pensó un instante antes de mirar el reloj. “Para variar, llego tarde. Por una vez que salgo con algo de tiempo”, pensó para sus adentros. Y retomó su marcha, rápida, idéntica a la que comenzó unos minutos antes, todo había pasado. En poco tiempo había llegado a la redacción.


- Llegas tarde. – Le dijo el director.

- ¿Y eso te parece extraño?. – Le contesta.

- La verdad es que no. – Responde Jose a su pregunta, mientras se encaminan al despacho.

19 de febrero de 2008

NOTICIA.

Tras haberos presentado a Nuria, una niña muy particular y mostraros que los carácteres empiezan a formarse desde muy pequeños. Comunico el semifin de sus peripecias y capítulos. Se que a penas han durado pero, os voy a contar la verdad, ahora mismo no se me ocurrenada que pueda presentaros, que pueda ser gracioso y entretenido para ella.

Con ello no quiero contaros que ha caído para siempre en el tintero, y mucho menos en el olvido de mis personajes, donde todos aún permanecen latentes y vivos. Por ello voy a sustituir su vida por la publicación de otra. Se titula Selene, como la diosa luna. Espero que disfrutéis con ella.
Ante todo, conforme se me ocurra algo para continuar con los capítulos de "EL NEGRO ES UN COLOR MUY OSCURO", continuaré publicándolos.

17 de febrero de 2008

Lo que me corresponda.

Inutilidades diarias

Uno de los muchos absurdos, que se dan diariamente, y que nunca somos capaces de evitar, es el intentar evitar que tu madre te ponga la cantidad de comida que tu deseas en el plato. Es psiológicamente imposible. Por supuesto el tema abuela, es algo que habría que tratar más en profundidad, por lo que simplemente lo nombraremos.


- Cariño, ¿cuántas albóndigas te pongo en el plato? – te dice tu madre mientras abre la hoya.

- Ponme tres, que no tengo mucha hambre – le respondes.

En ese momento estás perdido, has entrado en su juego. Es inútil intentar que tu madre te ponga tres albóndigas, le va a parecer poco. Así que te dirá:

- No, te voy a poner cinco porque son muy pequeñas – Mientras te está colocando el plato delante de ti.

Entonces ves el equivalente a pelotas de tenis, multiplicado por cinco y en carne, pero eso no acaba ahí, la mitad de esa esfera, casi perfecta, está tapada por una gran cantidad de salsa con tropezones de verdura flotando.

- Ves como eran muy pequeñas – te dice tu madre.

Tu asientes con la cabeza, pensando en que si eso es pequeño, qué será grande. Ahora has descubierto porqué tu madre compro aquellos platos que parecían piscinas.

Lo peor de todo no es eso, es que si no quieres comer más tu padre te mira con cara de enfado y te dice:

- Se come todo lo que haya en el plato, por en…

- Si papá si, pero es que ya no puedo más de verdad – le contestas.

En esto que tu madre te retira el plato, casi terminado y te pone un natilla casera, con dos galletas, que rebosa en el cuenco. Y tú, pues te lo comes.

Un rato después se da la conversación con su hermana, o cualquier otro familiar de las cantidades tan ingentes de comida que comes, y admite lo realmente grandes que eran las albóndigas.

Bueno, pues yo he encontrado una solución para evitar la típica conversación. Así nos ahorramos la pelea, aunque no el que te ponga más comida en el plato.

- Cariño, qué te cuánto te pongo en el plato.

- Lo que me corresponda.

- ¿Lo que te corresponda?

- Si, ni más ni menos. Tu echa la ración que me toca.

Con esto no vas a evitar que tu madre cuente mal, o que tu padre te diga una de las tres verdades de la vida, “en la casa del pobre reventar antes que sobre”, como es costumbre si te dejas algo. Pero evitarás que tu madre se contradiga a ella misma, causándote problemas neuronales.

De esta forma, una conversación que dura unos 15 minutos, una vez, como mínimo, al día. Se acortará tanto que llegará un momento que no preguntará. Directamente te pondrá lo que le de la gana. Porque, una madre será la mejor economista del mundo, pero no saben cuanto son tres y que diferencia hay entre 5 y 7.

El negro es un color muy oscuro. Capítulo 3 (parte primera)

Capítulo III: la última planta.

Estaba acabando el primer trimestre, pronto llegarían las navidades y, la señorita Erika, la sustituta de la profesora anterior de dibujo, había puesto como tarea un dibujo, semilibre. La actividad consistía en realizar un vidriera, utilizando las formas básicas, de un papá Noel, eso sí. El fondo y los colores eran libres.

--- Típico de la navidad – Comentó Nuria.

--- ¿Qué es lo que pasa? – le contestó su amiga Marieta - ¿No te gusta la navidad?


- Simplemente odio los tópicos. Y este no tienen nada que se salga de la línea. A demás, pronto nos largaremos de este lugar, por lo que es un completo absurdo. – Le dice Nuria muy indignada. – Y por qué te estoy contando todo esto si ya te sabes la historia.


- A mi me gustan los tópicos. Son cómo aquellas pequeñas cosas que nunca cambian.

- Si a ti te gusta que un viejo panzudo, vestido de rojo entre en tu casa a dejarte regalos.

- Si, en el patio. El único lugar de la casa que está al aire libre, porque no le permito entrar. – Le contestó Nuria – Debería de hacer como los vampiros, que no pueden entrar en una casa hasta que no es invitado, por lo menos va con malas intenciones pero con educación.

Nuria, terminó su dibujo. Estaba lleno de ángulos rectos, agudos y obtusos, semicírculos y múltiples formas geométricas. Sólo había un pequeño inconveniente, al contrario que el resto de niños, había dibujado un papá Noel, montado en un murciélago gigantesco, seguido por una manada de cuervos y sobrevolando una ciudad pétrea.

- Te gusta mi dibujo. – Le dijo Marieta mostrándole la hoja.

- No, es como los de todos, un viejo rojo en un trineo tirado por unos renos voladores y cargado de regalos. – Le contestó Nuria.

- Nuria a ver si te vas a meter en un lio por dibujar lo que te ha parecido. – Le advirtió Marieta.

Nuria no dijo nada, simplemente hizo una media sonrisa, mientras escondía su pequeña tras su melena pelirroja. Sus ojos verdes resaltaban aún más su siniestra expresión.

Unos días antes de navidad, la profesora estaba corrigiendo los dibujos en su despacho, cuando vio el de Nuria. Estaba con la boca abierta, y no podía creerse lo que estaba viendo, - “tiene un gran problema” – pensó la psicóloga novata.

Estaban todo en clase de lengua, cuando Erika apareció por allí.

- Don Sebastián, puede salir un momento – Dijo la profesora interrumpiendo la clase.

A los pocos minutos Erika entró en la clase y se dirigió a la mesa de Nuria.

- Nuria, cuando termine la clase, ¿te importaría ir a visitar a Don Antonio?, te está esperando. – Le dijo la profesora muy amablemente.

- Podría haberse ahorrado lo de, te importaría, ya que quiera o no voy a tener que hacer aparición por esa clase. – Decía mientras recogía las cosas.

- Qué has hecho ahora? – le susurró Marieta antes de que se fuera.

- Ahora me enteraré. – Le dijo antes de encaminarse hacia la maestra, con tono orgulloso.

Erika la acompañó hasta la última planta, tenía que ir hasta el aula, que se encontraba atravesando una gran cristalera. En la puerta había un cartel colgado – “Psicólogo”- leyó. Mientras pegaba a la puerta.

- Hola, tú debes de ser Nuria, te estaba esperando. – le dijo Don Antonio cuando la vio.


- Si, me podría decir por qué estoy aquí. Todavía no me han leído los cargos.

- Por un dibujo.


- Esos temas los lleva Don Tomás.

- Te suena de algo la vidriera que hiciste la semana pasada?, ¿me puedes decir porqué es negra? Y ¿qué significan esos murciélagos, arañas y cuervos? – Dijo el psicólogo iniciando el interrogatorio.

- Por el mismo motivo que todo el mundo lo pinta de rojo y con colores chillones. Porque me ha dado la gana.

- Eso no es una respuesta, clara.

- Para mi si, si no le gusta me invento alguna y así usted obtiene lo que buscaba y a mi me deja en paz, ¿le parece?

- Porqué no me comentas lo que piensas de la navidad.


¿Cómo saldrá Nuria de este embrollo? , lo veremos en la segunda parte del capítulo.

15 de febrero de 2008

Cómo espantar a la novia de mi hermano. Capítulo II: Una agradable comida

En el capítulo anterior.
IÑAKI
(dirigiéndose a Elisabeth)
Ten cuidado con mi hermana que es un poco rara.

INT Casa de Iñaki.

IÑAKI
(mostrando a su hermana, postrada en una esquina del salón, con la mano)
Esa es Arual, mi hermana pequeña.

ELISABETH.
(tendiendo la mano)
Encantada de conocerte.

ARUAL
(hablando con una voz parecida a la de un hombre)
Rezaré por tu alma.

ALFONSO
(cogiendo a Elisabeth del hombro y empujándola al interior de la casa)
Bueno, no te quedes ahí, vamos a comer.

CAPÍTULO II: UNA AGRADABLE COMIDA.

La comida acababa de empezar. Una mesa muy sutilmente ataviada, presidía la velada. En ella había exquisitos manjares, muy bien colocados. Coronando el centro de la misma, un plato de croquetas y unos pequeños cuencos de aceitunas, hacían de anfitriones. Ante los comensales.

Todos toman asiento, y, a la pobre Elisabeth, no le queda otro remedio que sentarse al lado de la “pequeña” de la casa, una niña un poco demente. Piensa ella. Pero ha de ser cortes, tras esta velada sólo tendrá que verlos en ciertas ocasiones. Simplemente es un mal rato a cambio de dejar contento a Iñaki, el cual está muy ilusionado con la presentación de su primera novia, por lo menos conocida.

- Anda dile algo a mi hermana. Dale conversación, verás que no es tanto como parece, es una niña adorable. – Murmura Iñaki al oído de su novia.

A Elisabeth, se la abren tanto los ojos, que parece que se le van a salir de sus órbitas. Hace de tripas corazón, e intenta, sin que se le note en la voz. Hablar con la niña.

- “¿Qué le pregunto?” – piensa unos instantes para sus adentros, mientras se limpia la boca con la servilleta – Arual, ¿Hiciste algo anoche?

- Estuvimos haciendo una hoguera – Contesta Arual, con voz de ultratumba – quemamos un muerto.

- Que bien cariño. – le dice Alfonso - ¿Cenaste algo fuera?, porque aquí ni llamaste para decir que no venías.

- Asamos pinchitos en la hoguera, sabían a muerto. – Dice la niña mirando a Elisabeth – Era mi ex, se atragantó con una aceituna, así que yo cuidaría lo que como.

En ese momento, la pobre novia, suelta de manera espontanea, la aceituna que se estaba llevando a la boca. Intenta no poner cara de asustada, que le den nauseas, pero es casi imposible hacer ese esfuerzo sobre humano. Mira a su plato, intenta no dirigir la vista a ninguna parte, respira hondo, coge el tenedor e intenta coger una croqueta. Entonces se percata de que Arual, la está mirando fijamente, con una endiablada sonrisa dibujada en su cara.

Elisabeth, asustada, se queda completamente petrificada, mientras observa cómo parece que, la hermana de Iñaki, va a acuchillarla con el tenedor, y nadie va ha moverse para impedirlo. Acerca su cabeza a la de Iñaki y le dice.

- Iñaki, mira a tu hermana quiere….. (traga saliva), parece que va a intentar clavarme el tenedor. – dice sin quita la mirada de los ojos de Arual.

- No te preocupes, es su forma de pinchar las croquetas, una manía como cualquier otra. – tras decir esto, Iñaki continúa comiendo, como si nada.

En ese instante, aquella loca desquiciada, da un grito y lanza enérgicamente estocadas contra el plato de las croquetas. No atina a pinchar ninguna, ya que estas, del mismo movimiento del plato, han salido desperdigadas por toda la mesa. Arual mantiene la misma expresión sádica, que mostró en un principio, cuando Elisabeth, se fijó en ella.

A la novia de Iñaki, no le queda otra que mantener el tipo, todos miran a Arual con cara de enfado. Pero ella no puede evitar que el corazón quiera salírsele por la boca, - “esa maníaca, estaba pensando en hacerme eso a mi y no a las cocretas. ¿Es que aquí están todos locos?, puede que el loquero de la niña les haya recomendado normalidad para tratarla. Si no está bajo vigilancia médica es porque el resto la necesitan más que ella”. Piensa Elisabeth.

- Cariño, mira que te he dicho veces que no pinches así las croquetas – le dice su madre dulcemente - que las esparces por toda la mesa. Esas no son maneras para una señorita bien educada. A ver qué va a pensar la novia de tu hermano. – Le dedica una mirada amable a Elisbeth.

- Es que una de las croquetas me estaba mirando – le contesta la niña, con voz ronca y más propia de un hombre - A demás, estaba viva y no podía permitir que escapara del plato. – le contesta Arual – Podía haber mordido a mi futura cuñada. – Dice mientras vuelve la cabeza de forma estática hacia Elisabeth.

“Tranquila, pronto pasará todo esto. El café y se acabó. Sólo es una niña que quiere meterte miedo en el cuerpo, ya está.”.



¿Aprenderá Arual lo que es comportarse como una señorita?, lo descubriremos en la próxima semana, o quizás no.

No os perdais el siguiente capítulo: La hora del café.

10 de febrero de 2008

Cómo espantar a la novia de mi hermano. Capítulo I

INTRODUCCIÓN.

Os presento un divertido relato corto. Donde puede pasar de todo menos lo normal.

En un corto espacio de cinco capítulos, les relato una divertida idea que me dio, casi sin quererlo, uno de los múltiples y peculiares personajes que conforman el círculo de cronopios de mi vida ordinaria.

CAPÍTULO I: LA PRESENTACIÓN.
Tras unos meses como pareja, Iñaki y Elisabeth, deciden dar un paso más en su relación. La madre del novio ha preparado una comida de bienvenida a la familia.

Todo estaba preparado, ella estaba vestida con un bonito conjunto, comprado especialmente para la ocasión. Pronto llegaron al portal, cuando notó como un inquieto gusanito bailaba el mambo dentro de su estómago. Sentía vértigo ante esa situación, era la primera vez que la presentaban formalmente.

Estaban a punto de subir el primer escalón, que conducía hacia la entrada del portal cuando Iñaki se volvió hacia ella:

- Ah, se me olvidó decírtelo, ten cuidado con mi hermana que es un poquito rara.

Llegaron a la puerta de la casa, el chico pegó al timbre. Tras ella se encontraba Charo, una mujer, no muy mayor, con una cara apacible y risueña.

- Hola Elizabeth, me alegro de verte. Iñaki nos ha hablado mucho de ti. – Le comenta Charo, mientras se acerca a ella para darle dos besos.

- Encantada – Le responde Elisabeth, con una gran sonrisa.

- Este es mi padre, se llama Alfonso. – Le dice Iñaki, dirigiéndose a su padre.

- Pasa mujer, no te quedes en la puerta, te estábamos esperando – Le contesta su padre amablemente.

- Encantada de conocerlo. – Le contesta Elisabeth.

- Ah… Esa es mi hermana Arual – Le comenta Iñaki mientras señala a la esquina del salón.


Elisabeth se encamina hacia ella. En el corto recorrido observa una chica joven, con múltiples tics nerviosos, ropa gastada, muy despeinada, ojos ausentes, una sonrisa malévola y con la piel adornada con algunos arañazos y moratones.

- Encantada de conocerte – Le dice tendiéndole la mano.

- Rezaré por tu alma. – le contesta con voz escabrosa y siniestra.

La futura novia formal, se queda pasmada. Aquella criatura diabólica, no podía pertenecer a esa encantadora familia. Una gota de sudor frío le recorrió la espalda y el terror inundó su rostro. Se quedó petrificada, con la mano todavía sosteniendo la de Arual.

- Bueno, no te quedes ahí. – Comenta Alfonso. – ¡Vamos!, siéntate en la mesa que vamos a comer.


Hummmm, la comida se presenta interesante. ¿Quién es esa niña?¿A qué dedica el tiempo libre?¿Quién le mandaba flores?¿Es ella la única rara de la familia o la más normal de todos¿Sobrevivirá Elisabeth?. La respuesta a algunas de éstas preguntas se las responderé la semana que viene.



No se pierdan el capítulo II: Una agradable comida.

El negro es un color muy oscuro. Capítulo 2 (segunda parte)

Capítulo II:bajada al infierno (segunda parte)


En la primera parte Nuria, se encontraba recorriendo una cueva que llevaba hasta las mismas puertas del Hades, cuando se encontró en la puerta de Don Tomás. El jefe de estudios.
Esta esta dispuesto a esclarecer los acontecimientos ocurrido en clase de dibujo....


“Calmarnos”, pensaba Nuria. El único que estaba nervioso era él. Seguramente ya habría maquinado el castigo por su insolencia.

- La señorita, Dolores, me ha dado este dibujo. Me ha comentado que era ella ardiendo en la hoguera, vestida de bruja. – Le decía Tomás, mientras le mostraba el dibujo.

- Efectivamente, sólo que no era ella vestida de bruja. Es su representación simbólica dentro de mi mente. – Exclamó la niña de forma pedante.

- Y porqué lo has hecho.

- Porque era la clase de dibujo libre, en ella cada uno dibuja lo que quiere.

- Si, pero esto ¿a que viene? - Le volvía a decir mostrándole de nuevo el dibujo.

- Era dibujo libre, no dibujo del agrado de la señorita. Sino sería dibujo dirigido – Decía en tono monótono.

- Pero, ¿por qué la señorita Dolores? – Decía don Tomás.

- Fácil, cada vez que toca dibujo libre, haga uno de cada persona del centro, tal y como la veo yo. Así que he puesto su representación. Por los otros no he tenido problemas.

- ¡Otros!, …… ¿Qué otros? – Don Tomás no daba crédito a lo que estaba oyendo.

- Si, los del profe de lengua, del de ciencias, la de inglés y usted. – Decía la niña con normalidad.

- Y cómo me has dibujado a mí.- Le dijo con intriga.

- Usted es el rey de los infiernos.

Los ojos de Don Tomás, el jefe de estudios, se salieron de sus órbitas. Se tornó rojo como un cangrejo.

- Nuria, perdona por haberte hecho perder la clase. Sube y dile a tu maestra que baje con todos tus dibujos, de las últimas semanas. Esta vez te has librado del castigo.

La niña se levantó y se dirigió hacia su clase. Un aura de triunfo daba un brillo, casi fantasmal, a sus ojos. Pegó en la puerta del aula con tres golpes, secos y rotundos. La puerta se abrió de una vez y, con cara de inocente, miró a Doña Dolores.

- Ah, Nuria ¿Qué te ha dicho Don Tomás? – Preguntó en forma burlona.

- Nada – Contestó la niña.

- Algo te ha tenido que decir – Le contestó Dolores, esperando que le corroboraran lo que ya creía que sabía.

- Si, que haga el favor de bajar al despacho con todos mis dibujos. La está esperando.

A la mañana siguiente había una maestra suplente, y se prohibió el dibujo libre.

Sólo una persona como Nuria, podía bajar a las entrañas del infierno y volver para contarlo.

4 de febrero de 2008

El negro es un color muy oscuro. Capítulo 2 (primera parte)

Capítulo II:bajada al infierno (primera parte).


En el capítulo anterior (El dibujo): Tras llegar tarde a clase, Nuria se disponía ha realizar el dibujo libre, de la señorita Dolores. Este era una bruja quemándose en la hoguera la cual, la niña afirmaba que era la profesora condenada por sus aburridas clases">

Dolores acompañó a Nuria por todo el pasillo, las baldosas se movían a cada paso que daba, regalándoles un espectral brillo. La niña ya había estado antes en ese despacho, demasiadas para lo que le restaba de curso.

- Siéntate en el banco y no te muevas de ahí, hasta que el director te llame.

Nuria no respondió, simplemente volvió su cuerpo en dirección al asiento de madera y se dispuso a esperar. Tendría que esperar un buen rato, hasta que el “jefe”, se dignara a recibirla, pero antes tendría que escuchar cómo cotilleaba la secretaria con su profesora antes de que esta abandonara el lugar para dirigirse hacia la clase.

Eso era lo de menos, por fin se había podido librar, aunque fuera por un breve periodo de tiempo, a esa persona tan molesta que la tenía tomada con ella. No era la primera vez que la mandaba al “inframundo”, como Nuria lo llamaba.

Pasaron los minutos y todo seguía igual, ni un solo ruido. La pequeña miró hacia la puerta que comunicaba con el pasillo y, al volver la mirada, se dio cuenta que estaba en un lugar oscuro y pétreo, sobre un viejo banco oxidado, raído y con el asiento lleno de musgo. Una sonrisa se dibujó en su cara, estaba como en su casa.

Ese olor a ceniza y humedad le hacían recordar aquella bonita casa, por la que pasaba todas las mañanas. El cielo oscuro, cubierto de nubes que no dejaban pasar ni un tenue rayo de luz y los árboles muerto que adornaban el paisaje. Estaba encantada con la visión cuando algo llamó su atención.

Miró al suelo y descubrió un pequeño y peludo arácnido que salía corriendo, justo al lado de su pie. Vio como se dirigía directamente hacia una profunda, pero pequeña cueva, al fondo del cementerio.

La siguió con la mirada, lo suficiente como para que no fuera más que un pequeño punto en movimiento, entonces su curiosidad se despertó. Se levantó de un salto y salió tras de ella. Siguió los pasos del insecto hasta la boca de la entrada. Paró en seco y oteó el pasadizo, estaba oscuro. A penas podía distinguir a Monick, era el nombre que mentalmente le había puesto al insecto. Odiaba que las cosas no tuvieran nombre propio.

No tardó mucho en olvidarse de ella, a penas unos segundos. La casi completa oscuridad, había redirigido su curiosidad, hasta el punto de que su flamante deseo por descubrir lo que había al final, obnubiló su mente.

Continuó su expedición, entre un camino de rayas intermitentes de colores. Cada vez había más claridad ahí dentro, el calor le enrojecía sus mejillas. Estaba sudando y el suelo, de roca sólida, se hundía bajo sus pies.

Al fondo se podía ver una puerta, con unas letras rojas en las que se podía leer, “jefe de estudios”. Esta comenzó a fundirse, por el tremendo calor.

- Nuria, pasa – Decía una voz ronca desde el otro lado de la puerta.

- Intento pasar, pero las llamas no me dejan, a demás, la puerta no se ha fundido del todo y no me deja pasar.

- Nuria, tú y tus fantasías ¿Quieres dejar de soñar?

Todo volvió a la normalidad. Estaba en el marco de la puerta, con el máximo responsable del centro.

-Vas a pasar o prefieres quedarte ahí hasta mañana – Le dijo Don Tomás, el jefe de estudios.

-Lo cierto es que preferiría volver a clase – Le contestó Nuria.

- A ver, cuéntame que ha pasado esta vez. – Decía el jefe de estudios con voz de desesperación.

- Si ya se la contado la profe, y a mí no me va a creer ¿Por qué habría de gastar saliva?

- Nuria, que ya nos conocemos.

- Y a mi familia, por eso mismo me niego a decir nada. Si sólo va a servir para empeorar las cosas. – Contestó Nuria muy convencida.

- Bueno, vamos a calmarnos un poco. Siéntate, voy a empezar yo.


Continuará....