ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.


22 de diciembre de 2013

VOLVEMOS A EMPEZAR. LLEGA LA CUENTA ATRÁS.


Este año prometo ser yo misma.

Este año me dejaré llevar por mi intuición: como llevo haciendo desde hace un tiempo y todavía no me ha ido mal.

Este año prometo cuidar de todo aquel que me importa.

Este año prometo seguir con mis proyectos y llevarlos todo hacia buen puerto: algunos se estrellarán pero ¡qué importa no ganar una batalla si lo que pretendes ganar es la guerra!

Este año haré lo que yo quiera: aquello que me queda por cumplir, mis ambiciones aunque me rompa las manos tallando y mi garganta se quede afónica de chillara todo el mundo.

Este año no seré políticamente correcta, ni seguiré los dictámenes de la buena educación que me imponen para poderme integrar dentro de una sociedad que no me gusta.

Este año pintaré, esculpiré, tallaré, construiré, imaginaré y viajaré a los mundos que mi imaginación ofrece para plasmarlos en todo lo que hago.

Este año no me callaré nada que no me guste.

Este año prometo vivir acorde a mis reglas no a la de los demás.

Hay cosas que me gusta hacer.

Si es cierto, odio la navidad, pero todos los años me gusta hacer repaso de lo acontecido durante los últimos 365 días y ver qué cosas tengo que reparar, mantener o dejar de hacer. Sorpresas, ha habido mucha, pocas buenas y muchas malas, demasiadas para que una persona no saque fuera las uñas, llore, se caiga y vuelva a levantarse como un fénix de sus cenizas, si es que quiere seguir hacia a delante y estar contenta con la vida.

No me gusta lo que me ha tocado vivir, cierto, muchas veces desearía ser un pájaro para volar lo más lejos posible hacia nuevos parajes o volver a ser una niña que no se enteraba absolutamente de nada (también se me había ocurrido irme a Zambia a cuidar elefantes.) Aunque supongo que eso forma parte intrínseca del ser humano para huir de los problemas que aparecen en vez de afrontarlos, simplemente es un mecanismo de defensa. Aunque una casa en mitad del bosque, en un sitio donde sólo se pueda llegar tras muchas dificultades, alejada de la gente y un lago lleno de patos, no me vendría mal de vez en cuando.

¡Bienvenida al mundo de los adultos! – me dice mi madre cada vez que pasa algo. Y tiene razón (aunque no en lo de que me arregle, en eso somos completamente opuestas), conforme vas creciendo parece que todo se complica, que la vida no se soluciona yéndose al cuarto de tus padres porque tienes miedo del monstruo que hay en el armario o debajo de tu cama y que los berrinches no se pasan con el sabor dulce de un caramelo, yendo al videoclub y paseándote en el tiovivo de tu barrio.

Hay cosas que no cambian.

Cierto, hay cosas que me resisto a que pasen sin más en mi vida, no me gustaría darme la vuelta un día y descubrir que he perdido aquello que más agarraba en la vida, para que no se fuera por culpa de un mundo de adultos.

Me gustan los caramelos, las muñecas y creo que seguiré viendo unicornios, duendes, hadas, sirenas y demás seres extraños que rondan mi cabeza, sin necesidad de tomar alguna sustancia alucinógena. Como decían en “El abuelo está loco”, una película Disney, donde aparecían gnomos y duendes, hay cosas que no ves con los ojos que tienes delante, sino con los de tu cabeza, aquellos que abren las puertas de tu imaginación. Y es que esa visión del mundo es la más bonita que alguien pueda tener y que no entiendo como la gente se olvida de ellas.

Esta es la mayor promesa que me hago siempre: seguir viendo el mundo con los ojos de una niña, vislumbrar los diferentes tonos de verde que tiene una hoja y comprar muchos caramelos, como antaño, para que la vida siga siendo dulce. La visión de los adultos es otra cosa, y tendré que seguir compaginándolas, pero bueno será algo con lo que tenga que vivir. No todo el mundo se siente orgullosa u orgulloso cuando su madre le dice - ¡Cuándo vas a crecer! Mi respuesta siempre ha sido la misma - ¡Nunca!

¿De qué vale crecer si las hadas dejan de rondar tu cama, los duendes de observarte por las esquinas o las sirenas dejan de querer jugar contigo cuando te bañas en el mar? ¿Para qué sirve ser adulto si dejas de ver las entradas al mundo donde el cielo puede tocarse con solo saltar y las nubes no pueden usarse para descansar?


Yo creo que me quedaré justo a medio camino, donde estoy cómoda, no veo la necesidad de elegir.

1 de julio de 2013

TARDE DE ESCALOFRÍOS: CONVERSACIONES PROFUNDAS.

¡Tarao tenía que ser!

¿A dónde estamos yendo a parar? Fue la frase que se me pasó por la cabeza cuando un grupo de jóvenes  tenía una conversación no menos que escalofriante debajo de mi ventana.

El tema, según palabras textuales de uno de ellos era: “¿cómo follarme a mi novia sin dejarla embarazada?” Y la opción del condón no era algo que le sirviera, porque últimamente tienen la puñetera manía de no usar métodos anticonceptivos de ningún tipo, bueno casi, la pastilla del día después les ha venido como anillo al dedo, ya que algunos de ellos piensan que puede usarse como si de caramelos se tratara para evitar embarazos no deseados, que no es así para el polvo que echan antes.

Demasiado para mis odios, pero me quedé escuchando, no hablaban de nada que sonara parecido a algo cuerdo, ni tampoco sobre el problema de las enfermedades de transmisión sexual, sino simplemente de cómo hacerlo a pelo (como dicen vulgarmente.)

La respuesta de uno de los del grupo me dejó un poco atónita: “si te la follas de pie no se queda embarazada.” ¡Y se queda tan pancho! ¡Ala! El listo del grupo tendría que ser ya que el resto de ellos se puso de buenas a primeras a razonar, con bastante falta de lógica y conocimientos sobre el tema, de por qué eso era verdad.

No pude evitar asomarme por la ventana haciendo como que descolgaba la ropa para verles la cara y… para mi asombro personal ¡ya tenían los huevos negros! Nada de niños. Me dieron ganas de darles una charla sobre el comportamiento de los espermatozoides y el semen y también, porque no, algunos conocimientos sobre la viscosidad de ciertos fluidos.

Tantos mitos y tan pocas verdades.

Por este motivo me he decidido a escribir este post, por ello os enumeraré una lista sobre lo que me contaron o que leí en revistas para adolescentes y demás cosas que he ido acumulando en mi libreta de apuntes a lo largo de estos días. ¡Ahí van las perlas!:

-       No me puedo quedar embarazada si no eyacula (he cambiado la palabra) dentro: como si no supiéramos todos que antes de llover chispea, pero este en concreto puede dejarte un regalo.

-       Hacerse un lavado vaginal después de hacerlo: eso es muy parecido a una técnica que utilizaban antiguamente que era extraer el semen de la pareja con una jeringa, lo malo es que los “bichitos” corren más que tu.

-       Si no se me ha roto el himen: falso, más que falso, hay mujeres que tienen hijos y tienen en himen o parte de él intacto.

-       El sexo anal no puede hacer que una mujer se quede embarazada: lo primero de todo es que te deje que entres por la puerta de atrás ¡machote! Lo segundo de todo es que si chorrea algo hacia a delante puede que suene la campana del premio.

-       Si es virgen y me la tiro no la puedo dejar preñada: el óvulo no entiende de eso, solo sabe cuando ovula y cuando no, del resto se encargan otros departamentos.

-       Meterse un trapo de cocina antes de hacer el amor con tu pareja evita el embarazo: y te quita la ganas, entre otras cosas, también puede darte escozor, sangrado indeseado, daños en la vagina, sequedad,… y no hablemos nada si el trapo es muy gordo o está sucio.

-       Si orinas después del coito no te quedas en estado: preñada no sé, pero la vejiga la dejas vacía por lo menos. ¡Qué tendrá que ver un conducto con otro!

-       Tener relaciones sexuales con un hombre mayor: ¿Cómo de mayor? ¿Quién tiene escrúpulos para eso? ¿A quién queréis matar? Creo que sería más fácil comprar un consolador.

-       Ponerse vinagre, agua caliente o alka setlez en el ombligo: a parte de pringarte, no entiendo que más va a conseguir.

-       Planificar los días de ovulación para no quedar embarazada: eso lo llama mi madre la cuenta la vieja y tiene un montón de riesgos. En un principio tienes que ser completamente regular en tus menstruaciones (cosa que pocas mujeres consiguen) y, en segunda instancia, hay demasiada población que ha venido a este mundo por esa cuenta.

-       Si practicas sexo cuando ella tiene la regla: que siendo no menos que asqueroso, aunque para fetiches los colores, no es muy probable que te baje al mes siguiente y la causa no son los nervios.

-       Usar limón y vinagre como espermicida: el escozor tiene que ser increíble y lo único que vas a matar es la flora vaginal.

-       Ponerse una aspirina en la vagina: es un método muy antiguo y que no funciona, pregúntaselo a tu abuela, a ver si lo logró.

-       Usar pasta de dientes: ¡Ay! Es lo único que se me ocurre decir aquí, a parte de tener una relación fresquita y libre de sarro.

-       No puedes quedarte embarazada si lo haces en la piscina: ¡cariño! Tu cuerpo está en la piscina haciendo el amor con el chaval o la chavala de turno, tu novio, tu amante, el ligue de aquella noche, ese amigo o amiga íntima con el o la que llevabas queriéndote enrollar siglos y que, por la gracia del dios del alcohol, habéis conseguido llevar vuestra relación a otro nivel,… ¡No importa! Dentro de tu vagina no hay agua.

-       Si no me penetra no hay forma: si se corre cerca de la vagina o el líquido, por lo que sea, pasa por la zona, hay riesgo.

¿Alguna de ellas os ha convencido? Porque conmigo lo único que ha conseguido ha sido que mis ojos se salgan de sus órbitas cada vez más y más hasta casi pegarse a la pantalla del ordenador y a las revistas que he tenido la ocasión de leer.

Otras perlas tampoco las voy a dejar atrás como:

-       Te puedes quedar embarazada si te sientas en un baño público: somos una manipulantas para mantener nuestra honra.

-       Un beso te puede dejar en estado de buena esperanza: de acuerdo, esto es muy antiguo, pero hay gente que todavía se lo cree.

-       Necesito una prueba de tu amor: y yo del tuyo, respétame y verás como todo tiene su recompensa, si quiero claro.

-       Si me trago el semen me puedo quedar preñada: según los últimos estudios científicos el semen aporta ciertas hormonas que evitan la irritabilidad, evitan el insomnio, hacen que te sientas más feliz y alejan la depresión, a parte de aumentar la capacidad de concentración. De ahí a que llegue al óvulo…, creo que deberías repasarte el sistema digestivo y ver que desvío llega hasta los ovarios.

Nos olvidamos de otras cosas.

A parte de los embarazos no deseados, podemos decir que hay otros riesgos bastante más graves para nuestra salud (aunque algunos niños y niñas son una amenaza para nuestros nervios), como la transmisión de enfermedades de transmisión sexual, pero de eso se olvidan todos.

Los métodos caseros no funcionan y lo único que pueden traerte son disgustos, bien por un periodo de nueve meses de espera y una carga para toda la vida, o por unas consecuencias que podrían llevarte al hospital.

Si tienes pareja estable y eso lo tenéis resuelto, a delante, nadie os coarte vuestras decisiones e intimidad. Recordar que la pastilla del día después es sólo para ciertas emergencias y está bien disponer de ella, pero no para un capricho.

Creo que hacer falta un poco más de educación en estos temas, falta comunicación y pensamiento lógico respecto a esto. Tenemos que dejar que esto sea un tema tabú para todos, de vender las cosas como si sólo tuvieran una parte, la buena, por supuesto, o la mala, cada uno la cuenta como le conviene a sus pensamientos.

El amor es libre, tu sexualidad también, esto no es un anuncio de póntelo pónselo, pero la cabeza tiene que ser de todos, tenemos la capacidad de pensar, el cerebro es un músculo, sin embargo, al contrario que los demás, lo ejercitamos demasiado poco.


La libertad es buena, no el libertinaje, recordar que las cosas que hagamos ahora nos perseguirán siempre, de nosotros depende que las consecuencias sean buena o malas. Somos personas, supuestamente racionales, o por lo menos, eso me gustaría pensar.

24 de junio de 2013

LOS SABORES DE LA PASIÓN DAN CARAMELOS DULCES Y AMARGOS.


Una práctica muy satisfactoria y con bastante controversia.

¡Peligro! Es lo primero que se te viene a la cabeza cuando ves esos titulares tan horribles que te avisan de que el cunnilingus o la felación provocan cáncer. La mayoría de los artículos que he leído al respecto son no menos que represores con el tema y defienden una sola postura, con la única solución de no practicarlo. Otros, en cambio, lo menos, puedo decir, no son tan dramáticos, como todos sabemos (o por lo menos me gustaría pensarlo,) las cosas no son o blancas o negras, sino con diferentes tonalidades de grises.

Ciertamente este acto no está libre de riesgos, puedes contraer ciertas enfermedades de transmisión sexual, es verdad, pero para eso la persona o personas a la que lo practicas tienen que estar contaminadas, cosa que se arregla no chupándoselo o comiéndoselo al rollo de una noche, usando preservativos, normales o para la lengua (¡que existen!) o si te acuestas con alguien, que conozcas parte de su vida íntima, como si es tendiente a la promiscuidad o no.

Primero lo que parece más fácil

Felación: acto de chupar frotar, lamer, acariciar,… con la boca el pene y/o los escrotos de un hombre.Fácil ¿verdad?, pues a algunos y a algunas hay que hacerles un mapa y dar unas instrucciones de cómo hacerlo sin clavar dientes, anillos, la forma de mantener la compostura, el no hacer daño al otro o simplemente el mantener algunos modales mientras se practican ciertos actos.

Empecemos por lo que parece más fácil, la felación. Un acto aparentemente sencillo, que muchas mujeres reúsan o simplemente intentan evadir en una relación íntima, por motivos propios o inculcados que no vienen a cuento.

Señoras, señores, damas, caballeros y demás, hay que ponerle ganas, si no ¿cómo demonios quieres que te la devuelvan de una forma que jamás podrás olvidar?, pero sobre todo, no consiste en mover la cabecita de adelante hacia a detrás, apretando levemente la boca (¡que se te duermen los labios!)

Tener en cuenta que lo que tienes entre los dientes es algo que siente (o por lo menos su dueño) y que por ahí, en ese mismo instante, corre una cantidad de sangre tremenda; en conclusión, que es una parte muy sensitiva y en ese estado más todavía. Algunas caricias con la lengua, un poco de jugueteo con la presión de los labios, algo de movimientos lentos y acompasados no vienen mal y, si quieres, ayúdate de las manos.

Una cosa es muy importante, respira por la nariz, no por la boca, de esta forma sólo conseguirás mover la úvula (la campanilla) y tener esa sensación de arcada que no es muy excitante, por decirlo de alguna forma. A nadie le gusta echar hasta la primera papilla mientras le hace una mamada a otro ¿verdad?, aunque para gustos los colores, si es de vuestro agrado a delante, yo no tengo ningún problema con eso (cosas más raras se han visto o no ¿quién sabe?)

Como decía, esto no consiste en poner la boca abierta y dejar que el otro se mueva o mover la cabeza a modo de balanceo (llegando a parecer uno de esos pajaritos de plástico que beben del vaso, eso dejarlo para otros, que aquí estamos hablando de cosas muy serias) hasta que te canses y sigas con las manos, o que el pinganillo, pene, amiguito pequeño, falo, polla, y demás denominativos, acabe escupiendo. Eso sería demasiado insulso para todos, incluso para el o la que esté haciendo la felación.

Señores, señoritas, ponerle un poco de encanto, un poco de juego, que no cuesta tanto hacer feliz a alguien, si después te la va a devolver o ya lo ha hecho (en cuyo caso si no le ponéis entusiasmo será por algo) y además se divierten ambas partes por igual. Prueba a pasar la lengua suavemente por el glande (aclaración: la punta la polla, para los que no me sigan), con delicadeza mientras tus manos suben y bajan por el resto del cuerpo y acarician lo demás, cambia la presión de los labios cuando estos empiecen a subir y a bajar, utiliza lubricantes de sabores que dan un poco de salsa al asunto (nunca mejor dicho) o cambia la temperatura de tu boca con unos cubitos hielo (eso sí, sácatelos antes de introducirte el falo en la boca no vaya a ocurrir una desgracia.)

También puedes usar un poco de succión, algunos mordiscos cariñosos, es decir, suaves, a modo de masaje, no se nos vaya a ir la cabeza con las emociones y acabemos con a boca como un vampiro después de comer, a parte, claro está, de unos alaridos malsonantes.

Una cosa muy importante que quiero anotaros a todos: lo primero es que esto no es una peli porno, por lo que no todas ni todos, llegan a introducirse el miembro en la garganta hasta el final, y las manos acariciando la cabeza, no guiando la expedición o forzándo a seguir un poco más, que muchas veces, el mero hecho de pensarlo quita las ganas.

Ahora lo que no es tan fácil y de lo que se presume.

Cunnilingus: definición que se da al acto de chupar, frotar, lamer, acariciar,… con la lengua la vulva de una mujer.

Parece muy sencillo, todo está a la vista, completamente delante de nuestras narices, nunca mejor dicho, sin embargo nos paramos poco a mirar y mucho a inspeccionar con la lengua. Esto provoca resultados no muy deseados, como el que ella acabe con una vulva llena de babas que no le pertenecen, la o el otro completamente agotado con la boca semidormida y llena o lleno de fluidos y ya está, ni orgasmos, ni estrellas, ni séptimo cielo, ni siquiera un leve resquicio de una pequeña corriente eléctrica (y después de esto algunos y algunas tienen la cara dura de preguntar si te ha gustado, si lo de fingir el orgasmo es por educación más bien.)

Bueno vamos al grano, podemos ayudarnos con unos roces, algunas caricias hasta que el clítoris se agrande o hinche de sangre sobresaliendo un poco de su capucha (¡existe señores!), no es una cosa tan difícil de encontrar cuando lo tienes delante de tus narices.

Las caricias con la lengua tienen que ser suaves y nada de correr como si fueras un niño o una niña pequeña con una piruleta de tamaño descomunal.

Una cosa más, no os centréis sólo en esa zona, las caricias en los labios, el ayudarse con los dedos, evitar morder de forma desmedida, no dar tirones y ayudarse de las manos mientras acaricias sus piernas, introduces las falanges suavemente, sin bulla, y de forma delicada ayudan mucho.

Otra cosa, como he dicho antes, esto no es una peli porno y no esperéis que salga un líquido a modo de eyaculación femenina (que existe, no es un mito ni una invención, pero son las menos, no todas lo consiguen), tampoco os llevéis toda la velada con los dedos en su vagina intentando encontrar el punto g del que tanto se habla y que puede que tu búsqueda en la mina sea fructífera o puede que simplemente se quede en un intento pesado, dando por parte de ella, una invitación a quedarte quietecito o quietecita, porque te estás desviando del tema que estabais tratando, entre su vagina y tu boca.

No pierdas el norte.

Sin embargo, a pesar de decir que es algo que gusta, que muchas mujeres se niegan a practicar o que es algo un poco escondido todavía, se practica, en ambas direcciones y cuando se hace es por algo, sigue siendo sexo, no es necesario ningún tipo de penetración para que uno pueda divertirse con la propia intimidad y ayuda mucho a que la pareja se conozca, miren cuáles son sus límites y a qué están dispuestos a llegar.

Por supuesto, es algo que se debe hacer en compañía (aunque hay ciertos aparatitos que sustituyen la función de la pareja (depende de lo bueno que sea, será mejor o peor sustituto.) Lo importante de todo esto es que nadie se agobie con hacerlo bien a la primera, que hable sobre lo que le gusta o le deja de agradar cuando se consiente.

No lo olvidéis, disfrutar, vivir de la forma que más os plazca y, sobre todo, sonreír, es lo segundo mejor que podéis hacer con vuestra boca.


22 de junio de 2013

BUENO, BONITO Y RIDÍCULO (I PARTE)

Bueno y bonito.
Estamos en crisis, eso lo sabemos todos, no hace falta ser un lumbreras para descubrir que cada vez gastamos menos y miramos más lo que compramos o en lo que merece la pena gastar un poco más de dinero extra y en lo que no. La falta de liquidez se nota en todos los sectores, sobre todo el de la publicidad, los anuncios reciclados de otros años, el pedir a los espectadores que completen un anuncio o una historia a cambio de dinero o de cualquier otro premio como una tablet, un Ipad (no sé si lo he escrito bien y si no me da igual), una televisión superextragrande, su producto para todo un año, etc. Es la nueva tendencia para ahorrarse el sueldo en puestos de trabajo.

Ciertamente los anuncios en este país no son una maravilla desde hace mucho tiempo, alguno que otro se libra (aunque esos son los menos.) Sin embargo, en mi lista de anuncios desastrosos por excelencia están los de higiene femenina, como las compresas y los tampones (un ejemplo de los peores fue ese que decía ¿a qué huelen las nubes? O el de la tía vestida de rojo que daban ganas de darle un buen puñetazo en la cara, si esa que se presenta con: - Hola soy tu menstruación - ¡No es para matarla!).

Los de automóviles tampoco se libran, ni un solo precio en ese pequeño corto, tampoco es que el coche se viera mucho, aunque si los parajes insólitos por los que se supone que puede ir; ahora atraviesan el espacio tiempo y demás cosas o no se necesita un casoplón, como dice uno de ellos o, mejor dicho, decía.

Todos sabemos que la publicidad engaña, es una forma de semiestafa, aceptada socialmente y que dejamos que entre en nuestras vidas diariamente sin que eso nos preocupe en absoluto, en ellos se nos promete que tendremos sensaciones de ensueño, descansos imposibles e inimaginables por los seres normales de a pie, rejuvenecer 15 años en unos pocos meses, adelgazar sin esfuerzo, que no habrás probado nada mejor en tu vida, que las cosas light (o cómo demonios se escriba) saben igual que las que no son bajas en calorías (una pregunta, si el queso y el yogurt están hechos, en su mayor parte, de la grasa de la leche y de la nata, qué puñetas llevan aquellos productos a los que se lo han quitado, ¿qué es lo que realmente estamos comiendo? La respuesta seguro que no es yogurt o queso, pero lo cierto es que dentro de mi no me gustaría saber la respuesta.)

Volviendo a la cuestión, nos venden el ser únicos, y tú te lo crees, no te paras a pensar que la empresa se dedica a hacer productos para gustos generalizados. De algo tienen que vivir, digo yo. Como la nueva campaña de refresco de aquella marca tan conocida y popular, que siempre está intentando generalizar el mercado, su nueva campaña es, por no decir inquietante. Uno de sus nuevos eslóganes dice así: La gente normal qué rara es, y se quedan tan panchos después de vomitar eso (seguro que se les quitó el reflujo del estómago.)

¡De acuerdo! Lo único vende y el problema es que somos tan cabezas huecas que nos lo creemos a pies y juntillas ¿O pensabais que esos productos para el envejecimiento hechos con baba de caracol, veneno de serpiente, aloe vera, semen de toro o la mucosidad sacada del culo de un ácaro, que sólo se encuentra en una aldea perdida en lo más remoto del mundo y cuya esperanza de vida es de doce horas, puede tener la respuesta a la juventud eterna? Pero ¡Claro! Como sale en la tele y lo que dice la cajita de voz, sonido e imágenes es la verdad absoluta,….

Ridículo.
Aunque ya me he explayado un poco con todo esto, a eso no iba, o si, ni yo misma se lo que pasa por mi mente. La perplejidad que se apodera de mi es tan grande últimamente cuando veo los anuncios, que es demasiado como para dejarlo escapar:

Ejemplo 1:

El anuncio nuevo de tampones, donde la chica, señorita, señora, niña o como la llamemos (menos moza, me vale cualquiera,) esta en la piscina con un chico y este mira en su bolsa sacando una cosa de esas y la muchacha se pone a explicarle cómo demonios se pone eso y lo fácil y simple que es.

¡Lumbreras! Siempre pensé que este tipo de anuncios los escribían tios, pero ahora dudo de su estado de embriaguez a la hora de hacerlos.

Punto 1: Como el chico no sea un poco rarito, dudo que cogiera eso del bolso, cuando lo normal es que lo eviten a toda costa si lo ven, es más, si pueden evitar que les roce mejor.

Punto 2: Una mujer nunca deja eso a la vista en un bolso y, mucho menos, deja que un hombre le mire sus cosas. Crema para broncearse no iba buscando, su vestimenta indicaba poco de ello y si ella hubiera querido que se la untaran ya la habría puesto ella en su mano.

Punto 3: ¿Para qué puñetas quiere saber un hombre cómo se pone eso? A menos que no sea para probar la capacidad de absorción cuando se produce un desequilibrio estomacal y evitar mancharte la ropa interior, no lo tengo claro. ¡Si a ellos lo que les interesa es cuando no lo estás usando!

Punto 4: Lo mejor de todo el anuncio es el menda que aparece en segundo plano con el gorro de paja playero, su cara es la mejor de todas.

De todas formas, esto no queda ahí, por supuesto, haré mas partes de este post, ya que la lista es tan extensa que no puedo quedarme calladita (cosa que nunca he hecho, ni cuando estaba ronca.)


Nos vemos en la próxima entrega de: Bueno bonito y ridículo, con la segunda parte: ridículo (II)

18 de junio de 2013

DIÁLOGO DE LUBINAS: El ENIGMA DEL YO.

Estaba en mi casa tan tranquila haciendo cosas propias de mi persona como: arreglar el pomo de la puerta, pintar un nuevo cuadro, hacer un traje nuevo para la muñeca, buscar información por internet y demás cosas que hago para evitar que mi mente se sobrecargue de cosas y me canse antes de empezar cuando pegan al portero, no hubiera cogido la llamada, algo que suelo hacer normalmente, si no llega a ser porque la forma de dar el reclamo desde el portal no sonaba a butano, cartero, propaganda o a un comercial que deseaba estafarme con falsas promesas de intentar cambiarme el operador del teléfono, hacerme una revisión de butano o vendiendo algo parecido a un juego de cacerolas de acero inoxidable, sacado de las minas de Malasia occidental a precio de saldo. Sonaba como si te hubieran pegado los dedos con pegamento de contacto extrafuerte al botón de portero automático y jugaras a ver en cuánto tiempo se funde la bocina de llamada.

-       Siiiii – respondo por el telefonillo -. ¿Quién es?

-       Soy yo abre – dice una voz desconocida al otro lado.

-       ¿Yooooo? – contesto desconcertada -. ¿Quién es yo?

-       Pues yo – dice insultada aquella voz chillona -. ¡Abreeeeee!

-       Vamos a ver… ¡Señora! – le digo para ver si puedo sacar algo de información -. ¿Podría decirme quién es usted?

-       Pues yo – ya te lo he dicho -. Abre que hace mucho calor aquí fuera.

En ese momento me paré a pensar: “conocía a mucha gente que se hacía llamar yo, sobre todo en estos últimos años. Ese yo podía ser mi madre, mi abuela, la vecina, alguien que quería que le abriéramos la puerta como estrategia de venta para colarse en el portal, un asesino en serie, mi tia la pelá,…

Demasiada gente decía llamarse yo en este mundo como para que a mí me resultara convincente hacer un mínimo esfuerzo y pulsar el botón que activaba el circuito eléctrico de la puerta, que permitía el acceso a la antesala de cualquiera de las casas que albergaba el edificio.

Incluso yo me hacía llamar yo, cuando pegaba a algún que otro telefonillo, no podía abrir así sin más. Pero… ¿y si era yo misma que había llegado desde un futuro remoto para darme una información vital para seguir con mi vida? Creo que esa idea quedó descartada desde el mismo momento en que pasó por mi mente, sin embargo, quedaba chulo pensar que eso era posible”.

-       Pues si viera el calor que hace aquí dentro – le dije pocos segundos después de mi elipsis mental -. Está mejor en la calle se lo aseguro.

-       Estás muy graciosa hoy – me dijo -. ¿Me vas a abrir?

-       Hasta que no me diga quién demonio es yo no – respondí con una risita que hubiera molestado a cualquiera pero ella no me veía, ella o él, quién sabía qué era lo que se escondía tras esos muros que nos separaban.

-       Pues soy Pili – responde una voz con tono cansado.

-       ¿Ve como no le costaba trabajo decirme su nombre? – respondí victoriosa -. Lo malo de todo es que no le puedo abrir.

-       ¿Por qué?

-       Porque no conozco a ninguna Pili.

-       ¿Tú no eres Carmen? – me dice la incauta.

-       No.

-       ¿Quién eres?

-       Yo – respondo a su pregunta aguantándome la risa -. Se ha equivocado de portero.

-       Pues yo he pegado donde me dijeron – expresa enfadada la señora, señor, señorita o señorito del otro lado.

-       Pues aquí no es. Lo siento pero no puedo ayudarla.

-       Puedes abrir la puerta por lo menos.

-       No – digo de forma cortante -. ¿Y si Carmen no está en casa en este momento? Los siento pero no puedo ayudarla, buenas tardes.

Ahí acabó toda la conversación, después de una entretenida pero infructífera charla volví a mis quehaceres diarios y a inventar cosas nuevas. Aunque segundos después oí decir en el interior del portal.

-  Hija – era la misma voz chillona que se identificaba con un pronombre personal por el telefonillo -. ¡Menos mal que me has abierto! Una señora decía que no vivías aquí y que no me abría la puerta.

-  ¿Quién era?

-  No lo sé, no me lo dijo.


¡Tendrá cara! ¡Por supuesto que se lo dije! Era yo.

6 de abril de 2013

¡ES QUE YA TE TOCA!

Una historia que se repite.

Si, cierto, ya se que escribí sobre el tema hace ya uno o dos años, quizás tres, lo cierto es que he escrito tantas cosas para este blog que podría decirse que, en mi mente, hay constancia de ello, pero del tiempo exacto transcurrido y del nombre del post en concreto no. Sin embargo, si hago esto es porque o bien he cambiado de opinión respecto al tema, o algo ha cambiado en mi vida o hay cosas nuevas que añadir al artículo (o como quieras llamarlo) en cuestión.

Llevo cuatro años independiente – cierto -, bien es sabido que me casé hace ya unos tres años – cierto también, - y casi cada día escucho de parte de las marujas de la calle que cuando voy a animarme ya traer familia. Esto no es nada nuevo, la mayoría de gente tiene muy a dentro que el casarse significa traer hijos lo más rápidamente posible, aunque no te lo pida el cuerpo, o eso parece. Porque por un lado te dicen que no traigas niños al mundo, que sólo son preocupaciones, y por el otro te preguntan que para cuando pienso animarme (¡y se quedan tan panchas! Lo mejor de todo es que puede que no existan ni días de diferencia entre una expresión y otras, sino minutos.)


Bueno, pues la cosa ha cambiado. Sí, lo que habéis leído, es como haber salido de la sartén para caer en las brasas. Y son unas llamas incandescentes demasiado abrasantes para responder de buenas formas, cosa que nunca ha hecho, pero ya se están pasando de castaño a oscuro, casi negro azabache diría yo.

La última fue un poco espeluznante o surrealista, por decirlo de alguna forma, me preguntaron que si no veía bastante a mi marido en la intimidad como para que me quedara preñada. Lo sorprendente de esto fue que usara la palabra intimidad, yo pensaba que utilizaría una cosa más soez, pero claro, sería porque había gente en la calle o quiso suavizar la cosa, no lo sé, el caso es que casi me quedo a cuadros rellenos de rayas y puntos de colores.

El problema de esto es que me empezó a entrar un calor por el cuerpo, que empezaba por los talones y subía poco a poco hasta mi cabeza, donde mis hemisferios peleaban entre sí por contestar cortésmente o soltarle algo propio de cualquier polígonera que se precie. Y lo hice, como es propio de mi y de mi “poca vergüenza”, porque yo de eso tengo muy poco, no la que pregunta, si no yo, pero ya he aceptado que soy una desvergonzada.

Señora – le contesté educadamente con una sonrisa hipócrita en la boca -, a mi marido lo veo todos los días, - continuaba haciendo esa mueca forzada con los labios mientras ella me la devolvía sinceramente -, pero lo que yo folle o deje de follar con él creo que no es asunto suyo. Por supuesto me dijo que no tenía ni educación ni vergüenza (¡mira quién fue a hablar! ¡Doña buenas formas! Ahí si que me salió la risa de verdad) Sinceramente, se lo había ganado.

Lo que ha cambiado.

Como toda historia que se precie, las cosas han cambiado soberanamente desde que empezamos con el tema, ya no son sólo las vecinas del barrio las que preguntan, ahora mis compañeros de trabajo, las amigas, los conocidos y demás personajes, que ven que pasa el tiempo y no te ha picado el mosquito en la tripa para que te la hinche.

-   -  Pues ya te toca – me dice un compañero sonriendo.

-   -  ¿Qué ya me toca? – le respondo -. El qué… ¿divertirme?

-  - ¡Nooooo! ¡Mujer! – me responde -. Tener un niño.


Lo mejor de todo es que me responde como si yo no me hubiera enterado de lo que me estaba diciendo (¡Ala! ¡Que ya me toca! También es hora de acertar la lotería y eso no ha pasado todavía, aunque para ello debería comprar un décimo de vez en cuando.) Sorprendentemente no es el primero que me lo dice, por desgracia tampoco será el último.

Últimamente mi respuesta a todo esto, menos la última, que se pasó de indiscreta, es la siguiente:
-          
-  - Me entraron ganas de niños y me compré un loro - bueno, exactamente es un loro enano conocido como agapornis, pero biológicamente es un loro.

-    -Pero no es lo mismo.

-   - Es verdad – les contesto – cuando te hartas de un niño no puedes meterlo dentro de la jaula para que se tranquilice.

También a mi madre y mi suegra les ha dado porque quieren ser abuelas, lo malo es que lo dicen de formas muy sutiles, como: “voy a ser una abuela muy vieja” (si pero así tendrá una excusa para no quedarse cuidando al niño más que lo justo para que le alegre el día) o “a vosotros lo que os hace falta es un niño” (también me hace falta pintar la casa, cambiar el vestuario, aprender papiroflexia, averiguar cómo beber boca abajo, encontrar una pajita lo suficientemente ancha para chupar masa de galleta,… y no por ello me he empeñado en hacerlo ya), pero claro, eso no les voy a contestar, simplemente me callo y asiento, o por lo menos eso hacía hasta hace muy poco, ahora les contesto lo del loro.

Ya me toca.

Tiene gracia, ya me toca hacer cosas que supuestamente tendría que haber hecho aparte de casarme: no tengo hipoteca, no tengo coche, no pienso tener hijos, no veo programas de cotilleo, no me dedico a saberme la vida del bloque y demás cosas que se supone que tengo que realizar o tener porque me toca.

Ciertamente hay cosas que creo que me tocan, pero son otras que no tienen nada que ver con contraer deudas o traer al mundo un bebé. Me toca hacer lo que me dé la gana, lo decidí hace ya un tiempo, cuando vi que ser lo que los demás querían o lo que se supone que debía ser, bien por mis estudios, por mis ambiciones mal encaminadas y demás chorradas que te ciegan, no me llevaban a ninguna parte, y mucho menos en los tiempos que corren. Ahora seré yo misma, haciendo lo que quiera, cuando quiera y como quiera, ya nadie puede decirme dónde está mi futuro o lo que debería hacer, aunque lo han hecho, y no hace mucho tiempo, pero ese es otro tema que ya contaré


Si, verdaderamente me toca, me toca ser Silderia, ahora más que nunca, pero de lo que estoy segura es que ni el tiempo siquiera puede dictarme que es lo que me corresponde.