ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.


24 de febrero de 2008

Selene. Capítulo II

CAPITULO II: SALVADA POR EL KMnO4.

El catedrático estaba explicando la aburrida lección, su voz resonaba en toda el aula. La única interrupción, era un leve murmullo, casi imperceptible, de un sacapuntas.

- Si unimos el permanganato potásico a este ácido. Sacaremos como resultado….. – explicaba el experto.

Parecía que, el reloj, se resistía a marcar las horas aquella tarde, a penas quedaban cuatro minutos para el descanso. Aún así el tiempo, dentro de aquellas cuatro paredes, era estático. Shif, shif, shif,… podía escucharse en la tercera silla de la cuarta banca, shif, shif, shif.

Una mirada despavorida dio un grito silencioso, no hizo falta que hablara. Su boca abierta, los ojos salidos de sus órbitas y aquella expresión de miedo, mezclada con asombro, no la dejaban expresar su desagradable sorpresa. A penas pudo exhalar una leve onomatopeya.

Estaba mirando de reojo hacia su asiento trasero, pero jamás habría esperado encontrarse la punta de un lápiz afilado, a pocos milímetros de su ojo. Esa fina lanza de grafito, amenazaba con atravesar su gran pupila dilatada. Una mano, de uñas francesas, sujetaba firmemente aquel útil de escritura. Al otro lado de su correspondiente brazo, la dueña la contemplaba, con sus profundos ojos verdes. Su sonrisa era diabólica.

No podía moverse, la penetrante mirada de, la chica de atrás, se internaban hasta lo más profundo de su alma. Dejándola indefensa ante ella. Sólo su voz la despertó de aquella hipnosis involuntaria.

- ¡Qué sea la última vez que te veo cotilleando! – Le dijo la inquilina del asiento de atrás, mientras echaba un vistazo rápido al reloj.

- Yoooo…… - Le contestó como pudo, formando un gesto de ofensa.

- Te acaba de salvar la campana. – dijo mientras bajaba el lápiz y ordenaba sus papeles, para salir de la clase.

Ya era casi de noche, pero aún quedaba la última parte de la explicación. Selene sacó un café de la máquina, se encendió un cigarrillo y salió al exterior.

- Hola, ¿qué te parece la clase? – Le comenta una compañera.

- Larga y aburrida. – Le responde dándole una calada al pitillo.

- Sabes, creo que esa bruja no volverá a molestar. – Le dice.

- Eso espero, porque en una semana que llevamos, no ha parado. Lo cierto es que, tampoco decía nada, pero la forma que tenía de mirarnos, cada cinco minutos, me molestaba bastante. – Da un sorbo al café. – Tina, ¿sabes de algún sitio donde estén buscando a alguien?

- No, ¿por qué? ¿Te hace falta curro? – Le responde.

- Lo cierto es que si. Los pocos ahorros que tengo están desapareciendo.

El descanso había terminado, las dos chicas se adentraron en el edificio, y reanudaron las clases.

- Un poco más y me saltas un ojo. – Intentar provocarle una voz, pero Selene no levanta la mirada del folio. – Te estoy hablando, ¿me escuchas?

Pero Selene sigue con los ejercicios. Es más, ignora completamente que alguien está intentando llamar su atención. La chica, que antes le ha hablado, se levanta de su sitio muy enfadada y toca su hombro, empujándola hacia atrás.

- Te estaba hablando a ti ¿sabes? – La desafía mientras ejecuta la acción.

- Si, se que me estabas hablando a mi. – Le responde ella, incorporándose para continuar con la tarea.- Por si no lo sabes, no soy sorda.

- Entonces contesta a lo que te he dicho, ¡maleducada!- Le dice la compañera malhumorada.

- No soy una mal educada, aquí la única que no tiene educación eres tú, así que no me des lecciones. Yo simplemente, como la tengo, la uso cuando me da la gana, y esta no era una de esas ocasiones. – le responde con una media sonrisa. – Yo no era la que miraba de reojo, para ver lo que estábamos haciendo. Y si no te he saltado el ojo, no ha sido de casualidad.

En ese mismo instante, comienza una nueva conversación con su compañera, Tina. Había que entregar los ejercicios esa misma tarde, y Selene no era de las que le gustara perder el tiempo. Silvia, que así se llamaba la de la fila de adelante, se quedó sin el derecho a réplica. Tampoco le habían dado oportunidad para ello, volvió a su sitio enfurecida, pero no se le ocurrió volver la vista, por si era verdad que si su ojo seguía en su cuenca, no era por casualidad.

La noche había invadido las calles, los relojes marcaban las once, cuando Selene entro hacia su portal. Estaba a punto de entrar cuando:

“Nuevo centro comercial Arriviá, calle centro. Buscamos personal. Ofrecemos: buen salario, jornada completa, estabilidad laboral, un sueldo fijo y posibilidades de ascender. Deja tu currículum en el local Paralelo Arriviá, en la zona norte de la ciudad.”

Se escuchó salir desde una ventana, alguien tenía la televisión demasiado alta. En otras circunstancias le hubiera molestado. Esta vez se alegró que, la “vieja sorda del quinto”, como era de costumbre, no bajara el volumen.

- “¿Trabajo como dependienta a media jornada?, no es lo mío, pero puedo intentarlo” – pensó en voz baja mientras, abría la puerta de hierro de entrada al portal.

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