ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.


22 de septiembre de 2008

Selene. Capítulo XXVII.

CAPÍTULO XXVII: ESTO FUNCIONA.
Luis acababa de levantarse, vagaba por los pasillos de su casa solo y dolorido. Aún se encontraba bajo las influencias del éxtasis de Morfeo, cuando fue a parar con los huesos al sofá de su casa. Miró el reloj, las 11:30 de la mañana. Demasiado temprano para un fin de semana, pero algo hacía que su lecho se volviera incómodo a cierta hora. Hacía ya mucho tiempo que sólo dormía a gusto, cuando aquel cuerpecito femenino, envolvía con su olor la habitación y embriagaba las sábanas con sus fragancias. Ya desde la primera velada nocturna, se había acostumbrado a tenerla entre sus brazos mientras dormía, le encantaba tapar su pecho con aquellas melenas negras como la noche.

Estaba esperando a que su cerebro por fin conectara con la realidad circundante, cuando cayó en un profundo letargo. Todo era muy extraño, eran pequeños fragmentos de recuerdos, venidos de épocas tan lejanas, que ni siquiera están en los escritos. En ellos seguía enfrentándose a Víctor, una y otra vez. Cada pensamiento, cada recuerdo, lo trasladaban a momentos diferentes de la historia, siempre era lo mismo. Unos cuerpos diferentes envolvían su alma, aunque la esencia era la misma; La pelea era la misma, la chica era Selene. Siempre ella, la eterna amada.

En uno de los múltiples encuentros con aquel pedante indeseable, se despertó. Su cuello estaba torcido, la boca abierta, parte de los cojines estaban cubiertos de una sustancia espesa y transparente. Vuelve a consultar la hora en la tele, las 13:30. Su estómago le pedía algo más que un triste cruasán, ingerido horas antes con un amargo café sin azúcar.

- ¡Una cerveza! – dice en voz alta y sonriendo -. Es la hora perfecta - y permanece sentado en el sofá buscando algo interesante que ver.

Levanta la mano, se concentra en el frigorífico y eleva los dedos. A lo lejos se escucha la cómo la puerta de la nevera se abre sola, una lata de cerveza, situada al fondo del estante, empuja otra de tomate frito abierta y semipodrida. Esta cae al suelo, el ruido es escuchado por el inquilino de la casa, pero no le importa, su concentración e ilusión en su pequeña proeza es algo que no se lo va a arrebatar un pequeño bote de aluminio.

Un cilindro esférico y de pequeñas dimensiones, viajaba sin hilos invisibles desde la cocina, situada a través e un pequeño y ancho pasillo, hasta el salón. De vez en cuando, hacía el amán de caerse estrepitosamente al suelo, pero un pequeño esfuerzo de su inductor y volvía al camino inicial. Los segundos que tardó en llegar, hasta la mano que la reclamaba, se hacían minutos, hasta que por fin, se deslizó entre unos rechonchos dedos que la sujetaron firmemente.

- Cojonudo – dijo aquel aprendiz –. Espera que se lo cuente a Selene – .El ruido inconfundible de una arandela forzando una pequeña chapa metálica, denotaban su abertura -. ¡Mierda! La he movido demasiado… Está caliente.

Ambas manos se colocaron en las paredes que evitaban que la cebada líquida se derramara, entonces, la mente que las manejaba empezó a pensar en cosas frías muy frías, tanto que al abrir los ojos, tenía un pequeño carámbano entre las manos. Dio un sorbo de la abertura, notaba como sus dientes le daban algunos calambrazos, el cambio de temperatura era bastante brusco.

- ¡Brutal! – fue lo único que se le ocurrió decir en aquellos momentos.

Su boca hacía succión durante los primeros buches, comenzó entonces a pensar en unas aceitunas, unas patatas fritas, unas cortezas de cerdo; Lo cierto es que no sabía muy bien qué, algo para paliar el hambre de media mañana. Cuando quiso darse cuenta, todo aquello en lo que estaba pensando estaba girando a su alrededor, pero no podía hacerlo parar. Un remolino de olores se adueñó de la estancia.

Intentaba agarrar las cosas, pero era imposible. Tenían más fuerza que él y, cada vez que lo intentaba, volaban más alto. Cuando se situaba en el sofá se colocaban a la altura de sus ojos, con un simple alargar de la mano podía tocarlas, pero era imposible tomar una de ellas sin que le arrastrara.

Pensaba en llamar a Selene, aunque sabía que se reirían de él. No quería burlas, de parte de ninguna de las dos inquilinas, de su piso del centro favorito. Una gota de sudor recorrió su frente, ¿y si se quedaban flotando para siempre alrededor suyo? En unos días toda aquella comida se pudriría y el olor sería insoportable.

Quizás si comenzaba a pensar en otras cosas aquello pararía sin más. Se recostó sobre el respaldo del sofá, con la los brazos caídos, casi muertos, mientras sujetaban la lata de cerveza entre las piernas. Cerró los ojos y comenzó a pensar en el objeto de su deseo, Selene; estaba duchándose en esos momentos, la veía frotar su blanco cuerpo con una esponja. Notaba cómo cada centímetro de su piel se cubría de jabón olor a frambuesa, deseaba tanto estar allí, quitarle cada centímetro de aquella cubierta resbaladiza. Su pelo mojado llegaba hasta la cintura, ¡era tan bonita aquella imagen! No podía evitar excitarse.

- ¿Qué piensas que estás haciendo? – le dice Selene.

Luis abre los ojos de repente. Allí, justo en mitad de su salón, en el lugar donde supuestamente se ubicaba la televisión, estaba ella, completamente desnuda, semitransparente y hablándole. Los chorros de agua le caían por el cuerpo y el vapor del agua caliente inundaba la habitación.

- Sólo me he puesto a pensar en ti – le responde Luis -. No pensaba que esto pudiera pasar.

- Cariño, es magia. Todo puede pasar – le dice de forma comprensible -. Ahora sino te importa, voy a continuar con mi ducha. ¡Sola! – le dice eliminando la risa burlona de su novio.

- ¡Espera! ¿Cómo me libro de este desaguisado?

- Piensa, la respuesta la tienes tú.

- Gracias por ayudarme.

La imagen de la chica se deshizo en un abrir y cerrar de ojos; allí seguía él, solo, haciendo algo que no entendía y lleno de dudas respecto al tema. Algunas aceitunas le dieron en la cabeza, entonces su estómago comenzó a hacer ruido mientras una corteza furtiva pasaba por delante de sus ojos.

Pensó en lo que se le apetecería verlas sobre la mesa, para que pudiera saborear aquel trozo de piel frita, en su grasiento sabor, en las ganas que tenía de llenar ese maldito hueco de su estómago. Entonces, ellas mismas flotaron hacia la superficie de un plato, aparecido de no se sabe muy bien dónde.

- ¡Ostia!

Seguidamente pensó en el resto de alimentos, uno por uno, hasta que consiguió situarlos encima de la mesa; esta vez no le suponía ningún esfuerzo. Lo había conseguido. Estaba loco por contárselo a Selene, por lo que se comenzó a concentrar en el cuarto de baño; el olor a vapor llegó hasta a él, el sonido del agua cayendo sobre las baldosas. Abrió los ojos y dio un sobresalto. Delante de él estaba Yu, envuelta en una toalla mirándolo muy fijamente.

- Ahora te dedicas a espiarme – decía con cara de guasa -. Voy a tener que decírselo a Selene, ya sabes cómo se las gasta.

- ¡Qué ha pasado! – le responde Luis atónito -. Yo quería ver a Selene, no a ti.

- Pues que te has concentrado en el cuarto de baño no en ella – se sujeta la toalla apunto de caerse -. Espera que la llamo. Aprendices.

La aludida dio su aparición en pocos segundos, estaba con un pareo negro, que le llegaba hasta unos pequeños pies, casi infantiles, y sin parte de arriba. Sus largos cabellos ocultaban sus senos a la vista de cualquier intruso.

- Nena, así estas muy sexy – dice sonriendo picaronamente.

- ¿Qué pasa ahora? – Le dice Selene tapándose la cara con una mano.

- Nada, te invito a comer. Mira lo que he preparado yo solo –. Le muestra la mesa puesta.

- Y a mí no – Interrumpe Yu.

- ¡Creo que no te iba a gustar el postre! – dice Luis -. Para la próxima.

Luis extiende su mano, desea, con todas sus fuerzas, que el amor de su vida se haga físico. Entonces ella, con un poco de ayuda, se vuelve completamente sólida dejando que la imagen, tras de si se cierre. Luis da un tirón de aquel delicado brazo y la coge, entonces la besa la toma en brazos. Ambos deciden tomar el postre antes de la comida, según los expertos es más sano.

5 cosas que decirte:

sangreybesos dijo...

"¡Brutal!" Ajajajaja... ¿Qué otra cosa podría decir?

Efectivamente, el postre es más sano antes del potaje... Engorda menos.

HMJ dijo...

Este Luis me hace mucha gracia, es como un poco burdo (sin ofender) y eso lo hace más "simpático".

Pero no estoy de acuerdo en lo del postre! hay que elaborar primero que el postre espere, envidioso, su hora!

Silderia dijo...

Yo solo alego lo que dicen los expertos en el tema, la desición de seguirlo es cuestión de cada uno.

Cariño, sabía que te encantaría lo de brutal.

Phoebe dijo...

Hay este Luis, me resulta un tanto..."jurásico". No sé si se expresa bien la idea, eso espero. Pero en el fondo, tiene algo de simpático, una pizca.

Silderia dijo...

Luis no es tan tonto como aparente ni tan jurásico, por dejarse llevar por sus instintos. Simplemente es natural, como el atún en lata, la lechuga fresca o un niño aún sin pervertir por el mundo que lo rodea. De algo está muy seguro que ama a Selene con tados sus fuerzas y que no la va a dejar escapar por nada.
Es sólo él.