ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.


19 de septiembre de 2008

LOS CAMINOS PERDIDOS DEL SUBCONCONSCIENTE (II)

Un gran bosque de hojas oscuras se eleva frente a mi. Esto no parece mejor del lugar del que acabo de llegar. Decido adentrarme, ¿qué otra cosa puedo hacer si la puerta se ha esfumado en miles de destellos?

A pocos pasos una hoja me corta el brazo, entonces les presto atención. Son brillantes, acabadas en punta y de cristal muy fino y afilado. Miro más atentamente y descubro que su engaste con unas ramas gruesas y duras, es tan sensible que una simple brisa podría romperlo. Ahora entiendo por que no escucho ruidos del interior.
Algunas criaturas rastreras me han dado la bienvenida a ese inhóspito lugar. Son alargadas, de colores muy oscuros, su piel tiene que ser muy dura para no romperse con el roce de esos cuchillos colgantes. Decido continuar muy despacio, evito hacer cualquier tipo de ruido para impedir la masacre de mi propio cuerpo, pero es excesivamente difícil. Las hojas crujen bajo mis pies, y cada paso significa un temblor interno que me hace detenerme para mirar por encima de mi cabeza. Ahí están, quietas, casi no se mueven de su sitio. Sus puntas miran directamente al suelo, algunas me tienen en su lugar de mira.

Trago saliva y continuo mi camino, ¿pero cuál es? Ahora no hay sendero que seguir, nada que me indique el camino correcto, me gustaría evitar pensar que estoy andando en círculo o que ese será mi destino final. No puedo evitarlo, miles de preguntas y pensamientos indeseados llenan mi mente de malos presagios y provocan que mi corazón se acelere. El silencio se hace cada vez más intenso, hasta el punto que puedo notar los latidos de mi corazón. Una gota furtiva de sudor comienza una procesión por mi espalda, a esta la siguen unas más por todo mi cuerpo. Las manchas rojas, ahora secas, vuelven a cobrar vida con la hidratación que les da mi cuerpo. Algunas plumas, fruto de mi arrebato pasado, se despegan de mi pelo para formar parte del aire, parecen insectos de grandes alas. Una de ellas comienza a caer, ¿de dónde ha venido? Es igual y, a la vez, muy diferente a las demás. Planea por el espacio entre un bosque maldito y mi cabeza. Miro más atentamente, ¡tiene ojos! Y me mira fijamente. Entonces, comienza a batir sus alas, da media vuelta e inicia un recorrido a través de los árboles.

No lo dudo un momento, esa puede ser la señal que me saque de allí. Sino lo fuera, tampoco tendría mucho más que perder. La sigo rápidamente, evitando no cortarme, entre aquel venenoso follaje. Algunos escarabajos y lagartos extraños, sucumben a mis pies. Entonces veo un claro completamente ausente de vegetación, en su centro, una gran piedra me invita a descansar en ella, antes de seguir.

La pequeña polilla de ojos descomunales y alas suaves se posa en ella. Corro a su lado y, discretamente, me siento a cierta distancia de su frágil cuerpo. No quiero espantarla, lo cierto es que no se dónde me lleva y si he seguido la señal correcta, pero no me queda más remedio que agarrarme a la primera cosa que encuentro. Me cuesta mucho resistirme para no tocarla, se que un roce de mis yemas podría perjudicarla gravemente.

A pocos centímetros de ella, una gran serpiente de colores llamativos, repta de entre los restos de sombra. Nos ha visto, se acerca a nosotros y… En pocos segundos ha subido a la roca, es rápida, demasiado para mi vista. Cuando quiero darme cuenta está a mi lado, de entre sus planos e inertes labios, asoman unas patas blancas. Se ha comido a aquel angelito luminoso. Me mira y desaparece en un parpadeo.

Se que esto no debería asustarme de tal manera, pero no puedo hacer nada más. Me levando miro al fondo del bosque y chillo con todas mis fuerzas. Aquella vocal insulsa, se vuelve un grito de guerra y desesperación ante tal acontecimiento. Mis manos se elevan hasta la altura de mis hombros, mi cuerpo cambia de color mientras mis pulmones se deshinchan, mi corazón late aceleradamente roto por un sentimiento de ira. El esfuerzo me hace caer de rodillas, en poco tiempo mis cuerdas vocales se cansan, todo se ha parado. Continúo de rodillas, mirando a no sé muy bien donde, lo cierto es que todo continúa igual de oscuro.

Un ruido enorme y fino ataca mis oídos, tapo mis orejas con las manos y me encojo en el suelo como un bebé. Cierro los ojos y espero. El suelo tiembla, escucho como miles de cristales se rompen en mil y un pedazos, algunas hojas se clavan directamente sobre la tierra seca y firme, dejando sólo la punta de su lanza intacta.

Tras el tremendo estruendo, pequeñas moléculas reflejan rayos de luz. Aquel flamante bosque ha quedado con la apariencia horripilante de un gran desastre. Miles de esqueletos arbóreos se elevan ante mi. Los troncos han perdido su color inicial, ahora son negros. Las llamas de mi corazón han llegado hasta ellos, han muerto. El suelo se ha tiznado de verdes destellos, oscuros y crujientes al paso. Ahora si puedo vislumbrar una pequeña senda. Corro sin miedo.

Llego a su inicio, el bosque se ha recobrado en pocos instantes tras de mi. Ahora una pradera oscura, con un sol tapado por sábanas de algodón gris, me acompañará en mi camino. Encuentro una bifurcación. Una de ellas es muy corta, tanto que puedo ver dónde acaba. Sin embargo, decido seguirla, siento curiosidad por ver aquellos pequeños montículos que se yerguen al final. Para mi sorpresa son peceras rotas. Tan sólo unas pocas aún mantienen peces extraños en su interior.

A mis pies se abre una escapatoria, una pequeña puerta me indica un nuevo recorrido. ¿Será el regreso a casa? Mi mente se permite el beneficio de la duda. Tomo un pequeño cubo roído por el óxido, será suficiente para llevarme ese precioso cargamento. A la intemperie morirían en poco tiempo y no puedo permitirlo.

Parece que actúo como una especie de diosa mientras recojo a los indefensos. He decidido a quién voy a salvar y a cuáles no. Algunos de ellos son anfibios con pequeños ojos amarillos, negros e informes que se esconden tras las rocas de un falso decorado. Poseen colmillos que sobresalen. No voy a arriesgarme a que me muerdan, puede que sean venenosos. De todas formas no los condeno a una muerte entre cristales. Antes de partir con un cubo lleno de vida, rompo sus cárceles invisibles y dejo que ellos decidan lo que desean hacer.

Abro la cubierta, escucho agua. Podré soltar a los pequeños allí. Bajo por una pequeña escalera de madera, miro atentamente. Los peldaños pueden estar podridos y no estoy dispuesta a caerme de nuevo. Mientras desciendo, pierdo de vista la luz del día.

Unas paredes de cemento circular me acogen ahora, dejo que el cubo vacíe su contenido. Pero ¿dónde estoy ahora? Una cosa es segura, sigo en medio de ningún sitio.

5 cosas que decirte:

sangreybesos dijo...

...me lo imagino todo como una película de animación...

Silderia dijo...

ya sabes, te vendo el guion

sangreybesos dijo...

Y hacemos un pitching para la Disney: "Y ahora la protagonista le arranca el cuello de un bocado a un pájaro y..."

Silderia dijo...

jajajaja me troncho

Dreamscape dijo...

Bosques de hojas oscuras... me encantan... ma ha gustado mucho, como.. un viaje sin retorno, o con retorno...pero al mismo sitio. Muy chulo.