ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.


29 de julio de 2008

GOLGA

Día uno.
Eran ya la una de la tarde, la hora de comer estaba muy cerca, sin embargo mi estómago gruñía como una taladradora picando la acera.

El calor húmedo que emanaba del fondo de la fosa era demasiado extremo como para continuar, por lo que decidí tomarme un descanso. Reposé mi cabeza sobre uno de los múltiples cráneos que asomaban por el suelo y coloqué mi sombrero en una tibia que sobresalía de la pared. Para que luego digan que los huesos de los muertos no sirven para nada.

Desde mi posición podía ver el cielo, que asomaba a unos tres metros por encima de mi cabeza, el día era claro y el sol no paraba de azotarnos con sus rayos directos. Por fortuna pronto saldría de allí hasta la próxima expedición, ¿quién sabe dónde acabaría? Quizás en algo más interesante, ¡quién sabe!

Pronto me acordé de las provisiones que guardaba en mi mochila, en ella puse un gran bocadillo de chorizo y un refresco congelado aunque, a estás alturas tenía que estar como la mente de un adolescente.

El ruido del bocadillo atrajo a mi inseparable amiga y mascota Golga, una tortuga de gran tamaño que portaba en mi bolsa. Desde que comenzamos la exhumación de los cuerpos en la fosa común, le encantaba introducirse por pequeños pasadizos mientras yo concluía mi jornada diaria. Sólo aparecía al escuchaba el clamor del papel de aluminio.

¡Ah!, esa hambre tan voraz un día la llevaría a su perdición. Desde muy pequeña, a penas contaba con el tamaño de la palma de una mano, la acostumbré a comer de todo. No quería la típica tortuga aburrida que sólo come verdura y fruta, por ello la inicié en el sabor de la carne, el pescado y, por supuesto, chacina. ¡Así estaba de fuerte y bonita!

Esa tarde me pareció que llegaba al encuentro con la rodaja de chorizo un poco más tranquila de lo normal, es más parecía que se había pintado los labios de rojo. Lo más seguro es que hubiera engullido algún fruto.

Saqué una pequeña loncha de carne preparada del pan y se lo di a probar, cada vez lo cogía con mayor ímpetu, ¿quién decía que las tortugas eran lentas? Casi me coge el dedo. Entonces suena el timbre, guardo todo en mi mochila y, al tomar a Golga en mis manos, juraría haber escuchado un gruñido procedente de ella, sino fuera porque las tortugas son mudas creería que estoy loco.

Día dos.
La mañana ha transcurrido bastante tranquila, Golga y yo hemos estado arreglando la casa, pero sus ansias por comer han adelantado su ración diaria. La he castigado sin acompañarme esta tarde, ya que se ha negado a probar bocado. ¡Quizás se esté pasando al lado de los carnívoros!

Lo que si he podido notar es la cantidad de patas de insectos, junto con media cucaracha, alrededor de su plato. También me ha parecido encontrar un trozo de algo que parece una cola, pero seguramente sea un trozo de cuerda. En lo que he reparado ha sido en el tamaño alcanzado en pocos meses, normalmente no crecen a esa velocidad, parece que una dieta rica en proteínas animales acelera su crecimiento. Ya no puede esconder las patas ni la cabeza dentro de su concha cuando la regaño, por lo que me imagino que su reacción de ataque ante mi reprimenda es normal.

Mi sorpresa ha llegado cuando a mi vuelta del supermercado he encontrado su cojín favorito hecho trizas. No quedaba nada que pudiera identificar al cuerpo del delito como un cuadrado de tela; me resulta muy raro ya que era su favorito, allí pasaba las horas muertas viendo la televisión junto a mi. Si existiera algún otro animal en casa de la variedad mamífera le echaría las culpas a ellos, pero ante las actuales circunstancias no cabe la mayor duda. Ha sido Golga.
Esta noche dormirá encerrada en la cocina y atada por el cuello para que no haga de las suyas.

Día tres.
He vuelto a escuchar ese desagradable gruñido de la fosa, ya no cabe duda. Golga, ¡mi apacible tortuga! Aquella con la que he compartido tantos buenos ratos, le pasa algo. Aún no puedo vislumbrar el qué, pero pronto lo descubriré.

La expresión de su cara ha mutado completamente, parece que los músculos de su cara se han tensado y me da la sensación de que me mira de una forma rara.

He tenido que bajar a la tienda de mascotas y comprar una correa pequeña de perro, cuando le expliqué al dueño para qué era no podía creérselo. Y así está atada a la pata de la mesa de la cocina, al lado de su plato de comida, devorando todos los insectos que encuentra a su paso y los trozos de carne que le proporciono para que no muera de inanición. No puedo abandonarla ahora que está enferma.

Día cuatro.
Anoche fue terrible, el bicho llamado Golga se escapó de su cautiverio y, en un intento por controlarla, me arrancó dos dedos de la mano. Acabo de llegar del hospital, me tomaron por loco, pero un amigo me sacó de allí. Ha prometido venir a ver lo que está pasando.

Cuando he pisado mi cuarto la he encontrado encerrada dónde la dejé, haciendo del somier una jaula improvisada, parecía bastante tranquila. Sin embargo y, aunque tuviera los ojos cerrado, sabía que me estaba oliendo. Notaba mi presencia y sus gruñidos eran cada vez más fuertes. Menos mal que no se me ha ocurrido decir que era capaz de hacer eso, entonces si que me encierran, una tortuga que sea rápida, de este tamaño y que haga algún sonido, contradice cualquiera de los estudios y análisis realizados sobre ellos. Espero que todo esto se a una pesadilla.

Ya no puedo dormir tranquilo en el sofá, tengo el ferviente presentimiento que se soltará de alguna forma y vendrá a por mí; seguro que le he resultado apetitoso, sino no me miraría de esa manera.

Dos semanas después.
Un gran estruendo rompió el silencio de la mañana, la puerta blindada se derribó tras la explosión. Tras ella un para de hombre uniformados penetraron en la viviendo, todo estaba completamente destrozado, como si un cocodrilo hubiera comprobado su nueva dentadura en la consulta del dentista tras extirparle la ortodoncia.

Algunos restos de comida dejaban un camino ínfimo por el pasillo de la vivienda. El hedor era insoportable. Moscas, cucarachas, escarabajos y los primeros ratones conformaban la comitiva de bienvenida a ese lugar.

Un gran gruñido se escuchaba por el pasillo, la estampida de un solo individuo venía arrollando todo lo que se encontraba a su paso. Tenía mucha hambre, no había devorado nada en días y estaba decidida a cazar algo.

La respuesta fue unánime, una lluvia de truenos metálicos invadió la habitación intentando acertar a la cabeza de aquel ciclón. Por fin todo entró el calma, en mitad del gran salón yacía un gran ejemplar de tortuga de la especie Pyxis Arachnoides, se notaba que aún portaba el collar que su dueño le colocó días atrás, sus ojos aún abiertos podían escudriñar a todo el que se atrevía a reflejarse en ellos. La impresión que se levantaría en pocos minutos embriagó el pensamiento de todos los presentes.

En pocos minutos acabó el registro de la casa, un ser parecido a una persona salió del altillo de uno de los armarios de la casa, le faltaba una mano y parte de los dedos de uno de sus pies. Un vendaje pútrido desvelaba que no había sido curado en días. Sus barbas casi espesas y su mirada perdida, denotaban que hacía un tiempo existió una persona dentro de su mente. De todo ello simplemente quedaba un desperdicio mutilado y mugriento que no se sabe como, había conseguido escapar de la masacre.

Un terrible alarido se escuchó cuando vio a su mascota de cuerpo presente, parecía que por primera vez en mucho tiempo, su alma había decidido regresar el limbo donde se escondía. Miró a su alrededor y vio a su amigo, aquella persona que le había permitido salir del embolado unas semanas antes, se abrazó a él y lloró amargamente antes de que uno de los policías le acompañara al hospital.

Se dice que fue algo inaudito, por lo menos en los círculos internos. Desde los noticiarios de sucesos se describió lo ocurrido como un hombre con un síndrome maniaco depresivo que tenía asustado a todo su bloque. A pesar de saber todo lo sucedido jamás se atrevió a relatarlo y nunca puso en entredicho la muerte de Golga, su apreciada mascota; aunque ciertas fuentes la citaban la escucha de tremendos gruñidos procedentes de los campos desérticos de las afueras de la ciudad.

1 cosas que decirte:

sangreybesos dijo...

Me gusta el rollo serie B... incluso la tortuga tiene nombre de monstruo japonés.