ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.


24 de diciembre de 2008

Selene. Capítulo XXXVII.

CAPÍTULO XXXVII: VOLVEMOS A LAS ANDADAS.

El atardecer sorprendió a todos cuando unos ojos, rasgados y de color almendrado, decidieron ver el amanecer de su conciencia. Aquella muñeca con la piel marmólea, tenía su catana bien agarrada y sus ropajes parecían impecables, a pesar del tiempo transcurrido con ellos, sus colores estaban impecables y desprendían olor a recién lavado.

Muy tranquila, sin mover un músculo de su cuerpo, decidió visualizar la escena. En el sillón de enfrente, ambos amantes se abrazaban, uno al lado del otro, a penas había notado que todavía viajaban por los parajes que Morfeo les ofrecía, cuando se percató de una leve sonrisa, marcada suavemente, en los labios de Luis y Selene. Sólo faltaba alguien, Fepico. Este no se encontraba dentro de su campo de visión, sin embargo, una gran hilera de humo, procedente de una puerta contigua, delataba que, en aquel espacio cercano, el viejo estaba haciendo algo.

- Ahhhhh….. – grita Yu interrumpiendo su tranquilo despertar y haciendo aspavientos con las manos. - ¡Quita maldito bicho! – de un golpe fortuito Pesti desiste de su ataque y se posa sobre un estante.

- ¿Qué pasa? – pregunta Luis aún somnoliento. – Cariño – dice en susurros mientras le da un beso en la boca a Selene. – Despierta – le acaricia la cara antes de que ella abra sus penetrantes ojos.

Fepico sale corriendo de la habitación, el escándalo le ha puesto en alerta y su acelerada presencia no se hace esperar. Aquella mezcla de diferentes tribus y subculturas, perteneciente a épocas remotas, unidas en un solo individuo, aparece ataviado de balas, pistolas, fusiles, cuchillos y alguna que otra lanza, empuña a Luci, su recortada favorita en una mano y en la otra, un cigarro casi partido, pende de un hilo de papel, antes que su punta incandescente se caiga al suelo.

- ¡Eh! ¡Mirad! – Yu hace una llamada de atención. – El guerrero perdido del apocalipsis ha vuelto de su escondrijo.

- ¡Tío! – le dice Luis levantándose del sofá. - ¡Que no vamos a la guerra!

- No estés tan seguro de eso chico – le dice Fepico buscando otro cigarrillo en los bolsillos de su chaleco militar. - ¿Dónde habré puesto el maldito tabaco? – susurra para sí mismo.

Selene entonces se levanta, Yu la sigue ante su mirada, la ha visto sólo unas pocas de veces en toda su vida, pero sabe que hay algo que van ha tener que hacer antes de partir. La novia, se acerca a su amante aún sin conciencia de lo que se avecina, ella lo abraza y lo besa antes de retirarse unos pocos pasos hasta colocarse frente a él.

- Nosotros deberíamos hacer lo mimo – le dice dulcemente. – No sabemos lo que nos podemos encontrar ahí dentro.

- ¿Y cómo lo hago? – le responde su amante.

- Dame tu mano.

En ese momento, ambos se elevan rodeados por luces rojas; sus palmas se unen en un canto ajeno a ellos, los mares comienzan a pararse, las nubes aceleran su paso y, en los ríos, los peces se escapan de su elemento para ir a morir a la orilla impulsados por fuerzas extrañas. El ruido de los dos corazones latiendo al unísono se hace ensordecedor ante los oídos de los dos presentes.

Aquellos dos eternos enamorados no pueden separar sus miradas y sólo, unas pequeñas estrellas furtivas, se introducen entre sus palmas para romper la unión. Ambos se giran entonces, se quedan paralelos hombro con hombro, a penas unos centímetros distan entre los dos.

- Comienza el espectáculo – dice Yu sin mover la cabeza.

Un fuego helado surge de alguna parte y envuelve cada cuerpo por separado, como si de una sinuosa manta de seda se tratara. Luis entonces grita su primer nombre, Edimión. No sabe porqué lo ha hecho, tampoco se lo ha preguntado, su cabeza gira en un ritmo inconsciente que mueve los hilos de su cuerpo físico. Ha invocado a los primeros recuerdos, estos surgen de la nada, como fantasmas de un pasado, rompen su cubierta, en su parte superior, y, como almas que lleva el diablo, se introducen una por una dentro de la crisálida de este. Sus cuerpos transparentes, pueden verse cuando alguna de sus formas curva la imagen que se ve al fondo. No tienen nombre, nunca lo tuvieron, sólo son aquellos significados que una persona ha dado, a lo largo de todas sus vidas, para convertirse en un alma perdida reencarnada una y otra vez, ahora toca el turno de ser dios y no mortal, por fin podrá saber todo lo que ha hecho durante tantos siglos.

- Ahora me toca a mi – dice Yu antes de elevarse junto a ellos.

La escena no ha cambiado, la transformación surgida sobre el cuerpo de Yu es la misma que la de sus acompañantes. Aquellas pequeñas larvas mutantes, escondidas tras mantos opacos de luz y seda, yacen entre movimientos y cantos extraños procedentes de algún lugar de una esfera diferente. Sólo un espectador puede contemplar todo esto, Fepico, que lo ha visto casi todo, se maldice así mismo por no llevar algo que certifique lo que está pasando en su cueva. Nunca le han ido las nuevas tecnologías, quizás, simplemente por ello, no puede grabar en una imagen lo que sólo unos poco privilegiados, a lo largo de toda la existencia, pueden ver. A penas han sido cinco desde que la tierra pertenece al hombre, pero eso no quita que los dioses lo hagan continuamente.

Pesti, asustado por las luces y las voces fantasmales, ha ido a ocultarse dentro del pasadizo. Los chillidos de aquel ave medio pútrida, aún llegan como un eco constante a través del túnel. Pero, algo lo pone en alerte, un pequeño reptar que ha parado en seco los ruidos de su mascota forzosa. Se acerca hasta su boca para poner el oído, a lo lejos, tres pequeños cuerpo continúan escondidos tras escudos insondables. Algo viene desde el fondo de algo, toma su escopeta entre ambas manos y apunta al interior, sea lo que sea le va a costar trabajo entrar.

Mientras se acerca, los envoltorios comienzan a romperse dejando salir las extremidades superiores, parecen inertes, muertas en su totalidad. ¿Qué les habrá pasado? ¿Cómo lo han hecho? Sea lo que sea es magia y no tiene ninguna explicación, los dioses nunca la dan y si lo hicieran se convertiría en otra cosa.

Unos pequeños destellos se ven a lo lejos. Fepico tiembla, una pequeña gota de sudor le recorre la cara y un escalofrío recorre su espalda, está temblando pero no es la primera vez que se enfrenta a la incertidumbre para matar a una criatura que viene de algún lugar de una realidad anexa en la que vive. Pronto se acerca, el dedo de su mano tiene prisa por apretar el gatillo, pero no lo hace, mantiene los nervios y la sangre fría hasta que ella lo vea conveniente. Está a punto de aparecer, parece que vislumbra algo….

3 cosas que decirte:

sangreybesos dijo...

Me encanta la imagen de Fepico armado hasta los dientes!

Zinquirilla dijo...

Hola!

que tengas una Feliz Navidad y un inmejorable 2009.

Silderia dijo...

Igualmente guapa, que te vaya todo muy bien y que todo sea mejor de lo que piensas.