ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.


15 de diciembre de 2008

¡APAGA LA LUZ! COMIENZA EL ESPECTÁCULO.

La red interna.

Millones de terminaciones nerviosas inervan nuestro cuerpo y nos ponen en contacto con el mundo exterior. En su parte final, la epidermis, actúa como una gran pantalla que permite el paso de ciertos sentimientos como el dolor.

Podemos darnos cuenta de que nos quemamos, que nos tocan, la textura de algo, su viscosidad, su temperatura y algunas cosas más que se nos escapan de nuestro mundo consciente. Aunque como todo en este mundo, el número de conexiones nerviosas, que nos indican todo lo anterior, varía en función de la zona del cuerpo; así las manos, los labios, los pezones y los órganos sexuales, poseen una mayor incidencia de ramificaciones sensitivas que el resto del cuerpo. Todo esto y más, lo ha convertido en uno de nuestros principales sentidos, no teniéndose tan en cuenta el olfato o el gusto (creerme, por experiencia propia, el perder el sentido del gusto puede convertirse en una maldición.)

Sólo con pasar la mano por encima de un mueble o cualquier otra superficie podemos diferenciar de qué tipo de material está hecho, si se mantiene a temperatura ambiente o conserva algo de calor, las imperfecciones que no se ven a simple vista,… Aunque también existen los tocalotodo, aquellas personas que no pueden resistirse a pasar sus manazas para ver las cosas, no se conforman con mirar desde lejos, sino que simplemente agarran lo que ven sin importar las consecuencias, pero ese no era el tema.
Muchas cosas nos hacen sentir.

Y es que no hay nada mejor que sentir el tacto de una prenda recién lavada, fresca por el ambiente y con olor a suavizante (del olor que desees.) Aquellas telas vaporosas que mantienen que ocultan unas curvas sinuosas bajos roces de algodón confeccionado.

Pero, vamos a lo nuestro, como todos sabemos no hay nada mejor que tocar que el tacto de una piel tersa, lisa, suave, casi carente de imperfecciones (alguna cosa siempre hay) y suave como la seda. ¿Cuántas veces has deseado tocar el cuerpo de aquel objeto de tu deseo? ¿No te has imaginado nunca el tacto de aquella persona a la que “sin querer” rozaste y notaste el tacto de cuerpo? ¿Cerraste alguna vez los ojos cuando volviste a tocar de nuevo sus manos? ¿Deseaste volver a tener la oportunidad de poner tu mano sobre su epidermis? Seguro que si, todos hemos hecho miles de artimañas para poder tocar a la persona amada, forma parte del “tonteo” antes de iniciar una relación.

Lo malo es que poco a poco el deseo por recorrer más y más se vuelve casi incontenible. Entonces es cuando la ropa te estorba, sientes calor, algunas sudoraciones surgen de tus poros. Comienza la apetencia, al principio se disimula, le tocas la cara, acaricias sus manos y, como estas no poseen las suficientes terminaciones nerviosas que los labios, comenzamos con los besos, probaremos su boca, su cuello, notaremos el aroma de su piel y, debido a ciertas sustancias contenidas en la saliva, comienza a darse un beso tras otro, probamos introduciendo la lengua, probando sus fluidos, provocando que todo estorbe,….

Como siempre, propongo algo…

Tras una noche, día, tarde, semana, meses, años (depende de lo que se haga de rogar, aunque eso hoy día, por fortuna o por desgracia, es poco) has conseguido llevártelo a un lugar lo suficientemente íntimo como para disfrutar de tu pareja en plenitud. Por fin vas a ver de qué superficie está hecha su cubierta, aquella que ha enseñado más o menos (depende de la estación y del estilo de vestir o de las ganas que tengas de coger una pulmonía.) Intentas no perder los nervios, pero eso es imposible, por mucho tiempo que lleves con tu pareja, estarás tan deseoso y nervioso como la primera vez que le hiciste el amor.

Todo va bien, las palabras son pocas, la habitación invita al ritual del amor y miras, miras, miras, hasta que tus labios vuelven a unirse a los de tu acompañante. Entonces te vuelves ciego, de repente, sin venir a cuento, tus párpados tienden a cerrarse y, por mucho que intentes mantenerlos abiertos, ellos volverán a tocarse hasta nublar tu vista por completo. Tus manos cobran vida y la ropa comienza a desaparecer en un salto (sin embargo eso depende de lo manitas que seas, ciertas prendas femeninas aún se resisten a muchas manos.) Ahora sólo unas sábanas de algodón pueden competir con una piel irresistible, caliente y suave.

Podrás notar como sus labios se sonrojas y se ponen más gruesos, sus pupilas se dilatan, sus párpados se oscurecen y su piel se vuelve más llamativa. Debido a la acción del momento, su cobertura natural se suaviza y… ¿Qué más puedo contaros que no sepáis? ¡Ah si!, que probéis a jugar un poco.

Un amigo para los que temen la oscuridad.

A pesar de que los párpados se cierran, muchas veces deseas algo más, los guantes de seda pueden mancharse pero, un bonito pañuelo puede ayudar mucho. Colocado en forma de antifaz y dejándose hacer (si quieres utilizar los guantes o la corbata para otra cosa… Y ahí no me meto.) En ese sentido no se sabe muy bien quién disfruta más, si el que se deja o el que hace en esos instantes. Puedes notar como, desde tu ciega posición, el resto de tus sentidos se intensifican más de lo que pensabas y la pasión del momento hace aún todo más sugerente.

Una noche a ciegas, que no la cita, perfecta para morir de pasión. Déjate llevar por una imaginación ausente del sentido que le dan tus ojos a tu cerebro, ahora el tacto es lo que cuenta. No vas a perderte nada, te lo aseguro, vivirás experiencias nuevas, puede que alguna vez que otra repitas y disfrutaras de tu “pequeña muerte” de una forma inimaginable.

Recuerda siente como nunca, se más visceral que racional, en el amor la lógica no sirve de nada, sólo un impulso; el de dos corazones que laten uno junto al otro y separados por una cubierta que identifica dos cuerpos que, por unos “minutos”, se convierten en uno solo.

5 cosas que decirte:

Melvin de Gats dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
sangreybesos dijo...

Estás que te sales, my love. ¿Qué voy a decirte que no te pueda decir luego?

Jaj, como no ibas a sacar lo de los (las) tocalotodo!!

iloveyou

Silderia dijo...

Melvin:muchas gracias, no me lo esperaba y me ha hecho mucha ilusión tu sorpresa, por supuesto cumpliré las reglas.

Cariño: no puedo quedarme callada nunca

Melvin de Gats dijo...

Vale, he borrado lo anterior sin querer :-S

En otro orden de cosas... el pañuelo en los ojos es uno de los grande inventos de la humanidad sin lugar a dudas. Muchas grandes noches han surgido de un misero paño cubriendo los ojos jeje

PD: me encanta el último párrafo ^_^

Silderia dijo...

No importa que hayas borrado lo anterior ya lo he visto y me ha encantado la sorpresa.

El pañuelo tiene mucho juego, demasiado para mentes faltas de fantasía.