ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.


18 de marzo de 2008

Selene. Capítlo VI.

CAPÍTULO VI: LAS COSAS CLARAS Y EL CHOCOLATE ESPESO.

- Hola, buenos días. – Dice Selene, ataviada con una bata blanca, mientras se acerca a sus amigas. - ¿Qué estamos haciendo?

- Estamos identificando bacterias, mira esta la hemos tintado. – Le contesta Tina, dejándole el sitio del telescopio. – Por ahora lo que sabemos es que es gran negativa.

- Negativa está mi vista, no veo nada, has manchado la lente de sudor. – le contesta Selene.

- Oye, ¿cómo te fue tu cita con Roberto? – Le pregunta Rebeca. – ¿Hiciste algo interesante?

- Si por interesante tomas: repasar el examen de bioquímica, salir a cenar y a tomar unas copas, si. – Contesta mientras limpia la lente del microscopio con la bata y mira por él. – Me lo pasé bien, aunque no fue nada del otro mundo.

- ¿Habéis vuelto a quedar?

- No. – Expresa mientras regula la lente. – Aunque tampoco me interesa, su conversación es mala y repetitiva. Lo cierto es que no es mi tipo. – Le dice a Virginia, sin dejar de mirar.

Se escucha la puerta de nuevo, es Roberto, como siempre llega tarde. Su sonrisa en la cara, no tiene nada que ver con su expresión del viernes por la noche, mira a un lado y a otro, nota como todas las chicas de la clase lo están mirando. Todas le intentan hacer un hueco para que forme parte de su grupo de prácticas.

Roberto otea la clase, busca algún sitio que realmente le interese. Nota como Selene, no le hace ni caso, sigue a lo suyo, poco le importa quién ha entrado y menos aún si es él. Eso le da al chico guapo de la clase, la excusa perfecta para incorporarse a su grupo de amigos, situados junto a de ella.

- Hola. – Dice mientras pasa al lado del grupo de Selene, sus amigas lo miran, un tanto envidiosas por lo del viernes.

- Ese Robertooooo…… - Le recibe Sergio, dándole una palmada en la espalda. - ¿Cómo te ha ido el fin de semana?

- Interesante. – Se vuelve a Selene, toca su hombro hasta que ella se vuelve. – Hola Selene, espero que no te molestara que no te haya llamado.

- Ah, hola. No, lo cierto es que ni esperaba que me llamaras. – Continúa con su tarea.

Una hora después la práctica ha terminado y todos se dirigen hacia la cafetería, es la hora de descansar, comer algo y volver a clase. Roberto se acerca de nuevo a Selene.

- Ven conmigo, te invito a comer.

- Ni lo sueñes, ¿cómo puedes tener tanta cara?

- Sólo quiero hablar contigo. – Le ruega, con voz triste. – Necesito que aclaremos lo del viernes, por favor, si no te convenzo, después de esto, no vuelvas a hablarme, pero escúchame.

Selene, si algo ha aprendido, y no fue por las buenas, es que todo el mundo tiene derecho a que le escuchen. Sólo que esta vez, ella no estaba muy dispuesta a ello, sin embargo cede a las súplicas. Se adelanta un momento para hablar con Rebeca y se va, lejos del recinto. No quiere espectadores. Millones de cotilleos aparecen en el aire, los comentarios comienzan a salir de una boca, para tergiversarse, en los pocos centímetros, que separan unos labios acusadores, de una oreja que apenas oye. Esta vez no hay complicidad, Roberto vuelve a ofrecerle su brazo, a lo ella responde ignorando su gesto de invitación.

- Bueno, quería disculparme por lo de la noche del viernes. Estaba bebido y no sabía lo que estaba haciendo. – Comienza a disculparse, después que el camarero haya servido dos cafés. – Me gustas mucho, y no quiero que todo se estropee por una tontería así. – Continúa mientras se busca algo en el bolsillo de la chaqueta, colgada en el respaldo de la silla. – Te he traído esto para que me perdones, ¡cógelo! Sabes que para mí eres como una diosa.

- No te molestes, puedes guardarlo. – Sus ojos observan un bonito anillo, con un hada de plata que sujeta una piedrecita brillante. – No lo quiero. – Acaba la frase mientras aplasta el cigarro contra el cenicero. – Si crees que te voy a perdonar vas listo. No ibas borracho, te pasaste toda la noche bebiendo coca – cola, tampoco te intereso, por lo menos como me quieres hacer entender, sólo quieres un polvo, y yo no te lo voy a dar. Si tú estas acostumbrado, a follar con cualquier chica que se te antoje, no te has cruzado todavía con una como yo. – Hace una pausa, se pone a recordar. – Por eso querías que bebiera, no puedo creer que sea tan tonta. Te has equivocado conmigo.

- Creo que me merezco otra oportunidad. ¡No seas tan inmadura!, estas son cosas que pasan.

- Los dioses no conceden segundas oportunidades, y dan castigos desmedidos por cosas más insignificantes, que las que has hecho tú, así que no juegues con fuego. Todavía puedo clavarte un rayo en el culo.

La conversación ha terminado, por lo menos para ella, se levanta dejando al chico con la palabra en la boca y se va. Había escuchado cosas ridículas, pero como estas ninguna. Se había terminado de descubrir. Selene estaba furiosa, quería chillar y salir huyendo de allí, sabía que estas eran las cosas amargas, de haber salido de los algodones de casa.

Pocos minutos después estaba de nuevo con sus amigas, se había suspendido la primera clase de la tarde, por lo que decidieron darse el resto libre. Estuvieron de compras, en el cine y le mostraron a su amiga, la pueblerina, parte de la ciudad. La tarde acabó en casa de Selene, la noche estaba entrando y, allí estaban, sentadas todas en el suelo, alrededor de la mesa del salón, cenando comida china.

- Selene, parece que lo tuyo con Roberto va bien ¿no?

- ¿Lo mío con Roberto? ¿de qué me estás hablando, Inma?

- Si, todo el mundo lo comenta en clase y, por lo que dicen sus amigos, el viernes hubo tema.

- ¿Que hubo qué? – Responde el centro de la conversación anonadada. – Creo que te equivocas. – Aclara antes de dar un sorbo, a la pajita de su bebida. – ¡Ah sí!, por supuesto. Me besó.

- Pues eso no es lo que se dice. – Añade Rebeca. – Anda, no te hagas la tonta, el viernes hubo tema.

- ¿Cómo?, a ver,… ¡espérate! – Selene suelta el paquete con los rollitos de primavera en la mesa.- ¿Qué ha pasado, que yo todavía no me he enterado?

- Como siempre llegas tarde a clase, – lucía se integra en la conversación, – no te enteraste de los comentarios de los amigos de Roberto. Por lo visto, según él, pasó algo más aquella noche, después del beso.

- Creo que te estás equivocando. – Dice el centro de la conversación, que ha recuperado la calma, y toma unos tallarines. – Sólo me besó, le corté el rollo y se fue un poco molesto. – Enuncia mientras se dirige a todas y a ninguna en concreto. – Pero yo, ¿Por qué tengo que daros explicaciones? No tengo necesidad de excusarme con vosotras. No pasó nada y punto, y el que diga lo contrario miente.

- Vamos. – Añade Lucía. – La cita del año, la rara y el sex simbol, de la clase quedan una noche.

- Fue una tarde, y para estudiar, ¡qué no se te olvide! – Dice acusando con el dedo y sin sacar la pajita de su boca.

- Buenoooo…. Una tarde, y la cita acaba de madrugada. ¿A quién quieres engañar? – Continúa, una vez corregido el error.

- Yo a nadie, pero ¿por qué no pensáis un poco? Si me hubiera acostado con Roberto, no se hubiera ido de madrugada corriendo a contárselo a un amigo, hubiera esperado a la mañana siguiente, en mi cama, para echar otro. Como dice él que le gusta hacer. – Coge la servilleta y se limpia la boca. – De todas formas, me da igual lo que penséis, pero ni aquella noche pasó nada, ni Roberto es un caballero. Sino, ¿a qué viene lo de contar lo del viernes?, un verdadero galán, no cuenta sus conquista. – Selene amontona los paquetes de cartón vacíos. - Bueno, aclaradas ya las cosas, se terminó la conversación.

Desde aquella noche, no volvió a comentarse nada, por lo menos delante de Selene, se ponía bastante molesta con el tema. Y no era para menos, había descubierto que el “gran amante” era sólo una imagen creada, a base de espejismos y caretas de cartón. No le gustaría que nadie tuviera que pasar por un mal trago como el suyo, pero prefirió no desvelar la verdad. Aquellas chicas, se habían convertido en sus amigas, pero si algo sabía, con demasiada certeza, es que las bocas hablan demasiado rápido, miles de veces por delante del pensamiento, y, que cualquier persona, podría decir algo que le supusiera un problema en el futuro. Roberto tenía demasiados seguidores, por lo que lo dejaría correr, además ya había dejado las cosas claras con él, o por lo menos, parecía que había entendido que no quería volver a verle.

Para aplacar las aguas, y aprovechando que el día siguiente era festivo, propusieron ir al pub Put, a Selene no le importó, era lo único bueno que había sacado de la velada del viernes. Y así hicieron, en menos de una hora se encontraban todas en aquel bareto, el último refugio de los noctámbulos. Ya llevaban un rato allí cuando Roberto y Sergio hicieron su aparición. Sólo Lucía se dio cuenta de aquello, y, muy pronto, lo haría el resto. Iban directos hacia ellas.

1 cosas que decirte:

sangreybesos dijo...

Cuando se pone más interesante, cortan para anuncios.