ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.


22 de mayo de 2009

Selene. Capítulo LII.

CAPÍTULO LII: LOS NUEVE PECADOS CAPITALES.

Al traspasar aquel gran arco verdoso, una luz los inundó, Fepico llevaba a su abuela sujeta en uno de sus hombros, esta gemía de vez en cuando y hablaba en sueños. Sus quejidos eran ininteligibles y su boca, entre tanto, soltaba algunos hilos de baba.

Al otro lado tres mujeres, que contestaban al nombre de Cloto, Láquesis y Átropos, jugaban con algunos ovillos de hilo. Estos se presentaban en miles de formas y colores. Algunos de ellos eran más abundantes y su grosor variaba al igual que su visibilidad. En una esquina, un gran uso pasaba miles de hebras de un punto a otro. Átropos, conocida también como la Parca, utilizaba unas tijeras doradas para sesgar algunos de ellos, éstos caían de repente al suelo. Se colocaban sobre un gran cesto donde desaparecían.

Entre tanto, sus hermanas Cloto y Laquesis, no paraban de sacar hilos e hilos y formar bolas con ellos. Momentos después, los colocaban en uno de los espacios que aquel utensilio, usado para hilar.

- Hola – dijo Selene al ver aquel feliz cuadro.

- Bienvenida – dijo la más vieja de las tres Moiras -. ¿A qué se debe la visita de nuestra señora?

- Venimos a buscar a Hades – se adelantó Yu.

- Se fue por allí – responde la hermana mediana sin mirar y elevando el brazo hacia el interior de un pasillo infinito.

- Tú eres el nuevo morado – le dice Cloto al ver a Luis–. Yo te vi aquel día – pierde su mirada en el techo -. Eras pequeño y tu hilo era largo y grueso – saca una bobina de la manga -. ¡Mira! – la eleva entre sus manos hacia el techo.

Aquel montón de hilo, estaba unido por varios puntos, todos hechos nudos. De color fucsia, a trozos descolorido, mostraba un extraño brillo aún sin nacer.

- ¿Por qué no está en el uso? - le dice Selene.

- Porque no es su sitio – le responde Laquesis.

- Entonces, debería estar en la cesta dorada – continúa Selene.

- Ese tampoco es su sitio – le dice Átropos.

- ¿Dónde se supone que debe ir mi ovillo? – pregunta Endimión con la certeza de que no quiere escuchar la respuesta.

- Aún no lo sabemos – le dicen las tres volviendo la mirada hacia él.

- Hace siglos formé su vida – inicia la respuesta Cloto –. Era un hilo robusto y fuerte, digno de cualquier rey.

- Yo lo coloqué en el uso de mi hermana -. Continúa Láquesis haciendo el teatro de aquella primera vez –. Tenían que haber pasado muchos años hasta que una pequeña hendidura de la fibra diera la señal a Átropos para cortarla.

- Pero eso no sucedió en su tiempo – se vuelve la mayor de las hermanas mostrando las cuencas vacías de sus ojos -. De pronto el hilo se volvió plateado, brillaba y mis tijeras no podían cortarlo, pero unas manchas en su textura me dijeron que no debía retirarse del uso del destino.

- Fue cuando pedí tu eternidad a Zeus –. Le dice Selene.

- Pasaron los años y el hilo volvió a su color original -. Continúa diciendo la Parca -. Entonces se volvió fino bajo mis dedos -. Un crujir de sus tijeras hicieron que alguien, en algún lugar del mundo, visitara el reino de los infiernos -. Y tuve que cortar la vida que se unía a él.

- Pero al caer el ovillo -. Dice Láquesis –. No volvió a nacer una nueva hebra de la mano de Cloto -. Mira a su hermana -. Si no que se unió de nuevo – le muestra de nuevo el ovillo -. Desde entonces, cada vez que lo coloco en el uso del destino, este hace lo mismo una y otra y otra vez - mueve la cabeza mientras lo dice mirando el color morado -. Ahora no quiere estar en hueco que le corresponde, se cae – mueve las manos, como si estuviera echándole polvos mágicos sobre él -. Por eso lo llevo encima, porque no le corresponde ningún lugar.

Luis no da crédito a la escenificación que acaba de ver, acaban de resumirle cientos de años de reencarnaciones en a penas unos minutos. Las tres señoras, con la cabeza perdida, hacen movimientos lentos y rápidos, continúan con sus tareas sin dirigirse a ninguno de los visitantes. A penas lo han mirado y, sin embargo, conocen todo lo que ha sucedido con su vida. A lo lejos, un negro agujero, se abre ante ellos. Tiene forma de pasillo y Hades ha ido por allí.

- Será mejor que continuemos – dice Fepico -. Creo que me está haciendo efecto lo de antes – incide -. ¡Me estoy curando! Sólo me falta encontrar un bareto y emborracharme para ver si es verdad.

En esos momentos, la abuela abre los ojos y eleva la cabeza. Su segundo estado de ausencia, ha hecho que recobrara por completo la claridad de su mente.

- Fepiiiiiii….. – llama la atención la abuela -. ¡Colócame en el suelo que no soy un saco de patatas! – su nieto la suelta al escucharla y cae estrepitosamente -. Esa no es forma de tratar a tu abuela ¡Jovencito! – lo acusa con el dedo -. Ya tengo una edad y no soy tan ágil como antes.

- Pregúntaselo a Caronte – dice Yu por lo bajo a su amiga -. A ver ¿Qué dice? – Selene le responde dándole con el codo en un costado.

- ¡AAAAAAHHHHHHHH……! – gritan las tres Moiras a la vez llevándose las manos a la cara cuando la ven.

- ¿Qué pasa? – dice Yu mirando a todos los presentes.

- Ella es una persona maldita – responde la menos de las hermanas aleteando a su alrededor.

- Robó su vida – dicen las tres a la vez en un susurro.

- ¡Pero si tú decías que nunca habías estado aquí antes! – le recrimina Fepico.

- Para llegar a este lugar no hace falta pasar por la casa de Hades – incide Yu -. Cualquier bruja puede llegar con un simple conjuro de principiante para preguntar algo sobre el destino.

- Pues no pienso devolver el ovillo – responde -. Me hice un jersey precioso, no le atacan ni las polillas.

- Será mejor que nos vallamos pronto de aquí – dice Luis intentando poner paz -. Demasiadas emociones para un día – empuja a Selene y a Yu hacia el interior del pasillo -. ¡Abuela! ¡Tú primero! No vaya a ser que se le arrugue la ropa.

- ¡Endimión! – dice Átropos -. Sólo Mnemosine te hará recordar todo cuando perdiste.

Luis lo escucha, sin embargo no se vuelve, está demasiado ocupado agarrando a la abuela de Fepico para que no se lance sobre aquellas tres señoras tan ocupadas en su trabajo. Son las reinas del destino, no se sabe lo que pueden llegar a formar. Aunque teme más por lo que esa vieja loca sea capaz de hacer en un intento por coger otro ovillo, más aún que las Moiras.

Una fina capa de sombra era lo único que evitaba la visibilidad hacia el otro lado. Esta se mostraba ante ellos como una cortina imposible de apartar. Al otro lado, un hedor putrefacto, algunas antorchas clavadas en las paredes y nueve puertas, esperaban a que ellos desvelaran su gran enigma.

- Limbo, falsa adoración, gula, avaricia, lujuria, pereza, ira, envidia, soberbia…. – lee Fepico en los carteles colocados en algunas de ellas -. Esto tenía un nombre pero no me acuerdo exactamente – se rasca la barbilla.

- Son los siete pecados capitales. ¡Inculto! – la abuela le da un tortazo en la cabeza de un salto -. ¿Es eso lo que yo te he enseñado?... ¿A no conocer nada?

- Creo que nunca me hablaste de religión y esas cosas – le responde tocándose el lugar del choque.

- ¿Y para qué está la tele? – le chilla -. Sabes que nunca enseñan nada bueno, ¡Y esto es una de esas cosas! – señala una de las puertas con su dedo índice.

- Son los nueve círculos del infierno – le dice Yu -.Hay nueve puertas, no siete. ¿Es que no sabe contar?

- Ahora cómo lo hacemos – interrumpe Luis -. ¿Nos separamos?

4 cosas que decirte:

Edu dijo...

La TV es muchas veces como aquel hecho, de cuando el sabio con su mano apunta la luna, el ignorante mira el dedo.
Un Saludo.

Silderia dijo...

Cierto es. Para mi la tele ha contribuido mucho a lo que soy, cada vez que la enciendo, la miro un rato, a penas unos minutos, bostezo, entonces la apago y elijo de mi biblioteca un libro, aquella revista que aún no he comenzado o me pongo a escribir algo, creo que haré algo más provechoso en ese tiempo.

Un Abrazo

sangreybesos dijo...

Muy bien lo de las tejedoras del destino... la poesía es síntesis.

Y que tengan cuidado en los círculos del Infierno, que hay cada mamarracho suelto que no veas...

Silderia dijo...

Eso ya lo tengo yo en cuenta,no te preocupes.