ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.


15 de mayo de 2009

Selene. Capítulo LI.

CAPÍTULO LI: UN CAMINO ESCALONADO.

La abuela de Fepico no podía parar de reírse tras haber probado lo que le había pedido a su nieto. Este, entre tanto, deseaba perder la cordura como lo había echo ella. Endimión intentaba poner paz entre aquellos dos demonios y Selene, junto a su inseparable amiga, miraban el panorama. No daban crédito a lo que estaban viendo.

- ¡Parad de una vez! – dice Selene con los ojos inyectados en llamas ardientes mientras separa a los dos individuos.

Su voz retumba por las paredes de aquel viejo caserón haciendo que caigan algunos trozos de madera al suelo.

- ¡Estáis todos locos! – mira a los dos demonios. - ¡Tú! ¡Ponte en esa esquina y cállate de una vez! – le indica con el dedo una parte de la habitación. - ¡Tú, el afeminado! – chilla con todas sus fuerzas. – Al otro lado – le indica con el dedo antes de que tenga tiempo para decir nada. - ¡Fepico! – este se queda helado en el momento. – ¡Controla a tu abuela de una vez!

- Cariño – le dice Luis. – Tranquila, no es para tanto – la abraza y acaricia el pelo, no sin que el calor de la euforia, que desprende el cuerpo de Selene, chamusque un poco los bordes de sus vestiduras.

- Ya era hora de que pusieras calma en todo esto – le dice Yu. – Sabes que yo no valgo para esto – sonríe levantando su espada. – Yo pongo paz de otra forma.

- Una pregunta – dice Fepico levantando la mano como un niño pidiendo la palabra.

- ¡Qué! – le chillan Selene y Yu a la vez.

- ¿Por qué mi abuela está coloca y yo no?

- Esto es el infierno – le responde Yu. – Tú tienes miedo a esto y a que lo que tomas un día deje de hacerte efecto – suspira. – Ese es tu infierno particular – lo mira a la abuela que no para de reírse.

- Disculpe – dice uno de los dos demonios. – Señorita.

- Como digas una palabra sobre lo que no quiero escuchar te arranco la cola de un solo movimiento – le dice Yu, que se ha acercado a él como un rayo y lo amenaza con la cuchilla en el cuello.

- Sólo iba a felicitarla por la explicación – dice entrecortadamente. – Pero hay una cosa más.

- No creo que le interese – le dice Yu apretando la catana contra su garganta.

- Tiene razón – añade con un hilo de voz. – Creo que no es necesario.

- ¿Por dónde está el pasillo por el que se fue Hades? – dice Luis.

- Por allí – dicen los dos hermanos a la vez.

Ambos señalan una escalera de madera noble, en algunos lados esta parece desaparecer entre la oscuridad de la sala. Sin embargo, allí está, firme y erguida ante ellos. Desde el marcho de la puerta, puede observarse un leve brillo negro que resalta desde su oscura barandilla. Su final, se pierde tras la vista de una entrada adornada con un arco de colores verdes en diversas tonalidades oscuras, y teñida con algunas pinceladas marrones y amarillas. Tras de sí, una luz mortecina impide ver lo que hay al otro lado del mismo.

Yu se estremece al mirar de nuevo aquella escalera, la conoce y ha subido por ella miles de veces. Sin embargo, jamás cruzó aquel arco. En tiempos remotos, mucho antes de que la misma humanidad tuviera conciencia de aquel lugar, esperaba impaciente a Hades en aquel último escalón que la invitaba a pasar hacia su interior.

- Tendremos que subir si queremos encontrar lo que veníamos buscando – dice de nuevo Luis intentando calmar a Selene que, en uno de sus ataques de furia, está a punto de carbonizar alguien. - ¿Qué os parece?

- Creo que estáis un poco locos si esperáis encontrar a Hades tras ese arco – dice Yu sin volver la vista del demonio. – Puede tardar siglos en volver a traspasarlo, será mejor que busquemos nosotros mismo el libro y nos vallamos por donde hemos venido.

- No estarás hablando en serio – le dice Selene a Yu.- Esperaba que fueras más valiente contigo misma.

- No tengo ganas de encontrarme con Hades – dice volviéndose a su amiga. –Eso es todo.

- Yu – le dice tocándole el hombro. – Ese es tu infierno particular – Yu se vuelve a ella con una lágrima en los ojos. – Sabes que este mundo no hace diferencia entre mortales y dioses – la mira de a los ojos y la abraza. – ¡Vamos! No hemos llegado hasta aquí para volvernos con las manos vacías.

Fepico toma a su abuela en brazos ante su repentino sueño, Luis abraza a las dos chicas y hace un gesto cortés para que ambos gemelos pasen delante de ellos. Les guiarán hasta el lugar donde se ha perdido su jefe. El silencio es grande, Yu no deja de apuntar a ambos guías con su catana, acompañada por la lanza de Endimión y seguido por la fuerte mirada de la diosa primigenia. No quieren ninguna artimaña y esta sería una buena ocasión para jugársela.

Al borde de la escalera, esta se estremece al volver a sentir la presencia de aquella malhumorada mujer. Ambos sirvientes se despiden, tienen prohibido tocar un solo peldaño de la misma, pero Yu no les deja marchar.

- Antes de volver a vuestra pelea – le dice Yu. - ¿Cuál de los dos es el padre del chico?
- Gracias por la referencia – dice Fepico atusándose el pelo. – Por favor que no sea el amanerado – piensa para sí.

- Creo que yo – levanta la mano el cocinero. – Fue una noche, una locura, el vino y una buena cena me hicieron perder la cabeza y lo engendré en un vientre mortal – se acerca a él. – Lo cierto es que el parecido es impresionante, a parte del mejor pollo asado en las brasas de los muertos – acaricia la cabeza de Fepico. – Eres un ser prohibido, Hades no quiere que los demonios tengamos contacto con los humanos –le explica.

- Pero esto fue un acto de amor ¿No? – dice Luis.

- Más bien de lujuria – le responde. – Es que, cuando bebo, me pongo un poco tonto – dice sonriendo y mirando a su hermano.

- ¡Estupendo! – dice Fepico. – Los dos son de la misma correa – incide al ver un gesto amanerado en el que se declara su progenitor. – Menos mal que no he salido a ti.

- No estés tan seguro –le responde. – Eres parte demonio.

- Yo diría que cien por cien demonio – dice la abuela de Fepico ya despierta. – Es nieto de Caronte.

- Por eso Hades no me quemó vivo – dice dando un pequeño salto de alegría.

- ¿Dónde está mi madre? – le pregunta Fepico.

- Se adentró por los pasillos – no sabemos más. – De eso hace siglos.

- ¿Cuántos años tienes viejo? – le dice Luis al escuchar eso.

- No lo se – se vuelve hacia Luis. – Perdí la cuenta en los 15 - todos lo miran de una forma extraña. – No sabía contar más – así que supongo que tengo unos cuantos más.

- Yo diría que unos cientos más – le dice su supuesto tío. - ¡Quizás encuentres a tu madre allí adentro! – le responde.

Fepico no sabe que decir, su padre un demonio, su madre hija de Caronte, el barquero del infierno y él, un ser sin identificación alguna que aún no sabe dónde catalogarse. A decir verdad, jamás supo cuál era su sitio. Rondaba de un lugar a otro, deambuló por todo el mundo varias veces, buscaba algo. El llenar un vacío tremendo. Su abuela, apenas le había dado explicaciones de nada, aunque él tampoco se las pidió jamás. ¿Quién era en realidad? Ahora podía ver la punta del iceberg, pero no descartaba el descubrir el resto.

- Bueno – dice Fepico tras abrazar a su padre. - ¡Vámonos! A ver si podemos salir de aquí pronto – se adelanta unos escalones. – No me gusta permanecer en un sitio donde no me hacen efecto mis cigarrillos especiales.

2 cosas que decirte:

sangreybesos dijo...

Cómo sabes tocar mi fibra sensible... adoro los infiernos particulares...

Silderia dijo...

Las versiones del infierno son diferentes, cada uno hace la suya particular