ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.


15 de abril de 2008

Selene. Capítulo X.

CAPÍTULO X: EL RINCÓN DE LOS CORAZONES ROTOS.

La noche estaba avanzando, el pub se llenaba a intervalos de tiempo. Eran ya pasadas las dos de la madrugada cuando un grupo de melenudos ataviados con prendas negras y camisetas de sus grupos favoritos, pasaron al interior. No dijeron nada, llevaban a un compañero completamente borracho sujetado en los hombros de otros dos, se acercaron a la barra, pidieron unas cervezas y se dirigieron al único rincón adornado del antro.

Delante de una horrible máscara de madera tallada y una mesa llena de abalorios, entonaron una canción de desamor mientras dejaban algo en aquel extraño sitio. Parecía que, de un momento a otro, iba a estallar una gran tormenta. Todos los que allí se encontraban, acompañaron a sus compañeros en la tonada épica y daban ánimos al malherido brindando en su honor.

- Esto es el pan nuestro de cada día. – Decía una pequeña figura arrugada, cuando vio a Selene oteando el altar a lo lejos de la barra.

- ¿Qué están haciendo? – Intentaba saber más, sin retirar la vista de los heavies, mientras limpiaba un vaso.

- Cantan en el altar de los corazones rotos. – La camarera dejó, por unos instantes, lo que estaba haciendo. – En uno de mis múltiples viajes, me regalaron esa máscara y, cuando abrí este cuchitril, la colgué justo donde la ves ahora. De eso hace ya varios años. – Hizo una pausa para sacar papel de fumar de su bolsillo. – Una noche, un chaval se quedó comente dolido, acaba de descubrir que su novia lo estaba engañando con otro entonces, llevado por la furia del momento, lanzó algo a lo lejos. – Saca el mechero y calienta la mezcla de su mano. – Estaba cerrando, cuando encontré la alianza de la entonces era su novia. Fue cuando miré la mesa y la coloqué debajo de la máscara, por si volvía a pedirla, pero no lo hizo. Cuando me vio hacer eso se acercó a la barra, pidió una cerveza y delante del altar, cantó al desamor. Los pocos que aún quedaban dentro lo acompañaron. – Termina de liarse el cigarrillo y lo enciende. – Desde aquel día, un montón de personas vienen casi a diario a dejar algo en él.

- ¿Qué representa esa máscara? – Dice Selene intrigada.

- No lo sé, era una baratija de África que me regalaron en Roma por un favor. – El dueño del pub comienza a colocar los vasos. – Aunque podía haberse ahorrado el regalo, ¡es fea de cojones! – La camarera y él compartieron una sonrisa. – Pero es un buen escondite para la maría. El mejor que he visto.

- Bonita historia, demasiado para un lugar como este.

- Puede, pero tiene su encanto. – Selene lo mira. – ¡No pongas esa cara!, sino lo tuviera no seguiría abierto y ahora tú formas parte de él.

Unos clientes han entrado, la chica se aproxima a la mesa, toma la comanda y se dirige a recoger el pedido. Cuando está sirviendo las cervezas, observa como la puerta de entrada vuelva a abrirse, son Roberto y Sergio que van directos hacia dos asientos libres en la barra.

- Sabes, cinco minutos antes de conocerte era maricón. – Le dice uno de los que están sentados en la mesa que Selene sirve. Esto la hace salir de su trance.

- ¡Pues vuelve al armario, qué te has dejado puesto el traje de flores! – Responde mientras se dirige a la barra, sin advertir a quién se lo estaba diciendo.

Fepico atiende a los nuevos clientes hasta que llega Selene, los tres se quedan mirando fijamente, la sorpresa es mutua, pero el agrado es sólo por parte de una de ellas. Sin decir una palabra pasa al interior de la barra y sirve unos cubatas sobre la bandeja.

- ¡Selene! ¿qué haces aquí? – le dice Roberto con voz de agrado.

- ¿No había otro bar en toda la ciudad?

- Tenemos cosas pendientes Selene, ¿o es qué no te acuerdas? – Le dice Sergio.

- ¿Quieres más todavía? ¿no has tenido bastante? – Le responde la chica. – Haced algo que no me guste y os echo a patadas, ¡ahora dejadme! Estoy trabajando.

Selene se queda esa noche fuera de la barra, prefiere no estar hasta que esos dos impresentables se vayan. De vez en cuando mira el reloj y la puerta de entrada, es un poco tarde y Luís aún no ha aparecido, siempre viene a tomarse la última con ella.

A pesar de su odio hacia los Roberto y Sergio, no puede evitar vigilarlos de vez en cuando, están tomando refrescos y algo blanco que saca Sergio de una bolsa de plástico – Pastilleros. Esos son los grandes deportistas. – Esta es su oportunidad para echarlos, aunque no es un motivo de peso para Fepico.

- Hola guapa, ¿cómo te va esta noche? – Dice una voz conocida.

- Ah, hola. – Responde la chica.

- Nos tomamos la última, o la penúltima. – Le dice Luis con una gran sonrisa en la boca. – Eso si no estás muy ocupada.

- Creo que no, casi no hay gente y faltan diez minutos para irme. ¿Vamos?

Luís sigue a Selene hasta la barra, se coloca en una esquina iluminada por una lámpara que da una luz anaranjada. Ella saca el tequila, unos gajos de limón, unos vasos de chupito y la sal.

- Toma, ¡guárdate esto!, por mí ya ha terminado tu turno así que cuando termines vete. – le dice el dueño mientras ella se guarda el dinero en el bolsillo del pantalón.

- Entonces nos vemos la semana que viene.

- O a lo mejor no, eso nunca lo sabrás hasta que no vuelvas.

Selene sigue a lo suyo, continúa con el ritual de preparación de los tequilas, usa unos vasos limpios que reserva exclusivamente para la ocasión. Brindan, hablan un buen rato, vuelven a beber y Luis se despide hasta la próxima vez. A pocos metros de distancia un espectador observa cómo la chica sonríe y se divierte con una persona que no es él, eso le quema la sangre, la chica es suya y de nadie más, se queda con la cara de aquel chico y se tranquiliza un poco.

La chica sale casi al alba, está de muy buen humor y bastante agotada. Camina hacia su calle y nota como unos pasos la siguen. Decide no acelera el paso, podría adelantar acontecimientos indeseados, saca un estuche de pinturas y mira su espalda por el espejo fingiendo que se pinta los labios. Nota como una figura corpulenta la sigue, la conoce de sobra – Roberto, ¡maldita sea! - Se asusta pero decide seguir con paso firme, al poco tiempo deja de escuchar pasos se relaja.

- Selene, ¿quién era ese chico? – Dice Roberto que ha salido tras una esquina

- Creo que eso no te importa. – Dice todavía asustada.

- Si me importa, tú me importas, no quiero verte en los brazos de otro.

Ella no contesta, está harta de esa situación y, mucho menos, le importa la sarta de mentiras que le está diciendo aquella alimaña. Se da la vuelta para irse completamente iracunda, cree que es mejor dejar las cosas como están. Justo cuando se da la vuelta La mano de él se cierne sobre su antebrazo, la aprieta fuertemente provocando que chica retroceda un poco sobre sus pasos, a pesar de todo no dice ni una sola palabra, se queda quieta, sin darse la vuelta para mirarlo a los ojos. La presión que ejerce Roberto sobre ella le duele mucho, dejando marcas casi instantáneas sobre su blanca piel.

- Si sólo tengo esta forma de hacerlo, ¡qué así sea! – Le dice sin soltarla. – Te quiero demasiado como para dejarte ir, necesito tocar tu piel, acariciar tu pelo, besar tus labios, hacerte mía. – Comienza a decir con voz fuerte y potente. – Y si no me estás dejando otra salida.

Un cofre de jade negro con engastes de plata, comienza a retorcerse dentro de las tripas de Selene, su tapa se abre muy poco a poco, a penas unos milímetros, aunque es lo suficiente para hacer sentir a su dueña que algo está pasando.

- Estás loco, tu no me quieres sólo te jode que no me haya acostado contigo. – Responde Selene sin volverse y resistiendo la fuerza de Roberto, no desea acabar entre sus brazos. – Te doy un consejo, ¡vete! Lo que te ha dado tu amiguito no te ha sentado bien.

- No sin haberte tenido antes.

- Ni en tus peores pesadillas. – Le responde volviendo la cara para mirarlo. – No soy una de tus amiguitas.

La mano libre de Roberto golpea la tez de Selene con fuerza, intenta seguir tirando de ella, necesita cogerla completamente para llevársela donde puedan estar solos. Aunque parece que el fruto de su obsesión está clavada en el suelo, no puede moverla.

Aquel cofre interno suelta ráfagas de viento, está compuesto de ira e impotencia. La bofetada de Roberto ha provocado que se abra de golpe. Si hubieran sido unos milímetros, su dueña la cerraría con un poco de fuerza de voluntad, ya no hay marcha atrás. Miles de remolinos han escapado invadiendo su corazón, su mente y su cuerpo, provocando que una carcajada diabólica salga de su boca. La cara de Selene se vuelve hacia su agresor, sus ojos destacan un brillo espectral, sus labios carmesí muestran una media sonrisa, su cara sigue pálida, sin marcas del choque sufrido.

- Roberto, ¿conoces la caja de Pandora?

1 cosas que decirte:

sangreybesos dijo...

Supongo que podemos esperar un poco de violencia y patadas en los huevos en el próximo capítulo!!
Yo sí conozco la Caja de Pandora; era un tugurio de mala muerte que regentaba un anciano chino.