ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.


23 de abril de 2008

RELATOS DEL CORAZÓN

EL MUNDO MÁGICO DE SILDERIA

Aquella tarde no sonaron los violines para avisarme que sería feliz en breve, pero algo si me indicó que mi vida cambiaría en poco tiempo, todo pasó tan lentamente y tan rápido a la vez que sería muy difícil explicarlo con palabras, a pesar de todo voy a intentarlo.

Seguía mi vida normal, encerrada en una cúpula de cristal que se volvía opaca cuando intentaba mirar más allá del horizonte, su coraza no era perfecta, ciertos resquicios de luz la atravesaban y rompía poco a poco, a medida que el tiempo iba avanzando. Poco a poco mis ojos comenzaban a dolerme, no estaba acostumbrada a recibir la luz de la mañana y mucho menos, el percibir nuevos estímulos procedentes del exterior, era una completa infeliz encerrada en una vida que no me pertenecía, no se porqué pensé que alguna vez llegaría a aceptarla como mía, aunque mi naturaleza rebelde chillaba dentro de mi y cada vez esa voz se hacía más y más fuerte, hasta el momento en que un día, aquella burbuja cristalina se rompió en un la mayor.

Todo ocurrió una tarde de Marzo, el tiempo era nublado y estábamos a escasos metros del puerto de carga, mientras realizaba mi tarea junto con una persona alguien se acercó a nosotros, el otro si la conocía y yo sabía perfectamente de su llegada, lo que pasó fue simple, no me esperaba que fuera de esa forma. A lo largo de múltiples veladas me habían descrito múltiples rasgos de su personalidad, a las cuales yo era afín, por lo que yo me había creado una imagen ficticia de cómo podía ser físicamente. Aunque para nada correspondía mi retrato mental con lo que se apareció ante mí.

Persona de cara amigable, corazón, por aquel entonces recomponiéndose de una ruptura de pocos meses, forma de andar característica y vivaracha y una forma de vestir juvenil se acercó a nosotros. Algo pasó por mi mente, una punzada me hizo saltar el corazón y lo puso en el mismo tiempo que el suyo, lo miraba, ciertamente, con mucha discreción, no podía dejar que aquel extraño me engatusara, pero lo hizo. Pude escuchar el ruido de los cristales rescrebrajándose a mi alrededor y una luz intensa penetrar por agujeros ya irreparables.

Sólo pasó una tarde junto a mi, pero mi mal carácter se había disipado por esos minutos tan cortos. Estaba contenta, admirada de lo que estaba pasándome e inconscientemente, mi cuerpo mandaba señales claras de que esa persona me gustaba bastante. Nunca me pude imaginar cuan fuerte era aquella atracción. Mis ojos se habían clavado en su rostro, su cuerpo, mi mente se alimentaba de su sentido, sarcástico e irónico, de ver la vida. Sin embargo, todavía no me había dado cuenta de ellos, hasta que no pude verle al día siguiente.

Fueron unos meses completamente amargos, me negaba lo que me estaba pasando e intentaba con todas mis fuerzas borrar aquella imagen agradable del subconsciente. Nunca me había pasado nada de eso. Poco tiempo después, justo cuando su visión mental se volvía borrosa, los azares del destino quisieron que nos cruzáramos sin más. “Esto no puede ser”, pensaba para mis adentros aquella noche, el sueño no acompañaba las súplicas de unos labios que no eran dueños de una mente y un corazón que ansiaban volar a otros mundos.

Pasaron varios meses, y siempre ocurría lo mismo, cuando mis esfuerzos por borrar esa pintura perfecta conseguían hacer pequeños estragos en los lienzos de mis pensamientos ocultos, volvían a retocarse los desperfectos cuando el modelo retomaba su puesto. Me gustaba escucharlo, su risa me producía un cosquilleo en la barriga, sus referencias hacia mí me hacían saltar de alegría, mis mejillas se sonrojaban, los nervios estaban a flor de piel y tan sólo un simple roce de su piel, producía que mis bellos se erizaran, hasta el punto de producirme una reacción no deseada. De buenas a primeras me arreglaba sólo con saber que aquél día vendría a buscarme, mi feminidad, hasta entonces oculta y enterrada, surgió como las flores en primavera. Pero seguía negándome a mí misma lo que realmente pasaba en mi interior y el significado de todos aquellos síntomas ocultos y visibles, que me estaban aconteciendo.

Mientras tanto, aquella prisión con paredes de cristal iba cediendo su paso y se derretía ante el calor que desprendía un corazón que vivía por primera vez. Un mundo se estaba abriendo ante mí, y el camino de baldosas amarillas brillaba como el oro. Con mis zapatitos rojos de tacón decidí dar el primer paso hacia a delante, algo me impulsaba a caminar y una pequeña bruja del camino, pudo vislumbrar la pregunta que me hacía continuamente y a la que ella me dio la respuesta, a pesar de saberla. “Estás enamorada”- me dijo. Sonreí y pensé en voz alta que era verdad, me había enamorado locamente de un extraño al que a penas conocía y del que ansiaba tener noticias, cada vez que podía. Entonces di otro paso, lejos de aquella madriguera en la que me había escondido y decidí introducirme por la madriguera cavada en la roca, en busca del conejo blanco. Algunas lianas me apretaban los brazos, con un cristal del suelo las rompí, sin miedo a lo desconocido. Esta vez no valía mejor malo conocido que bueno por conocer.

Pero el destino se guarda una carta en la manga, algo que nunca hubiera esperado de él, nos volvió a reunir, aunque por un tiempo largo. Esta vez lo veía todos los días, aunque poco tiempo pasó hasta que nos escapáramos de nuestros deberes como compañeros y decidiéramos tomar algo como simples amigos, en cualquier bar de la zona, no muy apartado del barullo, que por ese tiempo se monta por el centro histórico de la ciudad, pero lo suficiente como para encontrar algo de intimidad. Lo realmente raro era que había sido la primera personas, en mis pocos años de vida, con la había estado a gusto.

Un día sin más, tras un tremendo accidente, de la cual yo fue el centro de atención, y con el que me ayudó bastante, le di las gracias por haberse portado tan bien conmigo y nos abrazamos. Por fin pude notar su calor, oler su piel y besar su cara, deseé con todas mis fuerzas que el reloj parara en aquel momento, pero no ocurrió. Simplemente nos miramos fijamente y, por unos simples instantes, una gran atracción me llevaba por una senda invisible hacia sus labios, algo nos despertó de aquel ensueño.

Ya era demasiado tarde para resistir lo que era, los muros de mi corazón, forjados con la inseguridad de lo que está por llegar y un pavoroso miedo a que se vieran mis sentimientos, había cedido cuando admití lo que verdaderamente sentía. Mucho tiempo lo estuve encerrando dentro de mi, lo hice tan fuerte que me autoinfligía heridas imaginarias. De nada me sirvió chillar y patalear en esos momentos de ira, al final salió como una brisa cargada de olores agradables, cálida, sin querer parar de girar a mi alrededor. Creo que en ese momento empecé a ser consciente de lo feliz que era y que podría llegar a ser, a pesar de todo ya podía morirme tranquila. Sabía que existía como persona, lo había tenido cerca de mi, noté como sus labios me daban un cálido beso que me protegía de todo lo malo que aconteciera.

Ahí no quedó todo, al día siguiente volvimos a repetir la operación, regresamos al mismo bar, la misma mesa, las mismas bebidas, una agradable conversación, el momento de la despedida, un beso furtivo en la comisura de los labios y otro de vuelta en los labios. Unos brazos fuertes y robustos agarraron mi cintura, una mano acariciaba mis cabellos, unos besos furtivos, siguieron al que fue robado, la pasión nos llenó a ambos. Cuanto tiempo estuvimos unidos, no lo sé, pero desde aquel entonces sabía que podía ser feliz, más que el día anterior. Unas palabras furtivas y escondidas en mi alma, salieron por mis labios. Ciertamente no dije nada que no se hubiera inventado, pero si era la primera vez que mi boca permitía que se dijeran aquellas palabras. La incertidumbre y el no saber una respuesta franca nos llenaron nuestras almas.

Tras una noche completa sin dormir, mirando al techo en la más completa oscuridad llegó por fin lo ansiado. Quería tenerme entre sus brazos, ¿cuánto tiempo? Ninguno de los dos pudimos averiguarlo, lo que fuera. Por lo menos nos divertiríamos juntos y pasaríamos buenos momentos.
Y eso es lo que ha pasado desde que me adentré en aquella conejera buscando un nuevo mundo, hasta hoy. Un camino de vivencias inolvidables, un despertar diario en el mundo de las maravillas, de eso hacer ya varios años, pero no los suficientes como para vivir juntos una vida entera, todavía nos queda por explorar muchas cosas juntas, nuestros labios aún no se han desgastado de tanto rozarlos los unos con los otros y, lo más importante, aquella semilla que nació no se ha marchitado todavía. Sigue creciendo y haciéndose cada vez más y más grande, espero que no pare nunca.

1 cosas que decirte:

sangreybesos dijo...

¿Qué puedo decir?
Las estrellas, a tu lado, son una puta mierda