ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.


22 de abril de 2008

Selene. Capítulo XI.

CAPÍTULO XI: LA GALAXIA ANDRÓMEDA.

Unos labios carnosos se abren para expresar una carcajada maligna, su voz no pertenece a este mundo y su aliento espira ráfagas de viento helado. Su cuerpo comienza a resquebrajarse, dejando salir el mismo aire vertiginoso que sale de su boca. Selene se suelta de la mano de Roberto con un movimiento rápido, fuerte y violento, se coloca frente a él.

- ¿No querías tenerme? ¡Pues aquí me tienes!

Su piel explota en mil pedazos tras estas palabras y comienzan a volar por el aire a gran velocidad. Rozan la piel del chico y rasgan sus vestiduras hasta el punto que su cuerpo queda completamente desnudo, sus ropas se han desintegrado. Entonces los trozos, brillantes como estrellas y cortantes como navajas, se paran formando una muralla, no hay escapatoria.

El pelo de Selene se ha soltado de su prisión y levita en el aire, alborotado por la fuerza del vendaval. De su nuca se ven salir dos pequeñas trenzas con puntas de plata labrada que llegan hasta sus tobillos, el suelo se abre a sus pies mientras ella se eleva en el espacio, el frío es inmenso y Roberto tirita mientras se tapa su sexo, mirando asombrado lo que se está aconteciendo ante sus ojos.

La piel de la chica se torna blanca como la de un cadáver, sus uñas se alargan hasta acabar en puntas plateadas donde se diferencia una media luna, grabadas en cada una de ellas; si pupila se agranda hasta el punto de cubrir completamente sus ojos, parecen dos perlas negras; su cuerpo totalmente desnudo es cubierto por una lengua de fuego que emana de la grieta que se ha abierto a sus pies, se eleva como una serpiente, rodea su vientre y cubre sus torneados pechos, pasando hacia su espalda y conformando dos grandes alas incandescentes. Cuando se abren, todo queda en silencio, los trozos de estrella comienzan a emitir un brillo cegador, son como mundos y soles lejanos y en el centro de todo el caos, una gran estrella reluce entre las demás Selene.

Cuando los ojos de Roberto se acostumbran mira al frente, ve como aquello que él tenía por una chica de mal carácter, y a la que había jurado poseer se había convertido en la peor de sus pesadillas. Está elevada en el aire, su largo pelo azabache cae por su espalda y por sus hombros, hacia su barriga se diferencian las dos trenzas, sus ojos han tornado de color oscuro, sus labios destacan entre sus finas facciones y está elevada en el aire, sin mover una sola de sus alas, las cuales mantiene abiertas. Mira a su alrededor y no reconoce dónde puede estar, hasta hace unos minutos estaban en un callejón del centro de la ciudad, ahora un brillo espectral y un fondo negro, no le deja reconocer nada; mira hacia el suelo, pero este es del mismo decorado que se le presenta a su alrededor. Está asustado, dolorido, lleno de arañazos, desnudo y fascinado por lo que está viendo, una imagen tan bella y tan aterradora a la vez, sabe que aquello, sea lo que sea, no viene con buenas intenciones y que mucho menos, le dará su bendición.

- Se….se…. ¿Selene? – Consigue decir por fin, pero la figura no le contesta.

Ella eleva el brazo y Roberto se alza en el aire como un globo, está aún más asustado que antes, mueve los brazos y las piernas en un intento desesperado por buscar una estabilidad, pero no la encuentra, finalmente acaba gritando despavorido provocando una sonrisa fría en Selene.

- ¡No me mates!, ¡déjame vivir!

- La muerte sería algo muy benevolente para ti. – Consigue por fin una respuesta. - ¿De verdad que pensabas hacerme tuya?

- Selene yo te amo.

Tras escuchar estas palabras las trenzas de Selene cobran vida y comienzan a acariciar la piel del chico, a pesar de ser una sensación agradable sabe que no está a salvo, algo le dice que se ha enfadado más todavía, si eso es posible. Lo rodean desde los tobillos hasta el cuello, hasta que aprietan su cuerpo dejándolo casi sin aire.

- Podría hacer que desaparecieras ahora mismo si quisiera. – Le dice con furia. – Pero esto es solo una advertencia, la próxima vez no te dejaré hasta que tu mismo decidas irte de este mundo. – Roberto está cada vez más aterrado, el corazón se le va salir del pecho y, a pesar que las trenzas están más flojas, sigue fatigado. – Los hombres como tú tenéis mala memoria, así que te voy a dejar un recuerdo.

En la mano de Selene aparece un colgante al rojo vivo, parece que no le hace daño, ni siquiera le ha levantado una simple ampolla. Con un simple gesto de su dedo índice, Roberto se acerca a pocos centímetros de ella, ayudado por la cabellera de su verdugo, con su otra mano acaricia su mejilla y su cara se sitúa muy cerca de sus labios, tanto que casi puede tocarlos. Su brazo desciende muy cerca se su pene, a penas se desvía unos pocos centímetros. Entonces le acerca aquella figura de plata, el chico nota el calor de su piel, comprueba como esta se desintegra cuando el metal la toca, sus gritos de dolor son espeluznantes.

- Para que te acuerdes de mí cada vez que la vayas a sacar. – El ser le da un beso en los labios y comienza a mover las alas mientras ríe desaforadamente.

Roberto sigue chillando, el dolor es insoportable y parece que todas sus heridas han vuelto a vivir en ese mismo instante, le duele todo el cuerpo, suda desproporcionadamente, el horror más profundo se aprisiona de su mente al ver la cara de su verdugo. No puede reaccionar, su cuerpo está completamente rígido, entre alarido y alarido implora perdón sin resultado alguno, mientras ve como se aleja más y más en el infinito.

Todo ha vuelto a su cauce, la lengua de fuego vuelve a sellar la grieta del suelo, las alas de Selene se retraen, junto con sus trenzas, sus uñas toman un tamaño normal, su piel vuelve a su sitio, a la vez que su ropa. Los únicos vestigios de algo, son su pelo, aún suelto y un tanto enmarañado y sus ojos, todavía del color ausente, en poco tiempo volverán a ser como antes. Toma el camino hacia su portal y se dispone a dormir un largo y tranquilo sueño.

Eran ya entradas las dos del medio día cuando un teléfono sonó.

- Oye Roberto ¿dónde te has metido?, dijiste que me llamarías por la mañana. – Dice Sergio al otro lado del auricular. - ¿Qué era eso tan importante que tenías que hacer con Selene para dejarme plantado en mitad de una juerga? ¡Contesta!

- Ahora te llamo. – Responde Roberto aturdido y cuelga.

Está durmiendo en un rincón de la calle, cubierto de basura. Sus ropas están intactas, sucias pero en perfecto estado. Mira a su alrededor y se alegra de reconocer todo lo que ve. “Sólo ha sido un mal sueño, ese Sergio me garantizó que todo era de buena calidad. No volveré a fiarme de su palabra”.

Dos horas después se encuentra en su casa, conecta el manos libres del móvil y llama a su amigo.

- ¡Sergio! perdona tio, pero he tenido un sueño movidito esta noche, eso que me diste no era bueno. – Se dirige al cuarto de baño, suelta el móvil en el mueble y se desnuda mientras sigue hablando.

- ¿Hablaste con ella?

- Si, si, por supuesto hablé con ella, pero tuve que perder la conciencia de las cosas en algún
momento. – Se empieza a quitar los pantalones. - porque de repente Selene se había convertido en una especie de demonio o de diosa, que me transportaba a otra dimensión o algo así, no me acuerdo muy bien de los detalles.

- Entonces fue una buena experiencia, ¡eh cabroncete! ¿Conseguiste convencerla?

- ¿Cómo?...No fue para nada agradable, tampoco pude convencerla de que volviera conmigo, y mira que insistí. – Se quita los calzoncillos.

- Tío, para echar un polvo no necesitas tanto, Selene no es nada del otro mundo. Si está buena, pero… ¿Roberto, me estás escuchando?

Roberto cuelga directamente, en el espejo de su aseo ve como tiene una marca justo al lado de su amiguito calvo. Son dos bueyes tirando de un carro con una media luna al fondo, claramente definido.

- ¡Hija de puta!, ¿cómo lo habrá hecho? – Expresa en voz alta.

1 cosas que decirte:

sangreybesos dijo...

-Esa chica me dejó marcado.
-¿Mucho?
-Un huevo.