ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.


1 de noviembre de 2009

UNA HISTORIA DE HALLOWEEN

Una tarde, como cualquier otra, la gente que decían ser mis compañeros de trabajo se enteraron de algo que, aparentemente, después de casi un año compartiendo horario, no habían visto en mí.

Miles de veces había aparecido por allí vestida de calle, con mi ropa negra, guantes de rejilla y el maquillaje, que no utilizaba normalmente para trabajar de cara a un público. Por supuesto todos decían que tenía una forma un poco rara de vestir (a ver qué alguien me explique qué es normal porque yo todavía no me he enterado muy bien del asunto.)

El caso es que comentarios al día siguiente como:

- Esos ojos son muy exagerados para salir por la calle (yo por lo menos me pinto.)

- ¿No hay un color más claro para vestir? (si, el blanco, pero es que prefiero escoger el más negro de todos.)

- Esos guantes no son muy normales (no, son de rejilla, un regalo. Y si no me los hubieran regalado me los hubiera comprado yo.)

Anda que, los comentarios se salían un poco de madre, pensaba para mis adentros, aunque la mayor parte de las veces no contestaba. Eran zombis, quizás por eso no encajaba en ese ambiente. Lo cierto es que nunca he conectado en casi ningún ambiente, quizás porque me gusta poco la gente. Y esta carecía de pensamientos racionales, tenían la cabeza comida por los medios, creían todo y se dedicaban a cotillear sobre cosas que les importaban menos aún.

Una de ellas incluso me llegó a decir que tenía pinta de Hippie, sería porque llevaba el pelo corto y una trenza en mi cogote que me llegaba a la cintura. Sin embargo no puedo vislumbrar cómo llegó a esa conclusión, lo cierto es que me asombró que llegara a alguna, viendo lo que había a mi alrededor. Y lo que es más, ella sola, o quizás no, viendo los cotilleos diarios y las invenciones de la gente, podría decirse que, horas antes de que yo llegara estaban hablando sobre mis pintas.

Bueno, volviendo al tema, aunque en mí es muy normal desviarme de ello. Aquella tarde llegué con mis pendientes de telas de araña, adornados con una piedra negra en el centro y con su supuesta dueña en otro. De cada punta de aquella forma salía otra circonita negra y algunas monedas con decoración de runas gálicas. Nada fuera de lo normal para mí, me los había puesto miles de veces.

- Mírala ella cómo viene decorada Halloween - escucho al llegar a mi puesto. Saludé con desgana como solía hacer y me fui a mi sitio.

- ¡Ánda! Si vienes ambientada con esta noche – me dice un compañero al verme.

- ¿Vas a alguna fiesta esta noche? – me dice otro al verme -. La bisutería ya la llevas puesta.

Sería por el colgante de la luna que no llevaba normalmente. Parecía tonta, o quizás era que no me daba cuenta de ello, y es que cuando algo es tan normal para ti no caes en la cuenta de lo que te están diciendo. De todas formas a todo decía que sí, no tenía ganas de entablar conversación con nadie aquella tarde.

Una hora antes de cerrar, tras una larga y cansada jornada, me encuentro con el radio pasillo hablando en uno de los lados. Estaban escondidas de no se qué tras una estantería, y digo de no sé qué porque la jefa estaba con ellas, así que no entendía muy bien ¿a qué venía tanta intriga?
- Silderia – me dice la jefa.

- Ya me va a regañar por algo – pensé para mis adentros, de todas formas no hacía falta hacer nada para que te echara una riña.

- Vienes muy ambientada hoy ¿no? – la miré de forma rara porque me sonó a pregunta trampa, como solía hacer.

- No – le respondí cansada de escuchar eso mismo, de todas formas nunca sabía qué excusa nueva se iba a inventar para putearme.

- ¿Y esos pendientes?

- Los llevo puestos casi siempre – le respondo viendo un trasfondo de bocas sonrientes.
En ese momento se me abrieron los ojos, ¡qué idiota era! Estaban hablando de mi, ahora vendría la frase…

- Aunque tú siempre viste de esa forma – me dice la jefa volviendo a la conversación.

- ¿Cuál? – le digo haciéndome la ignorante.

- De negro – me dice -. Estilo gotiquillo.

¡Qué ingeniosa era! Había descubierto la pólvora, ¡joder! No podía creerme que hubieran perdido el tiempo hablando de mi forma de vestir. Seguro que a esa conclusión no había llegado ella sola.

- Algo así – le respondo mirando el reloj. De todas formas iban a pensar lo que les saliera de la punta, no vale la pena discutir con un cerebro de patata, y cuando entre todos formaban un saco de menos de un kilo, la lógica no es que fuera una de las cosas que se impongan en las conversaciones.

- ¡A ver si maduramos que ya tenemos una edad! – me dice la muy caradura -. Eso son cosas de niños.

- Bueno – le dije -. Me voy que ya es la hora.

- Tú no te vas hasta que no terminemos – me responde con algo que dicen que es autoridad.

- Ya es la hora – le respondo -. La conversación ha terminado y no me pagan horas extras aquí.

- No hemos terminado.

- ¿Esto es una conversación de trabajo?... ¡Nó! Pues me voy que me están esperando – le digo dándome la vuelta -. Qué disfrutéis.

¡Gilipollas! La conversación fue totalmente de besugos, lo admito, pero darse cuenta de que soy rarita en Halloween, es no menos que un poco impresionante. Lo cierto es que sino hubiera estado ahí el suficiente tiempo hubiera buscado la cámara oculta. Por supuesto ya tenía fama en aquel lugar de borde, antisocial, rara, pero ahora era la gotiquilla, porque no era normal.

A ver, según el diccionario (cosa que miro bastante) la palabra normal significa que es general o mayoritario o que es u ocurre regularmente, por lo que no produce extrañeza. ¡Ahora entiendo porqué mi falta de interés por las vidas ajenas, mi desentendimiento de los programas basura de la tele (motivos principales por los que no podía entablar una conversación) o mi carente gusto (según fuentes de cotillas, de esas que están en misa y repicando. Si ¡hombre! Las que le van con el cuento a todo el mundo) en el maquillaje y el vestir eran algo de moda, sobre todo en esa noche.

Pero… ¿qué les vas a decir a unas mujeres cuya mayor afición son los programas de cotilleos y no han leído en su vida otra cosa que no fueran las instrucciones de cómo poner un tampax?¿ Y a ellos? Si a esos que nunca les gustan los cotilleos. Machos por excelencia, el machista prototipo, que lo único provechoso que hacen fuera del trabajo es abrir una bolsa de patatas… Y les cuesta trabajo.

¡Eso sí que me pone la piel de gallina!

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