ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.


8 de febrero de 2011

INSOMNIO.

Estaba cansado, hastiado por el paso de los días y de una rutina constante, el insomnio había visitado su habitación. Parecía que siempre se encontraba acompañado por una presencia invisible que le vigilaba constantemente. Al llegar la hora de visitar los mundos de su mente, no era capaz de tomar aquel tren hacía el país de los sueños, donde las pesadillas se hacen tan reales que uno se despierta sudando y gritando cual niño llamando a su madre cuando algo le aterroriza.

Tras unos días sin poder saciar su ansías de cerrar las persianas de su alma, y dejarse llevar por las ninfas de los placeres prohibidos, tomó sus ropas y decidió dar un largo paseo por las calles de la ciudad. Esperaba aplacar su estado de excitación y provocar que aquel bostezo, le provocara algo más que una constante desesperación y una apatía creciente por su estado de vigilia forzada.

La puerta dio un último quejido antes de quedarse como guardiana de una guarida silenciosa y solitaria. Sus pasos eran rápidos y seguros, cuando la punta de sus zapatos tocó la primera baldosa de la calle, estaba completamente sola, apenas el crepitar de los pobladores nocturnos podía notarse, hacía frío y todavía Helio no había comenzado a desperezarse.

Miró al cielo contemplando como la luna danzaba de estrella en estrella, mostraba su traje de gala con toda plenitud. Este, ataviado con encajes de seda, regalaba destellos de plata con algunos trozos de escarcha azul a la tierra. Por un momento, se había olvidado de todo al ver a la gran señora, pero la realidad le llenó de nuevo la mente. Era de madrugada, demasiado tarde incluso para un incauto ladrón, demasiado temprano para cualquier criatura diurna y una hora perfecta para acompañar a la soledad que llenaba su alma.

El último grito en vida de una rata en la lejanía, provocó que sus pies se pusieran en marcha por un camino marcado por los ojos de la imaginación. Los movimientos de su cuerpo era lo único que le mantenía agarrado a la tierra cuando sus pensamiento le envolvieron, creía que no había tenido suerte en su vida, sin embargo, no podía quejarse de su trayectoria, sin pena ni si gloria, pero tampoco con calamidad alguna, pasaba el tiempo que cada vez se hacía notar más en sus carnes. La vida no le había sonreído como a otros personajes, de los que conocía su existencia, aunque jamás había tratado con ninguno de ellos.

Veía como evolucionaba el mundo y sentía, desde lo más profundo de su mente, que él se había quedado atrás, en algún momento de ese avance. Prefería no existir, por lo menos eso se decía en voz alta, sin embargo, seguramente habría hecho todo lo posible por sobrevivir en alguna que otra situación límite. Entonces ¿qué era lo que buscaba realmente? Nada, sólo sentía un gran vacío provocado por su propia mente, donde los demonios tomaban forma y decidían que no era el momento de ser feliz aunque tenía todo lo que deseaba.

Un paso más, un suspiro más, un pensamiento más y… de pronto se encontraba en una gran explanada de luz rojiza y paisaje semidesolado. Algunos árboles marcaban un horizonte confuso, donde los pocos restos de vida que aparecían en ellas, se veían expulsadas hacia un vacío que las devoraba con llamas azules que surgían de forma intermitente de la tierra.

Una, otra, otra, no era capaz de contar más de aquella simple unidad. Algunas criaturas pacían cerca de él, devoraban las piedras del suelo mientras el ruido de sus dientes al romperse con su sólido alimento, les hacía echar gotas de sangre de entre sus labios.

Giró la cabeza, no podía entender qué estaba pasando y… Allí estaba, la esquina de su casa, un pasadizo de oscuridad tenue donde los más terribles crímenes podían cometerse sin ninguna interrupción y, a pesar de todo, jamás ocurría nada en aquel lugar. Miró por última vez a su alrededor, aquellos animales, flacos y desnutridos, habían caído al suelo agónicos y emitiendo sonidos de desesperación. Más que simples bufidos, parecía que llamaban a la muerte para que acabara con todo ello.
Un pie siguió al otro, un hombro dejó pasó a su igual, cuando la oscuridad absorbió su imagen. Estaba de nuevo en el inicio de su andadura, lejos de aquel terrorífico lugar donde el cielo se confundía con la tierra.

- Será un sueño – susurró para sí.

Su mano temblaba evitando que la llave entrara en la cerradura, sus piernas perdían fuerzas con cada intento de avance y, con mucha dificultad, consiguió alcanzar el interior de su morada. Se dirigió a su cuarto, ahora le parecía un lugar acogedor y cálido, donde prefería pasar las noches en vela, en lugar de volver a experimentar todo aquello de nuevo.

- Hola – escuchó entre la oscuridad mientras buscaba la luz de la habitación -. Por fin has regresado – decía una voz burlona y alegre -. Te estaba esperando.

Un ser de largos brazos y cuerpo rechoncho se encontraba recostado en una cama de acero forjado, cubierta de sutiles sedas y cojines mullidos. Estaba desnuda y su piel estaba cubierta de manchas, los dientes, largos y afilados, marcaban una macabra sonrisa que destacaba en una cara de ojos casi imperceptibles y de largas orejas caídas.

- Hola – respondió él casi petrificado.

- ¡Ven! – le dijo el ser moviendo su dedo índice.

Así lo hizo dejando caer sus ropas por el suelo de la estancia. Se colocó a su lado sin decir nada, el miedo había desaparecido, los temblores se esfumaron y una sensación de seguridad llegó al mismo tiempo que el olor a un aliento putrefacto cerca de su nariz.

Sólo tardó unos segundo en retomar el horror de su realidad, cuando comenzó a gritar en un falso intento porque alguien acudiera a su auxilio. Unos dientes afilados y punzantes como cuchillos, habían penetrado ya en su carne y llegado hasta su corazón, cuando su mente por fin encontró su tan ansiado estado de descanso.
Se levantó violentamente, la cama estaba húmeda por el sudor y las sábanas sacadas de su lugar cuando el sol, que se colaba de entre los agujeros de la persiana, le golpeó.

- Sólo ha sido un mal sueño – se dijo a gritos mientras su pulso luchaba por calmar la marcha.

2 cosas que decirte:

sangreybesos dijo...

Qué horror cuando la noche no resulta segura ni en la cama...

Silderia dijo...

La noche nunca resulta segura, aunque estés en una fortaleza tu mente es tu peor enemigo.