ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.


11 de octubre de 2010

SE BUSCA…

Puede que en algún momento de mi vida me saltara algo, una pequeña cuenca del collar de la vida no se insertó en mi hilo (como tantas otras, pienso yo.) No penséis que es algo que me preocupa en ningún sentido, simplemente que es como algo reiterativo que pasa año tras año. La gente de mi círculo está acostumbrada que no siga ciertas cosas “normales” como un rebaño de ovejas, que las tradiciones me resulten no menos que ridículas y que mi religión sea la de levantarme todos los días y hacer algo productivo para mi propio goce y disfrute personal.

Me doy a los demás, ciertamente, pero en su justa medida. Lo admito, no soy una ONG que olvida las partes intrínsecas a ella misma para hacer el bien; ayudo a la gente en lo que puedo, en la medida de mis posibilidades y con limitaciones, como todo el mundo, pero lo que nunca hago es pedir un agradecimiento o algo a cambio que compense el tiempo perdido. Es más, prefiero desaparecer como un fantasma después de haber saldado sus cuentas pendientes. Eso si, sólo me involucro cuando lo veo necesario o me piden ayuda, no me gusta meterme donde no me llaman y menos, sin ser invitada (demasiadas decepciones y aprovechamientos. A penas fueron dos o tres veces en mi corta vida; las suficientes para aprender.)

Puede que suene muy egoísta por mi parte, ciertamente es lo que hacemos todos. ¡No seamos hipócritas!

Volviendo a esa cuenca perdida, tal vez esté tras un sofá, en el fondo del filtro de la lavadora o en algún polvoriento y oscuro rincón de algún lugar, no lo sé, ciertamente se que no cuenta en ese collar de sentimientos, anécdotas, aprendizajes y demás que forman el collar de la vida. Algunas de las cuentas se rompen, toman un color diferente o simplemente se caen de su enganche. La minoría, como me pasó a mí, no llegó a engancharse en su lugar, si es que alguna vez lo tuvo o no se sujetó bien (cualquiera de estas cosas podría valer.)

Sé que quedan todavía varios días, semanas, incluso algún que otro mes para que la fiebre llegue a todo el mundo, sin embargo, a mi ya me lo han recordado. ¿Cómo? Escuchando como una madre a su hijo le dice que se porte bien porque si no es así, un gordo que vive en el polo sur, cuyo nombre todos conocemos, rodeado de nieve, renos y gnomos, no le traerá regalos. Lo primero que se me vino a la cabeza fue la ridiculez de la expresión, lo segundo, lo que faltaba para esas horribles fechas que tanto odio y cada día más, lo tercero, una simple cosa que no tenía nada que ver y, a la vez mucho. La mujer nombró a dios, a su hijo y llevaba un símbolo cristiano de oro colgado al cuello. ¿Por qué le recuerda a papá Noel si el cristianismo cree en los reyes magos? Esto último fue un poco ridículo por mi parte, pero no puedo mandar en mi mente, ni en mis pensamientos fugaces, pero así fue como ocurrió.

Volvieron a venir a mi mente las cosas que te dicen de pequeño cuando llega diciembre, eso de ser bueno para que te traigan regalos, lo de que si es navidad tienes que ser más caritativo y todo ese rollo del espíritu navideño. ¡Sí! ¡Ese que te intentan inculcarte desde pequeño comprándote con regalos!¡Hipócritas! No puedo vislumbrar si la culpa fue porque el resto de adultos que me rodeaban tomaron el camino equivocado, la tele participó en muchas cosas con esos dibujos donde se canta y se producen milagros que no son tales o simplemente no lo encontré jamás. Y digo esto, porque cuando piensas que la navidad son regalos y comida, recordando con desagrado la mayor parte de las reuniones familiares, o no existe tal cosa y todos intentan ocultarlo o yo no he captado el mensaje de eso.

Ciertamente, el que no es bueno, no puede serlo en tres semanas (eso solo pasa en las películas), el que no se da a los demás, no lo hará por complacer sin ningún motivo más que el de hacer el bien. Eso lo aprendí yo sola, ya que el objetivo principal de ello, no es el desinterés o el hacer feliz a alguien, es limpiar tu peso moral (que te han creado) sobre algo, haciendo una obra buena al año y seguir con su denigrante actitud el resto del tiempo.

Hasta hoy no he encontrado ese espíritu navideño, como todo el mundo lo llama, quizás no lo busqué bastante, me cansaría antes de encontrarlo. Pero, por lo que a mí concierne, es un invento más de los hombres para un fin que no me interesa saber, y que no me esforzaré en buscar. Puede que no esté todo perdido, pero preferí vivir de otra forma, a la mía, siendo lo que soy sin negar mi naturaleza nunca, no siendo otra cosa una vez al año.

Quizás si me lo hubieran inculcado de una forma menos fraudulenta me lo creería, o si ellos realmente lo sintieran así. ¿Soy un producto de unas circunstancias y de un aprendizaje mal dirigido? ¿Digo algo que el resto del mundo oculta o me falta algo que me haga verlo? Puede que sea ciega, puede que sea hipócrita, puede que sea al revés. Pero de todas formas, odio la navidad.

3 cosas que decirte:

sangreybesos dijo...

Supongo que, simplemente, te das cuenta de que los demás ni siquiera saben por qué hacen las cosas, escudándose en la gran falacia de las "tradiciones y costumbres".

Mai Puvin dijo...

Me acabás de sacar un peso de encima!!!... es bueno que, aunque sea a mis años, no me sienta tan sola en pensamiento y actitud.

Abrazos!

Silderia dijo...

Mai: veo que no soy la única que lo ha pensado, porque se sentirlo poco. Puede que tengamos razón o puede que no, el caso es que no estoy dispuesta a saberlo.

Un beso, guapa

Cariño: sabes que me gusta saber porqué hago algo, que odio ciertas tradiciones sin sentido y que no me gusta la navidad.

Te quiero