
Cuentan, que nací al amanecer de un día 27 de junio de hace ya casi 28 años, que era pequeñita, que nací con roscas en las piernas, que tenía mucho pelo y que lloraba como una descosida. También cuenta la leyenda, que mis cuatro tías bailaban a esa hora de alegría en casa de mi abuela después de llevarse toda la noche en vela esperando que alguien les dijera lo que era junto a mi difunto abuelo y mi abuela, mi compañera, hasta hoy día, de travesuras e inventos.
Dicen que me hice de rogar, que me retrasé casi cuatro semanas en nacer, que siempre fui un bicho malo y que nunca estaba quieta. Creo que nada ha cambiado al respecto, sigo siendo un tanto traviesa, ya me las traía de pequeña, aunque, como siempre pasaba, me pillaban (por suerte fui perfeccionando mi técnica) Y, ¿qué pasó? Me convertí en la muñeca de cuatro tías solteras y la niña pequeña de una abuela que no hacía más inventar cosas peores que yo (a alguien he tenido que salir, ¡digo yo!) Con ímpetu de artista, realicé mi primer mural en una pared recién pintada y un lápiz a los tres años. Eso no me valió una regañina, sino una foto a aquella pared por parte de mi padre, el asombro del resto de personas de la casa que decían que había dibujado una barco, una ballena y unas gaviotas muy bien (he visto la foto y no es para tanto, es que a los mayores les gusta exagerar. Si por lo menos hubiera tenido colores… ¡el mar si que me salió perfecto! Como tiene olas)
Años tardé en ver mi primera película oficial delante de todo el mundo, hasta entonces y ya contaba con varias a mis espaldas y algún que otro libro en el cerebro que, supuestamente, no consideraban para mi edad (pero eso que quede entre nosotros) Y, entre curso y curso, juegos en casa de mi abuela, paseos a la playa, al zoo y demás lugares de interés natural con mis padres, los años fueron pasando y, de buenas a primeras, me veo independiente, lejos de aquel lugar donde crecí y nací, de la casa de mi infancia y montando una vida junto alguien venido de la calle (porque no estaba ahí cuando yo nací) Me hice mayor un año tras otro, lo sabía pero no quería admitirlo, (tampoco lo admito ahora, pero quedaba bonito) Puedo decir que tuve una infancia feliz y que esta etapa y la anterior no tienen nada que envidiarle, sin embargo, las cosas cambian, y tanto.
Me gusta seguir manteniendo esa visión de niña, aquella ingenuidad libre de maldad (aunque la saco cuando me interesa; quizá esta sea una de esas ventajas), disfrutar comprándome caramelos y ver la cara que pone la gente cuando me dicen que a los niños les encanta y yo respondo que son para mí y que están de muerte, tirándome al suelo con mis primos pequeños y jugar como antaño, mirar el mundo como si fuera la primera vez que lo descubro. No puedo evitarlo, todavía soy un poco infantil, pero no voy a cambiarlo, me gusta todo eso.
Imaginativa desde siempre, mis inventos han traído siempre de
Aunque eso sí, quiero por mi cumpleaños una sierra de calar, por si alguien se pregunta lo que respondido a la típica pregunta… Si esa que todo el mundo te dice, la de ¿Qué te regalo por tu cumpleaños?
Entre tanto, y hasta que llegue el día feliz no cumpleaños Rabinilla.
4 comentarios:
una vida bien vivida, por las dudas que sea la última.
saludos, y felicitaciones en adelantado
jonessy
Muchas gracias, lo de bien vivida no sé, pero si divertida y llena de buenos recuerdos.
Besos
Lo de la sierra de calar puede ser divertido según cómo, pero como ya sabes que yo soy algo más tradicional en el tema de los regalos, este año me he decantado por el Trivial, que siempre es disfrutable cuando va acompañado por unos mojitos.
Por supuesto, pero con la sierra puedo dar rienda suelta a mi imaginación y hacer algunas cosas para la casa. Entre otras, dedicarme a lo que me queda por probar la escultura, pero creo que puedo prescindir de ella.
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