
Nervio, conocido como un conjunto de fibras asociada a fascículos (no de enciclopedias) por medio de tejido conjuntivo. De esta palabra también podemos sacar la frase, eres un nervio que, en términos coloquiales, significa que no puede estarse quieto en ningún lugar más de unos tres segundos. Diferente de ser una persona nerviosa, de la cual deducimos que, a parte de que no es tranquila, siempre tiene motivos para estar inquieto provocado por un estado permanente de ansiedad o nerviosismo.
Estos dos últimos términos, en palabras específicas de su significado quieren determinar ciertos estados corporales, causados por un exceso de actividad eléctrica entre los nervios biológicos a causa de un estado psicológico que influye, de manera más o menos visible, en un estado físico que nos produce tales alteraciones. Teniendo en cuenta el estado de ansiedad, considerado una patología y el de nerviosismo, el cual sólo se considera un estado de alteración pasajera, debido a una excitación (de lo cual se deduce que la frase: “está mal de los nervios” tiene poco o ningún sentido en ciertos ámbitos.) Por lo tanto, después de toda esta explicación, podemos deducir que un estado de nerviosismo o excitación, puede ser derivado de una acontecimiento o echo importante, por lo menos para la persona que s

Debido a una imaginación, más desbordada o no, depende mucho de la amplitud de miras de la persona que sufre este estado, podemos causarnos a nosotros mismos estados de alegría desmedida, euforia, depresión, soledad, tristeza, etc.
Después del sermón viene el resto.
Pues bien, debido a ciertos acontecimientos que ocurrirán en la vida de sangreybesos y yo, más concretamente un enlace matrimonial, por la firma de un contrato mercantil en un juzgado. Mi estado de nerviosismo no se ha vuelto pasajero, sino más bien permanente. Motivos de los cuales, ninguno, sino factores externos a nosotros mismos que vienen a interrumpir en la calma de mi mente y la tranquilidad de mi casa, la cual ya compartimos. Ridículo, pensaréis, después de un año de convivencia la vida cambia poco o nada, más bien esto último en el sentido estricto de la lógica, pero las tradiciones arcaicas, no carecen de pensamientos igual de desfasados en la mente

Problemas como invitados de personas que no quieres que estén en el fiestorro, o de personajes desconocidos, se solucionan no más que con pequeñas tormentas por parte de los contrayentes con sus respectivos parientes. Preguntas indiscretas que descubres que tienen solución con una mentira descarada, que se coge al vuelo y da a entender que no vas a contestar, son algunas de las causas del estrés preboda que puede producirte tu alrededor. Pero las cosas no quedan ahí, tras haber casi pasado la tormenta de las típicas gilipolleces sobre cómo es el vestido, te quitarás los piercings, te taparás los tatuajes o qué vas a repartir de regalo, viene la tormenta de una pregunta que se ha dicho una y mil veces y que no te queda más remedio que escuchar y contestar capeando el temporal:
-¡Qué poco te falta! – esto es la entradilla a la pregunta -. ¿Estás nerviosa?
Y da igual que te lo diga quien sea, de tu círculo o la cotilla del quinto, todos quieren escuchar lo mismo, para corroborar su propia elucubración mental de que una novia tiene que estar nerviosa. Lo peor de todo es que te lo dicen con una sonrisilla malévola en el rostro intentando disimularla. ¿Por qué? La respuesta llega sola, un estado de nervios es síntoma de algo y nunca bueno, aunque venga por un hecho afortunado, y ellos se regocijan en los males de la gente.
-No – contesto -. Llevo un año viviendo con mi novio y todo está listo, ¿por qué iba a estarlo?
Entonces es cuando la alegría se les borra de la cara y dicen la patochada mayor del mundo:
-Entonces no tienes ilusión.
No es que no tenga ilusión o esté contenta, que lo cierto que lo más interesante de la boda para mí es la barra libre y la música, es que no va a cambiar nada en esta casa. Y tú, cotilla de mierda, y morbosa que se intenta hacer pajas mentales con mis cosas, a raíz de un acontecimiento que e sólo mío y de mi marido (sí, marido, me casé hace un año, aunque no ante nadie, sólo fue una ceremonia íntima de dos personas que entraban en una casa para vivir una vida juntos sin firmar nada absolutamente y sin testigos que certificaran nada delante de nadie.) La palabras más concreta sería estrés inducido.
Los ideales de una boda.
Y todo viene inducido por lo mismo, mientras que la novia no quiere una boda perfecta o para ella lo mejor de todo sería una gala de sombras y terror desmedido, unido a la música heavy, para otros, sobre todo los más allegados sería una gala con violines y una orquesta que tocara canciones de fondo, mientras que los futuros esposos prefieren de comida una cerveza y una chuleta con patatas, huevo frito, chorizo y lomo en manteca, para los demás el salmón unido a una bichisuá (o como demonios se escriba), acompañado de una mezcla de carne de primera, pasada por supuesto, algo e salsa y verduras al vapor, sería la

Aunque lo peor de todo aún está por llegar, a penas faltan veintipocos días y todo se ha vuelto una rutina mareante. ¡Qué poco te queda! ¿Estás nerviosa? ¿Has elegido ya esto o aquello? ¿Y el traje? ¿Y el ramo? ¿Y….? El caso es dar por saco, aunque debido a ello, y que los nervios y la ansiedad se han hecho notar en mi, una amable doctora me recomendó una buena botella de vino, comida, música, aislamiento y un buen polvo diario antes y después del enlace, así que, bajo prescripción médica no puedo negarme a dejarme caer en las tentaciones, sin embargo, ya lo hacía antes de que ella lo dijera, pero lo tomaré como que hay que tomarse la medicina más a menudo.
Ante todo, yo recomendaría esto último para todos los casos de la vida, seguro que sería más llevadera y creo que lo aplicaré.