ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.


6 de enero de 2010

SE ACABÓ LA NAVIDAD.

¡Por fin terminó!, me digo a mí misma esta mañana mientras contemplo mi árbol de navidad de plástico, comprado por un módico precio en el chino de la esquina y cuyo pie rebosa de regalos para sangreybesos y para mí.

Algunos expresan mi nombre de pila otros, en cambio, tienen pegatinas pegadas en un bonito papel infantil con apelativos cariñosos, esos son los de mi niño. Seguro, el resto de ellos, a pesar de estar tapados con un bonito papel de color, sé perfectamente que son ¿por qué? La respuesta es muy fácil, son aquellos que recibí antes de este día. Me lo dieron sin envolver, para ahorrar tiempo o simplemente porque no podían esperar; sin embargo, algo me hace que los cubra para descubrirlos este día.

Hoy para mí, siempre ha sido el comienzo de algo, el fin de año no. Ahora era cuando salía a la calle, cogida de la mano de mamá, sujetando mi carrito nuevo o intentando a prender a patinar con mis flamantes patines infantiles. Poco me han importado siempre las uvas, el que el 31 de diciembre marcara algo en un calendario, este fue el día en que lo viejo y lo nuevo se encontraban para no volver a cruzarse más. Aquellos viejos zapatos rotos serían pasto de la basura y mis muñecos antiguos irían a parar a cualquier parroquia cercana para que los disfrutara otro niño. Un mundo nuevo se descubría ante mis ojos llenos de nuevas inventivas que elucubrar en casa de mi abuela, y junto a ella, a pesar de su edad es más pilla que yo (pero tenía que salir a alguien, ¡digo yo!

Todavía lo recuerdo, era el seis de enero de cualquier año de mi infancia consciente, me levantaba a las 3 o las 4 de la madrugada (aunque ya lo tengo todo muy negro, como se suele decir, sigo sin dormir esa noche, parece una tontería, pero es verdad), me levantaba sigilosamente y veía el salón lleno de juguetes, al fondo, una muñeca Rosaura me esperaba impaciente para que la sacara de la caja, en el centro de aquel mogollón, el carrito antiguo, forrado con tela nueva que seguramente había hecho mi abuela, con la bolsa y las sábanas a juego (estaba mejor que antes, y fabricado con el máximo cariño.) Algo me llamaba la atención en primera línea de visión, los ping y pong, aquellos que pedía todos los años para completar mi extensa colección, sin montar, eso sería mi entretenimiento hasta que mamá y papá me pillaran. Por supuesto no faltaban los caramelos y una gran pila de ropa nueva y zapatos para todo el año; pero lo mejor estaba escondido siempre detrás del sofá, algunos libros y casetes (al principio eran cuentos audiodescritos, después fueron unas planchas planas de metal y plástico con algún autor que cantara bellas canciones. Todo cambia en esta vida.) Al cabo de un rato, depende de la profundidad de sueño de mis padres, me pillaban jugando con aquello, me mandaban a dormir, pero esta niña eterna no tenía sueño, así que simplemente me dejaban en mi cuarto. Año tras año, todo sigue igual, los regalos han cambiado: dinero y algunos perfúmenes han sustituido a los juguetes, en cambio, aquellos maravillosos libros, los caramelos y la ilusión del día no ha cambiado en absoluto. Parece ciertamente una mañana mágica. Este año, ha sido el primero que he pasado junto a sangreybesos, por supuesto y en mi propia casa. Las hadas han revoloteado esta mañana dando un brillo especial a la luz, los duendes han pulido los lazos de los paquetes y el desayuno, ha tenido un sabor no menos que especial.

A pesar de todo, como ya he nombrado antes, es una despedida de lo viejo, entre ellos, mi fiel teclado, aquel que me ha acompañado durante unos 10 fieles años, ha sucumbido. Tenía las letras borradas, pero medaba igual, algunas pegatinas suplían ese lugar, las luces fundidas, aunque a penas las miraba; la letra m se negaba a aparecer ante esta pantalla de cristal fundido, la j casi no bailaba ya y la s se negaba a continuar con sus largos paseas por mis relatos. Puede que suene a algo completamente tonto, gilipollas incluso o podéis llegar a pensar que no estoy bien de la cabeza. ¿Sabéis cuántos pensamientos hemos compartido juntos? ¿Cuántos escritos, trabajos de facultad, relatos, artículos, pensamientos, divagaciones, etc? Incluso llegué a escribir un libro jamás publicado con él. Un manuscrito que me hace llorar cada vez que lo leo y que me recuerda tantas cosas que sólo un niño puede relatar, pero él me ayudó, con sus teclas tintineantes y su bonito color plateado y negro, transmitía mis sueños y todo lo que pasa por mi mente. Fue como aquel peluche en forma de dragón que tenía, el dragón Eliot lo llamaba, como el título de aquella película de Disney: “Pedro y el dragón Eliot”, mi primera película. Bueno pues, Eliot, cansado de tanto abrazo y juegos de una niña inquieta, perdió su relleno, sus pelos amarillo fosforito se cayeron, aquella piel verde de tela suave mutó en un masacote áspero y casi inacariciable, pero lo sentí mucho cuando decidió abandonarme un día de reyes, sustituido por una osa posa, que aún conservo y que no si vosotros sabéis lo que es (es una mezcla de oso de peluche con una mariposa.)

Pues así son las cosas, ahora tengo otro compañero de letras, escritor de mis pensamientos, caballero en mis cruzadas y mediador entre un mundo que es sordomudo, me lo ha regalado mi amado y me encanta, aunque eso no quita para añore al otro. No lo voy a tirar, todavía no estoy preparada, pero algún día tendré que dejarle ir.

Espero que sea un día feliz para todos, que hayáis podido ver la magia de las hada y que no añoréis, como yo, a un compañero fiel e inanimado. Felices días mágicos.

6 cosas que decirte:

Edu dijo...

Bien es empezar con tecla nueva. La navidad es un regreso a la infancia. Que esos momentos magicos, también te acompañen a ti durante todo el año.
Un Abrazo

Silderia dijo...

Lo hacen siempre, de eso estate seguro, me niego a abandonar mi infancia y los sueños de antaño, aunque ahora compartan espacio con otros nuevos.
Besos

sangreybesos dijo...

Cariño, los dos somos propensos a tomarles cariño a objetos inanimados... ¿Sabes que ayer casi me dio pena sustituir las babuchas de Homer por las nuevas? Y eso que sólo llevaban un año conmigo...

Silderia dijo...

Será que somos unos empedernidos de la melancolía. Y a las zapatillas les hacía falta un cambio que me encontraba trozos de las mismas por toda la casa

Besos

Druida de noche dijo...

En mitad de la nieve pienso que tienes razón. El año cambia como cambian muchas cosas. Pero dejar lo viejo y tomar lo nuevo es signo de cambio. Cuando lo viejo no muere y lo nuevo no nace, entonces estamos en crisis... Pienso que si uno puede cambiar, a pesar de estar triste por lo que deja, entonces esta en sintonia con la vida, pero si todo pide cambiar y nos aferramos a lo viejo, estamos navegando corriente arriba y eso no es sintonia.. No sé.. sera que seta todo blanco y me surjen estas reflexiones de tu texto

besos
Druida

Silderia dijo...

Lo nuevo puede compartir muchas cosas con lo viejo, muchas veces de lo antiguo surgen cosas nuevas pero no hemos de olvidar de dónde han venido. El aferrarse a algo no significa miedo al cambio sólo que me gustaría que esos cambios hubieran incluido lo anterios y en esencia lo hacen.

Besos Silderia