ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.


13 de abril de 2009

Selene. Capítulo XLVIII.

CAPÍTULO XLVIII: UN CAMINO POR DESANDAR.

Una pequeña mansión les esperaba a lo lejos, a penas parecían unos cuantos metros, sin embargo todo en el infierno era relativo. A cada paso que daban, la casa parecía mantenerse exactamente a la misma distancia.

- Parece que andamos sobre una cinta – dice Yu cansada. – Esto no tiene ni pies ni cabeza.

- Si fuera una cinta ya se habría chamuscado por el calor – le responde la abuela. – A demás, con ese pelo tan lacio dónde vas a colocártela – continúa diciendo.

- Una cinta de correr – le dice Yu enfurecida. – Sabe muy bien a lo que me estaba refiriendo.

- AAAAAAGrrrrr…..- se escucha desde el interior del capullo.

- Luis está a punto de salir del trance – dice Selene. – Será mejor que nos apresuremos.

Aligeran el paso, un calor insoportable lucido por rayos de luz procedentes de un sol invisible, abrasa la cara de todo el que toca. Sin embargo, lo único que consiguen es cansarse en su intento.

- Abuela –dice Fepico. - ¿Cómo llegabas tú a la casa de Hades?

- Nunca he estado allí – le dice sonriendo. – Sabía que existía y donde estaba pero jamás entré en ella – lo mira colocándose de nuevo las gafas en su sitio. – Pero tu madre si fue varias veces, ella si sabría cómo entrar.

- Pero mamá fue al cielo – le responde sulfurado. – ¿Es que ya no te acuerdas?

- Eso creemos – le responde rascándose la cabeza. – Por lo menos eso hizo hace unos años, antes de que tú nacieras – suspira melancólica. – Después te dejó a mi cargo y se largó. ¿A dónde? – mira hacia el vacío. – No lo sé, pero para un niño que no paraba de preguntar por ella era mi mejor explicación….Ahhh, eso o darte lo mismo que a Edimión – sonríe. – Dormías como un angelito.

- Bueno – responde Selene. – A ver cómo nos las ingeniamos para llegar – interrumpe los recuerdos de la abuela. – Yu, ¿tu nunca has estado allí?

- Eh… ¿Qué?…. ¿Yo? – gira la cabeza hacia todas partes. – Bueno… Si, pero no se si habrá cambiado la forma de llegar – le dice. – Sabes que es muy maniático con eso de la tranquilidad.

- ¿Por qué no lo has dicho antes angelito? – le dice Fepico tirando la colilla de su cigarro al suelo.

- Viejos recuerdos – intenta explicarse. – Nada que os importe – nota como todos la miran. – Bueno, esta parte si – sigue justificándose. – El caso es que para llegar hay que olvidarse de que está ahí, por eso apareció cuando pasábamos cerca, al no saber dónde estaba ella se lució ante nosotros.

- ¿Lucirse? – le dice Selene. - ¿Has visto ese antro?

- Las cosas no son lo que parecen Selene – le responde. – Sabes que todo lo que posea tiene algo parecido a él.

- Si – le incrimina ella. – Cutre, déspota, mal vestido y muy enigmático por dentro – señala a la casa. – ¡¿Cómo no?!.... ¡Maldito! Sigue igual de imbécil que siempre.

- Bueno – la calma Yu. – No es para tanto – se disculpa. – Todos tenemos algunos defectos y él no iba a ser menos.

- ¡Los tiene todos! – le dice muy acalorada.

- Por eso es el rey del infierno – incide Fepico.

Selene se vuelve, sus ojos se inyectan en llamas incandescentes que lucen en sus pupilas, sus colmillos comienzan a crecer y poco a poco, su ira se concentra en una pequeña marea de vientos. A los pocos segundos se calma, parece que algo ha hecho que el centro de atención cambie de bando. Los gritos de Edimión, unos lamentos procedentes de su mente. Casi no se notan los movimientos dentro de su cúpula, pero ella si puede sufrir su dolor. Se mira a sí misma, nota como su cuerpo está semitransformado y sabe que ya no hay vuelta atrás, sólo le queda una opción. Se aleja unos metros e ilumina su posición hasta convertirse en la diosa primigenia.

- Bueno – le dice su amiga - ¡Vámonos!

- ¿A dónde? – dice la abuela. – Así no llegaremos a ninguna parte – dice siguiendo sus pasos.

- Tú lo has dicho – responde sin darse la vuelta y haciendo una media sonrisa. – A ninguna parte.

Casi a la salida del camino, su cabeza cabizbaja, choca con un poste de madera antigua. Está medio roída, pero soporta bien el calor del lugar. Algunos escalones les invitan a salir corriendo, sus bordes están formados de dientes afilados, algunas criaturas de bocas retorcidas y ojos saltones, alargan sus manos desde las barandillas para cogerles. Gritan pidiendo auxilio, anunciando la llegada de los intrusos. Pero nada pasa, la entrada sigue sellada, nadie se acerca a recibirles o a capturarles.

- Esto es muy raro – dice Fepico.

- No creas – dice Yu. - ¿Quién va a entrar en una casa a la que no se llega nunca?

- Mi madre llegó – responde.

- Eso es lo que dice tu abuela – se vuelve para mirarlo. – La verdadera versión puede ser otra muy distinta – toma el pomo de la puerta y se queda con él en la mano.

- ¿Ahora cómo piensas entrar? - le dice la abuela. – Una señorita tiene que ser más delicada.

- ¿Delicada? – dice mirando la puerta. – ¿En el infierno? – continúa diciendo. – ¿Por eso atacas a todo el que se acerca a tu casa? Señorita – continúa respondiendo con sarna.


Una oreja sale desde la madera justo a la altura de los labios de Yu. Esta toma con delicadeza el lóbulo y lo retuerce.

- ¿Quién ha hecho eso? – salen de la puerta una boca y unos ojos colocados de forma aleatoria.
-
- Yo – dice Yu mientras los ojos no paran de moverse.

- ¿Sabes lo que estás haciendo? – le dicen los labios cuando una de sus comisuras mira al suelo.

- Oye, no tengo tiempo para acertijos – le responde aquel símil de ángel. – ¡Déjame pasar!

- No creo que sea buena idea – responde ahora desde la esquina superior de la puerta, mientas sus ojos suben y bajan escrutando a sus acompañantes.

- ¿Por? – dice Yu sacando la catana. – Creo que no sabes con quién hablas.

- No – responde la puerta. – ¿Crees que no es bastante castigo el ser una puerta?

- ¿Vas a dejarnos pasar?

- No

- Entonces – levanta la catana. – Abandona toda esperanza.

La puerta se abre sin decir una palabra más. Los labios, ojos y orejas se esparcen por las paredes del interior, los mira y se ríe. Sin embargo, su burlona carcajada para al ver claramente el cuerpo completo de Yu, la reconoce, sabe que ha estado ahí antes y quizás, si mira en su interior, pueda recordar la historia. Lo cierto es que el señor no permitiría que se quedara en la calle, pero ¿por qué? Para él es como un ángel sin forma. Carece de voz angelical, no se ve rastro alguno de bondad absoluta en su interior y sus facciones son morenas, demasiado para venir de lo que ahora llaman cielo.

Ante ellos, un gran salón cubierto de mesas polvorientas, comida pasada y ratas se descubre.

5 cosas que decirte:

Edu dijo...

La frase "Rey del infierno", me ha recordado, que el Hades, es mas terrenal que divino. Extiendes muy bien la trama en los parrafos.
Un Saludo.

Silderia dijo...

Me vas a poner colorada con todo esto, lo intento hacer lo mejor que se. Gracias de nuevo

sangreybesos dijo...

Una puerta que habla es casi siempre mejor que dos señoras tomando el té.

Silderia dijo...

No sabría yo que decirte, aunque dos señoras tomando te y desproticando dejan mucho que desear.

tallerdehadas dijo...

Hola, eterna compañera! :)

Cuando empujas muchos sitios a la vez, algunos se quedan un poco descuidados. Es el caso de mi posada. Hacía meses que no pasaba para supervisar si mis huéspedes se encontraban agusto, asi que quise recompensaros ayer con un pequeño consejo de "Luna".

Veo que estás hecha una escritora nata, y que tu trabajo es continuado y cada día más exquisito.

Me alegra que te pases por mis rincón, sabes que siempre habrá una habitación para tí en esa posada.

Un abrazo fuerte.