ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.


13 de febrero de 2009

GORROS CARMESÍ. (III)

UN GOLPE DE SUERTE.

Durante varios minutos estuvo buscando aquel coche de formas redondas, recordaba perfectamente la matrícula, el color, el modelo,…. A un paso anormalmente reducido, el motor de su vehículo rondaba por las calles circundantes al bloque de pisos de su presa, sin embargo, no podía dejar de admirar el paisaje, de día todo era completamente diferente, las sombras habían guardado sus figuras en habitaciones oscuras, aguardando al descanso de Helio para poder volver a crear un ambiente de misterio y desorientación.

Volvió a mirar la calle, ambas aceras, completamente repletas de coches, sólo se veían interrumpidas por alguna que otra señal de prohibido el estacionamiento. En silencio, aquellos gigantes mecánicos, aguardaban a sus dueños en silencio, como si el tiempo no pasara por ellos, mirando el trasero de su compañero, sin a penas molestarse por los golpes o arañazos recibidos por los paseantes. A lo lejos, muy cerca del estacionamiento de la noche anterior lo halló, su objetivo estaba fijado justo delante de la salida de coches de un garaje privado de múltiples aparcamientos. Listo – pensaba para sus adentros, el paso más difícil lo había hecho ya, sólo le quedaba buscar un lugar donde guarecer su máquina y esperar. A pocos metros de distancia, justo en la acera opuesta, un pequeño lugar aguardaba entre las sombras de un sauce llorón. Algunas de las hojas rozaban el techo metálico y la humedad del ambiente hacía volver a recordar momentos sólo pasados de noche.

En un paseo de reconocimiento, se aseguró que ese era su objetivo, la margarita de su matrícula lo delataba, no era muy grande, pero lo suficiente como para darle una cierta particularidad. Retornó a su habitación improvisada y, aguardando la noche, esperó pacientemente a que la luna se mostrara en todo su esplendor. Podía llevársela esa misma noche, si se le antojaba, pero ansiaba conocer su vida. Demasiada poca ostentación para ser una prostituta de lujo y, sin embargo, vestía excesivamente bien para hacer las calles como una cualquiera. Algo tenía como cierto en todo lo que había podido averiguar de ella, que trabajaba de noche y vivía sola, eso despertaba su curiosidad más que nada en el mundo, hacia ya dieciséis años que no se sentía así. Lo recordaba perfectamente, aquella niña fue su primera víctima; las primeras sensaciones volvían a aflorar inundando su cuerpo, despertando más aún, si cabía, su instinto de depredador. Esperaba que su cuerpo se electrizara de la misma forma que entonces, pero no cometería los mismos errores. A cada inocente, que pasaba por sus manos, mejoraba sus formas. Esta vez no tendría que mejorar nada. Sería todo perfecto, su mejor trabajo, aquel que le daría un nombre para la eternidad.

Bajó del coche y se dirigió a compara algunas cosas, entre ellas, una gorra. Los regalos que les había ofrecido a las otras eran puras baratijas, pero ella se merecía algo mejor, más caprichos, fantásticos mimos y, por supuesto, las mejores drogas y jeringas que pudiera encontrar, aunque esto último lo dejaría para última hora, arreglándolo con algunas llamadas. Si por algo destacaba era por dejar sus cuerpos completamente limpios de su elixir; aquello provocaba una piel marmólea que, junto con unos ojos pintados de negro y un pintalabios rojo, destacaban las facciones de aquellas muñecas sin vida. Las dejaba a todas en un bonito paraje, completando su tétrico cuadro que, horas después sería conocido y visto por toda la población.

A la caída de la media noche, el ruido de unos tacones, rompían el silencio sepulcral de la calle. La esperó al inicio del callejón, cerca de su vehículo. Cuando las luces de su objetivo se prendieron, como dos ráfagas de fuego, dando el toque de salida, giró la llave del contacto y la siguió de lejos. La carretera era estrecha, sin asfaltar y las piedras del suelo meneaban el coche de forma casi continua, a pocos metros de aquel camino un garito de madera y luces de neón se erguía ante él. Aquel antro pertenecía a una de las múltiples paradas donde los miles de viajeros de la carretera hacían parada, a estos se la unían los rezagados de las urbes. Su clientela compuesta casi exclusivamente por hombres, daba gritos a las múltiples gogos que allí se retorcían en la barra. No era un club de alterne, demasiado alejado de la visión de cualquiera que pasara por la vía más cercana, allí había que llegar conociendo el camino, nadie estaba en ese lugar por casualidad. Las camareras, altas y esbeltas, se movían rápidamente para satisfacer a la clientela, pero de ella ni rastro. Cierto es que se hubiera podido conformar con cualquiera de las chichas que allí se encontraban, bellas como ninguna, le hacía sospechar porqué tantos hombres acudían a ver un espectáculo un tanto soso y aburrido, lleno de talentos, que más valía la pena no haber descubierto nunca.

Estaba perdiendo los nervios, el coche de ella estaba fuera, pero ni rastro. ¿Dónde estaba? La sudoración y el pánico comenzaron a apoderarse de él cuando la música paró. Allí estaba, la pequeña visera blanca hizo su aparición. El espectáculo consistía en una especie de mezcla de baile rock y malabares, se movía como una especie de bailarina de clásico, a destiempo, pero causaba furor. Aquellos movimientos con las mazas prendidas en fuego y sus mayas apretadas, no dejaban cabida para menudeces como esa. La presentaron como la estrella que jamás se apagaba, aunque eso pronto tendría remedio – pensaba para sí mientras veía su manejo con el fuego.

Después de media hora, aquella pequeña niña vestida de blanco y lentejuelas, se postró en la barra, estaba junto a él, en el único hueco que había.

- Un poco se absenta – dice una voz dulce a un ángel pelirrojo tras una barra de madera.

- Todavía te queda una entrada – responde aquella diablesa de ojos mágicos.

- Eso es problema mío – añade la inocente presa molesta.

- Como quieras – la camarera se encoje de hombros y sirve la diabólica bebida.

A pesar de sus palabras, su tono y su estado de ánimo, aquella melodía no perdía su precioso tono. Se dio la vuelta y le sonrió, la respuesta no se hizo esperar, un alma solitaria que encuentra una muestra de afecto en un ambiente ostil, responde amablemente a su invitación para conversar. ¿De qué? Pensaba él mientras su grácil cuerpo se colocaba junto a él. La respuesta era sencilla, sabría que no había ido a parar a aquel sitio por casualidad, allí no se llega por haberse perdido, mucho menos si no te lo han contado. ¿Entonces? Entablaría una conversación normal, la suerte le sonreía, se había fijado en él.

Su plan estaba listo, la conversación a pedir de boca, las mentiras más sutiles y encantadoras se servirían en pequeñas partes, igual que los mejores manjares. Actuaría lentamente, pero para ello tendría que volver noche tras noche. Sería fácil, su plan estaba urdido en muy pocos segundos.

Un frenético brillo destacó en sus ojos al pasar ese pensamiento, la chica seguía sonriendo, pensaría que sería por ella y, en cierta medida lo era.

- Hola.

4 cosas que decirte:

sangreybesos dijo...

Me gusta el personaje del psicópata, es todo un romántico, en su estilo hijoputesco.

Silderia dijo...

como todo psicópata

Melvin de Gats dijo...

Me gusta!! Y al fin me he podido poner al día en la lectura de tu blog ^_^

Silderia dijo...

Ardua tarea la que has tenido, me gusta volver a leerte por aqui.