ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.


21 de enero de 2009

Selene. Capítulo XXXIX.

CAPÍTULO XXXIX: CARNE FRESCA.

El camino desde el túnel hacia su incierto final era pesado, el aire se cargaba de moléculas fétidas y húmedas que hacían casi imposible la respiración. Las fuerzas de Fepico flaqueaban con cada paso que daba a gatas. Estaba muy confuso, la cabeza iba a estallarle y le costaba mucho trabajo respirar, en cambio, Selene y sus acompañantes, parecían que no les afectaban las condiciones que allí se les presentaban, un mundo lleno de incertidumbres y misterios se abría ante ellos y, sin embargo, todos sabían perfectamente a quién se enfrentarían tras el largo camino que les esperaba.

Aquel abuelete lleno de vida, con apariencia juvenil y armado hasta los dientes, era el primero de la cola, eso no lo olvidaba y, sólo por ese motivo, intentaba mantener sus ojos despiertos, a pesar del tremendo esfuerzo que tenía que hacer para poder mantener sus párpados abiertos. Los gases que emanaban aquellas rocas cambiantes eran demasiado fuertes para unos ojos tan centenarios, a pesar de creer que lo había visto casi todo, esto superaba todas sus expectativas. Sabía de las existencias de las puertas que viajan a mundos paralelos, aunque jamás pensó que una de ellas estaría en la pared de su pequeño cuchitril a la espera que tres dioses antiguos la descubrieran. ¿Qué estaba pasando tras él? Era una pregunta que se hacía constantemente, no escuchaba ni un simple murmullo, pero sabía que, por lo menos, Yu, aquella dama de porcelana con apariencia oriental estaba a su vera, podía notar como su arma milenaria tocaba su espalda con cada movimiento, el cómo la mantenía erguida mientras caminaba a gatas por aquellos pasadizos era una de sus muchos interrogantes, pero eso no era lo que le preocupaba en esos momentos.

Tras varios minutos, horas o quizás días caminando por aquellos parajes estrechos con formas diversas y anchuras distintas, un pequeño ruido alertó los sentidos de todos. Tras una enorme nube verde y semigaseosa, algo chillaba como si le estuvieran arrancando las entrañas mientras aún permanecía vivo.

- Hay que continuar – decía Luis entrecortadamente. – No podemos pararnos, más adelante hay una habitación donde podremos luchar si es necesario.

- Edimión tiene razón – añade Yu. – Haz sitio que voy a ponerme delante.

Fepico no podía hablar, ni tan siquiera moverse, había escuchado ese sonido antes, hacía ya mucho tiempo, más del que un humano podía recordar. En qué época o año, no podía saberlo exactamente, pero sabía que no era nada bueno. A duras penas, pegó su cuerpo a la pared rebosante de un líquido viscoso para dejar a la nueva cabeza de expedición guiarlos.

- ¿Cómo sabes que más adelante hay una sala? – le dice Fepico a Luis recopilando fuerzas y limpiándose la cara con el antebrazo.

- He estado aquí antes – le sonríe y le hace el gesto de continuar.

El ruido se hacía cada vez más y más fuerte, Selene echaba mano a su ballesta cada vez que lo notaba. La sala comenzó a abrirse ante ellos, a pocos metros o quizás estaba más lejos de lo que pensaban, en el infierno todo podía ser, al igual que en los cielos. Aquellos mundos conexos, que se rozaban por diversos puntos, tenían más en común de lo que ignorancia puede llegar a imaginar. Una vida llena de tormento en el cielo, sería idéntica a peor de los infiernos para cualquiera que se preciara a tocarlo. Fepico lo sabía, aunque puede que el ambiente y el aire fueran un tanto más respirables ahí arriba, no podía olvidar que estaban descendiendo hacia el mismo corazón de algo, si es que era verdad que no subían.

La luz tenue y pesada que envolvía la sala se volvió de múltiples colores, a trozos era morada, en otros tramos verdes y lo más brillante que podía ofrecerse del espectro era un suave resplandor rojo que salía desde el centro de la habitación. No procedía de ninguna parte y, al mismo tiempo, parecía que las grietas del suelo daban pequeñas ráfagas intermitentes de aquellos profundos haces de luz. Todo aquello se unió a un mundo donde las paredes dejaron de poner límite a los mundos de la visión, sólo una pequeña hendidura, colocada en el aire, delataba la llegada inminente del dueño de aquellos gritos que erizaban la piel de todo el que osaba escucharlos, si es que aquello podía evitarse, la nube de gas verde comenzó su aparición unido a un líquido viscoso del mismo color. Un olor pútrido se unió a los gases del ambiente y todo se paró.

Nuestros héroes permanecían en lo que parecía el centro de algún lugar de ningún sitio que les llevaba a alguna parte. El silencio comenzaba a dañar los oídos de los cuatro contendientes, estos permanecían con sus manos colocadas muy cerca de sus armas, a pesar de todo, no se atrevían a sacarlas antes de tiempo, sus ojos no podían ver nada más que aquella gama de colores fríos, tras los cuales no había nada.

Yu comenzó con su expedición espalda con espalda de su amiga Selene, ambas giraban sobre sí mismas intentando vislumbrar algo de aquella sala. Todo era inútil.

- ¿Dónde estamos? – preguntó Fepico recuperando fuerzas.

- En el limbo – le responde Yu sin mirarle a la cara.

- No lo habían cerrado – responde. – Por lo menos eso anunciaro.

- ¿Crees que algo que existe antes que la propia humanidad pueden cerrarlo cuatro monigotes vestidos malas imitaciones a las túnicas griegas? – le dice Selene. – Sólo el más poderoso de los dioses puede cerrarlo y eso no le conviene al mundo.

- ¿Sabes qué es lo que viene? – dice Luis a una de las dos y mirando a todos lados.

- Si – le responde Yu. – Un monstruo que fue humano una vez.

- ¡Vale! – responde Fepico mirándose las heridas de las manos. – Si querías respuestas obvias las hubiera podido dar yo – añade uniendo su espalda a la de Luis. – Ese grito es de una arpía, sólo ellas pueden chillar de esa forma.

- ¿Seguro? – le responde Yu mirándolo con ojos acusadores.

- A menos que no te estén sacando las tripas mientras todavía estas consciente si – le responde.

- ¿Cómo sabes tú eso? – Le dice Luis. – Las arpías son….

No dio tiempo de contestar, un ser alado con cuerpo de reptil saltó sobre ellos sin previo aviso. Entre sus dientes portaba unos intestinos humanos, aún rebosantes de sangre y heces, que salpicaban sobre el suelo y nuestros contendientes. La respuesta por parte de los cuatro no se hizo esperar. Las flechas de Selene intentaban dar en el blanco, mientras Yu mostraba la parte afilada de su catana en un intento por cortarle una pata. Luis protegía con sus fornidos brazos a Fepico mientras este intentaba meterle una bala entre ceja y ceja al bicho y, el nuevo Edimión, la tomaba por una de sus alas.

Todo fue inútil, sólo unas plumas en la mano del amante de la diosa lunar denotaban que había ocurrido algo, demasiado rápido para poderse considerar una batalla o un ataque. ¿Dónde estaba ahora? Aquellos seres sedientos de sangre no iban a dejar escapar una comida fresca tan fácilmente, seguro que no tomaba un plato vivo desde hacía mucho y, sus huevos, hartos de esperar sangre fresca que los incubara, estarían latiendo al igual que corazones en el nido.
Un leve respirar se escuchaba desde alguna parte de aquella sala, no sabían que forma podían tener, mucho menos cómo atacaría esta vez. Caminaron un poco más, con la esperanza de encontrar alguna salida hacia otro lugar, cuando Selene tropezó con algo en el suelo. Luis, preocupado por el golpe y casi a ciegas, consiguió tomarla del brazo, estaba cubierta.

- ¿Estás bien? – le dice cuando intenta levantarla.

Un fogonazo de luz ilumina parte de aquel lugar, Selene, su amiga y su eterno amante notan como el suelo está lleno de huesos desmembrados y, un poco más adelante, Fepico porta una lámpara pequeña con una bombilla que luce como una estrella, es potente mucho, tanto que si la mirabas fijamente podías perder pate de la visión.

- Tecnología militar – responde mientras se fuma un cigarrillo. – Fue un buen cambio – sonríe mientras la coloca sobre su pecho. – Lo cierto que nunca pensé que me fuera útil, pero a un muerto no puedes devolverle lo que ya no va a usar.

- ¿Por qué no lo has sacado antes? – le dice Yu apretando los puños.

- No me acordaba que la llevaba ahí – dice mientras echa un vistazo dando vueltas sobre sí mismo.

Unos metros más adelante está el cadáver semiconsciente de un humano, tiene el estómago abierto de, poco se puede hacer por él, sus vísceras han desaparecido. Al ver la luz chilla y pide auxilio. Lo malo es que en el infierno no puedes morir hasta que el último trozo de ti haya sido consumido por sus ciudadanos.

Un ruido estrepitoso muestra el inicio de un nuevo ataque, todos están preparados cubriendo los cuatro flancos, Fepico baja la intensidad de la luz y saca su recortada, Luci no le ha defraudado nunca y confía fielmente en aquella vieja reliquia. Un ruido cortante atraviesa la habitación, se escucha como respira escondida entre las sombras.

Yu, sonríe cuando piensa lo que puede hacer con aquel bicho, Selene toma la mano de su amado mientras sujetan sus armas, aunque algo les dice que no todo está de su lado.

2 cosas que decirte:

sangreybesos dijo...

"...en el infierno no puedes morir hasta que el último trozo de ti haya sido consumido". Una información bastante exacta. Felicita a tus fuentes...

Silderia dijo...

Si te digo cuales son te quedas con la boca abierta. Y no han salido precisamente de autores como el infierno de Dante o los comic o ciertas otras cosas, va más lejos que eso.