ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.


26 de noviembre de 2008

SEÑOR DE…..

Las cosas pequeñas son las que deberían cambiar antes.

Cierto es que ciertas cosas se dicen por educación, como el llamar a un desconocido de usted (en el caso que no te diga lo contrario), llamar a una mujer que se piensa ha entrado en cierta edad señora (aunque lo más correcto, a mi entender, sería decir directamente señorita. A menos que las circunstancias no digan lo contrario), llamar a una monja hermana, cuando hablas con ella, decirle a un cura padre, cuando te diriges a él,… y miles de chorradas más que se consideran como reglas de educación.

Por desgracia, ciertas cosas no han cambiado y miles de machismos, instaurados dentro de lo que consideramos las buenas maneras, educación, sin dar más vueltas. Todo el mundo sabe lo que es la mala educación, ser correcto y la cordialidad pero. ¿Cuándo pasan las buenas formas a ser algo que molesta? Muy fácil, cuando se intenta quedar como un sabiondo o continuar con unas rectitudes arcaicas.

El caso que os voy a exponer es uno de los que me molestan mucho, cada vez que lo oigo me molestan los oídos y el tono de mi contestación, deja entrever que me ha ofendido bastante lo que acaba de entrar, desde mi oído externo, hacia el interior de mi cerebro. ¿Por qué no mejoramos el lenguaje también con el tiempo? No me estoy refiriendo a ciertas chorradas de cambiar el diccionario español, formar un femenino donde no da cabida o minimizar las palabras a su mínima expresión. Nada más lejos de la realidad. Sino de enriquecer aún más nuestra forma de expresarnos evolucionando con el tiempo, todo eso está en nosotros, no en lo que dicten cuatro catedráticos de la lengua. Ellos han tenido que aprender lo que unas reglas preescritas les dictaban para ser lo que son y, como otras muchas cosas, la evolución, no sólo afecta al desarrollo biológico de los elementos vivos de un planeta. Entre esas miles de cosas está la expresión, la manera de comunicarnos.

Bueno, no me enrollo más, la situación que se plantea es la siguiente:

De vez en cuando, (aclaro, todavía, y por muy poco tiempo, vivo con mis padres) llaman a mi casa por la mañana. Y, como siempre, yo cojo el teléfono. Es de alguna empresa, intentando vender algo sin utilidad, haciendo una encuesta o comunicando algo, el caso es que no son conocidos. La frase que siempre escucho en esta situación es siempre la misma – ¿La señora de…? – No sé como presuponen que mi padre no está en casa, las mujeres trabajamos también, y mucho, no sólo en la casa (eso ya me cabrea nada más pensarlo).

Mi respuesta ello es la misma en todos los casos – No… - el que se encuentra al otra lado del teléfono se queda un poco difuso y entonces cambia la pregunta – Esa no es la casa de la señora… - Ahora si contesto bien, les digo que esperen y les paso con mi madre.


Diréis, ¡qué chorrada! Eso no tiene importancia, vaya chuminada. Pues para mí no, es una de esas pequeñas manías que me molestan muy mucho. ¿Por qué? Diréis algunos, otros simplemente seguiréis leyendo y algunos se habrán aburrido ya varios renglones antes de llegar aquí. Pues porque nadie llama a mi casa preguntando está el Señor de… Simplemente, para uno si es aceptable, pero cuando el aludido es el hombre, ni tan siquiera se lo plantean. Eso es un machismo, aceptado, puesto como una regla de buena educación, pero nadie le quita ese nombre. La señora de… ridículo lo mires por donde lo mires. Eso denota pertenencia; no pertenecemos a nadie y menos si es de una forma tan burlesca como esa.

Lo más simple puede ser lo más importante.

¡Mujer, si es una manera de hablar! A que muchos lo habéis pensado, ¿verdad? Puede, pero por ahí empiezan a introducirse ideas en la cabeza, por la manera de hablar. Si, tiene razón, pero si esa expresión me pone por debajo de mi marido prefiero que no la menten. Muchos años llevo luchando por ser independiente, liberada sexualmente, fuerte, con carácter, segura de mí misma (en ocasiones, nunca se está al cien por cien) y ser una persona, no una propiedad de nadie. Hay gente que lo hace peor, hay culturas que nos degradan más, aunque puedo deciros que las formas más sutiles de introducción son las más peligrosas y esta ha permanecido ya demasiado tiempo entre nosotros.

Esto no es algo que nos venga de nuevo, aún tenemos que guerrear mucho por lo que veo. Y lo digo una y otra vez, no me declaro ni feminista ni machista, me declaro mujer, persona, residente del mundo y, sobre todo, individuo pensante. Si habéis pensado que una frase hecha, no podía tener tanto contenido, analizar todo lo que os dicen a diario, veréis la fuerza de la pragmática del lenguaje.

¿Conocéis alguna frase más de este estilo? ¿Hay alguna que lo haga con los hombres? ¡Contádmela! Quiero conocerlas.

24 de noviembre de 2008

ADIOS MARIPOLLI

Hoy 24 de Noviembre del 2008, ha sido una mala mañana, mejor dicho, un fatal despertar. No sé porqué ha tenido que suceder así, pero lo cierto es que llevábamos 11 años esperando que esto pasara. Puede que no os parezca mucho tiempo, pero para una mascota si que lo es.

Una mañana de verano, íbamos a ver a mi abuela a su apartamento de verano, por lo que mi madre nos mandó, a mi hermano y a mi, a comprar un pollo asado (no es de buena educación aparecer con las manos vacías, y menos si lo haces sin avisar.) Camino del dispensador, en una esquina, había una pequeña bola de pelusa gris con un pico amarillito y unos botones negros, un gurripato. Aquel animalito estaba completamente helado, ni siquiera puso resistencia cuando lo cogimos. Estaba asustado, sucio y con mucha hambre, sabíamos que no estaba bien, pero no podíamos dejar que algún niño desaprensivo lo utilizase paras sus crueles juegos o que los gatos callejeros de mi barrio, hicieran buena cuenta de él. Si algo me ha enseñado mi padre es el amor incondicional por todo animalito viviente, esté en el estado que esté.

Cuando volvimos a casa, yo llevaba a aquel pequeño e indefenso bebé en una gorra y mi hermano traía el pollo asado. Mi frase hasta hoy ha sido la misma: fuimos a por un pollo asado y trajimos uno vivo. La noticia no vino de sorpresa, todos los años traíamos algunas crías de gorrión a la casa, las alimentaba, las cuidaba y, cuando tenían edad para irse, les abría la ventana y dejaba que vivieran su vida como animales salvajes que eran. Pero esta fue diferente.
Enferma, muerta de frío y una cría repudiada del nido, según mis conocimientos. Carecía de cualquier aliento de superviviencia, tenía indicios de haber sido picoteada en la cabeza y su inteligencia (cada uno que piense lo que quiera, yo voy a decir lo que he visto en cientos de animalitos que he criado a mano) no era la normal para un pájaro de su edad. Sé que a penas contaba con unos días de vida, su plumón no indicaba lo contrario. Pero era lenta, mucho, en reflejos, asimilación, movimientos y en el despertar de su curiosidad. Le cogimos cariño al momento, era un animalito que se hizo de querer en un primer momento, me llamaba cuando estaba desesperada, se levantaba de su cajita, llena de algodones y pequeñas mantitas de croché hechas especialmente para ella, cuando me veía entrar por la puerta de mi cuarto. Puede decirse que fui su madre, en muchos aspectos de su vida. Me levantaba cada dos horas para darle de comer, dormía con una luz en mi cuarto que le diera calor, para que no muriera de frío, le compré vitaminas y una comida especial para que creciera fuerte, la estimulaba para que no se entumeciera y, por fin, tras dos meses de esfuerzos, mi niña salió de su cajita y se posó en mi hombro. Era un macho, eso no lo supimos hasta casi entrada la siguiente estación.

Debido a su falta de casi todo, aquel invierno no le salieron las plumas. A penas podían verse las puntas de los cañones salir de sus alitas, sus muslitos eran pequeños y había perdido todo el plumón, se moría, eso pensábamos todos. Mucho esfuerzo y cariño eché para que eso no sucediera – de una semana no pasa – me decían todos los que la veían. Cierto, estaba hecha una pena, pero sus ganas de vivir eran demasiadas, y el amor que yo le daba, unido al de toda la familia, no la dejó rendirse a las circunstancias. Esa semana que le daban de vida, se han convertido en 11 años, hoy ha muerto, si, de vieja. Dormida en su jaula, sin dolor, sin agonía, calentita y rodeada de toda su familia, la única que ha conocido.

Le pusimos Mary Polli, puede que suene un nombre un poco cruel para un pájaro. Pero es que, era una maría. Cada vez que venía alguien a la casa, tenía que salir a ver quién era, si alguien venía a mi cuarto, le hacía la raya en medio y le peleaba hasta que se iba. Nadie podía ponerme una mano encima, si él estaba delante.

Al principio dormía en mi cuarto, dentro de aquella gorra que le sirvió de refugio cuando la vi por primera vez. El motivo por el que no la eché a volar cuando lo conseguí sacar a delante era porque sería una sentencia de muerte segura, epiléptica, casi sin manejo para el vuelo y medio ciega, habría sido un perfecto plato para ciertas rapaces urbanas, que pueblan nuestras ciudades.
Si supierais cuanto cariño se le puede coger a un pájaro, no más grande que una albóndiga. Nos reímos mucho con ella, también nos dio algunos sustos con sus ataques, todos los años decíamos – de este invierno no pasa – y de este no ha pasado. Todavía me acuerdo cuando se escondía en mi pelo y se acurrucaba en mi cuello, aquellas veces que intentaba beber de lo chupitos de anís en navidad, cuando casi se ahoga intentando beber de un vaso, cuando nos llamaba desde el suelo para que la cogiéramos y lo graciosa que estaba el día que se mosqueaba y te daba la espalda, aquel día no consentía mirarte a la cara.
Pero todo tiene un fin, y este ha sido el suyo. Muerte por vejez, con cariño, dedicación y una madre humana que ha estado ahí para sacarla adelante, tenía un compañero de juegos, Rodrigo, todavía vive, pero tiene solo un año menos que ella. A este también lo he criado con el mismo cariño y esmero y, creerme, si lo estoy pasando muy mal hoy, no quiero ni pensar qué pasará cuando el otro también se vaya.
A ambos, los alimenté con un palillo de dientes, pan, leche, carne muy picada y aprendía pelar alpiste con los dientes para que ellos pudieran comerlo en sus primeras etapas. Hice lo mismo que sus madres biológicas, sólo me faltó cubrirle con unas alas ficticias para que pasaran frío. El resto es historia.

Ahora podrá volar como nunca hizo, tampoco aprendió nunca, no tenía fuerza en las alas. Espero que, si va a alguna parte, esté bien. Sino, por lo menos hice todo lo que estuvo en mi mano para que pasara esta vida, que desde un principio no la trató bien, lo más tranquila y seguro posible.


Hasta siempre cariño.

19 de noviembre de 2008

Selene. Capítulo XXXIV.

CAPÍTULO XXXIV: PESTI.


- Graaaaa….. Urrrraaaaaaaaa….. – se escuchaba desde el otro lado de la puerta.

- ¡Abre!.... ¡Anda! – le dice Fepico a Yu. – Es un cuervo que venía con la casa y que se divierte imitando ruidos – busca un cigarrillo en el bolsillo de su chaqueta. – Todavía no he podido descubrir como echarlo… Aunque, - mira el cigarro a tras luz – me sirve de compañía.


Cuando la puerta a penas contaba con unos centímetros de abertura, una especie de bola negra, que dejaba algunas plumas a su paso, entró estrepitosamente por la puerta imitando los ruidos de los pasos y los sonidos de las voces. Se coloca encima del reposacabezas del sofá y mira atentamente a su alrededor. Selene y Luis, desde el otro lado de una de las estanterías se acercan rápidamente.


- ¡Me nudo bicho! – dice Selene acercándose – Parece un balón más que un pájaro – acerca sus dedos al cuervo. - ¿De dónde lo has sacado? – retira la vista del cuervo – Ah…. ¡Bicho inmundo!

- Ya lo he dicho, venía con el trato – dice Fepico con el cigarrillo en la boca. – Aquel tío estaba loco por quitárselo de encima – el cuervo lo mira fijamente. – Lo cierto es que desde la primera noche sé por qué… No me hizo falta preguntármelo mucho.

- ¿Por qué no le retuerces el cuello? – añade Yu. – Y lo lavas de vez en cuando – se tapa la nariz al decir esto.

- No puedo, no se deja – le contesta aquel viejo misterioso – A demás, no se puede matar a lo que ya no le late el corazón.

- ¡Mola! – dice Luis – Estamos en el culo del mundo.

- ¡Bien dicho chico! – le dice Fepico levantando la mano en señal de aprobación.

- Tenemos que buscar una forma de matar a un bicho, que una vieja de metro cincuenta con muy mala leche…..

- No te puedes imaginar cuanta – añade el nieto de la aludida.

- Que dejó escondido algo importante, en algún lugar de esta habitación, y, ¡para colmo!.... Nos acompaña el muerto viviente de un cuervo – se coloca ambas manos en las sienes – Corregirme si me equivoco, porque esto ya supera todo lo que tenía por normal.

- Depende de lo que consideres normal – le dice Yu sonriendo.

- Luis… - llama Selene a su novio – No te alteres – se acerca a bajarle las manos. – ¡Cálmate un poco! – le da un beso en la frente – Verás como pronto lo verás todo mejor.


Luis la besa - ¡mejor! – piensa para sus adentros. Sabe que esto cada vez es más irreal y que nada volverá a ser como antes. La quiere, y eso es lo que importa, ha conseguido más de lo que pretendía en un principio. Jamás nadie se había preocupado por él de aquella forma, nunca tuvo un amor tan incondicional como el de aquella diosa reencarnada, la cual abrazaba en un intento por consolar su nerviosismo.


Nunca podría asimilar del todo aquel mundo, pero, en cierta forma, una vez fue el suyo. Ahora le tocaba recordar muchas cosas de su primer nombre, vivir su vida futura y conseguir aquello que Selene pretendía, desde hacía ya varias vidas; fuera lo que fuese. La seguiría hasta el fin del mundo si hiciera falta. Aunque a veces le entraban ganas de renunciar a todo y volver a su vida normal, continuar con las fiestas, su trabajo y la búsqueda de alguna amante casual; todas acababan hartándose en poco tiempo de él, muchas veces, su forma de ver la vida, de tomarse las cosas, de hacer caso a sus instintos, no concordaba con lo que estaba establecido en la mente de la mayoría. Por ello prefería estar solo, sin embargo, todo esto era diferente. Aquella extraña mujer, se involucró en su vida hacía ya tiempo, primero tropezando con él por la calle, luego se la encuentra en su lugar preferido y, poco tiempo después, es la persona con la quisiera estar toda su vida, aquella chica con la que desearía despertarse todas las mañanas. Estaba enganchado a ella, una droga sin remedio tras la cual sólo había vacío y soledad, lo sabía, y bastante bien. Al igual que Selene, la vida sin ese amor tan profundo, no podría seguir a delante sin antes convertirse en uno más de los miles de zombies que pululaban por la ciudad, esperando una muerte segura, los golpes de suerte esta vez no le curarían las heridas. Por ello, sólo por eso, se repuso apretando aquel delicado cuerpo y respirando su perfume, en una honda exhalación.


- Bueno – dice Yu. – Me parece preciosa la escena, pero decirme por dónde empezamos a buscar antes que este bicho nos saque los ojos.

- No es tan malo – dice Fepico dirigiéndose al el aludido. – Pesti, dime dónde está la cerradura que pertenece a esta llave – el cuervo mete la cabeza entre una de sus alas y se echa a dormir. – Parece que no quiere colaborar.

- Después del recibimiento, creo que no va a ayudarnos – dice Luis.

- ¿Pero ese pájaro entiende algo? – pregunta Selene, aún en brazos de su enamorado.

- Si, todo lo que le digo – se dirige Fepico a Selene – Abre las cervezas como nadie… Lo malo que después se bebe los culos y vuela en zigzag.

- ¿Por dónde buscamos? – dice Yu. – Aquí hay demasiadas cosas con llaves.


Cierto, la casa estaba llena de baratijas y objetos de valor todos con cerraduras de miles de formas y tamaños. Tardarían siglos en poder encontrar la otra parte del puzle, pero no les quedaba más remedio. Tenían que descubrir que nuevo invento había descubierto Víctor para quedarse con Selene, esta vez. Nunca lo había conseguido, ella era una de las más poderosas de todos los eternos, pero nadie sabía a qué tipo de magia se había podido encomendar para conseguir crear monstruos de tal envergadura, aunque también podía ser uno de sus miles de trucos.


No valía la pena pararse a pensar. Fepico salió a por algo de comida, mientras, el cuervo continuaba su siesta nocturna, y los chicos empezaron a poner algo de orden para poder colocar la cena y organizar un plan de búsqueda.

17 de noviembre de 2008

CUANDO LA SEDUCCIÓN SE VISTE CON NOMBRES DE SEDA.

Algunos lo admiraron desde sus inicios.

Propio de faraones y digno de emperadores romanos, se volvió un auténtico signo de distinción y buenas maneras; signo de resignación femenina y de puritanismo en el siglo XVIII, una jovencita bien educada, no podía salir a la calle sin ellos.

Antigua invención, cierto. Pero no podemos negar que ha sido provocador de pasiones, el deleite de los engaños y provocador de insultos y duelos, al amanecer, para defender las ofensas o el honor, propio o de una damisela en peligro, a cargo de un valiente caballero.

Fue portado por damas, princesas, famosas malvadas, bellas doncellas y reinas. Y es que, cuando te lo pones, puedes llegar a vestir tu cuerpo de encanto y sensualidad. Esas pequeñas protuberancias de tu cuerpo, que siempre quedan al desnudo, estarán cubiertas, o no, por una cubierta para protegerlos.

De lana, cuero, tela, licra, seda, tela corriente, tul, encaje, semitransparentes, opaco, hasta la muñeca o a mitad del brazo, es capaz de cubrir de formar una apariencia de distinción, o dar un aire peculiar, a todo aquel que se digne a portarlo. Este artículo no entiende de dinero, subculturas, clases sociales, edad o sexo. Válido para todo el mundo, este artículo de uso cotidiano sirve, desde el resguardo del frío invernal, hasta haberse convertido en un objeto digno de un fetiche para los momentos amorosos. El guante.

Todo estaba bien hasta que nos pusimos a pensar.

Como ya he dicho antes, en aquellos siglos en los que todo era pura apariencia, ostentosidad y buenas maneras. Una señorita que se preciara, no podía salir de casa sin ellos. Ya en épocas anteriores, los señores y caballeros de alta cuna, por decir algo, los portaban en sus múltiples salidas para designar un estatus (gilipolleces del ser humano, nunca las podré comprender.)

Hasta ahí, todo correcto. Te tapaba de los fríos invernales, evitaba que tus manos se pusieran moradas o se entumecieran, todo bien. Después apareció su hermano el largo, propio para fiestas y un estupendo acompañante de corpiños y trajes escotados. Las mujeres lo llevamos a un nuevo nivel (esto no importa que se le hubiera ocurrido a un hombre, sino nos llega a gustar la moda, se lo hubiera comido con patatas.) Pero ciertas mentes pervertidas se pusieron a elucubrar nuevos usos para ellos.

Bien fue gracias a un hombre, o a una mujer o a los dos juntos, lo cierto es que la que los portamos para ese momento somos nosotras e incitamos a miles de corredurías nocturnas. Con ellos puedes esconder marcas de ciertos objetos metálicos, utilizarlos en su lugar (cosa para lo que también se suele utilizar una corbata o pañuelo. Nota, los de seda no dejan menos marcas, es que al ser más caro te gusta más que los usen contigo.) Y, como de costumbre para un guante, puede aguantar desde una noche de sexo normal y sin muchos avatares, hasta una gran movida nocturna de prácticas amatorias tabúes para muchas mentes todavía.

El guante, la seda, la música y…

Tanto si estás en la calle como en la alcoba, puedes ponerle muy muy malito, la única diferencia es que en uno de ellos tienes muchas cosas aseguradas y, en la otra, no sabes si vas a conseguir tu objetivo. Da igual, una mujer segura de lo que quiere tiene que arriesgarse o morir en el intento. El no ya lo tienes, ¿qué vas a perder? Que no sucumba, así no pierdes el tiempo y pasas a la siguiente víctima de tus encantos. Ojo, ya depende de ti lo que quieres que dure tu presa, y como siempre digo, hay un límite muy fino entre ser sensual, atrayente, llamativa, elegante y que te confundan con el pendón de turno (¡Cuidado!)

Y entramos en acción, unos ojos pintados o no (eso depende de ti), una mirada penetrantes y unos dientes semidiscretos, alcanzan la punta de la tela que cubre la yema de tus dedos. Poco a poco, los va desencajando hasta que el guante completo llega a mediación de tu mano. Sin quitarle la mirada tomas la otra mano, y sacas con suavidad y sensualidad el primer guante, después haces lo mismo con el otro, pero esta vez al cogerlo, lo estiras disimuladamente mientras te mira. Su posición en diagonal, una leve cara de esfuerzo y de diablesa, unido a un movimiento rápido para colocarlos encima de la mesa o dentro del bolso, puede saltar en su imaginación ciertas fantasías que, hasta la fecha, no se le pueden haber ocurrido en su vida.

Ellos también participan.


Pero es que no podía ser de otra manera, las mujeres decimos mucho que nos encantan los hombres con traje de chaqueta, camisa y corbata. Y es que la imagen de tu novio, chico, marido, amante, rollo,… quitándose esa corbata, mientras te busca decididamente, la imagen de su pecho tras la camisa y su cuerpo casi sudoroso (chicas no reneguéis que a la mayoría os encanta, lo he preguntado, y a bastantes mujeres) puede despertar pasiones en la más frígida. El que él se quite la chaqueta, igual que hace cuando realiza un gran esfuerzo, justo cuando ya no puedes escaparte de sus garras, puede producir estragos en una mujer.

Y la corbata, la estrella de esta parte. ¡Dale una excusa para colocarse los guantes! Un trozo de tela alargado con cientos de usos y, lo mejor de todo, pueden utilizarla los dos. Fantástico.

Todo está servido, los corpiños, las medias de seda, el liguero, los guantes, las corbatas…. El resto es cosa tuya.

14 de noviembre de 2008

LOS CAMINOS PERDIDOS DEL SUBCONSCIENTE (IX)

Estos segundos se me están haciendo eternos, ¿qué será aquella luz que sale de sus entretelas? Lo cierto es que ya casi parece que no siento nada, una paz interior va inundando mi cuerpo, el escozor de las heridas desaparece. Sólo permanece la horrible visión de aquella criatura de cara arrugada, roja y ojos casi inexistentes que me mira con una sonrisa grande y descarada. Esos dientes podrían arrancar la carne de mi cuerpo de un solo bocado. ¿Qué pretende? Creo en breves momentos lo averiguaré.

Su otra mano acaricia mi pelo suavemente, como un amante. Es cálida, muy suave e intenta no hacerme daño. Aquella cosa acaba de dar la cara, es otra bola como la de mi espada. Luminosa y más grande, su luz es negra, la de la mía blanca. ¿Será su opuesto? Pero… ¿Qué estoy pensando? Aquí todo es lo contrario de todo, el reverso del reverso, una vuelta más de tuerca a lo podríamos considerar un antónimo.

Tengo pesadez en los párpados, ya me duelen por el esfuerzo, he de mantenerme alerta, pero me es casi imposible. Intento resistirme a esta sensación, casi no puedo aguantar, con como paredes de ladrillos rellenos de metal muy muy pesado.

- Ahora duerme, no te resistas, estoy aquí para cuidar de ti – me dice una voz que sale de un cuerpo que no mueve los labios para espirarlo.

Para cuidarme, parece que no me altera nada ese pensamiento. A pesar de su aspecto, y de lo ocurrido minutos antes, no me suena para nada agresivo ni desagradable. Entonces, no puedo más, cierro mis ojos y dejo de ver todo lo que acontece a mi alrededor. A veces lo mejor no viene en botes de perfúmenes y con caminos de rosas.

Aaaaaah…. ¿Qué ha pasado? Hace un segundo estaba tumbada en el aire, flotando como una burbuja inerte y ahora vuelo sobre…. ¡nada! Simplemente no hay más de un inmenso vacía a mi alrededor, me muevo a mi antojo, eso es cierto. A penas tengo que mover una de mis extremidades para poder cambiar de dirección o hacer giros espectaculares.

Sé que no hay nada simplemente porque ya hubiera chocado con algo, mi forma de moverme en mi nueva situación, delatan lo novata que soy en este campo. Miles de turbulencias hacen que me tambalee en el aire y que salga desorbitada hacia quién sabe qué dirección.

Mis manos abiertas rozan con algo, el qué; simplemente ni me lo planteo, podría ser cualquier cosa. No merece la pena intentar averiguarlo. Cuando doblo la cabeza no he visto nada, si fuera algo reconocible por mi mente, ya habría visto algo. Solamente ha pasado tan cerca de mi, que ha hecho que mi sentido del tacto se altere dándome la señal de que algo ha pasado. ¿Un cambio tal vez? No sé porqué sigo haciéndome estás preguntas tan ridículas, quizás mi mente curiosa y ansiosa por saber, no se haya cansado todavía en su intento por comprender todo esto; sin embargo una parte consciente de mi fuero interno, me grita constantemente que nada de lo que estoy viviendo, desde hace ya un tiempo tan largo, que casi no puedo recordar, que hay que vivir lo que se me presenta haciendo todo aquello que te pide el cuerpo, ignorar a la razón e intentar ver la luz de algo a lo que podemos llamar un nuevo día; aunque esos ritmos también los marca mi reloj biológico, el cual parece que se ha ralentizado.

Parece que allá, casi de forma imperceptible, hay algo a lo que me acerco cada vez más y más. Me llama, pero no por mi nombre, es como un impulso que me hace dirigirme hacia aquella dirección. Arriba, abajo, a la derecha, a la izquierda… Eso no importa, da igual, a lo mejor me lleva a otro mundo. No lo sé, pero aquellas ondas pululantes, en forma de zigzag, que parecen vivas y de colores grises, parecen más acogedoras que este frío lugar.
Por supuesto tengo muy poco que perder, ¿la vida? Creo que eso aquí vale lo mismo que en mi mundo, nada; a pesar de todo sigo manteniéndola y algo me dice que he de explorar los nuevos parajes. ¡Abrir paso que haya voy!

12 de noviembre de 2008

CONTIGO....PAN Y CEBOLLA.

Esta semana tengo un desbarajuste tremendo, aunque prometo volver a regularizar el blog la semana que viene con las secciones habituales.

Todo el follón ha venido por el simple hecho de que sangre y besos (imagen segunda) y yo, nos vamos a vivir juntos. Aún estamos en las primeras fases: ver el ajuar que tenemos (no es mucho, pero ¿quién le dice que no a una madre que te lo ha comprado con toda la ilusión del mundo?), lo que nos falta (la gran mayoría de cosas, por cierto), los arreglos del piso (que no son muchos, pero siempre hay que ponerlo al gusto de uno), etc, etc, etc. Qué os voy a contar a más de uno o una, seguro que ya sabréis todo lo que implica este tema. Y el caso es que hasta el viernes, que me dieron la oferta, no sabíamos nada. En a penas 48 horas decidimos liarnos la manta a la cabeza y el lunes ya tenía las llaves del piso en mi mano. ¡Qué locura!

Estoy muy segura de lo que voy a hacer, se que seremos muy felices juntos, pero aún me queda lo más duro, que no es lo peor. El montar la casa, mira que me da cosa pedirle nada a la gente (aunque nos vamos con una mano detrás y otra delante, casi vacía) pero todos han insistido en regalarme algo para montar mi hogar. No sabéis cuanto se lo agradezco a todo el mundo. Si, es cierto, estamos a miércoles, a penas hace unos días que todo se hizo oficial y, a pesar que todavía no me he hecho a la idea, no puedo dejar de agradecer el apoyo por parte de todo el mundo. Aunque algún desagradecido que otro me ha dicho que ya era hora (hora de qué, de irme de mi casa. Uno lo hace cuando puede no cuando quiere, si por mí hubiera sido no hubiera esperado cuatro años y medio de noviazgo. Os lo aseguro.) Pero la vida es así.

Un día estás con tu madre apuntándote al círculo de lectores y diciendo que te queda mucho para irte de casa y, en a penas una semana, comunicas a todo el mundo que en Febrero del 2009, te vas de casa para no volver más de visita. ¡Qué rara es la vida! Y a la vez encantadora, los planes han salido así.

Respecto al tema de irme con él, no puedo más que añadir que siento que voy a ser la mujer más feliz del mundo. Careceré ciertas comodidades que hay en mi casa, papá no estará ahí para darme dinero cuando me haga falta, mamá no estará a mi lado siempre ni podrá hacerme el desayuno por las mañanas, los duendes ya no harán mi cama, fregarán mis platos, limpiarán mi casa,…. Todo eso lo he cambiado, ahora en vez de solomillo y caviar, comeré pan y cebolla. Tengo suerte, y mucha, demasiadas personas se encuentran en una situación peor que la mía y subsisten. No es el caso, pero por mí como si mi silla y mi mesa son tambores del detergente. Da igual, estoy con él y voy a ser feliz. Aunque eso no nos quitará de un inicio en que la convivencia será dura, tendremos que acomodarnos el uno al otro, compartirlo todo, en fin, vivir juntos. Ahora mi territorio tendrá más de cuatro paredes, todo lo que encuentre será mío ¿Por cuánto tiempo? Ni me lo planteo, la única palabra que me viene a la cabeza al respecto es siempre.

Pronto comenzarán todos los avatares, y ocurrirán cosas divertidas y graciosas, por ello inauguro esta nueva sección. La mudanza, en ella, os contaré como va la cosa. Eso si, no será una sección regular, e intentaré publicar tan regularmente como hago siempre, llevaré a cabo mis relatos, Selene y mujer y punto. Sólo que ahora deberéis disculparme, mi mente da vueltas hacia otros camino mientras un gran gusano baila en mi tripa, no puedo hacer otra cosa más que ser feliz.

Un saludo muy grande a todos, nos vemos el viernes, espero, sino disculparme.

10 de noviembre de 2008

ES QUE SI NO ME LO DICES, NO VIVO... ¡GRACIAS!

A la vista de diversos acontecimientos ocurridos en esta última semana, sobre todo el día en que trabajo. Y de los diversos comentarios que he escuchado con respecto a mi persona, a todos ellos, quiero daros las gracias. Sino fuera por vosotros, yo estaría perdida en el mundo.

· No sabría que tengo pinta de gotiquilla, cuando creía que nunca había intentado ocultarlo y mucho menos remarcarlo al resto de personas.

· Olvidaba que nadie puede manejarse con unas uñas tan largas como las mías, y eso que llevo desde los 14 años haciendo todo tipo de cosas con ellas

· Ignoraba que mi forma de pintarme los ojos era demasiado llamativa y el rabo de su línea muy largo para poder ser llevado de forma natural.

· Era tan tonta que no sabía que nadie, excepto yo, en mi tremenda ignorancia, pudiera llevar una correa de pinchos para salir a la calle un día normal.

· Siento que mi tremendo pecho haya molestado a todas las mujeres, haciéndoles recordar su complejo de inferioridad. Prometo que estoy ahorrando para operármelo, reduciendo primero su tamaño y luego aumentándolo, porque vosotros me habéis hecho ver que un pecho grande sin quirófano es como vuestros cerebros, vacíos.

· Gracias por aquellos maravillosos comentarios respecto a mi bisutería, en vez de arrestar al que os la regaló a vosotras, deberían darme a mi la cadena perpetua por llevar algo que nadie ha visto nunca.

· Gracias por hacerme ver que los cotilleos y las críticas superfluas a los demás es lo que realmente me hace estallar el corazón.

A todos vosotros, no tengo mucho más que deciros, a parte claro está que os pido perdón por provocaros shocks mentales. Gracias, sin vosotros mi vida no sería lo mismo, estaría llena de cosas insulsas y sin necesidad de pelearme con nadie, todo estaría en calma y paz completa. A todos aquellos que se creen que su palabra es ley, perdón por demostrar a vuestros insulsos cerebros que os equivocabais de cabo a rabo.

Para todos vosotros, los que lamentan haberse cruzado conmigo, los que se han ofendido cuando han recibido una contestación por mi parte, los que se creen en posesión de buenas maneras y las gracia de lo aceptable. QUE OS DEN, a vosotras, que os pique un pez polla y a vosotros, que os la pique un pollo.

Con mucho amor y cariño, de parte de Silderia, la rebelde del colegio de al lado. Sin vosotros la vida sería más sencilla, pero con menos gracia.

7 de noviembre de 2008

LOS CAMINOS PERDIDOS DEL SUBCONSCIENTE (VIII)

- Aaaaaaah…. – se escapa un gemido de mi boca cuando paro el primer golpe cara a cara.

Con todas las fuerzas que poseo, la repelo hacia a detrás. Chic, chic, chic… span, span…. Suenan las espadas cuando ambas hojas se besan frenética y violentamente. Intento no herirla, soy yo. Pero cada vez me es más difícil no tocar su cuerpo con el filo de mi arma.

En un mal golpe, mi cuerpo cae al suelo. Cuando soy consciente de toda la escena, ella se encuentra sentada encima de mí, con las piernas abiertas, la espalda semiflexionada y el filo de su espada a pocos milímetros de mi cuello. Sonríe, la escena es terrorífica, sino fuera porque se que esa sería mi cara en similares circunstancias, creo que no estaría tan asustada. Sin embargo, lo que más me preocupa es que es tan impredecible en sus actos, como puede serlo cualquier persona, independientemente de a quién sea idéntica. Si la lógica no me falla… ¿qué estoy pensando? Lógica, en ninguno de los dos mundos una ciencia tan inexacta como es el estudio del comportamiento humano, ha funcionado en l vida… ¡Ya está! Por eso puede andar, porque es irracional e inverosímil el poder adivinar qué reacción tendrá.

Oh, oh,… Si fuera cierta mi teoría, conociendo como soy en momentos de furia, y puedo asegurar que lo está. Puede matarme.

- ¡Noooooo! – un chillido estrepitoso se escapa de mi boca sólo con tomar conciencia de mi posición.

La dilatación de mi garganta ha rozado la hoja, ahora una gargantilla roja y brillante adorna mi gaznate. Lo cierto es que no me duele en absoluto. El miedo debe de haberme paralizado los nervios. No puede ser, voy a morir y en mis propias manos. Esto no puede terminar así, no ahora que había conseguido algo, mi nariz. Pero dejémoslo, ya no importa, es como el camino de la vida real, tanto luchar para luego morir sin dejar rastro.

- ¿Lista? – dice mi otro yo cuando paro de chillar. – Lo prefieres de una vez o lentamente – inclina su cuerpo más hacia mí. – ¡Espera! – se pone una de las manos en la boca. – Mejor voy a elegir yo lo que va a suceder.
En ese momento, baja la retaguardia. Ha sido sólo una milésima de segundo, pero aquel pelo furtivo me ha hecho un gran favor. La empujo hasta que se estrella contra la pared más cercana, está a pocos metros. ¿De dónde habré sacado tanta fuerza? Da igual, ahora la que manda soy yo. Como una leona contra su presa, actúo rápidamente, ahora el filo de la espada que se encuentra en su cuello es el mío.

Nuestros cuerpos se pegan, tanto que puedo notar los esfuerzos de sus pulmones por respirar. En ambas puntas de mi espada, las palmas de mis manos sujetan el filo firmemente. Seguro que seré capaz de hacer lo mismo, pienso muy segura para mis adentros. Lo cierto es que no era tan fácil como lo visualicé en un principio. No soy capaz de atajar el camino y abrirle un surco en su garganta. Pero… ¡Un momento! Tiene el mismo hilo sonrojado que yo, en el mismo sitio, no puedo matarla.
¿Tantas ganas tenía mi otro yo de morir? ¿Cómo es posible? Me desconcentro por unos instantes, sin embargo y, a pesar de que ha notado mi baja retaguardia, no ha hecho ningún intento por salir de mi prisión. ¿Por qué? No tiene sentido, nada tiene sentido aquí dentro. El paisaje ha ido mutando con cada golpe de mi espada, los muros han caído uno tras otro, hasta estar en un lugar indefinido con un aire pesado y húmedo que hace muy dificultosa la respiración, es más, mis esfuerzos me cansan el doble, pero doy golpes como nunca lo he hecho. Pensándolo mejor, nunca me he visto en una como esta.

- Te has dado cuenta – por fin habla. – Yo soy tú y tú eres yo… No puedes evitarlo, somos dos mitades de en un mismo lugar.

- ¡Mientes! …. ¡Eso no puede ser! – le respondo chillándole.

- Por eso me tienes a punto de degollarme…. ¡Mírame! Soy igual que tú, es más soy tu, no puedes evitarlo – pone una expresión dulce en la cara.

Un brusco movimiento me hace levitar a pocos centímetros del suelo, mi espada cae haciendo un estrepitoso ruido. Entre tanto, aquella que afirma ser yo, la coge mientras sus manos rozan los hilos rojos que adornan su piel. Mira sus dedos manchados y da la orden para que mi cuerpo se acerque a ella. Entonces, coloca sus yemas manchadas de sangre sobre mis labios. No puede ser, sabe a…. Bueno no lo sé muy bien, pero está dulce y muy caliente, tanto que comienza a quemarme.

Humo, sale humo desde mi interior, me duele mucho. Pero no voy a chillar, cualquier acto de debilidad puede hacerla más fuertes y no voy a darle ese gusto, simplemente cedo mi posición tensa. ¿Qué pasa? Sus labios no emanan fuego. Me mira sonriente, sus ojos, trasmutados en dos llamas carmesí emanan ascuas de victoria. Mi cuerpo se coloca a pocos centímetros del suyo, con una orden de su dedo, me coloco en posición horizontal. Ahora si que estoy asustada, esa no soy yo, sólo es un demonio con mi cuerpo.
Una mano furtiva se interna bajo su blusa ¿qué está buscando? No se para qué me lo pregunto, si no quiero saber la respuesta. Esto no es como el resto de lugares por los que he pasado, me he metido en una trampa. De esta no salgo, seguro. Una luz llameante y negra, amanece entre sus doblajes….

5 de noviembre de 2008

Selene. Capítulo XXXIII.

CAPÍTULO XXXIII: HAY QUE SEGUIR PENSANDO.

Aquel trozo rectangular de hierro oxidado, cedía ante la fuerza de la mano de su dueño. Al otro lado, una luz tenue y amarilla, iluminaba la habitación y daba una débil bienvenida a todo el que se atreviera a pasar. Un sillón antiguo, roído por el tiempo, acompañado de una mesita de madera mohosa, llena de papeles, latas de cerveza y un gran cenicero, eran los principales anfitriones de la escena. Justo en el frente, un televisor lleno de polvo y con una imagen difusa, rompía el silencio sepulcral de minutos posteriores.

- ¡Entrad!, no os quedéis ahí – dice Fepico entrando el primero.

Tras un ademán de la mano de su inquilino, los tres jóvenes se aventuran a penetrar en el templo de aquel insólito personaje. Tras aquellos muebles, muros de hormigón macizo, cubiertos de estanterías llenas de cosas, libros, posters y cientos de baratijas, encerraban alguna especie de misterio envuelto en el polvo de los años. Algunos objetos databan de épocas muy lejanas, tanto que su significado se había perdido en el tiempo. Sin embargo, ciertos artilugios modernos, hacían que el cuadro que se pintaba ante sus ojos fuera variopinto y rompiera cualquier esquema preconcebido en sus mentes.

Carente de luz potente o cualquier otra comodidad de la vida moderna, a parte de un frigorífico y un pequeño hornillo, abandonado en una esquina, cubierto de cacerolas mugrientas y agujereadas, por falta de uso y limpieza.

- ¿Y esto? – pregunta Selene intentando ocultar su cara de asco al ver algunos ratones y cucarachas caminando a sus anchas.

- Mi garito – responde Fepico buscando un vaso en un arcón ubicado cerca de ellos. – Me ha costado dejarlo todo a mi gusto – la mitad de su cuerpo se pierde tras la madera decorada, a la vez que su voz. – Fue una buena inversión – saca por fin lo que busca y coloca todo sobre una mesa – es como mi segundo hogar… Después del pub ¡claro! – quita algunos papeles de la mesa y coloca los recipientes de vidrio - ¿Queréis tomar algo? Invita la casa.

- Con dejar de limpiar unos días y no ordenar nada, creo que tenías bastante – añade Yu al comentario de aquel individuo ahora más enigmático que nunca.

Una especie de halo de oscuridad invadía aquel ambiente, la necesidad de saber, unida a los pensamientos de no intromisión morales, de cada uno de los recién llegados, habían iniciado una batalla campal en sus mentes nublando el motivo principal.

Fepico desapareció tras uno de los estantes, tras este, un ruido tremendo de cristales, material de loza y ciertos elementos metálicos, acompañaban los improperios que su boca soltaba al no encontrar aquellos manuscritos que habían ido a leer.

Mientras, Luis completamente impresionado por ciertos objetos y, llevado por su afán de coleccionista curioseaba a sus anchas por toda aquella habitación.

- Te gusta el sitio ¿verdad? – le comenta Fepico a Luis que está impresionado por el lugar. – Se lo gané a un tal Pojinga, hace ya algunos años, era un buen chico, pero acabó mal – mira el libro que tiene en las manos unos segundos. – Lo último que supe de él, es que estaba preso en el infierno con uno que se hace llamar el "nuevo mesías".

- ¿Si? – increpa Selene. – De esos hay muchos en esta época – se atusa el pelo. - ¿Y tú cómo sabes que estaba en el infierno? – lo mira fijamente. – Los vivos nunca sabéis nada de los muertos una vez que se van.

- ¿Quién te ha dicho que estaba vivo cuando lo conocí? – responde con una mirada guasona. – Volvamos al tema – coloca un libro gigantesco sobre la mesa. – Debe de estar por aquí.

Luis mira atentamente la portada del libro, lo cierto es que no tenía nada de particular. Unas letras escritas a mano, como a carboncilla, una escritura ininteligible y miles de separadores, no hacían resaltar nada fuera de lo podría parecerles normal, en aquellos momentos.

- Las rectas a la abuela – lee Luis en voz alta. - ¿No estábamos buscando lo que era ese bicho?

- Mi abuela hacía muchas cosas – dice Fepico encendiendo un cigarrillo. – Era una persona encantadora – expulsa el humo por la boca y se pone pensativo. – Sobre todo cuando cogía su pistola y apuntaba con ella - su mirada comienza perderse en la lejanía - nadie se mantenía en pie tras ver a una pequeña mujer, de no más de metro y medio empuñando aquella maravilla cargada – vuelve de su ensoñación. – ¡Ya no hay abuelas como esas!

- ¡Por suerte! – añade Selene. - ¿Qué puede haber aquí que nos haga encontrar una pista?

- A ver…. – aquel hombre, ahora más enigmático que nunca comienza a pasar las páginas. – Zombis, transformaciones, pociones, tarta de queso,… - dice en voz alta leyendo los diferentes separadores. - ¡Aquí está!... Sombras.

Para su sorpresa aquellas definiciones estaban ausentes de todo sentido, carentes de algún significado o de una simple pista sobre su origen, modo de actuar, qué podían ser.... Las páginas de aquellos manuscritos seguían pasando ante una retahíla de murmullos procedentes de la boca de Fepico. Parecían una especie de conjuro antiguo para invocar algo, pero más lejos de su realidad, las hojas aquella delimitación del tomo, se acabaron. Al final del todo, una llave, sujeta por un lazo manchado en sangre anunciaba su fin.

- ¿Y esto? – dice Yu mirando expectante aquel trozo de metal forjado.

- ¡Esta mujer nunca cambia! – dice Fepico en voz alta para sí mismo. – Tan enigmática como siempre.

- ¿A dónde pertenece esto? – pregunta Selene.

- Pues desde su caja de costura hasta alguna pieza extraña de esta colección – responde Fepico a su pregunta. – Era un poco maniática, todo lo tenía guardado detrás de un candado, una cerradura o una clave secreta – continúa diciendo. – ¿Un poco más de bebida?

Nadie sabe muy bien lo que está pasando, parece que el único que no altera, respecto a la situación, es Luis. Con su sonrisa afable, se toma todo esto como un desafío más, pero después de todo lo que ha visto, cree que no merece la pena ponerse así por una cuestión más surgida por los caprichos de una abuela loca. De todas formas, viendo como es su nieto, puede imaginarse perfectamente qué tipo de mujer era aquella, si es que verdaderamente existió.

Al mirar de nuevo los estantes, estos le llevan a uno en especial. Una especie de máquina del tiempo bien ordenada por épocas. El polvo podía medirse con un metro, pero algo le llama la atención a Luis, todo tiene cerradura. Demasiado pequeñas, demasiado grande, con combinación, sin nada en especial que identifique que pueda pertenecer a esa llave.

Entre tanto, Selene lo observa desde lejos. Confusa y cansada, cree que ha llegado el momento de pasar a la acción, e ir directamente a por el que ha causado tanto ruido. Pero como combatiente eterna, sabe que las batallas con palos de ciego sólo pueden llevarla a la derrota y el comienzo de su aventura en otra vida nueva. Sabe que su novio intenta averiguar algo, mientras su fortuito jefe, se sienta en su cómodo sofá a pensar un poco. Yu permanece histérica, no le gustan los acertijos, a pesar de que a ella hace sus menesteres soltando alguno de vez en cuando, pero el que se los pongan a ella le resulta un tanto irritante.

Un ruido procedente del exterior hace que todos se pongan en alerta, no puede ser nada de la calle, están demasiado lejos de la superficie para que sea tan claro. Algo o alguien a atravesado al puerta. La reacción no se hace esperar, Selene se esconde con su amado tras el muro sin puertas que separa una habitación de otra.

Sin embargo Fepico y Yu, toman cartas en el asunto. Se colocan delante de la puerta de entrada mientras uno toma como arma una botella vacía y otro coloca la mano sobre la empuñadura de su milenaria espada. Algo está adentrándose y se dirige directamente hacia ellos lentamente. Los ruidos de pisadas se unen al tono de varias voces que discuten entre sí, están cerca, tanto que Fepico puede oler el pútrido aroma que desprenden sus cuerpos.

3 de noviembre de 2008

PARA ESTAR CÓMODO, PARA DORMIR Y PARA JUGAR

De camisón a pijama.


No se cómo los hacíamos antes, pero hasta el siglo XVI, no existía una prenda apropiada para dormir. Hasta entonces, el mismo cuerpo desnudo, el sayo o la ropa interior era lo que se utilizaba.

Una vez adentrados en el año 1500, apareció la camisa de dormir o camisón, prenda de terciopelo o lana, forrada, larga hasta los pies, de mangas largas y abrochada en la parte frontal. Una cosa muy importante, era una prenda completamente unisex, que después dicen. Bueno, todos conocemos por miles de películas, donde se representan personajes de la época, el aparecer de los personajes en plena noche con esta especie de camisa larga y ancha. Por supuesto, estaba adornada con bordados, encajes, pieles, cintas, hechos de diferentes materiales, incluso de piel; por supuesto, esto solo podían permitírselo los señoritos y señoritas de la época (en un principio, hasta tener un camisón era un auténtico lujo.)

Pero la cosa no se quedó ahí, por supuesto nosotras teníamos que distinguirnos de una prenda tan sumamente insulsa y deforme, tras la cual, nuestro marido o amante, tenía que intuir que, bajo tanta tela opaca, había un cuerpo ardiente de deseo. Por lo que los escotes comenzaron a bajar, las mangas a reducirse, según su estación, sus formas se hicieron más suntuosas y apareció la seda en escena y, por supuesto, ¡como no! Su fantástica e inseparable amigo el negligée o bata, que significa desatendido.

Esta última, era una prenda a modo de abrigo abrochado por delante, que se colocaba a los pies de la cama y se utilizaba al salir de la misma. Aunque hasta después de la Segunda Guerra Mundial no tomó una cierta fama erótica, ni este ni su amigo el camisón. Comenzándose a comercializar como ropa íntima. Pero seguro que ciertas mentes calenturientas y perversas hacían sus placeres dentro de sus alcobas antes de tomar su rumbo al estrellato. Muchas féminas sabían coser y los retales de tela, encajes y ciertos otros utensilios de uso cotidiano, podían servir para confeccionar una bonita arma de seducción nocturna.

Por suerte o por desgracia (depende de quien lo mire), estos han pasado de inspirarse en los ropajes pomposos y exuberantes de la época, para ser como una especie de artilugio ligero, bonito, sedoso, fácil de transportar y muy cómodo para dormir. Aunque por muy largo que fuera, como me dijo una vez una amiga, no importa como te pongas el camisón o como sea de largo, siempre acaba de bufanda (cada uno que piense lo que desee, yo tengo mi propia visión y es muy muy buena.)

Por supuesto ellos tampoco se iban a quedar cortos, querían estar también guapos en la cama. Por lo que en el mismo siglo XV, en que la camisa de dormir se volvió mujer, nació su hermano bisexual, el pijama. Su parte superior se acortó, hasta el punto de llegar sólo hasta la cintura, y se unió a unos pantalones traídos desde Persia; éstos se parecían a los bombachos que lucían las mujeres en los arenes, tuvieron un gran éxito. Una camisa y un pantalón siempre han hecho una pareja perfecta.

Su nombre viene de la palabra persa pae o prenda para la pierna y jama o ropa. De ahí salió su bonito y sensual nombre, pijama (eso también depende de quien lo diga y en qué circunstancias se pronuncia.) Desde aquella época ha cambiado mucho su estilo, forma, color, tejido, adornos y miles de cosas más. Personas como Hugh Hefner, aquel multimillonario, creador de la revista y dueño de la mansión play boy. Ha hecho del uso de esta prenda un arte.



Cómodo, informal, para andar por casa y….

Podemos decir muchas cosas de ellos (a mi por supuesto me encanta tanto el pijama como el camisón.) Nos protegen del frío si nos destapamos, son muy cómodos para andar por casa y es una prenda que está al alcance de todos los bolsillos. Cierto es que el que quiera caviar va a tener que pagarlo, pero muchas veces merece la pena.

Mirad, hace unas semanas estuvimos en casa de unos amigos de sangreybesos, una pareja fantástica. Estuvimos cenando comida mexicana, traída tras su viaje a esas maravillosas tierras, después pasamos al salón a comer dulces y tomar tequila y coronitas (unas cuantas más de las que ya habían tomado en la cena.) Bueno pues ella me dijo que la ropa interior cara era la que más te duraba. Y os voy a contar porqué, la respuesta es muy simple. Según me comentaba, ella decía que con simplemente sacarla de la caja, colocándola delante de ti (da igual si en el lugar donde corresponde o si la elevas, el caso es que se vea bien) el trabajo ya está hecho. La reacción no se deja esperar, por supuesto no te da tiempo a ponértelo y, por consiguiente, siempre está nuevo. Me hizo mucha gracia aquel comentario y, si te paras a pensar un poco, es cierto (aunque eso depende de la imaginación de tu hombre y de lo dispuesto que esté en ese momento, pero ellos siempre están preparados para la acción.)

Hay miles de tipos de pijamas y camisones, por supuesto, y como es costumbre en mi, os voy a dar ciertas clasificaciones propias al respecto (como ya sabéis las normales son demasiado aburridas e insulsas. A veces para saber a qué se refieren tienes que hacer un máster):

- Camisón de la abuela: aquel trozo de tela largo, hasta los pies, completamente opaco y con forma de tubo, ancho hasta la saciedad y que si te levantas de noche con él, completamente a oscuras puedes dar un buen susto a alguien (los hay con mangas y sin ellas, pero eso depende si estamos en verano o invierno)

- Camisón de mamá: aquel que es un poco más transparente, consta de algunos encajes, pero sigue siendo largo. A pesar de ser bonito, un poco más ajustado, mantener algunas formas y dejar algo a la imaginación, sigue siendo una prenda para dormir y poco más.

- El rumboso: son aquellos semitransparentes, con la espalda al aire o con unos escotes de vértigo en ausencia de éstos también llevan rajas desde el suelo, porque seguimos con los largos, hasta el lugar donde la pierna pierde su hombre. Es de formas atrayentes y puede dar mucho juego.

- Los vestiditos (como yo los llamo): son una especie de camisones de tul transparente, raso, seda, encaje semitransparente y, sobre todo, como requisito imprescindible, siempre queda, por lo menos, por encima de la rodilla. De éstos puedes encontrar formas variopintas y muy diferentes: divertidas, atrevidas, sexys, atrayentes,… Poseen un corte que respeta la forma de la mujer y no deja ocultar nada, por supuesto siempre dejando aquel leve espacio a la imaginación. Todos poseen tirantas o mangas a la sisa.


- El Sexy Girl: son aquellos que de tela tienen poco y, como dije en el post sobre las bragas, su precio es inversamente proporcional a la tela que ha utilizado para crearlo. Formas imposibles vestirán tu cuerpo provocando una reacción inmediata en cuanto tu amante te lo vea puesto.

Por supuesto, todos ellos se pueden combinar con túnicas, batas y capas de diversas formas, siempre acorde con lo que a ti te guste, unos abren más que otros las puertas al morbo, los juegos eróticos y ciertos tipos de diversión. Pero cada uno es como es.

El antimorbo también está servido.

Por supuesto, dentro de tanto pijama y camisón sexy (algunas dicen que no son cómodos, yo reniego de esas palabras y la que lo dice es porque no los ha usado) está su antónimo. Al igual que mi anterior clasificación, con el denominado camisón de la abuela, está el pijama "no me toques, que hoy no es mi día."

Todos conocemos esos atuendos para la casa de tela gorda, adornada con diversos dibujos y que normalmente nos colocamos, para estar calentitas (eso puede ser verdad, pero yo no lo veo así, pero si te gusta como digo muchas veces: a los demás que les den) Normalmente lo unimos a una bata de guatiné de color indefinido (eso depende de tu gusto.) Aunque cuando tu hombre tiene ganas, eso le da igual. Te va a coger por banda y hará múltiples intentos hasta que lo consiga, o se canse (depende de tu aguante o si de verdad ese día lo que tienes son ganas de hacerte de rogar.)

Una noche de sorpresa.

Cierto es que miles de corredurías nocturnas, cuentan miles de romances bajo la luz de la luna. Pero esta prenda, llena de morbo y sensualidad, capaces de despertar los placeres más ocultos de una persona. Permaneció ausente de nuestra colección de objetos imprescindibles para el deseo desde hace muy poco. A pesar de todo supimos sacarle partido desde primera hora.

Imagina por un momento, una noche sensual. Tras la puerta de tu dormitorio, donde él te espera impaciente, aparece una pierna vestida con unos bonitos tacones de aguja, unas medias de rejilla o de seda, y, entre tanta expectación, parte de tu negligée, deja también que se le vislumbre en la escena. Unas manos esculpidas siguen con su danza sensual y, por fin, sin previo aviso, tu cabeza, maquillada de la mejor forma que sepas, unos labios rojos y carnosos, unos ojos atrayentes, el pelo recién peinado,…

Aparece todo tu cuerpo bajo una bata semitransparente, llega hasta el suelo, sus mangas son largas y campana. Bajo él un bonito camisón del mismo color y tela, pero corto, tanto que deja entrever tu tanga y las tiras de sujeción del liguero. Unas tirantas finas y sueltas permiten que, sólo con rozarlas toda esa coraza caiga al suelo.

Nota: lo que hagas con ello, si quieres poner música atrayente, deleitarlo con un baile, salir como una femme fatal o si decides poner algo más de picante es sólo para vosotros. El morbo está servido, yo solo pongo una idea.

Algo si es seguro de todo esto. La diversión en pareja está garantizada y aquel conjunto que compraste con su dinero, pasará a ser el mejor regalo que le has hecho. Recuerda, una tarta no parece la misma cuando le pones una guinda; es más divertida.