ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.


7 de noviembre de 2008

LOS CAMINOS PERDIDOS DEL SUBCONSCIENTE (VIII)

- Aaaaaaah…. – se escapa un gemido de mi boca cuando paro el primer golpe cara a cara.

Con todas las fuerzas que poseo, la repelo hacia a detrás. Chic, chic, chic… span, span…. Suenan las espadas cuando ambas hojas se besan frenética y violentamente. Intento no herirla, soy yo. Pero cada vez me es más difícil no tocar su cuerpo con el filo de mi arma.

En un mal golpe, mi cuerpo cae al suelo. Cuando soy consciente de toda la escena, ella se encuentra sentada encima de mí, con las piernas abiertas, la espalda semiflexionada y el filo de su espada a pocos milímetros de mi cuello. Sonríe, la escena es terrorífica, sino fuera porque se que esa sería mi cara en similares circunstancias, creo que no estaría tan asustada. Sin embargo, lo que más me preocupa es que es tan impredecible en sus actos, como puede serlo cualquier persona, independientemente de a quién sea idéntica. Si la lógica no me falla… ¿qué estoy pensando? Lógica, en ninguno de los dos mundos una ciencia tan inexacta como es el estudio del comportamiento humano, ha funcionado en l vida… ¡Ya está! Por eso puede andar, porque es irracional e inverosímil el poder adivinar qué reacción tendrá.

Oh, oh,… Si fuera cierta mi teoría, conociendo como soy en momentos de furia, y puedo asegurar que lo está. Puede matarme.

- ¡Noooooo! – un chillido estrepitoso se escapa de mi boca sólo con tomar conciencia de mi posición.

La dilatación de mi garganta ha rozado la hoja, ahora una gargantilla roja y brillante adorna mi gaznate. Lo cierto es que no me duele en absoluto. El miedo debe de haberme paralizado los nervios. No puede ser, voy a morir y en mis propias manos. Esto no puede terminar así, no ahora que había conseguido algo, mi nariz. Pero dejémoslo, ya no importa, es como el camino de la vida real, tanto luchar para luego morir sin dejar rastro.

- ¿Lista? – dice mi otro yo cuando paro de chillar. – Lo prefieres de una vez o lentamente – inclina su cuerpo más hacia mí. – ¡Espera! – se pone una de las manos en la boca. – Mejor voy a elegir yo lo que va a suceder.
En ese momento, baja la retaguardia. Ha sido sólo una milésima de segundo, pero aquel pelo furtivo me ha hecho un gran favor. La empujo hasta que se estrella contra la pared más cercana, está a pocos metros. ¿De dónde habré sacado tanta fuerza? Da igual, ahora la que manda soy yo. Como una leona contra su presa, actúo rápidamente, ahora el filo de la espada que se encuentra en su cuello es el mío.

Nuestros cuerpos se pegan, tanto que puedo notar los esfuerzos de sus pulmones por respirar. En ambas puntas de mi espada, las palmas de mis manos sujetan el filo firmemente. Seguro que seré capaz de hacer lo mismo, pienso muy segura para mis adentros. Lo cierto es que no era tan fácil como lo visualicé en un principio. No soy capaz de atajar el camino y abrirle un surco en su garganta. Pero… ¡Un momento! Tiene el mismo hilo sonrojado que yo, en el mismo sitio, no puedo matarla.
¿Tantas ganas tenía mi otro yo de morir? ¿Cómo es posible? Me desconcentro por unos instantes, sin embargo y, a pesar de que ha notado mi baja retaguardia, no ha hecho ningún intento por salir de mi prisión. ¿Por qué? No tiene sentido, nada tiene sentido aquí dentro. El paisaje ha ido mutando con cada golpe de mi espada, los muros han caído uno tras otro, hasta estar en un lugar indefinido con un aire pesado y húmedo que hace muy dificultosa la respiración, es más, mis esfuerzos me cansan el doble, pero doy golpes como nunca lo he hecho. Pensándolo mejor, nunca me he visto en una como esta.

- Te has dado cuenta – por fin habla. – Yo soy tú y tú eres yo… No puedes evitarlo, somos dos mitades de en un mismo lugar.

- ¡Mientes! …. ¡Eso no puede ser! – le respondo chillándole.

- Por eso me tienes a punto de degollarme…. ¡Mírame! Soy igual que tú, es más soy tu, no puedes evitarlo – pone una expresión dulce en la cara.

Un brusco movimiento me hace levitar a pocos centímetros del suelo, mi espada cae haciendo un estrepitoso ruido. Entre tanto, aquella que afirma ser yo, la coge mientras sus manos rozan los hilos rojos que adornan su piel. Mira sus dedos manchados y da la orden para que mi cuerpo se acerque a ella. Entonces, coloca sus yemas manchadas de sangre sobre mis labios. No puede ser, sabe a…. Bueno no lo sé muy bien, pero está dulce y muy caliente, tanto que comienza a quemarme.

Humo, sale humo desde mi interior, me duele mucho. Pero no voy a chillar, cualquier acto de debilidad puede hacerla más fuertes y no voy a darle ese gusto, simplemente cedo mi posición tensa. ¿Qué pasa? Sus labios no emanan fuego. Me mira sonriente, sus ojos, trasmutados en dos llamas carmesí emanan ascuas de victoria. Mi cuerpo se coloca a pocos centímetros del suyo, con una orden de su dedo, me coloco en posición horizontal. Ahora si que estoy asustada, esa no soy yo, sólo es un demonio con mi cuerpo.
Una mano furtiva se interna bajo su blusa ¿qué está buscando? No se para qué me lo pregunto, si no quiero saber la respuesta. Esto no es como el resto de lugares por los que he pasado, me he metido en una trampa. De esta no salgo, seguro. Una luz llameante y negra, amanece entre sus doblajes….

2 cosas que decirte:

sangreybesos dijo...

...ya hablaremos de psicoanálisis con dos copas encima...

Silderia dijo...

¿Cómo?