ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.


31 de octubre de 2008

DE ALL HOLLOW´S EVEN A HALLOWEN

Olvídate de los americanismos.

Pudo haber tenido miles de orígenes, cuentos, mitos, leyendas,… Pero lo cierto es que esta fiesta es más antigua que el propio cristianismo; y es que data de, aproximadamente, 2500 años a.c.

De origen celta y galo, cada 31 de Octubre, se celebraba la noche de Samhain, dios celta de los muertos. Esta presencia, junto a miles de espíritus malignos, era invocada cada año, en las mismas fechas, para dar las predicciones de futuro sobre el nuevo año.

Como era costumbre, los druidas celtas, iban de casa en casa pidiendo comida para el dios. En el caso de no obtenerla recibirían la maldición de la visita de espíritus malignos. Estos, dependiendo de lo ofendidos que se sintieran, traerían males, harían travesuras o decidirían hacerte la vida imposible hasta que te llevaran al otro barrio. Un cambio notable se producía en la festividad Gala, según la tradición, los muertos podían atravesar las puertas del inframundo para pasear por el mundo de los vivos. Desde sus tumbas de los cementerios, comenzaban un largo paseo para visitar a sus antiguos vecinos, amigos y familiares, pero si te cruzabas con uno de ellos, no importa si tenías algo que ver o no con su entorno, te mataban en el acto, llevándote con ellos (el caso era tener compañía durante el paseo.) De aquí surge la tradición de adornar las casas con luces, que después se volvieron calabazas huecas con una vela en su interior, con el motivo de guiarlos de vuelta hacia su lugar de descanso y que no se salieran del camino, adornar las puertas de las casa con motivos siniestros (huesos, calaveras, lápidas o darles un aspecto fúnebre. Os recuerdo que por esa época no había productos de imitación que pudieras obtener en cualquier baratillo de la esquina.) Estas, y miles de cosas más, se inventaron para que sus muertos no vinieran a visitarlos y se los llevaran definitivamente del mundo físico.

Con la invasión de Roma, esta fecha pasó a ser la festividad de la diosa Pomona, que traía los árboles frutales. Poco a poco, volvió a tomar un carácter siniestro y se produjeron las condiciones necesarias para adorar a brujas, adivinos, duendes, dioses maléficos y, como no, al indeseado de la iglesia, el príncipe de los infiernos.

Durante la época Cristiana, uno de nuestro múltiples papas, más concretamente Gregorio III (siglo IX), pasó la fiesta de “Todos los Santos” del 4 de mayo, al 31 de noviembre. Daba como excusa para ello la conmemoración de la dedicación de todos los santos de la basílica de San Pedro (simplemente fue una excusa para intentar ocultar la celebración de una fiesta pagana y convertirla en una religiosa, como se hizo con la navidad.)

Un largo viaje la hizo apropiarse del nuevo mundo.

Debido a las inmigraciones de ciertos países, con culturas arraigadas en la cultura celta, esta fiesta pasó a celebrarse en América. Allí se tradujo el nombre de festividad de todos los santos al inglés, que en su traducción inicial era: All Hollow´s Even, después continuó su pronunciación para ser All Hollowed Eve, continuando una evolución a All Halloeven, para terminar en la palabra que todos conocemos hoy Halloween. Cambio ¿verdad? Pero la evolución del lenguaje es algo que se ha dado siempre, desde que el hombre existe, esto ha producido, entre otras cosas, la pérdida del significado inicial de la fiesta. Pero ¡qué le vamos a hacer! El hombre tiende a perder toda la memoria histórica de las cosas que son más cotidianas, las otras te la intentan imponer, tachándote de inculto cuando no te sabes un dato común a la cultura global, pero bueno. Nadie se ha preguntado nunca de dónde vienen la mayoría de las cosas que usamos o ¿por qué hacemos una fiesta u otra? Es más importante saber en qué año se inventó la penicilina que de dónde vienen las bragas que te pones todos los días (por poner un ejemplo, podría haber puesto también quién inventó el wáter.)





PERDONEN QUE NO ME LEVANTE, PERO ES QUE ESTOY INDISPUESTO


Cierto es que se ha convertido en una noche de cultos satánicos, siendo uno de sus tres días más importantes de celebración, junto al día de su cumpleaños o el 30 de abril. También podemos decir que ha tomado una tónica de diversión y celebración no intencionadas, por lo menos desde un principio, y que nos ha dado una forma de venerar a los muertos, dejando a un lado, esa tónica de misticismo y seriedad que intentan hacer la mayoría de personas. Ahora se reparten caramelos por las puertas, en vez de comida. Antes se celebraba cenando en familita y tomando como postre la típica castaña asada, en España, por lo que conozco.

Miles de tradiciones han nacido de ellas, unas más antiguas y otras tan jóvenes que todavía se puede indagar en sus orígenes con sólo buscar un poco. Cierto es que miles de empresarios se han preocupado porque ese toque festivo y consumista no desparezca, les conviene. Pero la iglesia, ¡cómo iba a quedarse callada! Ha intentado mortificarla realzando que es una fiesta pagana, que su verdadera función es la adoración a Satanás y miles de chuminadas más. El caso es decir algo.

Muy cierto es que, en algunos lugares, el verdadero día se celebra el uno de noviembre, el día de difuntos. Ahí es cuando todos van a visitar a sus difuntos más queridos, de los cuales no te has acordado en todo el año, a sus respectivas tumbas en el cementerio. Unos comen sobre ellas, dándoles una especia de “comida familiar” (después dicen que yo soy tétrica), van a misa (una de las cuatro o cinco veces requeridas en todo el año, para quedar bien, sin necesidad de que haya una boda, bautizo, comunión o entierro) y después continúan con su vida normal. Vaya día de difuntos más entretenido, el que los muertos estén de reposo eterno no significa que tú lo estés, pero es una parte más de la cultura popular. Sé que en otras partes del globo se hace una fiesta por todo lo algo, pero en esta parte del globo somos así de aburridos.


Hoy es mi día.

Desde que era pequeña, mi atracción por la noche de los muertos me ha encantado. Soy así, me encanta ver cómo la gente sale a la calle y hace de aquel demonio burlón que siempre ha querido ser en su vida normal. A algunos les hace más falta que otros la verdad. Mi visión, un tanto oscura de las cosas, me ha hecho adorarla como algo propio e individual, dejando a parte lo que pueda pensar la gente (eso siempre me ha dado igual.)

Muchas veces he escuchado, por parte de familiares y otras personas, con derecho a imponer su criterio, decirte lo que está bien (para el resto de la humanidad menos para ello ¡claro!) que es una fiesta importada de Estado Unidos, que eso es culpa de la tele y que nosotros somos españoles. ¡Viva! Bonitas palabras para alguien que no entiende ese tipo de patriotismo. Pues sin ir más lejos, parte de su tradición es española (ni que decir tiene que aquí iría de perlas un ¡Tomaaaaa!) ahora ¿quién es la inculta? Me encanta ver sus caras cada vez que les comento la verdadera historia de Halloween. Ahora la comparto con vosotros.
Esa noche, con su día siguiente, celebrar que todavía estáis vivos, que los muertos pueden venir en vuestra búsqueda, que puedes ver enanitos verdes en todos lados, al igual que hadas, brujas, trols, elfos maléficos y miles de criaturas más (por supuesto ciertos psicóticos ayudan, pero la euforia colectiva también.)Dejar que vuestro subconsciente saque vuestro ser mágico interior, divertiros todo lo que podáis, nunca sabréis cuando la visita al cementerio puede ser para vosotros.

Como cantaban el la maravillosa película: Pesadilla antes de Navidad. En la ciudad que es mi hogar, el día de difuntos voy a celebrar, na, na, nanana, na, na, nanana. A todo esto, buenas noches a todos, seáis lo que seáis.

29 de octubre de 2008

CARIÑO,…¿ AHORA QUIÉN LLEVA LOS PANTALONES?

Su nombre es santo.

Esta frase exactamente no, pero lo de santo pantalón, alguna vez más de uno lo habrá dicho al ver pasar a una chica con pantalones ajustados. Y es que su nombre deriva de un hombre santo, San Pantaleón, médico y mártir del siglo IV, patrón de Venecia.

Hace cuatro mil años los nómadas utilizaban pantalones bombachos atados a la cintura. Pero seguía siendo algo exclusivamente para los hombres. Lo cierto es que algunos se lucieron utilizándolo, todos recordamos la imagen del varón en el siglo XVII con aquellos pantalones en forma de globo, hasta la cintura, unas medias blancas por debajo y aquellos bonitos zapatos de alzas con lazos. ¡Super! Aunque también hemos tenido otras modas para echarles de comer a parte.

Lo cierto es que, como todo lo que ha utilizado el hombre que nos gustaba, nos lo quedamos. Estábamos hartas de aquellas faldas pomposas, largas, rellenas de enaguas y que deformaban el cuerpo. ¿Qué hicimos entonces? La cortamos, ajustamos y le quitamos peso. Pues con esto pasó casi lo mismo. Cierto es que no nos adueñamos de ellos por estilo, moda o cualquier otra cosa que podamos pensar, fue la necesidad de trabajar en los campos y la llegada de la Segunda Guerra Mundial la que nos proporcionó tal oportunidad. Debido a la falta de hombres, pero si a la gran cantidad de uniformes masculinos, las mujeres desempeñaron trabajos, antes propios sólo para el sexo contrario y, en consecuencia, comenzaron a portarlos. (¡Vaya! Éramos igual de útiles que un hombre y se tuvieron que dar cuenta cuando estaban en la guerra.)

Después de la masacre y con los maridos, novios, amantes, hijos y cualquier otra persona en casa, que pudiera corresponder a que tuviera algo colgante entre las piernas. Nosotras volvimos a nuestro trabajo como amas de casa, siendo unas buenas y dedicadas esposas; habíamos sido liberadas de un peso, ya que el trabajo fuera de casa se añadía a las labores del hogar, pero ahora había que aguantar a los maridos enfermos, la que menos, o soportar la ausencia perpetua de algún hombre en la familia. La normalidad nunca llegó a aquellas casas. Y entre las cosas, que no eran muy comunes, el pantalón entró en la vida de todas las féminas. Mucho más cómodo para trabajar, fue adquirido como una prenda de uso diario y cotidiano.

Prenda imprescindible para la mujer en los años 60.

Y es que la revolución femenina tuvo un símbolo muy importante, a parte de la quema de sujetadores, se puso pantalones. Hartas de ser menospreciadas, decidieron que ahora los llevarían ellas.

Por supuesto el modelo más común de todos, los vaqueros o jeans, fueron creados en 1935. Un exceso de tela para toldos, provocó, en un joven empresario de 23 años, una gran idea. Esta consistía en que los trabajadores deberían utilizar pantalones más fuertes para su tarea diaria y lo hizo, fueron los primero Levis. Años después sacó una forma exclusiva para la mujer y esta comenzó a utilizarlos.

Por supuesto, como no, ciertas religiones, grupos católicos y miles de puritanas (de esas que se tocan con la luz apagada porque les da vergüenza de su propio cuerpo) salieron a la defensa del uso de la falda y la demonización del pantalón. La pollera muy larga, enseñar el tobillo es de descaradas, recordarlo (¡no vayáis a escandalizar a los niños! – pero esa anécdota la contaré otro día.)

Esto lo he encontrado en un libro cristiano de publicación libre, por internet; aclaro, no me lo estoy inventando. Sólo voy a citar esta parte:

(Deuteronomio,22:5) que dice “No vestirá la mujer traje de hombre, ni el hombre vestirá ropa de mujer;” aunque este texto no toca la cuestión en sí, sobre el pantalón en la mujer Cristiana, sino mas bien condena que el hombre sea afeminado y la mujer lesbiana, esto sí es cosa de pecado.

Como veis, toca dos temas de un tiro, el derecho de una persona, independientemente de su condición sexual, a unirse a otra persona y adquirir los mismos derechos que todo el mundo, y el no uso de ropa, considerada masculina, para la mujer.
Esta no se ha informado que la falda y la túnica eran unisex (todavía alucino con ciertas cosas e interpretaciones que le damos a las escrituras, todavía hacemos caso a las campanas que suenan de algún lugar indeterminada.) Pero...¡dejémoslo a parte!

Por supuesto su forma inicial, su condición para el trabajo y algunas cosas más, nosotras las transformamos en algo más. Un elemento muy útil que lo mismo sirve para ir por casa que para vestir elegantemente
- Pantalón alto bajo de cintura: aquel que se ajusta a la cadera deja ver unas bonitas curvas y, si se lleva de tu talla, puede quedar muy sexy.

- Pantalón alto de choco: aquel en el que te tienes que afeitar bastante apurada, y no precisamente las piernas, para que no se vea nada. Su cremallera consta de no más de unos tres o cuatro centímetros (lo he medido) y su cintura no deja nada a la imaginación. Con el se utiliza el tanga de cuello alto o adornado con pedrería (eso sí, por lo menos que se vea algo bonito.)

- Pantalón alto de cintura: aquel que va por encima del ombligo y que hace un cuerpo estupendo. Ya lo dejó notar Jamie Lee Curtis en Halloween, aquella maravillosa película que no se ha salvado de su remake.

- Pantalón de pitillo: famoso en alguna que otra década que no me gustaría recordar por su ostentosidad.

- Pantalón de campana, que no de pie de elefante, que es mucho más ancho.

- Falda pantalón: aquel que es un gran híbrido y un símbolo de elegancia, si se sabe llevar.

- Pantalón corto: existe el casto, el mira fijamente que cuando ando que puedes ver mis glúteos y el puti girl, ese ya enseña todo, para que os lo imaginéis, son unos culotte vaquero.

Para ellos.

No podemos negar que un hombre, con unos bonitos pantalones, bien vestido y arreglado. No levanta la mirada de las mujeres que se cruzan en su camino, a lo mejor no ha hecho falta que se atavíe demasiado, sólo con haberse puesto aquellos vaqueros, esa camisa o camiseta y se haya peinado, es bastante. No podemos negar que muchas de nosotras no hemos mirado el culo de ningún hombre guapo al arreglar el espejo retrovisor del coche, cuando andaba delante nuestra, al levantarse para ir al servicio en un bar,… Las ocasiones son múltiples y nosotras no somos precisamente frígidas, por mucha fama que tengamos de ellos. Lo que ocurre es, simplemente, que somos más discretas, cuando nos interesa, claro.

La sociedad aún causa estragos en nosotras, en ese sentido sobre todo, no podemos expresarnos tal y como nos gustaría. En un hombre no pasa nada, porque se da por descontado que son sátiros de nacimiento, pero nosotras, portadoras de un honor (hoy día que me digan una que lo tenga, yo conozco a alguna que otra, pero son rayas en el agua) hemos de ahogar nuestros impulsos animales. Pues os digo una cosa, alguno que otro debería sentirse como un trozo de carne de vez en cuando, a mucho macho se le quitaría tanta hombría.

Ahora nosotras.

Esta es una forma de realzar las curvas naturales de una mujer, un bonito culotte, tanta, braga de la abuela,… ¡da igual! (¿te gusta a ti? Pues entonces es genial, al resto del mundo, que le den.) Unos bonitos movimientos, unas caderas llamativas, un culo apretado en un vaquero, que deja el espacio justo a la imaginación. ¿Qué más puedes pedir? Incluso se llevan rotos, puedes reciclarlos (mis bolsos vaqueros son famosos, y exclusivos) ¡Son fantásticos!

Tanto si te colocas una camisa, un corpiño, unos tacones, unos tenis, las zapatillas de andar por casa,… Pegan con todo, ¡bendito pantalón! Los de vestir, también son atrayentes, elegantes, bonitos, no tienen porqué ser discreto (para nada en absoluto) y realzan tu figura. Por lo tanto el vaquero gana por goleada. De ti depende el uso que le des y como quieras combinarlo.

Chicos, esto también va por vosotros, un vaquero no es sólo una prenda de vestir, puede ser muy poderosa. A delante, enseña lo que puedes hacer con un trozo de tela, sólo échale imaginación y ganas. Sólo tienes que ser tú. ¡Vívelo!, no dejes que te ahoguen, deja que lo hagan tus pantalones.

27 de octubre de 2008

Selene. Capítulo XXXII.

CAPÍTULO XXXII: HACIA….¿DÓNDE?

Aquel callejón oscuro situado en el corazón de la ciudad, no era el mejor sitio para esperar a nadie. Sin embargo, Fepico les había citado allí. Tres jóvenes nerviosos e impacientes se encontraban adentrándose por un estrecho pasillo hacia la puerta de entrada, al final del callejón. La salida desde allí, en caso de una emboscada, era imposible, a menos que supieran volar.

Las una y media de la mañana en el reloj, justo la hora nombrada por el teléfono, cuando toparon con una pequeña puerta de madera de bisagras oxidadas y ruidosas. Como se les indicó, pegaron tres veces en la parte central de la misma, marcada por un extraño dibujo. No sabían cómo lo había hecho, pero cada vez que parpadeaban, esta cambiaba de forma, presentando, a cada uno de sus visitantes, un dibujo completamente diferente. Sólo algo no mutaba en aquella extraña cosa, su parte central, a veces de un tamaño mayor, otras menor; pero siempre era lo mismo. Un diente de león a punto de dejar salir sus semillas, descargándolas en la primera brisa de aire que se decidiera a golpearlo.

Los tres extraños miraban hacia todos los ángulos, querían estar seguros que nadie los seguía. A su derecha una pequeña salida, a su izquierda, un muro que separaba un abrupto corte en el terreno, acompañado por una caída de más de tres metros y medio de altura. A ambos lados, unas paredes de ladrillos, lisas y sin accidentes, se elevaban varios pisos de altura. Ambas se negaban a observar todo lo que pudiera acontecer en aquel extraño lugar, sus ojos, tapiados, denotaban que ciertos vecinos habían decidido aislarse del mundanal inframundo que se les presentaba al otro lado. Para ello, miles de bolsas, maderas, cintas aislantes y ropa vieja y comida por el sol, se utilizaban para tal fin. ¿Dónde los había metido Fepico? Desde las afueras, justo en la calle trasversal, el ambiente era completamente diferente, como si hubieran entrado en un nuevo mundo. Perdido, alejado de cualquier justicia o mirada que quisiera retomarla e introducirla de nuevo dentro de la ciudad.

Una mano blanca, de finas uñas esculpidas y exquisitamente decoradas, tocó aquella flor primaveral.

- Esto tiene que ser una broma – dice Selene al comprobar que ni siquiera se hunde. – Esto ni siquiera se mueve – continúa apretando.

- ¡Estupendo! – empieza Yu. – ¿Has probado a mirar si hay un timbre? Quizás ese viejo no se acuerda de que ha cambiado el sistema para llamarlo.

Mientras aquellas dos chicas comenzaban a pelearse, en un diálogo inconcluso de ironías, Luis se para más detenidamente a observar la puerta. Cierra un poco más los ojos, a penas unas rendijas, evitan que éstos se escondan completamente. Entonces lo ha visto, algo que no cambia, un dibujo oculto tras aquella forma multidimensional. En él unas letras de color verde chillón exponiendo lo siguiente: “En los dardos, el punto central no siempre es la diana.”

- ¿Qué querrá decir esto? – tomando un gesto de descanso, apoya la mano contra la parte lateral de la puerta.

Parece que ha encontrado la respuesta, unos pasos se escuchan desde lo lejos, parece que alguien viene, sin embargo Yu y Selene están demasiado ocupadas para darse cuenta. Luis las interrumpe en sus alegorías intelectuales, pero es inútil. Una y otra vez es rechazado por ellas, en un menosprecio, no intencionado sobre él. El enamorado quiere mostrarle la puerta a su amada, pero las palabras no sirven. Por lo que decide colocarse a su espalda, tomarla desde los hombros y, en un violento movimiento, volverla hacia aquella pequeña abertura, de no más de metro y medio de altura.

Por fin, parece que lo ha conseguido, le prestan atención a lo que les lleva intentando comentar más de tres minutos. Unos pasos fuertes y contundentes se escuchan desde hace rato, parece que se acerca, pero el tiempo de espera se hace cada vez más y más largo. Casi al borde de la impaciencia, una rendija pequeña e invisible, hasta el momento, se abre frente a ellos. Unos ojos grisáceos se presentan ante ellos, es lo único que pueden distinguir de la persona que se encuentra al otro lado, pero lo suficiente como para averiguar que ese viejo adicto a productos extraños, ignorantes en la ciencia de todo conocimiento humano, está juzgando si son ellos o no, al otro lado de aquel débil muro de madera.

Escudriña sus figuras, a penas puede distinguir nada desde su altura, sin embargo, él considera que es lo suficiente como para dejar o no la intrusión de aquellos invitados.

- ¡Por fin! – dice una voz ronca que deja escapar un poco de humo blanco por la abertura. Pasad de una vez – se comienzan a escuchar ruidos de cerrojos. – Cuidado con la cabeza, le entrada no es muy grande, pero lo suficiente si quieres hacer de muro viviente y no eres muy grande para ello.

- ¿Qué es esto? – le pregunta Selene mirando una larga escalera que se interna varios metros bajo el nivel del suelo.

- Es mi garito particular – le responde Fepico. – Hay que andar un poco, pero puedo montar unas fiestas tremendas hasta el amanecer sin que me molesten los vecinos – dice sonriendo, mientras les invita a iniciar la marcha.

El ruido de los candados vuelve a sonar. Aquella puerta mugrienta, pequeña y casi sin apariencia importante, es en realidad una masa cuadrada y pequeña de acero bastante ancha. Su marco, hecho con el mismo material, tiene unos símbolos extraños para los tres. Algo tienen que significar, piensan los tres a la vez, pero viniendo de Fepico pueden ser una mera decoración. Algunos salmos antiguos se intercalan entre el liso de las paredes. La luz artificial deja muchos resquicios, parece que los observan desde todos los puntos. La temperatura de la sala sube conforme el descenso se hace más notorio. Gotas de sudor recorren el cuerpo de Luis, sin embargo, parece que Selene y Yu, no sienten el calor.

Algunas ratas se esconden al escuchar el ruido de sus pies y, ciertos animales rastreros, comienzan a presentarse en del debut de los tres visitantes. Fepico no dice nada, simplemente les da indicaciones desde el final de la cola. La primera, Yu, mantiene su catana en alto, vigilante, Selene aprieta sus puños y Luis, intenta no pensar en absolutamente nada, prefiere pasar por este trago lo más rápido posible. No quiere ni pensar lo que puede montarse allí en medio.

- ¡Bueno! – expresa Fepico. – Hemos llegado al final del camino.

Frente a sus ojos una puerta gigantesca se alza, está semiabierta y un pequeño rayo de luz se escapa por su rendija. Intrigados, dejan a Fepico ponerse en cabeza, esta empuja la plancha de metal hasta que muestra su interior.

- ¡Pasad! Estáis en vuestra casa – anuncia aquel viejo a sus invitados.

24 de octubre de 2008

LOS CAMINOS PERDIDOS DEL SUBCONSCIENTE (VII)

Continúo ojeándola fijamente, su mirada me penetra hasta el fondo del alma. Un sudor frío comienza entonces a manar por mi cuerpo. El miedo es descomunal y, sin embargo, inconsciente de mí, decido coger aquel trozo de mi cuerpo colocado en el centro de la sala.

Ahora lo sé, no es un reflejo. No mueve su cuerpo a la vez que el mío y, mucho menos, sigue el mismo camino que yo. Ha cogido algo de su espalda, pero ¿qué? Sigo con mi arrebato infantil en el que deseo, ahora más que nunca, tomar posesión de lo que es mío. El cayado me acompaña en el camino, se tambalea en mi mano al mismo ritmo que el columpio en el que se pasea un niño. Por fin llego, la tomo en mi mano libre y… ¡No pude ser! ¿Cómo la coloco en su sitio? No se ninguna fórmula mágica para hacerlo. Pruebo una y otra vez, es imposible. Estoy condenada a quedarme sin ella para el resto de mi vida. Esa persona que me vigila al otro lado del pedestal, continúa erguida con una mano tras la espalda ¿qué estará esperando que haga? ¿Será mi imaginación? No se que puede estar pasando, esto es ridículo. Estoy intentando colocar una nariz en un lugar que, aparentemente, ya no le corresponde. ¡Cómo he podido ser tan sumamente ilusa! Quizás esperaba algo bondadoso de este mundo, sin embargo es tan frío y solitario como el lugar del que vengo. Eso sí, por lo menos no tengo engaños desagradables ya que estoy igual de sola que al principio, nadie ha intentado solventar mis dudas con engaños y, mucho menos, embargarme con una falsa amabilidad. Aunque ahora mismo no sé que es peor.

Abatida por la desesperación y tras múltiples intentos, un ruido seco, procedente de mi bastón, hace notar que he caído al suelo derrumbada y de rodillas. No puedo más. Dejo aquel trozo de carne inerte en mi regazo y tapo mi cara, aquellas facciones serias y severas, provocadas por los incidentes y la desconfianza, ahora se desprende en unas muecas hundidas y curvas, que dejan manar ríos de desesperación. En medio de tanto llanto, algunas van a tocar mi vara, esta se ilumina y comienza de nueva a cantar, ¿qué le estará pasando? En unos instantes, todo aquel desborde de ira y lágrimas, se corta para dejar paso a unos ojos curiosos. La veo envuelta en luz blanca, está cubriéndose de una finas tiras de luz, como si de un bonito ovillo de mariposa se tratara, pero yo soy una de las que van a formar parte de aquella gran crisálida. Aterrada intento huir con un movimiento rápido, corro. Ya es demasiado tarde, aquellas hebras de seda me han atrapado las piernas y caigo al suelo.

La tranquilidad se hace a mi alrededor. No veo absolutamente nada. ¿Dónde estoy ahora? Si es que me he movido del salón de espejos. No puedo moverme, los hilos me aprietan todo el cuerpo, mis brazos se han doblado dejando las palmas de mis manos a la altura de mi cara. Un mechón furtivo cae sobre mi mejilla, con esfuerzo, intento quitarlo y, para mi sorpresa, mi nariz está en su sitio. ¡Bien!, tengo lo que estaba buscando y ahora no puedo moverme. Un cambio estupendo – pienso para mis adentros. Si tan siquiera supiera la forma de hacer funcionar este maldito palo, pero ¿dónde está? Desisto, paso de pensar nada más. Eso sólo me ha traído quebraderos de cabeza. En este mundo el pensar mucho significa no comprender nada.

Cierro los ojos, respiro tranquila mientras canto a la misma vez que la melodía que escucho. ¿Qué otra cosa puedo hacer? Por lo menos me entretengo de sufrir una agonía autoinducida por mi posición.

Un ruido de pasos me hace cerrar la boca, estoy en silencio y noto como da vueltas alrededor de mi cubierta. La toca, lo sé, puedo sentirlo como si fuera mi propia piel. ¡Mierda! He mirado hacia abajo. ¿Dónde está mi ropa? ¿Cómo la he perdido? Bonito loock para caminar por estos parajes – vuelvo a pensar en voz alta. Todo sigue en su posición inicial, creo que sigo en pie, no floto y los pasos continúan aconteciéndose. Sé que no es un buen momento para desearlo, pero, o me queda aquí hasta quién sabe cuando, o me arriesgo a que eso sea algo poco amigable. Y por su forma lo era.

¡Ahi!... Me ha pinchado con algo – Pero… ¡Qué demonios! – vuelve a escapárseme un leve hilo de voz. Tengo que pensar en algo. Nó, me he prometido que no lo haría, estoy muy mal acostumbrada a ello. ¡Ahi!... – exclamo de nuevo – podría quedarse quietecita con eso – ¿pero qué estoy diciendo? No estoy en posición de amenazar a nadie. Siempre igual, me pierde la ira. Me enfado, mucho, tanto que chillo con todas mis fuerzas, mientras empujo con mis brazos y mi cuerpo en un intento por romper esa tela o capullo, o lo que sea que me esté envolviendo.
Este comienza a temblar ¡Está cediendo! Por desgracia sólo lo hace hasta que me coloco en una posición más cómoda. A penas medio metro me separa de él. De buenas a primeras, mi cayado aparece, está brillando como antes de meterme aquí.

- ¡Anda!..que en buen lío me has metido – le hablo. - ¿Crees que esto es una defensa contra eso que está fuera? – sigo replicándole.

¿Qué estoy haciendo? Hablo con un palo inanimado, confirmado, he perdido completamente la razón. La soledad y el no decir una sola palabra en días me hace hablar con cosas inertes. También podría hablar con lo de ahí fuera, pero creo que se negaría a escucharme. Estoy perdido, y no sé porqué motivo, eso no me preocupa lo más mínimo. Lo he decidido, voy a salir de aquí, de una vez por todas. Y si eso significa que tengo que pelear, lo haré. No me queda otro remedio.

Con ambas manos tomo mi bastón coronado. Este me impregna de un gran cosquilleo, tiemblo y gimo a la vez. Mis ojos se tornan blancos, mientras un halo de oscuridad toma mi piel como su posesión. Deseo morir en esos instantes y, sin embargo, simplemente he perdido la conciencia durante un lapsus de tiempo.

Aturdida me levanto del suelo, sigo en la sala de reflejos imperfectos. El podio central ha desaparecido.

- ¿Te has despertado? – dice una de la imagen del fondo - ¿Preparada? – sin mediar palabra se lanza hacia mí con un monstruoso cuchillo en sus manos.

Un reflejo de supervivencia me hace esquivar el primer intento. Me he fijado en su cara. ¡Soy yo! No se porqué me asombro, toco mi cintura, algo está colgado en ella. Es mi… ¿mi espada? Tiene en la punta la perla que apresé en el estadio anterior, si es que esto puedo considerarlo como la subida a distintos niveles. Aunque yo preferiría denominarlo una baja al infierno.
- ¿Pero cómo…? – No me de tiempo a pensar más

Desenfundo mi arma, parando aquella arma afilada de una estocada. ¿Cómo lo he hecho? Tampoco me importa ahora. Es momento de actuar. ¿Lista?

22 de octubre de 2008

PERDONA…, ¿QUÉ TE HAS CREIDO?

Dice un viejo proverbio chino: si eres paciente en un momento de ira evitarás cien días de tristeza. Cierto, la paciencia es la madre de todas las virtudes, pero a veces no merece la pena. Mucha verdad tiene todas aquellas frases y refranes que leo a diario, algunas de ellas las podéis leer en este blog. Sin embargo, a pesar de que me han dado cierta templanza y sabiduría, a veces es imposible seguirlas. El porqué de todo esto es muy simple, si los demás no se ciñen a unas reglas básicas de comportamiento, por lo menos que resulten pasables, en cierto sentido, tu ira no va a calmarse nunca, pues de tanto tirar de la cuerda el hilo se rompió.

Y es que esta sociedad tiene un tremendo problema, no se puede dejar pasar nada a nadie, el motivo, tan fácil como que te toman por gilipollas. Te ven como una persona a la que se puede manipular y se dan ellos mismos el derecho de opinar sobre tu vida y lo que debes hacer. Bien, esto viene a consecuencia de múltiples “anécdotas”, por decirlo de alguna manera, que han conseguido que la sangre me hierva de tal forma, que ya me salen ampollas en la piel. Verdad que nunca me cayo nada, aunque ciertas veces, por simple respeto a algunas personas, que realmente se lo merecen, lo hago o me guardo para mí ciertas cosas que no debería.
Pues bien, eso a partir de ahora se acabó, me duele la garganta de no chillar y ni mis labios están muy cansados de apretarse para evitar que, lo que no es más bellos que el silencio, del mismo aire que nos rodea, cambie. A veces te conviene hacerte la tonta, pues simplemente son desaprensivos que no te vas a volver a cruzar en la vida; también puede ser que te lo tengas que cruzar más veces en tu vida y, debido a su posición, no te interese indisponerte con esa persona. Pero dejando todo eso a parte, voy a comentar lo quemada que estoy referente al tema.

A lo largo de mucho tiempo y con un tremendo esfuerzo por mi parte, he conseguido aplacar bastante aquel mal carácter que me caracterizaba, dejándolo solo para ocasiones en las que es necesario plantarse. Por ciertas circunstancias de la vida, el teatro, en el que hago el papel de una mujer tonta, me ha tenido que acompañar. Aunque eso ya se acabó, nadie tiene derecho a tomarse libertades que yo misma no me doy. A pesar de un gran cambio en mi forma de interactuar para con la gente, tengo una personalidad muy arraigada, un carácter tremendamente fuerte y una forma de ser que, cuando llego a tomar una decisión, la llevo hasta las últimas consecuencias. Eso si, nunca pierdo las buenas maneras ni la educación, no voy a volverme como ellos (aunque a veces me encantaría perderlas, no niego que no lo haya pensado nunca, pero siempre me he reprimido en esta aspecto; no hay nada peor que volverse igual que tu enemigo.)

El caso es que ya estoy harta de que me tomen por una persona a la que puedes putear porque no hace las cosas como al resto le parece, o que ella si puede perdonarme a mí mis errores y yo no. La cosa por la que dejo pasar miles de desavenencias es porque tengo unos valores muy diferentes a la mayoría, veo las cosas de otra forma y, si me enfado por algo, el motivo es más profundo de lo que en un principio parecía. Lo que pasa es que la gente es tan sumamente banal que evita creerse cualquier motivo de carácter sensitivo.

Antes de hacer todo esto, he mirado mucho en mi interior, he visto michos de mis fallos y he intentado corregirlos en la medida de lo posible. Algunos de ellos los he dejado tal y como estaban, porque no he visto un motivo de peso que me indique que he de modificarlo.

No se porqué, la gente tiende a buscarme, me incrimina cosas que no pertenecen a mi forma de ser, mi carácter, mi personalidad,… Me duele, lo cierto es que ya no, antes podía que me hicieran alguna cicatriz, más o menos profunda, pero ahora mismo me he forjado un carácter de hule, por el cual casi todo resbala. Y es casi todo debido a que, nadie es incorruptible y puede que existan poros en esa cubierta. Personas de tu propia familia, amigos o aquella persona que has elegido como compañero para toda la vida, te hacen mucho daño, algunas veces sin pensarlo y con una simple disculpa se coloca un parche en la rotura, no tiene más vuelta. Pero que difícil es disculparnos, decir bien las cosas y, mucho menos, controlar nuestros impulsos violentos para decir tantos improperios, que ni siquiera nuestro cerebro analiza antes de llegar a nuestros labios; la pena es que te das cuenta después, cuando ya no tiene arreglo, por lo menos para mi persona. Perdono muy pocas veces, tantas como las que me enfado. No me gustan estas situaciones, mis arrebatos de ira son tan grandes que pueden resultar incluso terroríficos, mi cabeza es tan retorcida en esos momentos que puedo hacer cualquier cosa con esa persona (mucha gente diría que no me reconoce.) Después me calmo y llega la total indiferencia, no respecto a lo pasado, por desgracia soy muy rencorosa, no con lo sucedido, sino con la persona que lo ha hecho. En ese momento has muerto en vida, has dejado de existir completamente para mi mundo inmediato y te vuelves uno de esos personajes ridículos y carentes de sentido que rondan mi mundo imaginario (los muertos no pueden resucitar.) De muchos de ellos me he reído en silencio, una moneda por otra o pensáis que ellos no lo han echo. Sé que eso no está bien, pero esos individuos me han dado la licencia para ridiculizarlos haciéndolo ellos primero.

Por norma general, no suelo hacer nada despectivo; aunque lo cierto es que espero a que el resto se tomen su licencia. Algo que han tomado muy mal respecto a mi figura, menosprecian a la persona que tienen delante, recordar una cosa, nunca sabes lo que te puedes encontrar. Así que, por consiguiente, como otro defecto natural, que no voy a corregir, yo les observo demasiado, tanto que puedo llegar a predecir ciertas reacciones propias de la persona. ¡Sorpresa! La mosquita muerta no era tal, y como somos tan sumamente viles, creen que pueden hacerte daño en una partida en la que nos has mostrados signos de llevar la mano ganadora, pero que ellos han hecho sus faroles y los has pillado.

Ciertamente, puede que este tipo de actitud frente a la vida no esté bien, tomarse la venganza cuando menos se lo esperan. Sin embargo, este tipo de “justicia” se toma en bandejas de plata y normalmente frío. Tanto que la persona que lo recibe, se hiela cuando se la hacen tragar. Puede que no sea una forma de vivir correcta, pero yo tengo la conciencia muy tranquila diciendo todo lo que he de soltar en su determinado momento, no soy mejor que nadie y puedo llega a equivocarme, pero el pie me lo dais vosotros. Ahora sí, desde los últimos acontecimientos seré peor en este sentido, se acabó el callarme por deferencia a alguien, no quiero tener más irritaciones. El estrés no es bueno y mata las neuronas, y yo las pocas que tengo he de conservarlas.

Me he cansado de ser buena con todo el mundo, nadie va ayudarte cuando lo necesites y, cuando hagas algo que no les gusta, tirarán a matar, porque tú si puedes perdonar y ellos no. Simplemente no voy a llenar mi vida de rencor, se los fallos que he cometido anteriormente y no puedo cambiarlos, pero si volverlos a evitar, por eso mismo, tomaré la discreción como mando, guardaré las distancias y alargaré mi vida todo lo que pueda. No se puede ser feliz contentando a todo el mundo y, mucho menos, cambiando un carácter forjado a base de mucha constancia.

Mi lema, es muy fácil de adivinar, lo he tomado desde hace muy poco y, por cierto, siempre me ha ido como anillo al dedo, EL QUE SE QUIERE LLEVAR BIEN CONMIGO SE LLEVA BIEN. No busques las discrepancias donde no las hay, porque los palos te pueden venir y no vas a saber por donde. No me tomo una venganza explícita y mucho menos el vivir con rencor, soy feliz desde que tomé esta decisión, me ha costado mucho llevarla a cabo. Por desgracia me han obligado a tomar un nivel más de distancia, son cosas que pasan. Que hubieran podido evitarse, perfectamente. Los abusos no son buenos y menos si no dejan que las aguas vuelvan a su cauce. Lo siento, pero esta es mi vida y yo mando en ella, pueden ocurrirme cosas que no predisponga, buenas y malas, pero el tener un fuerte carácter no significa que sea malo, tal y como lo entiende la sociedad de hoy. El fénix ha vuelto a renacer después de que lo hayáis envuelto en llamas, lo intenté; pero no lo dejasteis que se calmara, ahora apechugar con las consecuencias que yo lo haré con las mías.

Eso si, nunca olvidéis una cosa muy importante el odio hacia alguien, al igual que la envidia, te hace volverte como ellos. Se un estratega y espera el momento para hacer las cosas, ellos, los que son tan fuertes, los que se creen en posesión de la verdad, de conocerte, de decirte cómo y qué tienes que hacer, llegará un momento en el que te necesitarán de alguna forma y tú, la que siempre estabas allí no estarás. No hace falta más. Y, si viene a buscarte, entonces revienta, antes no merece la pena. Jamás te guardes eso que le quisiste decir y no hiciste, tus nervios no perdonarán; para eso, la tila que se la tomen ellos. Tú mientras celebras tu tranquilidad y bienestar junto a una buena cerveza, con amigos y disfrutando de una conciencia tranquila y sin remordimiento. Las cruces te las pones tú, no hay necesidad de llevar tanta carga.

20 de octubre de 2008

Selene. Capítulo XXXI.

CAPÍTULO XXXI: ¿LUCI O LUCÍA?

El pub estaba completamente vacío, un gran candado de acero unía una pequeña bisagra colocada entre dos puertas roídas. Fepico aprovechaba esos momentos para ultimar algunos detalles, antes de dejar pasar a cualquier sediento que pasara por allí. Generalmente estas labores no pasaban de fregar el suelo y limpiar los vasos de la noche anterior.

- ¿Esta no será una de tus famosas cervezas especiales? – dice Luis mirando el líquido a tras luz.

- Todavía no me has dado un buen motivo para dártela – le responde Fepico soltando la ceniza de un cigarrillo a medio consumir.

- ¡Todavía! No sé por qué pero eso no me consuela – le responde Luis dando un sorbo al vaso de tuvo -. ¿Quién ha venido?

- Roberto – esta respuesta de Fepico hace que todos los presentes abrieran la boca -. Me preguntó si tenía trabajo para él.

- Este tío me tiene ya un poco harto – interrumpe Luis.

- Sólo ese – añade Yu -. Creía que Víctor era tu principal problema no Roberto – le muestra una media sonrisa con la cabeza semiagachada -. A demás, Selene ya le dio su merecido.

- Parecía no acordarse de nada – continuó Fepico -. Tenía la vista algo perdida – coge un papel de fumar del bolsillo de su chaleco -. Creo que no se atrevería a volver por aquí después de lo ocurrido – poner filtro a su cigarro artesanal y escupe al suelo – Lo más raro es que venía solo – enciende su pitillo -. ¡Joder! ¡Me han vuelto a timar! – da otra calada al cigarro – Si – fuma de nuevo –. Me han timado, no hay duda – sonríe - La próxima vez le invito a algo, lo que no se será cerveza o Whisky.

Selene no puede hacer otra cosa que no sea sonreír, todavía no ha dicho nada. Cree que Luis tiene que ser el primero en hacer las preguntas sobre lo descubierto. Parece que ahora mismo le importa poco todo eso, está muy entretenido con su pequeño cabreo sobre Roberto y su intrusión en el pub.

- ¿Ha venido alguien más? – le pregunta Selene.

- No – le responde aquel hombre rellenando su copa -. A parte de mis contactos personales.

Los tres jóvenes están muy cansados, pero la euforia de lo descubierto, no deja descansar a uno de ellos. La emoción por descubrir su primera vida, conocida lo emociona tremendamente. Ahora sabe que siempre ha estado junto a ella y que le ha buscado a través de los siglos.

Selene, intenta entonces aclarar un poco sus ideas con el fin de contarle, en el caso de que surja la pregunta, ¿qué es lo que pretende en esta reencarnación? Por lo menos lo Luis entiende, posee una mentalidad más abierta dentro de la sociedad en la que vive ahora. Sin embargo su novia sabe que siempre ha sido así, los motivos iniciales por los que se enamoraron aún siguen vigentes en él.

Entre tanto Yu, está emocionada. Le encanta sacar su catana, la ha estado usando desde los albores del mundo y, por supuesto, su manejo es bastante bueno. Aunque no ha usado en una pelea muchas veces, le encanta mostrarla aunque solo sea para asustar a su enemigo. Esta puede ser una buena oportunidad para ello. El ser que los persigue parece un buen reto.

- ¿Sabéis ya lo que es ese bicho? – pregunta Fepico.

- Una creación ve Víctor – dice Yu -. Siempre le gustó jugar con los mortales.

- Lo que no hemos visto es cómo deshacernos de él – dice Luis.

- Y si le quemo - dice Selene -. Puedo hacerlo sólo con mirarlo.

- Tú tan delicada como siempre – le dice Yu.

- ¿Se te ocurre algo mejor? - argumenta Selene - ¿A que has pensado en atravesarlo con tu juguete?

- Chicas, chicas – Luis intenta calmar la situación -. Haya paz.

- Y después gloria – añade Fepico bajo la mirada de Luis.

- Ya veremos ¿cómo lo hacemos? – se levanta de su banquillos -. Ahora lo que tenemos es que descansar un poco – acaricia el pelo de Selene y le da un beso en la mejilla.

- Por lo que me habéis dicho es una sombra, con ojos y dientes que sigue a Víctor donde va, hace de su recadero y ha entrado en vuestro piso - comienza a enumerar el dueño del local mientras se agacha para levantar unos tablones del suelo.

- Si, eso es – le dice Selene -. Por lo visto no es la primera que hace –continua intentando ver lo que hace Fepico sacando la cabeza por el otro lado de la barra.

Clip, clap… Chap… Comienza a escucharse. Yu, Selene y Luis, no saben muy bien qué está pasando. Un montón de ruidos acontecen muy cerca del suelo provocados por Fepico, pero no pueden averiguar nada más. Esperan impacientes a que este salga. Por fin, tras varios minutos y algunas palabras mal sonantes más tarde, aquel viejo trotamundos se eleva con algo muy grande en la mano. Es un artilugio casero unido a su querida Luci, en su cara se ve el brillo que produce el fulgor de la batalla.

- Listo – levanta su artilugio para colocarlo sobre la mesa -. Lucía está preparada para actuar.

- ¿No era Luci? – dice Luis.

- Eso es sólo cuando está a medio montar – le responde.

- ¿Sabes cómo acabar con eso? – dice Yu.

- No, pero da igual – apura su copa -. A todos les molesta que les metan un palo de plata por el culo – apaga una colilla del suelo -. Y más si va a gran velocidad – toma de nuevo su artilugio. – Pero eso va a tener que esperar – mira aYu -. He de mirar mis notas y vosotros tenéis que descansar un poco, así que todos a dormir.

17 de octubre de 2008

LOS CAMINOS PERDIDOS DEL SUBCONSCIENTE (VI)

Corro, no puedo hacer otra cosa. Ahora estoy convencida que aquello que vi iba a por mí. Dudo mucho de las intenciones que tenga, pero siento que algo me persigue, y yo he de ser más rápida. Pero ¿cuánto tendré que correr? Como el resto de preguntas que me llevo haciendo desde que entré aquí, ignoro por completo la respuesta.

Parece que no me he fijado por dónde iba, la cueva ha quedado atrás tan lejos que el paisaje se ha vuelto completamente oscuro, sólo unas elipses de múltiples colores adornan el paisaje. Sé que estoy andando por un sendero, pero no veo el suelo. Todo es completamente uniforme. Por suerte mi improvisado cayado, este que he tomado como mío dentro de un mundo que parece no atenerse a ninguna ley. A cada paso que doy, golpeo con él este supuesto piso, su ruido me indica que sigo por un lugar que aún permanece sólido.

Poco tiempo tardo en ocultarme completamente en este lugar. Como parece costumbre, ambos sentidos muestran un mismo paisaje pero, al contrario que los otros, me hipnotiza. Tantos colores, sus brillos y su fondo completamente negro, me hacen detenerme para observar tanta belleza. Aquí parece que el tiempo está definitivamente estático. No hay brisas ni sol que haga vislumbrar una senda definida. ¡Qué raro es todo esto! Igual que el resto de lugares en los que he estado, pero con mayor calma y armonía. Parece algo organizado dentro de tanta entropía.

Cuando salgo de mi estado de inconsciencia, continúo mi marcha hacia algún lugar. Espero salir pronto de este sitio; el cansancio por ver los diferentes mundos, fruto del goce de cualquiera, me está dejando sin fuerzas para desear otra cosa que no sea el volver a la supuesta normalidad de una realidad familiar y conocida. Aunque a veces pienso que aquella no es mejor que esta. Por lo menos aquí ocurren cosas interesantes a cada minuto.

En mi perdido camino hacia ninguna parte, unas burbujas opacas y completamente blancas salen desde el suelo. En un principio parece que aparecen de la nada, pero una mancha grisácea delata su nacimiento. ¿Irán hacia arriba o yo estoy boca abajo?

Una de ellas nace delante de mi, es completamente clara, algunos destellos dan unos pequeños tonos de luz, parecen estrellas escondidas tras las nubes. Sonrío, creo que es la primera vez que lo hago desde que estoy aquí. Por lo menos no con la sensación de alegría que me invade en ese momento. Mi curiosidad me hace intentar tocarla con la yema de mis dedos, no se mueve; sus bordes comienzan a vibrar con el roce de mi piel y una bonita melodía parece que proviene desde ese ser corpóreo. Entonces, comienza a volverse transparente, en su fondo aparece mi nariz perdida, mis ojos me hacen notar que es simplemente un espejismo. Pero ahí está, aquella cosa sabe algo, por lo menos que me falta una nariz.

Miles de esferas salen a la vez rodeándome, me asusto y elevo mi palo. Sin querer, le doy a mi curiosa amiga con su punta y esta comienza expresar su melodía más fuerte. Parece que no quiere despegarse de su agresor y se eleva junto a él. Ambos flotan por encima de mi cabeza y comienzan a girar formando la figura de un círculo, aún mayor.

El paisaje homogéneo comienza a caer, igual que una cortina cuando se desprende de sus enganches. ¿Qué es esto? Miles de imágenes, iguales a la mía, me observan desde todos los puntos mientras la cantarina continúa con su magnífica sinfonía.

No puedo quedarme aquí, pero no voy a dejar mi único agarre atrás. Elevo ambos brazos e intento tomarla. Para mi sorpresa se ha dejado tomar con suavidad parando su efusiva danza. Miles de ramificaciones le han salido y casi oculta la perla, de dimensiones gigantescas. Algunas ventanas me permiten ver que todavía sigue ahí, cautiva.

Decido continuar, ahora por un cilindro de espejos. A pesar de no verse sus múltiples encajes, miles de figuras me siguen al paso. El ruido de mis pequeños zapatos acompaña mi paseo. Hasta que me harto de caminar.

Esto me agobia tremendamente, me veo una y mil veces repetida, pero no soy yo. Esa imagen física, sin fosas nasales se parece a mi, pero no hay nada dentro de esos ojos. Parece que mi alma evita asomarse para observar en lo que me he convertido. ¿Será esa mi verdadera imagen? ¿He llegado a convertirme en esto? Espero que no.

En un instante de descanso mi bastón cae al suelo, este se raja haciendo una línea arbórea con su columna vertebral intacta. Me indica una posible salida o un posible destino, da igual. Sólo quiero encontrar el trozo de cara que me falta y salir de aquí. Comienzo a oler, alguien la ha sacado de la caja. Aromas frutales se mezclan con la hierva fresca, pero noto como la posan sobre una fina tela de terciopelo. Las manos que la tomaron eran suaves con olores a jabón. Puede ser que me esté acercando a ella.

Entre tanto, mi estómago me reclama algo de alimento. Por fin se ha dado cuenta de que necesita comer algo. Lo cierto es que me supone una completa desgracia, no hay nada que yo pueda considerar comida, miles de recuerdos intentan viajar a una época en la que sí tenía algo que llevarme a la boca. ¡No lo recuerdo! Y, cuando lo hago, mi apetito desparece dejando paso a las nauseas. ¿Qué está pasando? Miro al suelo, un pequeño fragmento de espejo se ha desprendido del suelo, parece apetitoso, ¡qué estoy pensando!

No le doy más vueltas a esto, todo es tan sumamente ridículo aquí que podría ser una perfecta comida para un extranjero, algo digno de una reina. Me agacho para tomarlo, bajo él hay más espejos. Algo que tampoco me atrevo a preguntarme más, parece todo muy normal dentro de la irracionalidad en la que vivo. Al tomarlo mis papilas gustativas comienzan a segregar saliva como si de algo apetitoso se tratara, pero ceso en mi intento por llevármelo a la boca. ¿Estará bueno? Pienso unos instantes, qué más da, ¿hay algo mejor por aquí que se te apetezca comer? La respuesta es no. Sin pensarlo dos veces me lo meto en la boca.

Todo lo contrario de lo que pensaba, es blando y jugoso. Sabe a… Cristal, ¡qué otra cosa podría describirlo! Creo que nada. Me levanto una vez saciada por la hebra rota hasta llegar a una sala octogonal. En el centro está mi nariz, la encontré. Sin embargo algo me dice que no he de acercarme mucho. Oteo cautelosamente cada una de las imágenes, esa que hay detrás del pedestal es diferente para mí. Estoy lista, llena y descansada. ¿Quién será?

15 de octubre de 2008

UNA HISTORIA DE LOS SECRETOS PERDIDOS EN NUESTRO SIGLO.

Coquetos desde siempre.

Es que no podemos negarlo, desde los inicios del hombre o por lo menos desde que se reconoce como tal, hemos usado este accesorio al que le hemos dado, incluso, ciertos significados morbosos.

Los antiguos egipcios lo portaban, los vanidosos griegos igual y los romanos no iban a ser menos, la única diferencia de los dos primeros pueblos con el tercero es que, éstos últimos lo utilizaron como símbolo de status y poder. Su uso estaba restringido a las clases nobles y, poco a poco, ya casi en la decadencia del imperio, se permitió su uso global en toda la población.

De metacrilato, resina, madera, metales nobles, simple hojalata (una vez me quisieron vender uno que puestamente estaba hecho con pelo de elefante),… los materiales que se utilizan para elaborarlos son muy diversos, incluso sus dibujos y formas van desde las más simples hasta llegar a tomar dimensiones y relieves completamente grotescos.

Pero no penséis que su historia acaba a aquí, por supuesto tiene una extensa familia de primos lejanos, dando lugar a aquellos adornos, también de diversos materiales, que se utilizan para adornar diferentes zonas del cuerpo. Efectivamente, los pendientes, pero estos se han convertido en primos muy lejanos; a todo esto, podríamos afirmar que su hermano pequeño es el arete, un simple anillo abierto permite atravesar partes del cuerpo y adornarlo en consecuencia. El más famoso y antiguo de todos, el que se colocaba en el pezón, utilizado principalmente para realzar los pezones pequeños y para sujetar las túnicas de la antigüedad (ahora ya conocemos su secreto.) Técnica utilizada por hombres y mujeres, fue quedando en desuso; dejaron de sujetarse las túnicas de esa forma pero el piercing siguió vigente, por supuesto daba un gran morbo en los avatares íntimos.

Un secreto se oculta junto a ellos.

El afán del secretismo y el morbo por la pertenecía secreta y reconocible, sólo por los miembros de la misma, fue una de las principales funciones. Un sello colocado como incrustación, servía como firma inequívoca de un documento o daba autenticidad al mismo. Y, por supuesto, el que más me gusta de todos y que se ha demonizado, junto a la imagen femenina, el anillo con “cámara oculta”. En esta cámara puedes meter desde una foto, ungüentos mágicos o veneno (uso preferido del cine y los relatos de intriga, terror, etc.) Lo cierto es que era una forma muy cómoda de transportarlo y fácil de ocultar para ambos sexos, ya que hablamos de una época en la que el hombre era aún más pomposo y extravagante que las propias mujeres (para que veáis que ni los metrosexuales son cosa de ahora.)


Por supuesto los románticos le dieron su propio significado. Colocando un aro en el dedo anular, que posee, según ellos, una relación directa con el corazón y los sentimientos, significa una señal de compromiso y unión eternas. Si lo colocas en el dedo de la mano izquierda señala que esa persona está comprometida (no se porqué, todo anillo que se coloca ahí tiene el nombre de alianza o anillo de compromiso); en cambio, si está colocado en la mano derecha, justamente en el cuarto dedo, comenzando por el pulgar, significa que te has unido espiritualmente y eternamente a una persona en el sagrado compromiso del matrimonio, o en el caso de la iglesia, sería en sacramento. Pero volviendo al tema, otros significados más ocultos es el uso de los mismos como talismanes o amuletos de la suerte. Depende, por supuesto del significado que cada uno quiera darle.

Ahora por simple vanidad.

En pleno siglo XXI es normal que todo el mundo tena y utilice anillos. Por supuesto están las sortijas, los sellos, las alianzas, los raros, los pijos, los recargados, los estrambóticos, los normalitos,… Y así como denominaciones quieras ponerles. También se utilizan en los dedos de los pies, sobre todo en verano (digo sobre todo porque puede que a alguien le mole que se le enganche con el calcetín, o llevarlo siempre como muestra de algo. Como no se puede afirmar nada hoy día.)

Las mujeres somos las principales consumidoras de este producto, aunque ciertas tribus urbanas y subculturas también los lucen. Este provocará que, si se adata a tu forma y lardo, haga que tus manos parezcan más bonitas finas y cuidadas. En ellos puede esconderse una figura que atraiga su mirada hacia él, entonces dirige tu mano a la pierna, la cara, el escote, da igual dónde la lleves, te seguirá como si estuviera hipnotizado. Es obvio que, el efecto será mayor con una estupenda manicura, más o menos llamativa, eso no importa mucho, por cierto, el caso es que sea bonita.
Como dije en un post anterior, mueve las manos como si de la cola de un pavo real se tratase. Ese círculo adornado sólo es un ojo más del plumaje, el cual, ayuda bastante a captar su atención. Únelo a una estupenda sonrisa, unos ojos penetrantes, pero a la vez tímidos, y, nunca se te olvide, una interesante conversación (lo de guapa y tonta tiene que perderse de una vez por todas.)

Cierto es que es sólo un simple complemento, pero da mucho de qué hablar cuando pones en marcha un lenguaje no verbal. Ahora conocéis el inicio, consecuencia y uso de un abalorio que nos ha acompañado desde los inicios, gracias a él nació la técnica del perforado y quién sabe qué cosas más. Lo cierto es que sea como se este, que te guste mucho. Nunca lo olvides los complementos son algo tan importante como la ropa que luzcas, un simple cambio en ellos, puede hacer un traje diferente.

Señales de personalidad

Nunca podemos olvidar, como todo lo que hacemos en esta vida, que esto también indica un rango de personalidad. Viendo simplemente el tipo de anillo que puede llevar una persona, los materiales, la marca a la que pertenece o el simple nombre de la tienda donde lo adquirió; en ellos podemos buscar un gran individualismo buscando modelos no vistos, podemos gastarnos grandes cantidades de dinero o fabricarlos nosotros mismos. El caso es que nunca sean iguales a los de otra persona, pero eso es muy difícil.

Calaveras, águilas, hadas, dragones, garras (anillo que puede coger desde la punta del dedo hasta taparlo casi por completo), lisos, labrados, en plata, oro o bisutería. Todos buscamos los mimo, la individualización de la persona. Ese tanto buscar y querernos hacer únicos, es lo que nos hace a todos iguales, en cierta medida. Al cabo del tiempo te das cuenta que muchas de las facetas, gustos y dibujos que buscabas, los tiene la mayoría de la población o por lo menos del grupo con el que te juntas. Recuerda una cosa muy importante, la exclusividad no es que tu anillo sea igual que el de otro, que lo hayas comprado en el quinto pepino o que te haya costado más caro que el resto. Simplemente eso es lo que te hace igual a los demás. El ser diferente es el ser capaz de encontrarte con una mujer que lleve lo mismo que tú y decir: A mi me queda mejor o notar la diferencia en el estilo, la naturalidad con que eres capaz de llevarlo y si pega realmente contigo. Lo sencillo es lo más personal que puedes llegar a tener, no lo pierdas y menos buscando cosas que sabes que un fabricante ha hecho a miles. El morbo y la magia oculta de los anillos los llevas tú, no un trozo de algo preparada para encajar en un dedo.

Por ejemplo yo misma llevo una alianza, me la regaló sangreybesos con su primer sueldo cuando empezamos a salir, es de oro blanco y se que hay miles como ellas. La verdad es que no me importa, brilla más que ninguna, por lo menos para mí. Una alianza. ¡Qué típico! ¿Verdad? Pensareis la gran mayoría, pero si la llevo, a mi me gustan mucho los anillos, tengo una gran colección y jamás me la he quitado desde aquel día, por supuesto me la he cambiado de mano, la llevo en la derecha, en vez de en la izquierda, pero eso es indiferente.

Cuando fuimos a comprarla la no sabíamos que poner dentro de ella, una frase bonita que describiera todo lo que sentíamos los dos en un anillo casi de talla infantil. Eso era imposible. Quizás muchos puedan hacerlo, pero él me dijo que no podía poner en una frase todo lo que me quería y, ese interior de una alianza de oro blanco sin grabar, es lo que la hace única. Sé que esas letras no escritas significan más que si las hubiera hecho legibles. ¿Para qué? La chica todavía está esperando que la llevemos con la frase perfecta, pero la mejor es la que nunca se ha puesto y siempre me ha dicho sólo con una simple mirada. Muchas veces el individualismo no está en lo que se ve, sino en lo que pasa desapercibido.

13 de octubre de 2008

Selene. Capítulo XXX.

CAPÍTULO XXX: EL CICLO SE REPITE.

Aquellas páginas amarillas y roídas por el tiempo se abrieron casi al final de aquel fantástico tomo, pertenecía a la vida de Selene, por lo que se pudo averiguar en el título. Luis se encontraba aún estupefacto, no sabía que su historia, la de un simple mortal, formaba parte de los saberes de la magia y del universo, contenidos en aquella inmensa biblioteca mágica.


- ¿Y esto? – preguntó Luis a Selene señalando las páginas donde un bonitos dibujo, hecho a tinta, mostraba a un pastor.

- Es la historia de tu primer nombre – le dice Yu, que se encontraba en su lado derecho -. Por lo menos con el que se conocía cuando te cruzaste con ella – le dirige una mirada a Selene que baja la cabeza sonriendo.

Un fuerte ruido interrumpió la conversación entre los amantes justo antes de empezar. Frente a ellos apareció una figura extraña. Tras la capucha mugrienta y llena de pájaros, unos ojos como botones asomaban tras una larga y fina nariz. Una gran mano de uñas largas y afiladas, sobresalió tras una manga marrón oscura.

- Hola – dice Selene tímidamente -. Te creía perdido en el tiempo.

- Hace demasiado tiempo que no vienes por aquí para creer eso – responde una voz profunda.

- Quizás – baja la cabeza avergonzada.

Durante unos segundos el silencio que se produce entre ambos seres, es abismal. Ni siquiera un leve crepitar se atrevía a romperlo. Entonces aquellos ojos se dirigieron a Luis, que estaba completamente desconcertado. Por una vez, desde que decidió emprender el camino de la magia, junto a la mujer que amaba, las cosas le parecían más raras de lo normal. No podía creer lo de su primer nombre, algo que parecía tener demasiada importancia en ese lugar alejado de toda esfera donde existiera el tiempo, la vida o algo realidad tomada desde un punto de vista coherente, por lo menos desde el punto de vista de un mortal.

- Tu historia está muy unida a ella – señala a Selene – desde los albores de la humanidad – mira a Yu -. Es algo que va en tu destino y que jamás podrás cerrar, fue algo que tú mismo provocaste y que se repetirá durante toda la eternidad – le dice muy seriamente, notando como Luis acaba más perdido que al principio.

Detrás de los jóvenes, el muro tembló mientras la estantería transparente de libros se perdía en el cielo. Tras ella, una gran pared blanca comenzaba a mostrar las primeras imágenes de un pasado remoto, antes de toda civilización. Entonces, aquel ser comenzó con su relato, mientras el libro pasaba las páginas poco a poco y las imágenes comenzaban a suceder en aquella macropantalla sin proyector.

>> Hace ya varios milenios de todo aquello. Endimión, así se te conoció por primera vez, tu morfología ha cambiado, pero tu esencia es la misma.

Por aquella época tú eras un gran rey, y bastante joven, por ello decidiste alejarte durante un tiempo de tus deberes palaciegos y exiliarte voluntariamente, para adquirir la sabiduría de la tierra y observar los ciclos de la vida; fue una sabia decisión para un rey que desea gobernar con sabiduría a su reino. Y bastante valiente, renunciaste a los placeres palaciegos para ser un pastor.

Durante ese tiempo, algo ocupó tu corazón. Una bella joven te observaba desde su lejano reino astral todas las noches. Ella te ofrecía los mejores ciclos de su luminoso planeta, regalo de su hermano, para ti.

Todas las noches la observabas desde lejos, ajeno completamente a que algo nacía en ti. Una noche, Selene, que así se llamaba aquella diosa. Bajó a verte y ambos os enamorasteis profundamente. Ese sólo fue el principio de tus problemas, varios dioses, amantes posteriores de aquella mujer, vinieron a enfrentarse a ti, ganándote su desprecio. Entre ellos, el que ahora conoces como Víctor, uno de los muchos seudónimos por los que ha sido conocido. Enfermo de posesión y obsesionado con la belleza de aquella reina solitaria, juraba que sería suya.

Pero no todo acabó ahí, Zeus prometió también vengarse y, tras engañar a Selene, te prometió la vida eterna convirtiéndote en un dios inmortal, igual que ellos. Pero lo único que conseguiste fue una maldición eterna, dormirías durante toda la eternidad despertándote cada noche sólo para verla a ella. Y así fue, hasta que una noche Víctor tomó cartas en el asunto y no volviste a despertar.

Durante todo este tiempo te has ido reencarnando en varias personas, como todos los que viven en la tierra, es el ciclo de las almas. Y siempre ella te ha encontrado, buscándote por donde quieras que nacieses; por supuesto, su gran pretendiente, también ha cumplido su promesa de odio eterno.

Muchos nombres han llenado tu lista, muchas profesiones, vidas y placeres. Por supuesto no te acordarás de ninguna, pero la magia hará que vayas haciéndolo poco a poco, hasta conseguir estar siempre junto a ella
.

- Pero… ¿Víctor no te quería por intereses económicos? – se dirige a Selene.

- Ese es el que le mueve ahora – le responde Yu – los de antes son mejores – sonríe -. El caso es tener una excusa nueva para tenerla de nuevo.

- Yo tenía entendida otras historias diferentes a esta – le dice Luis al viejo sabio.

- Los humanos cambiáis todo y tergiversar la realidad cómo más os gusta – mira al cielo -. Por ello existe esta biblioteca, para que ninguno de “mis Eternos” olvide lo que fue, de dónde viene o lo qué tiene que hacer en su destino – se dirige a Selene -. Veo que has decidido dar un paso más – coge su túnica y comienza a desaparecer en una elipse inversa -. Que te acompañe el destino en este recorrido ya que los dioses no lo harán – y desapareció.

Algo se movió en el interior de Selene, estaba contenta por descubrirle quién era en realidad, pero sus intereses iban más allá de todo aquello. No sabía cómo se iba a tomar todo esto Luis, pero era algo que tenía que hacer si quería conseguir llegar a la meta. Durante milenios había vivido sucesivas vidas junto a él; estaba harta de ocultarle todo, decirle quién era él, cómo se conocieron de verdad… La vida como mortal se había vuelto insuficiente, estaba cansada de huir, esconderse y sufrir por amor. A pesar de todo, sólo podía asentir a todo lo que estaban diciendo, no le salían las palabras y, menos aún, era capaz de mirar a Luis.


- Cariño – Luis toma la barbilla de su novia para mirarla a los ojos - ¿qué te pasa? – Selene continuaba sin contestar -. Vamos a casa, ¿te apetece? – ella sólo asiente.

- Creo que no pretendía que te enteraras tan pronto de todo este culebrón – incide Yu – pero la vida eterna es así – se encoge de hombros –. Luis, ¿nos tomamos una cerveza en el pub Put? - Selene enseña una media sonrisa - ¡Anda¡ A ver si recupera el habla… y la mala leche.

- Eso creo que te ha sobrado – dice la aludida.

- ¡Ves! Te ha vuelto el habla – dice Yu mientras Luis la toma por la cintura.

Aquellas tras figuras desaparecen sin más de aquel lugar. Un halo de luz los acompaña mientras la gran estantería baja de los cielos, ocultando la pared de nuevo. El libro vuelve a tomar su posición en aquel sitio lejano y, el padre de la sabiduría, los observa desde la esquina del salón más lejano de aquel lugar mágico. “Que tengas mucha suerte, piensa”

En pocos segundos se materializan delante de Fepico, justo en los taburetes de la barra. Este da un tremendo salto al verlos.

- ¡Joder! – rompe el vaso que estaba limpiando -. Ya estoy viejo para estos sustos – enciende un cigarrillo -. ¿Una copa? Invita la casa – pone las cervezas sin que a nadie le de tiempo a hablar -. Selene llegas temprano, exactamente, te quedan dos días para trabajar… ¿A que no sabéis quién ha venido?

10 de octubre de 2008

LOS CAMINOS PERDIDOS DEL SUBCONSCIENTE (V)

Llevo caminando mucho tiempo, demasiado; quizás sólo han pasado algunos segundos, pero esta humedad, unida a un sol abrasador, me puede. Mis rodillas tiemblan por el esfuerzo y mis pies dan punzadas de dolor. Pronto se negarán a continuar. He de buscar un escondrijo, algo, un lugar donde resguardarme para descansar. Ahora que lo pienso, desde que llegué a este lugar, aún no sé como, no he comido ni bebido absolutamente nada, ni siquiera he sentido la necesidad de dormir. Pero ahora el cansancio, la única necesidad que me aflige desde mis inicios, me puede más que las ganas y las esperanzas por salir de aquí.

Miro a mi derecha, tras una pequeña cascada sin río ni lago bajo ella, se puede ver claramente una gruta. El agua es clara, cristalina y algunos peces descienden por ello pero, ¿hacia dónde? El precioso líquido se pierde justo al llegar al suelo. No me para más me dirijo hacia ella, a lo mejor su cueva me da cierta seguridad para aliviar la hinchazón de mis pies. Al pasar a través de ella, un pequeño pez morado me golpea la mejilla en su descenso. Busco su recorrido, no hay nada. Solo suelo pétreo y duro. ¿Cómo?, pienso; en pocos segundos mi conciencia recobra el sentido común, si es que aquí puede llamarse aquí, de cómo pueden funcionar las cosas en este paraje inhóspito.

Ahora me entra sed, será porque me he parado a recordar lo que he hecho durante mi recorrido. Tengo muchas ganas de beber algo, el ruido de la cortina transparente me invita a tomarla; uno mis manos para formar un cuenco de carne y huesos, pero no puedo beber, el preciado líquido no puede pasar a través de mi garganta, ¿estaré condenada? Vuelvo a intentarlo, sorbiendo con todas mis fuerzas. Ahora algo me aprisiona las vías respiratorias. Golpeo mi pecho mientras noto como la vida se me va de entre las manos. Miro al techo y veo una cúpula de luz, estoy a punto de perder la conciencia, desciendo de nuevo al duro suelo. Cierro los ojos, me voy de aquí sin más, de la misma forma que llegue y, entonces, en una milésima de segundo me acuerdo de todo por lo que he pasado, lo que estoy buscando y me pregunto si de verdad quiero morir así. No, lo cierto es que poco me apetece acabar mis días en este lugar. Abro los ojos y, con un golpe seco y certero, presiono la boca de mi estómago para sacar algo.

Aún no he podido recuperar el aliento, mis manos tocan mi corazón y mi cuerpo se encuentra aún más dolorido que nunca. He notado la salida de algo, miro al frente. La cabeza de la rata blanca, está llena de fluidos internos, parece una mucosa espesa y viscosa. Me da asco, ¿cómo pude tragármela? Sus ojos, ahora blancos como el resto de su piel, miran hacia ninguna parte, permanecen abiertos. De pronto un gran temblor llena la cueva, el agua se estremeces, los peces han dejado de bajar por su columpio particular. El suelo comienza ha abrirse formando un río interno. Aquel cráneo mal oliente ya no existe; una gran boca de labios duros y negros, se la ha tragado justo antes de que el riachuelo comenzara a manar por él. Ahora sí puedo beber, el agua es fresca y revitaliza mi interior. Me siento nueva.

Algo me hace sentirme alerta, mi corazón continua muy acelerado y mi cuerpo comienza a estremecerse; como si todos los órganos de mi cuerpo bailasen a la vez un apasionado tango. A pesar de todo, me encuentro bien, el dolor ha desaparecido y, aquella horrible angustia, desapareció junto con mi inesperado huésped. Creo que me estoy convirtiendo en parte de esto. Miro mi pelo en el reflejo del arrollo, es el mismo y, a pesar de todo, parece más grueso al taco. Mi nariz continúa perdida dentro de algún sitio. Todavía puedo oler la pestilente tela con la que se ha cubierto y la madera mohosa donde está presa. ¿Dónde puede estar? En algún lugar de este universo, algunas veces paralelo y otras completamente distante de lo que conozco.
Algo me atormenta, un fuerte dolor de cabeza me hace posar mis manos sobre ella. Me va a estallar. El eco de mis alaridos retumba en las gruesas paredes y, pierdo la conciencia. Permanezco tumbada en el frío suelo, mis ojos se abren, escucho el gorgoteo del agua, noto la gélida corriente que me envuelve, pero no veo la oscuridad. Mi visión ha decidido partir lejos de mi cuerpo.

Ahora observo invisible a una familia, todo me resulta muy familiar y lejano a la vez. La costumbre de estos parajes me han hecho olvidar muchas cosas que, al volverlas a ver, recuerdo con claridad, trayéndome pensamientos muy dispersos para mi. Aquellas personas están cenando apaciblemente mientras floto en el aire tras su ventana. No tengo cuerpo, pero tampoco me importa. Miro los platos, parecen trozos apetecibles de comida; ser ríen y hablan entre ellos. Son como cualquier grupo de personas que intercambian las anécdotas diarias. No puedo creérmelo, estoy en mi mundo. Pero sólo en una parte.

No se por qué miré hacia abajo, me encontraba levitando sobre una piscina. Al fondo, un montón de huesos y trozos en descomposición y sangrientos de cadáveres reposaban. Una cabeza descansa en la parte más llana al lado de una mano casi esquelética. Me horroriza ver esto. ¿Qué está pasando? ¿Dónde he ido a parar? La verdad es que no quiero saberlo nunca. Mi mente vuelve a nublarse para volver a tomar el reflejo de una noche tranquila, la luna llena ilumina todo el paisaje y, bajo una capa cristalina y líquida, una sombra sale de pronto con un gran cuchillo en la mano. Solo puedo distinguir una silueta inconclusa de todo eso, pero sé que es humano, por lo menos su apariencia me hace pensarlo.

Me despierto acelerada, eufórica,… Algunas gotas furtivas de sudor coronan mi pecho y recorren toda mi piel. Me centro, miro a mi alrededor y no hay nada, solamente ese simple canal de agua natural cristalina, algunos peces de colores me observan desde el fondo. Estoy cansada, mucho, aturdida y no puedo moverme. Parece que ese viaje me ha dejado exhausta. Sin embargo, me da la sensación que aquella cosa viene a por mí. Busco un agujero profundo en la roca, un resquicio. Cuando lo encuentro, me adentro en mi improvisada madriguera colocando una gran roca delante de mí, ahora intentaré descansar y dejar que mis heridas se curen.

Intento conciliar el sueño, el regreso de mi alma a su envoltura no ha sido muy agradable. De todas formas, no puedo continuar así. Tomo el palo entre mis manos y, a duras penas, consigo descansar. ¿Qué habrá al otro lado de mi habitáculo oscuro cuando me despierte? ¿Volveré a soñar o fue una visión? No puedo dejar de darle vueltas a la cabeza, este mundo es demasiado impredecible.

8 de octubre de 2008

LLEGÓ POR LA PUERTA GRANDE

Siempre ha estado con nosotros.
Desde que nuestros antecesores comenzaron a vestirse con prendas de animales, esta gran prenda nos ha acompañado. Las primeras fueron simples telas que se anudaban a la cintura o más alta, lo cierto es que poco nos consta de aquella época en que casi nada estaba inventado y quedaba todo por descubrir. Pero la inventiva del hombre estaba en auge, eso es seguro. Miles de utensilios cotidianos vieron la luz en aquella época y, como no, entre todas ellas, la pollera o falda, fue una de ellas. Bien en forma de vestido o como una prenda que sólo cubría la parte baja del tronco, hasta quien sabe dónde, se utilizaba para cubrirse del frío y camuflarse.

Se sabe que ciertas culturas, como los sumerios, los egipcios o los asirios, la continuaron usando por encima del pantalón, una vez que este salió a la calle. Algunas culturas, como la escocesa, la utilizan entre sus caballeros como una prenda utilizada, ahora en festividades. Todo el mundo conoce la faldita de cuadros.

Prenda femenina por excelencia, las mujeres las han utilizado siempre. Las primeras faldas, nombradas como tales, salían desde debajo de los senos, acortando después este talle, para sujetarse cómodamente por encima de la cintura; sus hermanas más jóvenes, se sitúan ahora bajo la cintura, estratégicamente colocadas en las caderas de sus portadoras (las hay más cortas empezando desde arriba, pero eso tiene otro nombre.)

El largo habitual era hasta el suelo, tanto los vestidos como las vestimentas a dos piezas, tenían que cubrir completamente la anatomía femenina de la mujer; sin dejar nada a la vista de los señores que pudieran observarlas. No decían nada de entallarlas eso sí, pero llegaron los cancanes y otros artilugios que provocaron el aumento de las caderas, de una forma artificial y jocosa. Algunas damas necesitaban puertas más anchas de lo normal y más de una silla, para que su pomposo y estrambótico traje cupiera (pero todos conocemos las peculiaridades y gustos sobre la moda de algunas épocas.)

Cierto es que muchos señores, se agrupaban a las puertas de ciertos edificios con escalones o los lugares donde se accedía a algún tipo de transporte, para poder verles el talón a las damas. Muchas veces ni lo conseguían, unas grandes enaguas, medias tupidas y unos zapatos, preparados para ello, impedía toda visión de la carne; pero el simple echo de intentarlo e imaginar que debajo no había nada más que piel tersa, podía causar estragos en sus funciones.

Por fortuna estas se fueron acortando. Por supuesto, gran parte de la parafernalia interna de las mismas también; ahora tanto relleno e intento por deformar la anatomía femenina, ha pasado a utilizarse en cierto tipos de vestidos y se ha puesto al servicio de las curvas. Y no al revés como se pretendía en un principio.

Se encogieron, y no gracias al agua caliente.
Hasta los años 60, la expresión mínima de una falda era el enseñar media pantorrilla; más era pecado. Pero una mujer, si señores, una gran mujer decidió que estaba harta de tanta represión y el 10 de Julio de 1964, Mary Quant, que así se llamaba, mostro junto a su colección de verano la llamada minifalda. ¡Vendita la hora!
Por supuesto, causó una gran alarma y un revuelo, pero eso no importó. Las mujeres apoyaron su osadía, porque no podían pensar otras cosas. Si un hombre lo hace se le llama de otra manera, pero seguro que tuvo que aguantar que la llamaran hasta calentorra, o calientapollas en la jerga actual. Pero lo más bueno no fue eso, consiguió hasta el apoyo de la corona. ¿Cómo iban a desterrarlo ahora? Imposible, enseñaríamos las piernas hasta los restos.

Lo cierto es que, ¡cómo no!, la iglesia tuvo que meterse en todo esto. Consiguió que muchas escuelas prohibieran, bajo pena de expulsión, que se llevara esta prenda para la asistencia en clase. A muchas de nosotras nos daría igual, teniendo en cuenta que a clase se va a estar cómoda, y una minifalda no es lo más adecuado para estar a gusto en una clase (qué cada uno piense lo que quiera, pero yo prefiero los vaqueros elásticos y ceñidos al cuerpo para estas actividades.)

La pena es que lo que sí me ha sorprendido es lo retrógrados que siguen siendo, una religión preferente machista, aún tiene mucho de qué hablar sobre la minifalda en esta época. La noticia no ha venido de muy lejos en el tiempo, a penas el 20 de agosto de este año (por si no lo saben estamos en el 2008, pleno siglo XXI.) Según la iglesia católica, la minifalda incita a la agresión sexual, ya que es una prenda que incita a este tipo de violencia. Esto ocurrió en Mejico, pero podría haber sido también en otro lugar del mundo, eso da igual, mujeres hay en todos los sitios. Respecto a esto, no voy a decir una palabra más, creo que ya es bastante con que cada uno saque sus propias conclusiones.

Entera o por partes.

Da igual como la luzcas, ¡va a quedar bien de todas las formas! Como digo siempre, lo importante es que tú te veas guapa.

En cuanto a las partes, hay varias clasificaciones dependiendo de su largo, pero como siempre voy a hacer la mía propia:

- La falda larga: de esta bien poco hay que hablar, llega hasta el suelo prácticamente y pude esconder más cosas de las que crees (no me refiero a comida del supermercado, que se que estamos en crisis, pero robar no está muy bien visto.)

- Media manga: como los pantalones cortos de tobillo, pero largos de rodillas. Tapan, como mucho, hasta mitad de la pantorrilla. Pero con unas botas altas quedan igual de sexys.

- Falda corta: Por debajo de la rodilla, llega a unos tres o cinco centímetros por debajo de esta y esconden el liguero (lo justo para enseñarlo cuando tú quieras.)

- Minifalda: su medida normal es de unos 35 a 45 cm, depende del culo que tengas, las piernas, la celulitis, lo que estés dispuesta a enseñar y lo que te vayas a poner ese día.

- El cinturón ancho: aquí no se puede esconder nada, se ve todo y cuando quiero decir todo, es todo. No deja nada a la imaginación, con ella no te hace falta ni agacharte para que te vean el tanga, el microtanga, la braga la abuela, el culotte o lo que quiera que lleves debajo.

Por supuesto esta definición se ciñe a los vestidos también, el uniforme de enfermera con un liguero y un cinturón ancho, levanta algo más que pasiones a simple vista.

El mito.

Entre todo este lío de faldas no he nombrado al icono por excelencia, la falda de cuadros con la camisa blanca, es decir, el traje de colegiala; uniforme por preferencia de los colegios católicos (ellos fueron los que lo pusieron de moda, nosotras lo arreglamos.) Aquella niña con carita de ángel, o de demonio, ¡da lo mismo! Vestida con una falda, que se encogía nada más salir por la puerta del centro, y una camisa o polito blanco, era y es el fetiche de muchos y muchas.

Lo cierto que una bonita falda invita a iniciar un fantástico recorrido. ¿Podrá soportar un hombre tantas curvas a la vez? Empezamos por un fino y largo tacón, sus manos recorren entonces los primeros tramos de una tela suave, como la seda (aunque no lo sea, no todas tenemos dinero para esos lujos), sigue hacia la rodilla y, un poco más arriba, justo a mediación del muslo, una liga, la que indica el término de la cubierta de licra, a pocos centímetros, una tira elástica da las primeras señas de que un bonito liguero se oculta bajo tu caparazón,….

Ahora el resto lo ponéis vosotras, esto puede darse en un bar, en la intimidad o en donde te plazca. Sólo tienes que recordar una cosa, que sea la persona que tú elijas, la falda que tú quieras y que si incita a la violencia sexual, como dicen algunos, no es tu culpa, es la de un salido que no puede controlar sus impulsos y que un tacón de aguja o cualquier otro, puede servir de algo más que para realzar tu figura, sólo tienes que usarlo.


Soy mujer, soy guapa, voy estupenda, tengo ganas de pasármelo bien y, sobre todo, soy peligrosa.