ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.


10 de octubre de 2008

LOS CAMINOS PERDIDOS DEL SUBCONSCIENTE (V)

Llevo caminando mucho tiempo, demasiado; quizás sólo han pasado algunos segundos, pero esta humedad, unida a un sol abrasador, me puede. Mis rodillas tiemblan por el esfuerzo y mis pies dan punzadas de dolor. Pronto se negarán a continuar. He de buscar un escondrijo, algo, un lugar donde resguardarme para descansar. Ahora que lo pienso, desde que llegué a este lugar, aún no sé como, no he comido ni bebido absolutamente nada, ni siquiera he sentido la necesidad de dormir. Pero ahora el cansancio, la única necesidad que me aflige desde mis inicios, me puede más que las ganas y las esperanzas por salir de aquí.

Miro a mi derecha, tras una pequeña cascada sin río ni lago bajo ella, se puede ver claramente una gruta. El agua es clara, cristalina y algunos peces descienden por ello pero, ¿hacia dónde? El precioso líquido se pierde justo al llegar al suelo. No me para más me dirijo hacia ella, a lo mejor su cueva me da cierta seguridad para aliviar la hinchazón de mis pies. Al pasar a través de ella, un pequeño pez morado me golpea la mejilla en su descenso. Busco su recorrido, no hay nada. Solo suelo pétreo y duro. ¿Cómo?, pienso; en pocos segundos mi conciencia recobra el sentido común, si es que aquí puede llamarse aquí, de cómo pueden funcionar las cosas en este paraje inhóspito.

Ahora me entra sed, será porque me he parado a recordar lo que he hecho durante mi recorrido. Tengo muchas ganas de beber algo, el ruido de la cortina transparente me invita a tomarla; uno mis manos para formar un cuenco de carne y huesos, pero no puedo beber, el preciado líquido no puede pasar a través de mi garganta, ¿estaré condenada? Vuelvo a intentarlo, sorbiendo con todas mis fuerzas. Ahora algo me aprisiona las vías respiratorias. Golpeo mi pecho mientras noto como la vida se me va de entre las manos. Miro al techo y veo una cúpula de luz, estoy a punto de perder la conciencia, desciendo de nuevo al duro suelo. Cierro los ojos, me voy de aquí sin más, de la misma forma que llegue y, entonces, en una milésima de segundo me acuerdo de todo por lo que he pasado, lo que estoy buscando y me pregunto si de verdad quiero morir así. No, lo cierto es que poco me apetece acabar mis días en este lugar. Abro los ojos y, con un golpe seco y certero, presiono la boca de mi estómago para sacar algo.

Aún no he podido recuperar el aliento, mis manos tocan mi corazón y mi cuerpo se encuentra aún más dolorido que nunca. He notado la salida de algo, miro al frente. La cabeza de la rata blanca, está llena de fluidos internos, parece una mucosa espesa y viscosa. Me da asco, ¿cómo pude tragármela? Sus ojos, ahora blancos como el resto de su piel, miran hacia ninguna parte, permanecen abiertos. De pronto un gran temblor llena la cueva, el agua se estremeces, los peces han dejado de bajar por su columpio particular. El suelo comienza ha abrirse formando un río interno. Aquel cráneo mal oliente ya no existe; una gran boca de labios duros y negros, se la ha tragado justo antes de que el riachuelo comenzara a manar por él. Ahora sí puedo beber, el agua es fresca y revitaliza mi interior. Me siento nueva.

Algo me hace sentirme alerta, mi corazón continua muy acelerado y mi cuerpo comienza a estremecerse; como si todos los órganos de mi cuerpo bailasen a la vez un apasionado tango. A pesar de todo, me encuentro bien, el dolor ha desaparecido y, aquella horrible angustia, desapareció junto con mi inesperado huésped. Creo que me estoy convirtiendo en parte de esto. Miro mi pelo en el reflejo del arrollo, es el mismo y, a pesar de todo, parece más grueso al taco. Mi nariz continúa perdida dentro de algún sitio. Todavía puedo oler la pestilente tela con la que se ha cubierto y la madera mohosa donde está presa. ¿Dónde puede estar? En algún lugar de este universo, algunas veces paralelo y otras completamente distante de lo que conozco.
Algo me atormenta, un fuerte dolor de cabeza me hace posar mis manos sobre ella. Me va a estallar. El eco de mis alaridos retumba en las gruesas paredes y, pierdo la conciencia. Permanezco tumbada en el frío suelo, mis ojos se abren, escucho el gorgoteo del agua, noto la gélida corriente que me envuelve, pero no veo la oscuridad. Mi visión ha decidido partir lejos de mi cuerpo.

Ahora observo invisible a una familia, todo me resulta muy familiar y lejano a la vez. La costumbre de estos parajes me han hecho olvidar muchas cosas que, al volverlas a ver, recuerdo con claridad, trayéndome pensamientos muy dispersos para mi. Aquellas personas están cenando apaciblemente mientras floto en el aire tras su ventana. No tengo cuerpo, pero tampoco me importa. Miro los platos, parecen trozos apetecibles de comida; ser ríen y hablan entre ellos. Son como cualquier grupo de personas que intercambian las anécdotas diarias. No puedo creérmelo, estoy en mi mundo. Pero sólo en una parte.

No se por qué miré hacia abajo, me encontraba levitando sobre una piscina. Al fondo, un montón de huesos y trozos en descomposición y sangrientos de cadáveres reposaban. Una cabeza descansa en la parte más llana al lado de una mano casi esquelética. Me horroriza ver esto. ¿Qué está pasando? ¿Dónde he ido a parar? La verdad es que no quiero saberlo nunca. Mi mente vuelve a nublarse para volver a tomar el reflejo de una noche tranquila, la luna llena ilumina todo el paisaje y, bajo una capa cristalina y líquida, una sombra sale de pronto con un gran cuchillo en la mano. Solo puedo distinguir una silueta inconclusa de todo eso, pero sé que es humano, por lo menos su apariencia me hace pensarlo.

Me despierto acelerada, eufórica,… Algunas gotas furtivas de sudor coronan mi pecho y recorren toda mi piel. Me centro, miro a mi alrededor y no hay nada, solamente ese simple canal de agua natural cristalina, algunos peces de colores me observan desde el fondo. Estoy cansada, mucho, aturdida y no puedo moverme. Parece que ese viaje me ha dejado exhausta. Sin embargo, me da la sensación que aquella cosa viene a por mí. Busco un agujero profundo en la roca, un resquicio. Cuando lo encuentro, me adentro en mi improvisada madriguera colocando una gran roca delante de mí, ahora intentaré descansar y dejar que mis heridas se curen.

Intento conciliar el sueño, el regreso de mi alma a su envoltura no ha sido muy agradable. De todas formas, no puedo continuar así. Tomo el palo entre mis manos y, a duras penas, consigo descansar. ¿Qué habrá al otro lado de mi habitáculo oscuro cuando me despierte? ¿Volveré a soñar o fue una visión? No puedo dejar de darle vueltas a la cabeza, este mundo es demasiado impredecible.

3 cosas que decirte:

sangreybesos dijo...

Una vuelta de tuerca más: el sueño dentro del sueño.

Silderia dijo...

no era eso, lee mejor anda. ¿quién ha dicho que esto sea un sueño? Tu no sabes cómo ha llegado allí

sangreybesos dijo...

es una $%&! licencia poética