ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.


15 de enero de 2014

THE KILLER YAYA

Señora entrañable donde las haya, de mirada furiosa y penetrante, recuerda con nostalgia aquella juventud donde su coche tenía sólo dos ruedas y el tubo de escape echaba fuero cada vez que aceleraba.

Añoraba aquellos tiempos donde su único dueño era el asfalto, que marcaba la senda del camino, y el reloj, que le indicaba sus horas de descanso, era el sol cuando se escondía por el horizonte de la carretera.

¡Ahhh! ¡Aquellos maravillosos años! Cuando todo era mucho más fácil, pero todo el mundo cambia y un día, se enamoró de aquel motero tan guapo de pelos largos y tatuajes en los brazos. Nunca olvidará aquel día cuando, sus piercing se iluminaron bajo el sol del atardecer al devolverle la sonrisa que le dedicó, tras romper una botella de cerveza medio vacía contra el suelo, eso sólo lo hacían los hombres de verdad.

De aquel amor nacieron dos rebeldes, un niño y una niña, que se convirtieron en la pesadilla de sus padres. Ellos habían cambiado la bisutería de calaveras y pinchos, por cuentas y collares de perlas, las camisetas de mangas cortadas y los chalecos de parches por jerséis al hombro, pantalones de pinza y polos con caros bordados. ¡Eran la deshonra de sus padres! Pero los querían y vivieron con ello.

El tiempo fue pasando y aquellos dulces niños, que escuchaban la música de las listas comerciales, se hicieron mayores y trajeron a su propia prole, así fue como se convirtió en yaya. De la noche a la mañana había pasado de motera sin causa a abuela entrañable.

Un día la yaya  ya no pudo más y cogió su coche junto con su compañera de antaño, aquella que le había ayudado tantas veces en la carretera. Sin pensarlo dos veces, tomaron sus zapatos bajos, los pañuelos de algodón y entraron en su coche casi nuevo para tomar la senda de sus destinos de asfalto y no volver jamás.
Estaba harta de niños pijos, de que le dijeran que la calceta era mejor que una caja de herramientas, que la vida que tenía sólo le había traído problemas, de que sus hijos le dijeran cómo debía comportarse si quería ver a sus nietos, ya que la consideraban una mala influencia para ellos, y todo porque unas navidades les compró pantalones de cuero a todos ellos.

Agarró el volante entre sus manos, subió el volumen de la radio y pisó el acelerador a fondo, dejando que el aire entrara por las ventanillas del coche. Un grito de esperanza comenzó a correr por sus venas, mientras se dirigía a despedirse de sus seres queridos para siempre. Sin embargo, algo cambió su destino cuando llegaba a un cruce de cuatro caminos, desde el carril interno, atravesó su coche como un toro para dirigirse al sentido opuesto de su marcha, donde el resto de vehículos la miran fijamente y esperan a que el semáforo de la señal.

Miles de personas le increpan con sus pitidos, pero ella solo puede esputar malas palabras de su boca y evita mirar la escena de desconcierto que había provocado. Tras internarse en el sentido opuesto entra en la acera que sirve de isla y descanso para los viandantes, no sin hacer que varios coches retrocedieran se su puesto para dejarla pasar de mala gana.

-  ¡Señora! – dice desde la ventanilla de suche, aún en marcha, a un peatón que pensaba que estaría a salvo de las bestias de metal en aquel descanso -. ¿Sabe decirme por dónde se sale de la ciudad? – continúa la yaya ante la mirada atónita de la señora.

Después de cinco largos minutos de explicaciones y mandar a su amiga a comprar provisiones al estanco de enfrente, vuelve a incorporarse al tráfico de la ciudad atravesando la acera y saltándose el semáforo. Al cambiar este, vuelve a realizar un cambio de sentido con el pie hundido en el acelerador del coche.

Y así fue señores como la yaya, pasó a ser la killer yaya. Tened cuidado si os la cruzáis en vuestro camino, no parará al veros. Es fácil identificarla, lleva a la muerte derrotada en el capó de su coche, antes de un bonito color gris y ahora manchado con la sangre de todos aquellos que intentaron detenerla.



PD: Este relato está basado en hechos reales acontecidos recientemente delante de mis ojos.

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