ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.


12 de diciembre de 2007

Aseo

Ha llegado la hora, pronto vendrán a por mí y mi libertad se acabará pronto. Sé que están ahí fuera vigilando todos mis movimientos. Tras el visillo de mi ventana, he podido ver a varios personajes que, a simple vista, no parecerían sospechosos, pero que si los observas durante un tiempo, lo suficientemente prolongado, podrás notar pequeños errores o inconcordancias en su forma de actuar que te recuerdan a los actores de relleno de un reparto.

Aquella persona que está en la esquina esperando el autobús, lo ha perdido dos veces y en esa parada sólo para un número, mira el reloj compulsivamente, como si esperara el ansiado transporte, de vez en cuando habla solo a la solapa de su gabardina, siempre después de mirar al portal de entrada a mi piso o hacia esta misma ventana. Hay un pequeño coche negro con cristales ahumados que está dando vueltas minuto tras minuto, se comporta como si estuviera buscando un aparcamiento, pero ya ha perdido tres oportunidades bastante buenas de dejar correctamente estacionado su coche, es más, ni siquiera ha llamado la atención de aquel policía cuando se ha saltado un semáforo en rojo por mirar hacia esta ventana.

Al ir a asomarme al balcón, como si no me hubiera dado cuenta de nada. He mirado disimuladamente hacia abajo y he comprobado como dos camiones, pertenecientes a dos supuestas emisoras de televisión, llevan aparcadas desde anoche justo en el mismo sitio. Que yo sepa no hay ningún edificio perteneciente al gobierno o que pueda tener alguna importancia para la prensa, tampoco existen comercios que destaquen, en ningún sentido. Y, por último, hay un hombre parado en la acera de enfrente que lee atentamente la misma hoja de periódico desde hace más de cinco minutos, aunque eso no sería lo más preocupante si las noticias a las que le está echando una ojeada. Pertenecen a los titulares de ayer. A parte de todo esto, cada vez que sale o entra alguien del portal mueven los labios encogiendo la cabeza o tocándose la oreja.

He decidido no decir una sola palabra dentro de las habitaciones que voy a recorrer a continuación, podría adelantar que den paso a la acción, sin necesidad, ya que quiero prepararme para cuando llegue el momento de entregarme. Voy a salir bien aseado y vestido de esta casa. Este será mi último baño decente en muchos años.

Voy a la cocina a coger el cuchillo de hoja ancha y un trapo para limpiarlo después. Ahora rajaré a aquel chico que emborraché anoche. Lo maté con una buena sobredosis de narcóticos. Cuando se está ebrio es muy fácil hacer que la gente haga lo que tú quieres. Su historia era la misma que la del resto de mis otras víctimas: estaba completamente solo y desamparado en esta vida, no tenía un hombro donde llorar ni un sitio donde ir cuando se encontrara peor de lo habitual. Era aficionado a las drogas, el alcohol, las chicas de compañía y con deseos insaciables de que alguien escuchara lo que tenía que decir mientras pasaban un buen rato. Fue fácil convencerlo para que subiera a mi piso.

Ahora que lo veo colgado del techo por los talones, no me parece tan atractivo como hacía unas horas. Voy a rajarle las muñecas y el cuello para dejar que la sangre caiga en esta cubeta, dentro de unos minutos le abriré en canal para sacarle los órganos internos, son una esponja estupenda. Creo que esta vez no me hará falta deshacerme del cuerpo. Para qué, si de todas formas no me van a dejar salir con él y no colaría eso de llevar la alfombra a limpiar o que la puerta del maletero está rota y no hay quien la abra. Es demasiado tarde, seguro que a estas alturas sabrán hasta cuantos cigarrillos, y de qué marca, me fumo al día, incluso a qué distancia exacta del filtro los apago en mi cenicero adornado con los dientes de mi víctima número cuatro. Era un prostituta poco agraciada, pero con unos dientes preciosos. Bueno, creo que ya esto está listo, he sangrado el cuerpo al máximo, voy a llenar la bañera.

Es completamente relajante darte un baño de sangre y notar el roce del corazón o del hígado por tu espalda. Noto como se me destensan los músculos y el olor que desprende es exquisito; tenía guardado esto para un momento especial, pero creo que ya ha llegado. Voy a sacar mi jabón especial. No me costó mucho el encontrar a la víctima adecuada. Era el hijo del presidente de una empresa, un chico muy guapo que pensaba que tenía todo el mundo a sus pies y del que creía que debía guardar un recuerdo a parte de su colgante de oro, que llevo al cuello, y unas fotos de su cuerpo desnudo sin ningún resquicio de vida. Tenía veinticinco años cuando le conocí, un encanto especial y una vida de lujo por delante. Era guapo, rico, joven y bisexual. Pensé que una grasa corporal como la suya valdría millones, aunque nada más que la usara yo. Una vez que lo desangré y lo vacié, le despojé de su grasa corporal e hice unos aceites y unos jabones del que sólo me queda esta pastilla, adiós chico malo. Sólo que esta vez es definitivo.

Ahora voy a aclararme y a secarme con las toallas del hotel donde maté a dos amigos, un chico y una chica. Todavía conservan su olor y algunas gotas de su sangre mezclada. La sangre todavía estaba caliente cuando me introduje en ella.

Por última vez y, antes de que me lo requisen, pasaré por mi pelo este peine de hueso humano genuino y hecho completamente a mano. ¿Por qué tengo esa certeza?, porque lo hice yo con el fémur de mi primera víctima, es impresionante cerca de nueve años y no se le ha caído ninguna púa. Deja el pelo perfecto, en su justo punto de tensión y esparce la gomina sin que casi se note que la llevas, es impresionante.

Ha pasado ya una hora, deben de estar al caer. Iré a arreglarme, quiero estar bien vestido para cuando llegue la ocasión.

He abierto mi armario secreto, en el que guardo un vestuario de muerte. Ahí es donde está guardado mi traje favorito, el de mi antepenúltima víctima. Era un hombre con una complexión muy parecida a la mía y su traje me viene como un guante. ¡Qué mejor ocasión para ponérselo que esta! Todavía huele a él, los hilos de seda han conservado un leve olor a perfume para hombre que contrasta perfectamente con el aroma a sangre que desprende mi cuerpo. La camisa posee un blanco perfecto que resalta, aún más, con el color negro intenso de todo el traje. Por fortuna no está manchado y conserva su aspecto de nuevo. Me dejaré los puños de la camisa abiertos para que no me molesten cuando me pongan las esposas y el dejar la chaqueta y los últimos botones de la camisa abierta me da un aire más seductor.
Estoy dando los últimos toques a mi vestimenta cuando oigo que pegan a la puerta, lo curioso es que no usan el timbre. Para asegurarme de que no es ningún vendedor o salvador de almas, decido asomarme tras el visillo de la ventana y compruebo efectivamente que son ellos, los coches patrulla ya han rodeado el portal y varios francotiradores apuntan, desde las azoteas de edificios cercanos, hacia mis ventanas. El ruido se hace más y más intenso, escucho como están abriendo la puerta, miro fijamente hacia ella. Estoy listo para salir, comienza el espectáculo.

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