ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.


18 de junio de 2013

DIÁLOGO DE LUBINAS: El ENIGMA DEL YO.

Estaba en mi casa tan tranquila haciendo cosas propias de mi persona como: arreglar el pomo de la puerta, pintar un nuevo cuadro, hacer un traje nuevo para la muñeca, buscar información por internet y demás cosas que hago para evitar que mi mente se sobrecargue de cosas y me canse antes de empezar cuando pegan al portero, no hubiera cogido la llamada, algo que suelo hacer normalmente, si no llega a ser porque la forma de dar el reclamo desde el portal no sonaba a butano, cartero, propaganda o a un comercial que deseaba estafarme con falsas promesas de intentar cambiarme el operador del teléfono, hacerme una revisión de butano o vendiendo algo parecido a un juego de cacerolas de acero inoxidable, sacado de las minas de Malasia occidental a precio de saldo. Sonaba como si te hubieran pegado los dedos con pegamento de contacto extrafuerte al botón de portero automático y jugaras a ver en cuánto tiempo se funde la bocina de llamada.

-       Siiiii – respondo por el telefonillo -. ¿Quién es?

-       Soy yo abre – dice una voz desconocida al otro lado.

-       ¿Yooooo? – contesto desconcertada -. ¿Quién es yo?

-       Pues yo – dice insultada aquella voz chillona -. ¡Abreeeeee!

-       Vamos a ver… ¡Señora! – le digo para ver si puedo sacar algo de información -. ¿Podría decirme quién es usted?

-       Pues yo – ya te lo he dicho -. Abre que hace mucho calor aquí fuera.

En ese momento me paré a pensar: “conocía a mucha gente que se hacía llamar yo, sobre todo en estos últimos años. Ese yo podía ser mi madre, mi abuela, la vecina, alguien que quería que le abriéramos la puerta como estrategia de venta para colarse en el portal, un asesino en serie, mi tia la pelá,…

Demasiada gente decía llamarse yo en este mundo como para que a mí me resultara convincente hacer un mínimo esfuerzo y pulsar el botón que activaba el circuito eléctrico de la puerta, que permitía el acceso a la antesala de cualquiera de las casas que albergaba el edificio.

Incluso yo me hacía llamar yo, cuando pegaba a algún que otro telefonillo, no podía abrir así sin más. Pero… ¿y si era yo misma que había llegado desde un futuro remoto para darme una información vital para seguir con mi vida? Creo que esa idea quedó descartada desde el mismo momento en que pasó por mi mente, sin embargo, quedaba chulo pensar que eso era posible”.

-       Pues si viera el calor que hace aquí dentro – le dije pocos segundos después de mi elipsis mental -. Está mejor en la calle se lo aseguro.

-       Estás muy graciosa hoy – me dijo -. ¿Me vas a abrir?

-       Hasta que no me diga quién demonio es yo no – respondí con una risita que hubiera molestado a cualquiera pero ella no me veía, ella o él, quién sabía qué era lo que se escondía tras esos muros que nos separaban.

-       Pues soy Pili – responde una voz con tono cansado.

-       ¿Ve como no le costaba trabajo decirme su nombre? – respondí victoriosa -. Lo malo de todo es que no le puedo abrir.

-       ¿Por qué?

-       Porque no conozco a ninguna Pili.

-       ¿Tú no eres Carmen? – me dice la incauta.

-       No.

-       ¿Quién eres?

-       Yo – respondo a su pregunta aguantándome la risa -. Se ha equivocado de portero.

-       Pues yo he pegado donde me dijeron – expresa enfadada la señora, señor, señorita o señorito del otro lado.

-       Pues aquí no es. Lo siento pero no puedo ayudarla.

-       Puedes abrir la puerta por lo menos.

-       No – digo de forma cortante -. ¿Y si Carmen no está en casa en este momento? Los siento pero no puedo ayudarla, buenas tardes.

Ahí acabó toda la conversación, después de una entretenida pero infructífera charla volví a mis quehaceres diarios y a inventar cosas nuevas. Aunque segundos después oí decir en el interior del portal.

-  Hija – era la misma voz chillona que se identificaba con un pronombre personal por el telefonillo -. ¡Menos mal que me has abierto! Una señora decía que no vivías aquí y que no me abría la puerta.

-  ¿Quién era?

-  No lo sé, no me lo dijo.


¡Tendrá cara! ¡Por supuesto que se lo dije! Era yo.

1 cosas que decirte:

sangreybesos dijo...

"Yo he pegado donde me dijeron". Me encanta, tanto como su equivalente, "Pues a mí me han dado este número". Tranquila, señora, que vamos a provocar un aberrane disloque espacio-temporal para que la realidad se adapte a sus deseos..."Yo he pegado donde me dijeron". Me encanta, tanto como su equivalente, "Pues a mí me han dado este número". Tranquila, señora, que vamos a provocar un aberrane disloque espacio-temporal para que la realidad se adapte a sus deseos...