ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.


21 de marzo de 2011

LEJOS DEL MUNDO, LEJOS MUY LEJOS.

Más allá del lugar de donde vienen los sueños, la cúpula de cristal violeta y azul se alza entre las sombras blancas de los pensamientos. Es imposible salir por un lugar diferente al que entraste, igualmente, es imposible entrar por un lugar que nos sea ese gran pico gris que atraviesa la campana cristalina. Su cubierta, aparentemente de aire, sólo deja entrar las pequeñas partículas que produce la mente de un niño, los pensamientos más ocultos y los terrores más profundos de todos los seres humanos.

Cada pensamiento, cada sueño, cada palabra que se refiere a ellos, suelta un aliento de color e intensidad diferente a las demás frases. Son llevadas por el viento, es verdad, como todo lo que sale cuando se articula una palabra, pero este movimiento involuntario produce una vibración especial, sus ondas provocan que se desvíen del camino de la nada y tomen un pequeño desvío hacia ese remoto lugar.

A lo lejos la tierra, el cielo, el espacio, el universo,… A la vista, un reflejo morado que delata la presencia de una atmósfera espesa y diferente. Todas pasan por ese lugar, las ondas de su propia existencia las llevan a chocar con el gran pico gris. Pocos árboles y criaturas sobreviven allí arriba, no dejan pasar a cualquiera y esos pocos tampoco lo tienen fácil. Este mundo no es como los demás.

Pensaréis que los árboles hablan, se mueven y que sus criaturas son de colores extraños, feas y desagradables. Yo os contesto a esto, algunas si y otras no, pero tener en cuenta que todo, incluso la más ínfima roca está ahí por algo, no precisamente por ser simples o como las demás. La oscuridad de sus cuevas asusta o provoca sueños, la luz deslumbra a los ojos, las rocas pueden no ser más que agua disfrazada porque se ha cansado de gotear de entre las partículas sólidas y fingen ser otra cosa. Recuerda, en aquel lugar nada es lo que parece y todo guarda semejanza con lo que realmente es.

Pero sigamos nuestro camino, comenzamos en lo alto de la entrada y única salida de aquel lugar, ¿quieres bajar o subir? Ya que todo puede ser, puedes estar cansado de bajar caminos y correr cuestas interminables y una escalera te subirá hasta la falda de la montaña o, en cambio, deseas bajar como hace todo el mundo cuando estás en las alturas y el camino se vuelve liso cual tobogán, líquido como una cascada, escarpado y peligroso, igual que una montaña normal o un simple paseo por la naturaleza, algo también muy normal. Tu mente decide en ello, no tú.

Uy, un camino, ha salido bien, ¿seguro? Pregúntatelo antes de dar el primer paso para elegir un destino. Procura no pisar las piedras o te morderán, contesta a los pájaros que canten o te picarán, no arranques ninguna flor, puede sangrar, no salves a los peces de sus peceras o las brujas te perseguirán. Los árboles hablan en susurros, tienes que aprender a escuchar, pues no gritan bien y sus palabras se confunden en el crepitar de un inexistente mar.

La cueva de la luz, está a oscuras si la intentas mirar, es muy tímida y no se exhibe sin más. Las noche son muy cortas y la luz se va pronto en aquel lugar, piedras de colores que debes acariciar, son como pequeñas mascotas que tienes que mimar, sino por tus prendas se introducen y no te dejan descansar. A nadie le gusta, tener a un se extraño, metido entre la piel, eso es lo que hacen si no les caes bien.

Puede que les apetezca un juego, nunca ganes o pierdas queriendo, se enfadan mucho, si lo hacen riendo. Tras un largo día de juegos, risas y bamboleos, túmbate a descansar bajo la roca con forma de paraguas, que se cansó de tapar a la gente de que la naturaleza, les limpiara de todo mal. Bajo su influjo dormirás, cual lirón un minuto y no más, despertando sin saberlo en rojo desierto de la arena que no corre y las dunas que jamás aparecen aunque las intestes buscar.

Mira bajo tu cuerpo, no te asustes, colgado en el aire no estás, es un fino cristal que se cansó de ser frío y sólido, convirtiéndose en colchón, mullido y caliente, de plumas de algo que jamás en la tierra existió. ¿Tienes sed? ¡No bebas agua! Aunque la veas por delante de tus narices correr, traga un poco de arena que si se puede coger.

El sol se pone a lo lejos, en unas montañas cercanas, nunca esperes que se mueva, porque es donde le apetece estar, de ahí nunca se mueve, a menos que no tenga que ir a limpiar o fregar. Camina siempre en zigzag, si en línea recta quieres ir, bailando y cantando una bonita canción, si lo haces bien, pronto llegarás al gran portón.

¡Aaaaaah! Gran puerta de viejo roble, con bocas, ojos y orejas que aparecen y desaparecen, se mueven por todos lados e intentan morderte. La boca te besa, el ojo te guiña, la oreja de ignora y la puerta no se abre. ¡Pobre puerta sin marco! ¡Pobre puerta sin pomo! No intentes bordearla, volverás de nuevo a comenzar tu viaje, de exploración sin camino, continuando tu marcha hasta que des atino.

No es fácil convencerla, de que te escuche y se habrá, le han contado mil historias, ¡ya se conoce muchas! Demasiadas diría yo, pero siempre encuentra una razón para dejarte pasar hacia el lugar perdido al que vas. Una vez no la convencí para que abriera, ¡Cómo si no me conociera la puñetera! Con audacia le cogí la oreja y le di un buen tirón, su boca me mordió y tuve que volver a empezar, en lo alto de aquel risco, ¡otra vez a caminar!

Pasada la puerta, no vayas a correr, en el acantilado puedes caer. Un puente en perfectas condiciones, roto y viejo verás, sus cuerdas están roídas y su camino difícil de pasar. Preferirías caer al río, pero llegaríamos al lago de cristal, de peces de colores y carpas de coral. Sus algas son rojizas, cual tierra llega a tocar, sus cuevas inacabadas y su criaturas perdidas, prefieran dormitar. No las despiertes nunca, tienen un estar, dolores de estómago y cabeza, no las dejan descansar.

Da un paso al frente, pero no otro más, el puente se rompe y tienes que confiar, escucha al viento, mira a la criatura que está al otro lado, parpadea y te dirá cómo puedes llegar. Sin acertijos de mala muerte o amenazas por tu vida, a tu lado permanecerá, te guiará por el camino hacia una la montaña de la lluvia, que mojada siempre está. Tus pies se hunden en ella, peno hasta la cintura no te tragará, sin embargo, si te dejas, el pelo te manchará.

Ahora llega la parte poblada, pero la otra sola tampoco está, en este lugar aparece lo que quiere y… lo que no, inerte verás. Recuerda, nada es lo que parece y todo se asemeja a lo que era realmente. Puede que hayas visto a las palomas de viento, las piedras que corren, el cangrejo que de su casa nunca sale, salmones que nadan a favor de la corriente, mosquitos que no pican, serpientes picaronas que sabe muy sabrosas. Te habrás perdido aquellos árboles de viento y colores grisáceos, de frutos suaves y cálidos, con sabores rancios.

¡Son tantas sus maravillas! Algunas no te las puedo contar, no las he visto todas, tengo que visitarlo más.

El bosque es espeso y húmedo, peligroso y de mal pasar, ramas y lagartijas te pueden asustar. Las hojas cortan, las ramas acarician, el suelo se rompe y las setas bailan. ¡Ten cuidado con las plumas de los pájaros! Pesan tanto que te pueden lastimar, rompen las piedras y acarician el mar, los sapos cantan una pequeña canción de letra sin descifrar, si consigues cantarla, de la cabeza jamás te la podrás quitar.

Hay pueblos y gente, personas de gran conversación, palabras escasas y gran desorientación. Conocen aquel lugar como la palma de su mano, aunque nunca saben donde están, salen poco de casa y a las fiestas procuran no faltar. Las fogatas a la luz de la luna, al alba suelen despertar, esta acompaña la fiesta con bailes y algunas gotas de azahar, dejando el bosque en silencio hasta que el reloj la hora vuelva a dar.

Este es un mundo perdido, pero todos los podéis encontrar, de colores perdidos en la mente y criaturas que sólo tú vida puedes dar, para salir tienes que volver a la montañas, fácil de ver pero no tanto de alcanzar, cada vez me cuesta más abandonarlo y llegar de nuevo a aquel pico que a la realidad me vuelve a transportar.

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