ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.


22 de julio de 2010

Selene. Capítulo LXVI.

CAPÍTULO LXVI: THEMYSCIRA.

La noche era cálida, los árboles brindaban la mejor de sus canciones al paso de una suntuosa brisa. Allí, en mitad de la noche y perdidos en mitad del bosque de las ilusiones, se encontraban todo esperando a que un reloj de arena diera la hora precisa para iniciar su camino hacia donde Víctor se encontraba.

- Creo que este camino no nos lleva a ninguna parte – dice Fepico mirando un horizonte de árboles interminable -. A todo esto – mira a Selene -. ¿Dónde demonios vamos?

- A mi casa – le responde ella sin quitar la vista del reloj de arena -. Es el único sitio donde ese majara de Pang puede esconderse sin ser localizado por ningún dios.

- Por lo que he escuchado no eres tú la única que tiene cuentas con él – le dice Luis tocándoles los hombros.

- No – se adelanta Yu-. El que más y el que menos tiene algo que devolverle, aunque Selene gana por años de antigüedad.

- De eso puedes estarte segura – dice ella dejando el reloj en el suelo.

- Y ese reloj – se acerca la abuela curiosa -. ¿Qué es? – se sujeta las gafas mientras lo observa de cerca.

- Es como un mapa hacia mi casa – le responde Selene -. Mide el tiempo.

- Como todos los relojes – incide Fepico.

- No exactamente – le contesta ella apartando la vista por un momento -. Este mide el tiempo que tarda en aparecer la puerta de ida hacia Themyscira.

- Y… ¿no se puede ir por otro camino? – le dice -. Lo digo por si se nos pasa la hora de ida y aparece la de vuelta.

- Los que van a Themyscira pocas veces vuelven - responde Selene -. Entre otras cosas porque sólo se aventura a ir aquellos que jamás pensaron en volver a casa o que viven en aquel lugar – se aleja del reloj -. Y sí… Podríamos llegar por medio de otro camino, cogiendo un transporte hacia el polo sur, adentrarnos unos 1000 kilómetros hacia el sur, girar al oeste unos 3000 kilómetros y después esperar a que salga el sol del amanecer.

- Creo que tu método es más rápido – le dice Luis que no para de observarla.

Poco tuvieron que esperar, los granos de aquel reloj de cristal se deslizaban cada vez más lentamente. El fino embudo que les invitaba a caer en el vacío, había disminuido su diámetro hasta el espacio en el que sólo una simple mota de arena podía pasar por él. Los segundos pasaban lentamente, el aire podía tocarse con las manos y el ruido de cada uno de aquellos trozos de tierra ínfimos tomaba la misma categoría de una gran piedra al tropezar con sus hermanas ya caídas hacía poco.

Cuando el más lento de todos a penas rozó el último grano del montículo, dos ramas de árboles se unieron y entretejieron sus ramas formando un ojo de colores verdes. Allí, al otro lado, la casa que vio nacer a Selene y a Yu, por primera vez, se presentaba ante una visión hermosa y cálida para ambas hermanas.

Selene, llena de emoción por volver de nuevo a sus raíces, tomó a Luis del brazo, besó su mejilla y le invitó a pasar el primero.

- Espérame al otro lado – le susurró -. No te muevas del sitio que pronto estaremos juntos.

Seguidamente, Fepico le siguió. La abuela, llena de reticencias, tuvo que ser empujada, literalmente por Yu. Las hermanas pasaron juntas por aquel lugar perdido de los ojos de los incautos hacia lo que una vez llamaron hogar.

- ¡Ahiiii! – se quejan ambas a la vez.

- Podías haberte apartado un poco de a boca del túnel ¿no? – dice Selene a Luis.

- Si no me habéis dado tiempo – responde -. He tropezado al entrar, después Fepico ha caído encima de mí y, por último, la abuela.

- Por lo menos no nos hemos hecho daño – dice Yu.

- ¿Por qué no hablas por ti? – le dice Fepico -. Ahora tengo que rehacer mis cigarrillos… han quedado hechos una auténtica pena.

- ¿Los especiales? – le dice la abuela a su nieto.

- Si.

- Esto sí que va a ser un auténtico infierno – dice ella echándose las manos a la cabeza -. ¡Intenta salvar alguno! Los necesito para curar los dolores de mis huesos.

- Ahora tiene dolores de huesos – dice Yu a Selene en un susurro -. Pero para pillar al cuervo no le dolía nada.

- ¿Qué estás diciendo jovencita? – le regaña la abuela -. Gozo de buena salud, pero mis huesos ya no son los mismos que cuando tenía 80 años.

- Shuuuuuuu… - les manda Luis a todos -. He escuchado algo.

Todos se esconden entre unos matorrales de flores amarrillas y rojas, esperando ver al dueño de aquel ruido que ha escuchado Luis. Poco tarda en a parecer.

- No me lo puedo creer – dice Luis -. Ese ruido no puede hacerlo un perro normal.


- Se acordará de nosotras – le dice Yu a Selene.

- Puede –le responde mientras el perro ha olido su rastro.

- Tihan – dice Selene elevando la voz mientras el dócil animalito se acerca a ellas para darles la bienvenida.

- Hola cariño – le responde Yu, que no parece ella misma -. Has echado de menos a mamá, ¿eh? Sí, sí – habla con el perro ante la mirada atónita de todo el mundo.

- Si yo ya decía que no podía ser tan borde – le dice Fepico tapándose la boca a Luis.

- Thian… ¡Cuánto tiempo sin verte amor! – continúa Yu con su habla maternal -. ¿Dónde está mamá? ¿eh? Dime ¿dónde está? – sigue diciendo mientras su perro le lame la cara.

- Seguro que se ha vuelto a dejar la puerta abierta – le responde Selene -. Anda… ¡Vamos a darle una sorpresa a papá!

4 cosas que decirte:

sangreybesos dijo...

Themyscira, el reino de las amazonas... ¡Fepico se puede volver loco allí!

Silderia dijo...

Espero, que no, las mujeres son un poco peligrosas. Yo diría que estas no son las conejitas de play boy.

Jonessy James dijo...

jajajajajajajajaja
genial el comentario


a ver qué es de selene ahora

saludos afectuosos

jonessy

Silderia dijo...

Selene puede hacer cualquier cosa, todo dependerá de lo que le apetezca en ese momento. Ya me lo dirá.

Besos, Silderia