ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.




6 de abril de 2009

LA PRACTICA LA HACE AL MAESTRO.

Vibra que te vibra….

Ahora que todos conocemos su historia y si no la sabéis aquí os dejo el enlace, vamos a lo importante, el vibrador en sí. Vendido como un electrodoméstico más, hizo los placeres ocultos de las más puritanas, pero ¿qué pasó para que se quedara relegado? Aquellos maravillosos anuncios en revistas femeninas, periódicos y demás documentos de uso común y apto para todos los públicos, desparecieron. En ellos se anunciaba este aparato como una forma de curar la histeria femenina y facilitaba la llegada al paroxismo histérico, conocido hoy día como orgasmo. En ellas se ponían frases como: “la vibración da la vida”, “porque tú, mujer, tienes derecho a no estar enferma” o “instrumento para la tensión y la ansiedad femenina”, entre otras muchas cosas se vendía como una promesa de vigor, vida, belleza y juventud; pero es que no podemos negar los beneficios que hace el sexo regular en nosotros, aunque en esto último salimos perdiendo nosotras.

Siguiendo el hilo de la histeria, ya la histeria era descrita en la época griega, en ella se definía como una mujer de útero ardiente, lo que viene a significar en sí esta palabra, útero. Pero un poco más chorreante de lo normal y con ciertos espasmos por recibir cierto placer. Algo normal en el ser humano, pero negado por el purtinanismo, la doble moral, lo que se entendía como una mujer ideal y, sobre todo, como un pecado mortal para todas aquellas religiosas y su iglesia. Como todo era pecado, y lo sigue siendo, pero le hacemos el mismo caso que ese tío o tía cascarrabias que todos tenemos, al que todo el mundo tolera porque ya estaba ahí cuando llegamos, pero que se le da de lado simplemente porque no quiere entenderte y tú, al igual que él, pasas de comprender nada de ellos, porque solo saben reprochar.

En ciertos momentos de la historia nosotras hemos sido protagonistas de muchas cosas, principales culpables de guerras y muchas locuras ocasionadas por amor, esta fue una de nuestras consecuencias. Un vibrador, aparato que se utiliza para estimular la zona genital femenina o masculina (tiene muchos usos). Dejado para el porno, olvidado por las estrechas (se les fue su excusa para sentir algo en la vida que no sea enfado, entre otros), se relegó para todos aquellos pervertidos de mente que deseaban poner algo de sabor en una vida monótona. Se le acabó a las mujeres el derecho a sentir un verdadero orgasmo, ya que una casada histérica, o era estrecha o su marido confundía su punto erótico con la nariz. ¡Eso no puede ser! Pero no ahora ni antes.

Hablemos de sexo.

Uy, esto se pone caliente, y es que no hay mal que por bien no venga, por una vez en todo estos post hablaré de sexo explícito, pero todo el mundo sabe las miles de posturitas y ciertas cosas que todos hemos aprendido, no en la calle y tampoco porque se leen libros, sino con la práctica.
Pasando de todo eso, vamos a comentar ciertas cosas, la práctica, como ya he comentado antes, de una forma más o menos continua y con una pareja estable fortalece y tiene más beneficios de lo que la gente piensa en un principio. Por supuesto, como ya me repito de nuevo, ellos en estas llevan las de ganar; esto es simple, estudios científicos (lo he leído en una revista científica y no estaba en inglés sino en español) demuestran que para los hombres favorece la memoria y retrasa enfermedades mentales como el temido alzhéimer, aquel que te hace olvidar todo, en otras cuestiones es bueno para los dos, nosotras esta vez no nos llevamos nada en exclusiva. Pero podemos ayudar a nuestros chicos y maridos a recordar muchas fechas, a aprobar ese examen por el que tanto se han esforzado o no y a muchas cosas más.

Entre las múltiples cualidades, la banalidad no es algo de lo que esté exento:

- Mejora el cutis: debido a la sudoración abre los poros y los limpia de toda impureza evitando que salgan espinillas y previene enfermedades cutáneas.

- Mayor forma física: eso depende de lo salvaje que seas o de lo que te guste, el misionero no mejora muchos aspectos, pero mueve más músculos de una sola vez que cualquier deporte que se precie.

- Quita la depresión: si es un buen polvo, uno malo puede conducirte a ella, por supuesto.

- Alivia el dolor de cabeza y el resfriado, aliviando la congestión nasal: eso se debe a la dilatación de los vasos sanguíneos, así que no tenemos excusa cuando no nos apetezca con esa típica frase de “hoy no, me duele la cabeza” (pues ven que te la voy a quitar cordera, diría más de uno, sino funciona, enseñarle el post, a ver que cosa nueva os dicen.)

- Elimina los nervios: como para no hacerlo, quita todo tipo de tensiones.

- Aumenta el sistema autoinmune.

La lista suma y sigue, pero lo del estudio fue lo que más me molaba, es verdad la típica frase de pensáis con la… En líneas generales se puede entender así, aunque visto lo visto, dando una de cal y otra de arena, como alivia la depresión, el mal humor y demás, podemos de decir que también es cierta la frase de “te hace falta un buen polvo”, frase machista donde las haya, pero la otra también tiene lo suyo, feminista. En si, follar es salud, mucha, demasiada, así que no entiendo porqué se ha vuelto un tabú en nuestra sociedad, el problema de no poder ejercer libremente la sexualidad y tener que jugar a la lotería para encontrar una pareja con tus mismos gustos sexuales y poder daros placer a ambos, es algo muy a la orden del día. A lo mejor a ti te gustan las cuerdas y a ella la tranquilidad, o las pinzas rosas y a él otra cosa, como decía Freud, lo raro del sexo es no hacerlo, después viene la histeria uterina y hay que provocarse un paroxismo histérico en soledad para saber lo que es un buen orgasmo. ¡Es que somos de lo que no hay!

Para esto no hace falta prescripción médica.

Y es que una vida llena de satisfacciones hace mucho, te hace olvidar tensiones, mejora la visión personal, aumenta la autoestima, facilita la interacción entre iguales, te hace sonreír (si alguien en pleno lunes a las 7 de la mañana, sea hombre o mujer, llega al trabajo sonriendo ya sabes lo que ha hecho la noche anterior, a ese le da igual las agujetas o lo que le pueda doler o las pocas horas dormidas. En pocas palabras, ha follado, el resto del mundo puede morirse.)

Pero se habla mucho de follar por aquí, polvo por allá. Lo cierto es que si, es importante, de preliminares ya he hablado mucho, paso de comentar nada, pero son muy importantes, al igual que el acto en sí. Saber lo que le gusta a tu pareja, cómo le gusta, por donde está permitido, las prácticas que desearía probar, sus apetencias, la alargación del clímax, que no del clima (ese ya sabemos que es muy cálido, con temperaturas superiores a los 100 grados y superiores en las zonas de sombra), las caricias, las palabras (a algunos les gusta que les insulten), si le gusta o no usar juguetes o si es receptiva o receptivo al uso de ciertas prácticas, artilugios o posturas….. Todo eso y más es muy importante, no vale de un beso y para dentro o cinco minutos y voy sobrao, de eso pasan los verdaderos portentos del sexo, o no. La magia de todo ello es el disfrute y formar un ambiente cómodo, unas palabras oportunas, saber donde tocar (aunque a algunos os haga falta un mapa.) En su esencia natural todos somos iguales, solo nuestra pareja nos tendrá como verdaderos dioses o diosas a los que vamos a tratar o nos tratarán, como queramos que lo hagan: princesas, príncipes, esclavos, esclavas, amos, amas, sumisos, sumisas,… Las machorradas y las gilipolleces no valen ahí, ahora es cuando hay que dar el tipo, la pregunta es ¿estarás acorde con tus palabras? ¿eras cómo dicen? ¿ese que es tan calladito, cómo será de verdad? ¿ese cutis es por las cremas que se echa? ¿esa mente tan prodigiosa es por los estudios o ha nacido así de inteligente?

En la cama, no hay donde esconderse, estás tu contigo misma o mismo, y la persona que compartirá contigo una batalla, la guerra tienes que ganarla junto con ella, tu pareja. En tu mano está dar la talla para ganarse el podio de vencedor o vencedora. Ahora, demuéstrame lo macho que eres o ¿se te ha olvidado cómo era? Recuerda que el síntoma de tener mala memoria no es sólo de la edad sino de no practicar.

3 de abril de 2009

BLOQUEO MENTAL NO DESEADO

Hoy no tengo nada nuevo que contaros, por qué, no lo se. Lo cierto es que mi mente siempre da vueltas sobre miles de cosas, a lo largo del día y a la vez, por supuesto no puedo quejarme de vagancia mental, pero ese es otro tema, no puedo soportar como la gente pierde el tiempo delante de la televisión, hora tras hora y día tras día, después de regresar del trabajo, los fines de semana y, cuando tienen algo productivo que realizar, se quejan porque no pueden estar descansando, que es lo que suelen hacer la mayor parte del tiempo. Dormir y descansar, ¡Que bien suenan esas palabras! Aunque lo cierto que no puedo aguantar mucho tiempo sin hacer nada, como mucho, me paso un par de horas viendo la tele o durmiendo la siesta, pero ahora sólo lo hago ocasionalmente. Cuando esto ocurre, o bien me estoy arreglando las uñas, lo cual requiere tiempo y paciencia, lo cual no me estoy quieta o estoy enferma, como ha ocurrido esta semana.

Debido a un evento social en otra capital, una boda, los cambios de temperatura han provocado, en mi débil sistema de defensa, un resfriado de aquí te espero. No me podía levantar de la cama, me dolía la espalda y las articulaciones, a la vez, una ligera subida de temperatura, anunciaba que había una infección en mi interior. ¿Qué hice? Me fui a la doctora que no médica, saqué la medicación de la farmacia, compré lo la fruta y verdura que me hacían falta para el día y volvía a mi casa. Aquella experta en enfermedades me dijo que necesitaba reposo y estar encerrada en casa unos días, lo que en mi se traduce por unas horas. Así que al volver a mi choza, me puse inmediatamente a cocinar, preparé litros de zumo de naranja y me tomé la medicación. Tras un par de horas o tres, no lo recuerdo muy bien, de preparar comida casera para toda la semana, atender las múltiples llamadas de mi madre para ver como estaba, llamarla yo para ver cómo se hacía tal y cual cosa, y, como no, las de mi abuela, que es como una segunda madre, conseguí finiquitar la pitanza de unos tres o cuatro días. Pollo asado, pilpirana, ensaladilla rusa, pinchitos, flamenquines y demás manjares hacían los placeres olfativos de aquellas cuatro paredes donde vivo. ¡Uy! Un mareo, me dolía la cabeza, pero ¿qué hacía sentada delante de la tele hasta que sangreybesos llegara del trabajo? Yo os diré la respuesta, aburrirme como una ostra en el fondo del mar y sin perla con la que juguetear dentro de su concha. Así que me puse a pensar, tengo que hacer algo, no se me ocurría nada, no estaba motivada, el dolor de mi masa encefálica, unida al de las articulaciones, la tos y el dolor de garganta no me dejaban pensar; pero lo solucioné rápido, puse a hacer ganchillo, tengo algunos trabajos empezados y sin terminar, y esto me permite no fijarme mucho en mis cosas, por lo que no aumentará mi pesadez craneal.

Me fui al sofá, puse la tele, dejé unas verduras cociéndose a fuego lento, la sopa para el día lista para calentar y el segundo plato en el microondas. ¡Ah! Estos nuevos adelantos, son fantásticos, ¿no creéis? Me permiten hacer mas cosas aún.

Puse la tele, ¡bien! Ponían Bob esponja, unos de mis dibujos favoritos (lo cierto es que cómo un ser soso como una esponja o una estrella de mar, pueden haberse convertido en lo que son, los inventores son unos auténticos genios. Entre otras cosas, esos personajes cercanos a la deficiencia mental profunda, hacen los placeres de grandes y mayores, pero lo que más me gusta de ellos es que son felices, los adoro.) Pero no me quedé simplemente como un vegetal mirando la pantalla, mis manos doloridas se movían a un ritmo vertiginoso mientras movían la aguja de ganchillo para formar aquel hilo fino en algo que pudiera ser usado tras su mutación. ¡No es divertido! Después me tocó correr una mijita, ya era casi la hora de que llegara sangreybesos y tenía que terminar de preparar la comida, un toque al móvil – ring, ring,…- se escucha como insiste para decirme que se aproxima a la vivienda extramatrimonial que compartimos. Si no he terminado antes de preparar todo esto, es porque su preparación no lo permite, mira que pronto he colocado el taper dentro del microondas.

Como una loca me levanto, guardo todo en su sitio, porque me gusta dejarlo todo muy ordenado siempre. Coloco el mantel, la cubertería, las servilletas,… Entre tanto, lo demás se va calentando, a penas faltan diez minutos para que entre por esa puerta, buscándome para darme un beso, como hace siempre y un terrible dolor de cabeza vuelve a intentar vencerme, lo malo es que esta ver lo hace. Quizás esté agotada de tanto moverme, de la enfermedad en sí, que no he dormido bien esa noche por los ataques de tos, que me han aconsejado reposo y yo paso del tema, pero no puedo, mi cara se ha puesto más blanca que nunca, a pesar del calor, tengo frío, estoy destemplada y quizás con fiebre, no se tampoco me he preocupado por comprobarlo. He llegado al límite, lo reconozco cuando un mareo me hace sentarme de nuevo en el sofá tras colocar todo en la mesa del comedor. Todo me da vueltas, las venas de mi cerebro me hacen notar los latidos del corazón en él.

Tras la comida, no tengo más remedio que echarme un rato, no duermo, estoy cansada pero no es para tanto, sólo necesito un descanso hasta que la nueva toma de las medicinas me haga su efecto. Poco tardo en recuperarme, comienzo a dar vueltas, la manta que me tapa ya me sobra, no me gusta la postura y dejo de sentirme débil. Es entonces cuando me entra la desesperación por estar enferma. No aguanto el tener que mirar al techo, cerrar los ojos y no poder soñar, el notar como el tiempo se escapa entre mis manos, el volverme, aunque sea por unos instantes en un zombie que sólo come y duerme. Así que me levanto, ojeo el ordenador, voy a la cocina, mi compañero ha limpiado hasta la hornilla (es que es para quererlo), me mira y sonríe, sabe que lo que me diga, referente a un descanso, la cama o que estoy mala, no va a resultar efecto, así que me ducho, me visto y vamos a realizar las tareas mercantiles. Algo de comida para la semana, odio ir al supermercado todos los días y evito hacerlo en la medida de lo posible.

Tras un par de horas volvemos a casa con todo lo necesario para subsistir durante una semana más, montar alguna fiesta con los amigos y algún que otro capricho. Vuelvo a marearme, no digo nada, sin embargo él me lo nota. Me conoce demasiado bien para que pase desapercibido, pero pasa del tema. Preparamos la cena y rendida, por un día agotador, unido a un maldito resfriado común, en conjunción con una faringitis del copón, me hacen desear cerrar los ojos y dormirme. Mañana será otro día, me digo a mí misma, lo malo es que hoy no he podido estudiar, ni he podido escribir para el blog, tampoco he podido leer o ver una película con mi amor. Espero que hoy sea diferente, pero ya me encuentro mejor, quizás pueda hacerlo, pero no se si todavía estoy del todo recuperada. ¿Me quedaré hoy en casa guardando reposo? Depende de lo entretenida que esté, pero lo de reposo, depende de cómo se mire, desde mi punto de vista si, ¿y desde el vuestro?

Por eso hoy no tengo una historia o relato que ofreceros, sólo este pequeño escrito sobre un día en la vida de Silderia cuando se encuentra enferma. Simplemente eso, nada del otro mundo o interesante (no es que lo que yo ponga en el blog sea más, pero es más entretenido.) Espero ponerme buena y que la imaginación pueda salir de ese atasco de encefalitis en el que está metida, aunque no tardaré más de 24 horas más, mientras tanto, nos vemos el lunes. Yo seguiré con los antibióticos, reposando a ratos y gastando clínex para el resfriado, AAA…….aaaaa…..aaaaaachiiiiiisssss.

1 de abril de 2009

Selene. Capítulo XLVI.

CAPÍTULO XLVI: ABUELA, ESTO SE DICE ANTES.

Aquel silbido se hacía más y más fuerte mientras Fepico buscaba el dinero en sus múltiples bolsillos.

- ¡POOOOOOM!……. – suena a pocos metros delante de ellos.

Una gran ola, turbia las suaves aguas del río mojando a todos lo que allí se reunían en aquel momento. Caronte, debido a la fuerza de esta, deja ver su pútrido rostro, configurado por restos de carne descompuesta, trozos de hueso limpio y tendones aún sanguinolentos, parecía un cadáver recién muerto, a pesar del paso de los siglos. Un pestañeo, fue lo que tardó en volver a cubrirse su rostro y mirar al horizonte.

- ¡Cariño! – dice con voz profunda.

- ¡Abuelaaaaaa! – grita el no tan inocente nieto a la vez que el barquero.

- ¿Creíais que os iba a dejar solos en esto? – dice cuando se pone a la vista de todos los jóvenes. – Ese Hares es un tipo de mucho cuidado – continúa limpiándose las gafas. – Sois demasiado jóvenes para ese gamberro - embaucador.

- ¡Señora! – incide Yu. – Sin faltar… – se para un momento. – Que tenemos más años que usted.

- Te he dicho que no me casé nunca, bribona maleducada – le acusa con el dedo. – Y ¡tú! – se dirige a Caronte. – ¡No me llames cariño! – le incrimina malhumorada. – Lo nuestro fue solo algo de una noche – se atusa el pelo y se vuelve ruborizada. – Por eso no contestaba a tu cuervo pútrido.

- Pero…. – dice Fepico sin creerse lo que acaba de escuchar. - ¿Qué esto fue un royo de una noche? – sigue diciendo sin dar crédito a sus oídos. - ¿Tú le has visto bien?

- Cuando lo conocí era un muchacho apuesto – se disculpa la abuela. – Las granadas fueron las culpables de su aspecto – sigue explicándose. – A demás, ¡yo no tengo por qué darte explicaciones sobre mi vida amorosa! – se dirige a su nieto para empujarle por la espalda. – Anda hijo saluda a tu abuelito – lo acerca a Caronte. – Nunca te lo he querido decir pero es así.

- ¿¡Cómo!? – dicen los cuatro aventureros a la vez.

- Nadie sobrevive a la muerte – le dice Yu. – Son las reglas del infierno, nadie sale de aquí jamás.

- Ah, ah, ah… - le dice la abuela. – Esto es el río que te lleva al infierno, todavía no estamos en él y yo volví tan tranquila a mi casa y con un bombo de tres meses – mira al cielo. – Fueron buenos tiempos.

- ¿Entonces usted no está muerta? – le dice Selene.

- No – la mira la abuela. – Es que me aburría de los de arriba – la mira por encima de las gafas. – Cuando una vive tantos años tiene que cambiar un poco de ambientes, así que decidí venirme a vivir aquí – le sonríe.

- Fepico – le dice Luis poniéndole la mano en el hombro. - ¿Cuántos años tiene tu abuela?

- No lo se – le responde un poco incómodo.

- Trescientos por lo menos – le responde Yu. – Caronte lleva con ese aspecto por lo menos ese tiempo.

- ¡Cariño! – vuelve a decir Caronte. - ¿Te apetece salir a zumbar a las arpías esta noche y descuartizar a algunas almas moribundas?

- Esta noche no puedo – le responde. – Tengo que acompañar a mi nieto para encontrar a Hares – le dice. – Me debe un favor - lo mira fijamente. – Ya sabes – le guiña el ojo. – Pero podrías pasarme al otro lado con ellos y cuando vuelva quedamos – le dice poniéndole morritos. – Tengo ganas de usar mi antigua navaja suiza… - lo mira sonriendo. – Aún tiene artilugios que no sé para qué sirven y están sin estrenar.

- Eres un encanto – le responde. – ¡Subir! Hoy invita la casa – los invita a subir al bote. –Tú puedes cruzar volando y tú, nietecito, ven a mi lado que tenemos mucho de qué hablar.

Fepico no puede hacer otra cosa que colocarse junto a su abuelo y escuchar las batallitas amorosas que vivió junto a su abuela. Sabía que aquella anciana era un poco especial, pero no tanto, quizás ese fuera el secreto de su gran longevidad o simplemente que había tenido suerte en la vida.

A lo lejos Yu, los miraba desde las alturas, contemplaba como Selene no le quitaba la vista de encima. Sin embargo, Luis, contemplaba el inhóspito paraje de una forma un tanto singular, como si ya la conociera. Estaba recuperando todo lo que había perdido en los albores del tiempo y había cruzado ese río al menos tres veces voluntariamente en toda su existencia, todas por una misma razón, a pesar de que jamás su alma volvió de allí, Selene conseguía una y otra vez regresar su alma a la tierra y así conseguir sus propósitos de reencontrarse con él.

En unas dos horas, habían llegado a la orilla. Caronte tomaba suavemente de la mano a la abuela de Fepico, la cual volvió a sucumbir ante los encantos de aquel barquero tosco y desconsiderado, en cambio, su nieto, harto de tantas batallitas, se dispuso a tomar tierras lo antes posible, aún les quedaba mucho camino por recorrer y debía mantener la cabeza despejada. Inquieta y nerviosa Yu les esperaba desde hacía un buen rato al otro lado y los dos amantes, silenciosos, como no era costumbre entre los tórtolos, no cesaban de mirar al inmenso río que separaba ambos mundos, el de los vivos y el de los muertos. Necesitaban respuestas, cierto. Tenían que para a Víctor y hacer que jamás volviera a reencarnarse, pero antes había que para a su secuaz ayudante. Una mas informe de sombras, con dos ojos enormes y una voz muy familiar, las sospechas sobre quién eran, se volvían cada vez más claras, hacia un solo nombre. Aunque decirlo ahora estaría fuera de tiempo circunstancias. Selene no estaba dispuesta a que esta vez, aquel malhumorado dios se saliera con la suya y tendría que aprender trucos nuevos para ser quien le correspondía, la más poderosa de todos.

Sin embargo, Luis y Fepico, andaban un poco despreocupados por el tema. El viejo sólo estaba allí por una especie de diversión, aunque no estaba seguro porqué un cobarde como él tenía que vigilar a esa chiquilla tan peculiar y Luis, dispuesto a dar una y mil veces, como había demostrado, la vida por su amada, disfrutaba del paisaje mientras intentaba arreglar ese rompecabezas de recuerdos inconexos y hechizos aún difusos, que se habían almacenado en su memoria.

- Señores – dice Yu cuando todos toman tierra. – El infierno, hogar de Hares y lugar de malos presagios.

- ¿Por qué eres siempre tan… positiva? – le dice Selene.

- Sabes que no me gusta este lugar.

- Antes lo adorabas – le increpa su amiga.

- Las cosas cambian – le responde Yu. – ¡Abuela! – llama a la señorita. – Usted delante que se conoce mejor el camino – le hace el gesto de pasar a Yu. – Por lo menos desde hace unos cuantos siglos – murmura para si mientras tuerce su boca en una risa burlona.