Como todo el que se dedica a escribir, en momentos de su vida ha tenido bajones creativos, falta de ideas, el atascarse en una historia y no saber como demonios continuarla. Pues bien, eso es lo que me pasa, cada vez que escribo un capítulo más de Selene o se me ocurre algo para un relato, me atasco a mitad del mismo porque, a pesar de saber la forma de acabarlo, no sé como continuarlo y, a pesar de comenzar su escritura, han de pasar muchos días hasta que mis palabras vuelvan a fluir y poder continuar con el mismo. Puede que sea exigencia pura hacia mí misma, que con los años me vuelvo más perfeccionista en ese sentido, el caso es que tengo un pequeño problema de expresión en ese sentido. Escribo una frase, no me gusta, no capta todo lo que quiero decir, me obsesiono y entonces ya si que me atasco de una forma descomunal, me agobio y, entonces, la solución a mi entramado gramatical no llega.Me siento como cuando viajamos a Ámsterdam, entendía gran parte de lo que me decían, pero me faltaba conocimientos para componer una frase correctamente y hacerme entender, sólo que esta vez es en mi idioma, ¡frustrante! Desde mi punto de vista.
Por ello, antes de caer en nada que se parezca a un parón creativo, he cogido las otras ramas que me gustan. Retomar la máquina de coser, coger modelos antiguos, rehacer la decoración de mi casa, hacer bocetos sobre futuros proyectos y buscar los materiales. Ya que todo no se reduce a hilos y telas, maderas, pistolas de silicona líquida, una sierra de calar y lijas, completan ahora una fase en la que decidido rehacer mi casa mediante el estilo propio de mi mente. Si no lo encuentras en la calle, si el bolsillo no te llega, soy de una condición, hazlo tú mismo, y yo tengo manos igual que el resto, ahora mismo sólo son proyectos que pasarán a papel, intentos de ver algo diferente en mi entorno y buscar la armonía íntima que a todos nos gustaría alcanzar.
Mientras tanto, mi mente consciente se dirige a otros métodos de creación más tangible, pero el subconsciente vive para las letras, como siempre, así que, hasta que todos esos pensamientos ocultos surjan a la luz, poco puedo ofrecer, aunque no os libraréis de mí tan fácilmente.
Mientras buscaré la forma de obtener los materiales y convencer a sangreybesos de que, estas navidades, me regale una sierra de calar, una pistola para pintar las paredes, una lijadora eléctrica o una pistola de silicona líquida. Raro ¿verdad? Pero es que no voy a negar que me encanta la carpintería y, si algo no sale por una vía, lo hará por otra.

