ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.




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17 de febrero de 2008

El negro es un color muy oscuro. Capítulo 3 (parte primera)

Capítulo III: la última planta.

Estaba acabando el primer trimestre, pronto llegarían las navidades y, la señorita Erika, la sustituta de la profesora anterior de dibujo, había puesto como tarea un dibujo, semilibre. La actividad consistía en realizar un vidriera, utilizando las formas básicas, de un papá Noel, eso sí. El fondo y los colores eran libres.

--- Típico de la navidad – Comentó Nuria.

--- ¿Qué es lo que pasa? – le contestó su amiga Marieta - ¿No te gusta la navidad?


- Simplemente odio los tópicos. Y este no tienen nada que se salga de la línea. A demás, pronto nos largaremos de este lugar, por lo que es un completo absurdo. – Le dice Nuria muy indignada. – Y por qué te estoy contando todo esto si ya te sabes la historia.


- A mi me gustan los tópicos. Son cómo aquellas pequeñas cosas que nunca cambian.

- Si a ti te gusta que un viejo panzudo, vestido de rojo entre en tu casa a dejarte regalos.

- Si, en el patio. El único lugar de la casa que está al aire libre, porque no le permito entrar. – Le contestó Nuria – Debería de hacer como los vampiros, que no pueden entrar en una casa hasta que no es invitado, por lo menos va con malas intenciones pero con educación.

Nuria, terminó su dibujo. Estaba lleno de ángulos rectos, agudos y obtusos, semicírculos y múltiples formas geométricas. Sólo había un pequeño inconveniente, al contrario que el resto de niños, había dibujado un papá Noel, montado en un murciélago gigantesco, seguido por una manada de cuervos y sobrevolando una ciudad pétrea.

- Te gusta mi dibujo. – Le dijo Marieta mostrándole la hoja.

- No, es como los de todos, un viejo rojo en un trineo tirado por unos renos voladores y cargado de regalos. – Le contestó Nuria.

- Nuria a ver si te vas a meter en un lio por dibujar lo que te ha parecido. – Le advirtió Marieta.

Nuria no dijo nada, simplemente hizo una media sonrisa, mientras escondía su pequeña tras su melena pelirroja. Sus ojos verdes resaltaban aún más su siniestra expresión.

Unos días antes de navidad, la profesora estaba corrigiendo los dibujos en su despacho, cuando vio el de Nuria. Estaba con la boca abierta, y no podía creerse lo que estaba viendo, - “tiene un gran problema” – pensó la psicóloga novata.

Estaban todo en clase de lengua, cuando Erika apareció por allí.

- Don Sebastián, puede salir un momento – Dijo la profesora interrumpiendo la clase.

A los pocos minutos Erika entró en la clase y se dirigió a la mesa de Nuria.

- Nuria, cuando termine la clase, ¿te importaría ir a visitar a Don Antonio?, te está esperando. – Le dijo la profesora muy amablemente.

- Podría haberse ahorrado lo de, te importaría, ya que quiera o no voy a tener que hacer aparición por esa clase. – Decía mientras recogía las cosas.

- Qué has hecho ahora? – le susurró Marieta antes de que se fuera.

- Ahora me enteraré. – Le dijo antes de encaminarse hacia la maestra, con tono orgulloso.

Erika la acompañó hasta la última planta, tenía que ir hasta el aula, que se encontraba atravesando una gran cristalera. En la puerta había un cartel colgado – “Psicólogo”- leyó. Mientras pegaba a la puerta.

- Hola, tú debes de ser Nuria, te estaba esperando. – le dijo Don Antonio cuando la vio.


- Si, me podría decir por qué estoy aquí. Todavía no me han leído los cargos.

- Por un dibujo.


- Esos temas los lleva Don Tomás.

- Te suena de algo la vidriera que hiciste la semana pasada?, ¿me puedes decir porqué es negra? Y ¿qué significan esos murciélagos, arañas y cuervos? – Dijo el psicólogo iniciando el interrogatorio.

- Por el mismo motivo que todo el mundo lo pinta de rojo y con colores chillones. Porque me ha dado la gana.

- Eso no es una respuesta, clara.

- Para mi si, si no le gusta me invento alguna y así usted obtiene lo que buscaba y a mi me deja en paz, ¿le parece?

- Porqué no me comentas lo que piensas de la navidad.


¿Cómo saldrá Nuria de este embrollo? , lo veremos en la segunda parte del capítulo.

10 de febrero de 2008

El negro es un color muy oscuro. Capítulo 2 (segunda parte)

Capítulo II:bajada al infierno (segunda parte)


En la primera parte Nuria, se encontraba recorriendo una cueva que llevaba hasta las mismas puertas del Hades, cuando se encontró en la puerta de Don Tomás. El jefe de estudios.
Esta esta dispuesto a esclarecer los acontecimientos ocurrido en clase de dibujo....


“Calmarnos”, pensaba Nuria. El único que estaba nervioso era él. Seguramente ya habría maquinado el castigo por su insolencia.

- La señorita, Dolores, me ha dado este dibujo. Me ha comentado que era ella ardiendo en la hoguera, vestida de bruja. – Le decía Tomás, mientras le mostraba el dibujo.

- Efectivamente, sólo que no era ella vestida de bruja. Es su representación simbólica dentro de mi mente. – Exclamó la niña de forma pedante.

- Y porqué lo has hecho.

- Porque era la clase de dibujo libre, en ella cada uno dibuja lo que quiere.

- Si, pero esto ¿a que viene? - Le volvía a decir mostrándole de nuevo el dibujo.

- Era dibujo libre, no dibujo del agrado de la señorita. Sino sería dibujo dirigido – Decía en tono monótono.

- Pero, ¿por qué la señorita Dolores? – Decía don Tomás.

- Fácil, cada vez que toca dibujo libre, haga uno de cada persona del centro, tal y como la veo yo. Así que he puesto su representación. Por los otros no he tenido problemas.

- ¡Otros!, …… ¿Qué otros? – Don Tomás no daba crédito a lo que estaba oyendo.

- Si, los del profe de lengua, del de ciencias, la de inglés y usted. – Decía la niña con normalidad.

- Y cómo me has dibujado a mí.- Le dijo con intriga.

- Usted es el rey de los infiernos.

Los ojos de Don Tomás, el jefe de estudios, se salieron de sus órbitas. Se tornó rojo como un cangrejo.

- Nuria, perdona por haberte hecho perder la clase. Sube y dile a tu maestra que baje con todos tus dibujos, de las últimas semanas. Esta vez te has librado del castigo.

La niña se levantó y se dirigió hacia su clase. Un aura de triunfo daba un brillo, casi fantasmal, a sus ojos. Pegó en la puerta del aula con tres golpes, secos y rotundos. La puerta se abrió de una vez y, con cara de inocente, miró a Doña Dolores.

- Ah, Nuria ¿Qué te ha dicho Don Tomás? – Preguntó en forma burlona.

- Nada – Contestó la niña.

- Algo te ha tenido que decir – Le contestó Dolores, esperando que le corroboraran lo que ya creía que sabía.

- Si, que haga el favor de bajar al despacho con todos mis dibujos. La está esperando.

A la mañana siguiente había una maestra suplente, y se prohibió el dibujo libre.

Sólo una persona como Nuria, podía bajar a las entrañas del infierno y volver para contarlo.

4 de febrero de 2008

El negro es un color muy oscuro. Capítulo 2 (primera parte)

Capítulo II:bajada al infierno (primera parte).


En el capítulo anterior (El dibujo): Tras llegar tarde a clase, Nuria se disponía ha realizar el dibujo libre, de la señorita Dolores. Este era una bruja quemándose en la hoguera la cual, la niña afirmaba que era la profesora condenada por sus aburridas clases">

Dolores acompañó a Nuria por todo el pasillo, las baldosas se movían a cada paso que daba, regalándoles un espectral brillo. La niña ya había estado antes en ese despacho, demasiadas para lo que le restaba de curso.

- Siéntate en el banco y no te muevas de ahí, hasta que el director te llame.

Nuria no respondió, simplemente volvió su cuerpo en dirección al asiento de madera y se dispuso a esperar. Tendría que esperar un buen rato, hasta que el “jefe”, se dignara a recibirla, pero antes tendría que escuchar cómo cotilleaba la secretaria con su profesora antes de que esta abandonara el lugar para dirigirse hacia la clase.

Eso era lo de menos, por fin se había podido librar, aunque fuera por un breve periodo de tiempo, a esa persona tan molesta que la tenía tomada con ella. No era la primera vez que la mandaba al “inframundo”, como Nuria lo llamaba.

Pasaron los minutos y todo seguía igual, ni un solo ruido. La pequeña miró hacia la puerta que comunicaba con el pasillo y, al volver la mirada, se dio cuenta que estaba en un lugar oscuro y pétreo, sobre un viejo banco oxidado, raído y con el asiento lleno de musgo. Una sonrisa se dibujó en su cara, estaba como en su casa.

Ese olor a ceniza y humedad le hacían recordar aquella bonita casa, por la que pasaba todas las mañanas. El cielo oscuro, cubierto de nubes que no dejaban pasar ni un tenue rayo de luz y los árboles muerto que adornaban el paisaje. Estaba encantada con la visión cuando algo llamó su atención.

Miró al suelo y descubrió un pequeño y peludo arácnido que salía corriendo, justo al lado de su pie. Vio como se dirigía directamente hacia una profunda, pero pequeña cueva, al fondo del cementerio.

La siguió con la mirada, lo suficiente como para que no fuera más que un pequeño punto en movimiento, entonces su curiosidad se despertó. Se levantó de un salto y salió tras de ella. Siguió los pasos del insecto hasta la boca de la entrada. Paró en seco y oteó el pasadizo, estaba oscuro. A penas podía distinguir a Monick, era el nombre que mentalmente le había puesto al insecto. Odiaba que las cosas no tuvieran nombre propio.

No tardó mucho en olvidarse de ella, a penas unos segundos. La casi completa oscuridad, había redirigido su curiosidad, hasta el punto de que su flamante deseo por descubrir lo que había al final, obnubiló su mente.

Continuó su expedición, entre un camino de rayas intermitentes de colores. Cada vez había más claridad ahí dentro, el calor le enrojecía sus mejillas. Estaba sudando y el suelo, de roca sólida, se hundía bajo sus pies.

Al fondo se podía ver una puerta, con unas letras rojas en las que se podía leer, “jefe de estudios”. Esta comenzó a fundirse, por el tremendo calor.

- Nuria, pasa – Decía una voz ronca desde el otro lado de la puerta.

- Intento pasar, pero las llamas no me dejan, a demás, la puerta no se ha fundido del todo y no me deja pasar.

- Nuria, tú y tus fantasías ¿Quieres dejar de soñar?

Todo volvió a la normalidad. Estaba en el marco de la puerta, con el máximo responsable del centro.

-Vas a pasar o prefieres quedarte ahí hasta mañana – Le dijo Don Tomás, el jefe de estudios.

-Lo cierto es que preferiría volver a clase – Le contestó Nuria.

- A ver, cuéntame que ha pasado esta vez. – Decía el jefe de estudios con voz de desesperación.

- Si ya se la contado la profe, y a mí no me va a creer ¿Por qué habría de gastar saliva?

- Nuria, que ya nos conocemos.

- Y a mi familia, por eso mismo me niego a decir nada. Si sólo va a servir para empeorar las cosas. – Contestó Nuria muy convencida.

- Bueno, vamos a calmarnos un poco. Siéntate, voy a empezar yo.


Continuará....

16 de enero de 2008

El negro es un color muy oscuro. Capítulo 1

Capítulo I: El dibujo

Aquél día se abrió la puerta, dentro había unas cuantas mesas en las que algunos niños estaban sentados y una persona adulta, que escribía algunos garabatos ilegibles en la pizarra. En el marco de la puerta había un pequeño personaje de cabellos anaranjados, vestido con ropas anchas y negras, con algún toque de color morado y con una maleta negra en la que se distinguían algunos signos de color blanco que nadie de la clase sabía lo que podía significar.

- Hola Nuria, por fin nos honras con tu presencia – dijo la profesora.

Nuria no dijo nada, solo sonrió levemente y se encaminó a su mesa, la cual compartía con su amiga Marieta, una chica bastante diferente a ella, en apariencia. Por los pasillos de las mesas, por donde Nuria se encaminaba hacia su silla, se escuchaba “Nuria, la oscura”, a lo que la niña jamás contestaba, solo se limitaba a dejar que sus pasos, pequeños y pesados, se encaminaran hacia su sitio impuesto por el tutor de la clase.

- Hola, ¿te has vuelto a entretener mirando la casa verdad? – le dijo Marieta.

Pero Nuria no contestó, solo se limitó a sonreír mientras sus pensamientos aún estaban delante del pequeño patio delantero de la casa. A ella le encantaba aquel lugar, era la casa de sus sueños, tan oscura, llena de enredaderas, tanto que por algunos lados de la casa no podía distinguirse lo que había bajo ellas, tan tétrica, con las ventanas medio tapadas por trozos de madera, sin pintar, desconchada por algunos lados,…. Era tan tétrica y oscura, que a Nuria le hubiera encantado que su esa casa fuera la suya, para ella esa pequeña casa con dos patios era una tracción a la que no podía resistirse a mirar, durante un buen rato, cada vez que pasaba por allí.

- Ssssssh – se escuchó por parte de la profesora – Para colmo que llegas tarde la mayoría de los días, no eres capaz de estarte callada y atender en clase.

Nuria se sentó mirándola fijamente, su mirada podría haber atravesado a cualquier persona, incluso daba miedo verla. Su mirada era profunda y oscura, con esos ojos negros y esa pintura morada que se echaba en las ojeras para dejarlas más constantes, parecía que deseaba convertirla en piedra, esto provocó en la profesora un pequeño escalofrío que le recorrió toda la espalda, jamás la habían mirado de esa forma, aunque tampoco Nuria le había dirigido nunca una mirada distinta cada vez que ella reclamaba su atención o que la obedeciera en algo.

“Vieja bruja”, pensaba la niña mientras se sentaba lentamente sin quitar ojo de la profesora y haciendo que más de uno de sus compañeros se pensara muy seriamente el hacer algún comentario inoportuno. A decir verdad, Nuria no era una niña muy amigable con sus compañeros de clase y con la única que hablaba era con Marieta, una niña que siempre vestía de colores llamativos y que era todo lo contrario a lo que Nuria podía ser. Parecía una pareja un poco rara aunque se aguantaban perfectamente desde que hacía varios años.
- Bueno, vamos a sacar nuestros lápices que vamos a hacer un dibujo libre – dijo la profesora tras una larga charla.

Las dos niñas sacaron sus estuches de colores, el de Marieta era de color verde chillón con unas flores en naranja y amarillas, y el de Nuria era de color negro con el dibujo de un vampiro rodeado de murciélagos y cuervos.

- Mira, ¿te gusta el dibujo que he hecho? – le dijo Marieta a Nuria enseñándole el folio.
- Tiene muchos colores – le respondió su amiga – esto podría hacer ver a un ciego.
- Sabía que te encantaría – le dijo Marieta.
- Mira, esto es un dibujo – le mostró Nuria, levantando su hoja donde estaba dibujada la profesora quemándose en la hoguera.
- Es horrible.
- Gracias – le dijo Nuria, con una sonrisa de halago en la cara.
- Pero ¿qué estáis haciendo? – dijo la profesora mientras se dirigía hacia ellas – estamos en clase de dibujo, no de cháchara.

Dolores, la profesora de matemáticas y de dibujo, observó lo que Nuria había trazado en el folio con gran atención, se volvió a su alumna y le dijo:

- Esto ¿qué es?, Nuria – sin quitar la vista del dibujo.
- Es un dibujo señorita – le contestó.
- Ya lo veo, pero ¿crees que puedes dibujar una persona quemándose en la hoguera?
- Es usted señorita, en el dibujo es una bruja a la que están quemando por sus malas artes y hacer hechizos de aburrimiento supremo a los niños a los que les explica los placeres de los números y el secreto del dibujo, como usted lo llama.

La profesora se quedó perpleja ante lo que acababa de escuchar, no era capaz de salir de su asombro, al que se unía el resto de la clase la cual miraba a Nuria sin quitarle ojo de encima, Marieta estaba bastante tranquila y seguía a lo suyo, cómo se notaba que el resto de la gente no conocía a aquella muchacha que siempre vestía con colores muy oscuros. Aunque lo cierto, es que a nadie se le hubiera ocurrido decirle eso a un profesor, por muy cierto que fuera aquello y aunque deseara decirlo a viva voz. Pero Nuria era diferente, ella nunca se callaba lo que pensaba y menos si se trataba de algo que era claro y lógico.

Aquella profesora llevaba todo el curso dándole la tabarra y el hecho de que mandara, por primera vez en mucho tiempo, un dibujo libre, era la ocasión de expresar todo lo que sentía por ella, incluido si esos sentimientos eran malos o buenos.

Dolores, bastante afectada por aquello hizo lo que cualquier profesor la mandó directamente al despacho del director del centro, aunque aquello no era nuevo para ella, ya lo había visitado más de una vez, en menos de tres meses y todo había sido por casi los mismos motivos, el decir la verdad de lo que pensaba a cerca de un tema.

Nuria, con una expresión inamovible, se levantó de la mesa y se fue directa a la puerta donde esperó cordialmente a que la profesora diera las últimas instrucciones a la clase, que tenían que seguir en su ausencia, y la acompañara hasta el despacho del director del centro.