ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.




26 de noviembre de 2008

SEÑOR DE…..

Las cosas pequeñas son las que deberían cambiar antes.

Cierto es que ciertas cosas se dicen por educación, como el llamar a un desconocido de usted (en el caso que no te diga lo contrario), llamar a una mujer que se piensa ha entrado en cierta edad señora (aunque lo más correcto, a mi entender, sería decir directamente señorita. A menos que las circunstancias no digan lo contrario), llamar a una monja hermana, cuando hablas con ella, decirle a un cura padre, cuando te diriges a él,… y miles de chorradas más que se consideran como reglas de educación.

Por desgracia, ciertas cosas no han cambiado y miles de machismos, instaurados dentro de lo que consideramos las buenas maneras, educación, sin dar más vueltas. Todo el mundo sabe lo que es la mala educación, ser correcto y la cordialidad pero. ¿Cuándo pasan las buenas formas a ser algo que molesta? Muy fácil, cuando se intenta quedar como un sabiondo o continuar con unas rectitudes arcaicas.

El caso que os voy a exponer es uno de los que me molestan mucho, cada vez que lo oigo me molestan los oídos y el tono de mi contestación, deja entrever que me ha ofendido bastante lo que acaba de entrar, desde mi oído externo, hacia el interior de mi cerebro. ¿Por qué no mejoramos el lenguaje también con el tiempo? No me estoy refiriendo a ciertas chorradas de cambiar el diccionario español, formar un femenino donde no da cabida o minimizar las palabras a su mínima expresión. Nada más lejos de la realidad. Sino de enriquecer aún más nuestra forma de expresarnos evolucionando con el tiempo, todo eso está en nosotros, no en lo que dicten cuatro catedráticos de la lengua. Ellos han tenido que aprender lo que unas reglas preescritas les dictaban para ser lo que son y, como otras muchas cosas, la evolución, no sólo afecta al desarrollo biológico de los elementos vivos de un planeta. Entre esas miles de cosas está la expresión, la manera de comunicarnos.

Bueno, no me enrollo más, la situación que se plantea es la siguiente:

De vez en cuando, (aclaro, todavía, y por muy poco tiempo, vivo con mis padres) llaman a mi casa por la mañana. Y, como siempre, yo cojo el teléfono. Es de alguna empresa, intentando vender algo sin utilidad, haciendo una encuesta o comunicando algo, el caso es que no son conocidos. La frase que siempre escucho en esta situación es siempre la misma – ¿La señora de…? – No sé como presuponen que mi padre no está en casa, las mujeres trabajamos también, y mucho, no sólo en la casa (eso ya me cabrea nada más pensarlo).

Mi respuesta ello es la misma en todos los casos – No… - el que se encuentra al otra lado del teléfono se queda un poco difuso y entonces cambia la pregunta – Esa no es la casa de la señora… - Ahora si contesto bien, les digo que esperen y les paso con mi madre.


Diréis, ¡qué chorrada! Eso no tiene importancia, vaya chuminada. Pues para mí no, es una de esas pequeñas manías que me molestan muy mucho. ¿Por qué? Diréis algunos, otros simplemente seguiréis leyendo y algunos se habrán aburrido ya varios renglones antes de llegar aquí. Pues porque nadie llama a mi casa preguntando está el Señor de… Simplemente, para uno si es aceptable, pero cuando el aludido es el hombre, ni tan siquiera se lo plantean. Eso es un machismo, aceptado, puesto como una regla de buena educación, pero nadie le quita ese nombre. La señora de… ridículo lo mires por donde lo mires. Eso denota pertenencia; no pertenecemos a nadie y menos si es de una forma tan burlesca como esa.

Lo más simple puede ser lo más importante.

¡Mujer, si es una manera de hablar! A que muchos lo habéis pensado, ¿verdad? Puede, pero por ahí empiezan a introducirse ideas en la cabeza, por la manera de hablar. Si, tiene razón, pero si esa expresión me pone por debajo de mi marido prefiero que no la menten. Muchos años llevo luchando por ser independiente, liberada sexualmente, fuerte, con carácter, segura de mí misma (en ocasiones, nunca se está al cien por cien) y ser una persona, no una propiedad de nadie. Hay gente que lo hace peor, hay culturas que nos degradan más, aunque puedo deciros que las formas más sutiles de introducción son las más peligrosas y esta ha permanecido ya demasiado tiempo entre nosotros.

Esto no es algo que nos venga de nuevo, aún tenemos que guerrear mucho por lo que veo. Y lo digo una y otra vez, no me declaro ni feminista ni machista, me declaro mujer, persona, residente del mundo y, sobre todo, individuo pensante. Si habéis pensado que una frase hecha, no podía tener tanto contenido, analizar todo lo que os dicen a diario, veréis la fuerza de la pragmática del lenguaje.

¿Conocéis alguna frase más de este estilo? ¿Hay alguna que lo haga con los hombres? ¡Contádmela! Quiero conocerlas.

24 de noviembre de 2008

ADIOS MARIPOLLI

Hoy 24 de Noviembre del 2008, ha sido una mala mañana, mejor dicho, un fatal despertar. No sé porqué ha tenido que suceder así, pero lo cierto es que llevábamos 11 años esperando que esto pasara. Puede que no os parezca mucho tiempo, pero para una mascota si que lo es.

Una mañana de verano, íbamos a ver a mi abuela a su apartamento de verano, por lo que mi madre nos mandó, a mi hermano y a mi, a comprar un pollo asado (no es de buena educación aparecer con las manos vacías, y menos si lo haces sin avisar.) Camino del dispensador, en una esquina, había una pequeña bola de pelusa gris con un pico amarillito y unos botones negros, un gurripato. Aquel animalito estaba completamente helado, ni siquiera puso resistencia cuando lo cogimos. Estaba asustado, sucio y con mucha hambre, sabíamos que no estaba bien, pero no podíamos dejar que algún niño desaprensivo lo utilizase paras sus crueles juegos o que los gatos callejeros de mi barrio, hicieran buena cuenta de él. Si algo me ha enseñado mi padre es el amor incondicional por todo animalito viviente, esté en el estado que esté.

Cuando volvimos a casa, yo llevaba a aquel pequeño e indefenso bebé en una gorra y mi hermano traía el pollo asado. Mi frase hasta hoy ha sido la misma: fuimos a por un pollo asado y trajimos uno vivo. La noticia no vino de sorpresa, todos los años traíamos algunas crías de gorrión a la casa, las alimentaba, las cuidaba y, cuando tenían edad para irse, les abría la ventana y dejaba que vivieran su vida como animales salvajes que eran. Pero esta fue diferente.
Enferma, muerta de frío y una cría repudiada del nido, según mis conocimientos. Carecía de cualquier aliento de superviviencia, tenía indicios de haber sido picoteada en la cabeza y su inteligencia (cada uno que piense lo que quiera, yo voy a decir lo que he visto en cientos de animalitos que he criado a mano) no era la normal para un pájaro de su edad. Sé que a penas contaba con unos días de vida, su plumón no indicaba lo contrario. Pero era lenta, mucho, en reflejos, asimilación, movimientos y en el despertar de su curiosidad. Le cogimos cariño al momento, era un animalito que se hizo de querer en un primer momento, me llamaba cuando estaba desesperada, se levantaba de su cajita, llena de algodones y pequeñas mantitas de croché hechas especialmente para ella, cuando me veía entrar por la puerta de mi cuarto. Puede decirse que fui su madre, en muchos aspectos de su vida. Me levantaba cada dos horas para darle de comer, dormía con una luz en mi cuarto que le diera calor, para que no muriera de frío, le compré vitaminas y una comida especial para que creciera fuerte, la estimulaba para que no se entumeciera y, por fin, tras dos meses de esfuerzos, mi niña salió de su cajita y se posó en mi hombro. Era un macho, eso no lo supimos hasta casi entrada la siguiente estación.

Debido a su falta de casi todo, aquel invierno no le salieron las plumas. A penas podían verse las puntas de los cañones salir de sus alitas, sus muslitos eran pequeños y había perdido todo el plumón, se moría, eso pensábamos todos. Mucho esfuerzo y cariño eché para que eso no sucediera – de una semana no pasa – me decían todos los que la veían. Cierto, estaba hecha una pena, pero sus ganas de vivir eran demasiadas, y el amor que yo le daba, unido al de toda la familia, no la dejó rendirse a las circunstancias. Esa semana que le daban de vida, se han convertido en 11 años, hoy ha muerto, si, de vieja. Dormida en su jaula, sin dolor, sin agonía, calentita y rodeada de toda su familia, la única que ha conocido.

Le pusimos Mary Polli, puede que suene un nombre un poco cruel para un pájaro. Pero es que, era una maría. Cada vez que venía alguien a la casa, tenía que salir a ver quién era, si alguien venía a mi cuarto, le hacía la raya en medio y le peleaba hasta que se iba. Nadie podía ponerme una mano encima, si él estaba delante.

Al principio dormía en mi cuarto, dentro de aquella gorra que le sirvió de refugio cuando la vi por primera vez. El motivo por el que no la eché a volar cuando lo conseguí sacar a delante era porque sería una sentencia de muerte segura, epiléptica, casi sin manejo para el vuelo y medio ciega, habría sido un perfecto plato para ciertas rapaces urbanas, que pueblan nuestras ciudades.
Si supierais cuanto cariño se le puede coger a un pájaro, no más grande que una albóndiga. Nos reímos mucho con ella, también nos dio algunos sustos con sus ataques, todos los años decíamos – de este invierno no pasa – y de este no ha pasado. Todavía me acuerdo cuando se escondía en mi pelo y se acurrucaba en mi cuello, aquellas veces que intentaba beber de lo chupitos de anís en navidad, cuando casi se ahoga intentando beber de un vaso, cuando nos llamaba desde el suelo para que la cogiéramos y lo graciosa que estaba el día que se mosqueaba y te daba la espalda, aquel día no consentía mirarte a la cara.
Pero todo tiene un fin, y este ha sido el suyo. Muerte por vejez, con cariño, dedicación y una madre humana que ha estado ahí para sacarla adelante, tenía un compañero de juegos, Rodrigo, todavía vive, pero tiene solo un año menos que ella. A este también lo he criado con el mismo cariño y esmero y, creerme, si lo estoy pasando muy mal hoy, no quiero ni pensar qué pasará cuando el otro también se vaya.
A ambos, los alimenté con un palillo de dientes, pan, leche, carne muy picada y aprendía pelar alpiste con los dientes para que ellos pudieran comerlo en sus primeras etapas. Hice lo mismo que sus madres biológicas, sólo me faltó cubrirle con unas alas ficticias para que pasaran frío. El resto es historia.

Ahora podrá volar como nunca hizo, tampoco aprendió nunca, no tenía fuerza en las alas. Espero que, si va a alguna parte, esté bien. Sino, por lo menos hice todo lo que estuvo en mi mano para que pasara esta vida, que desde un principio no la trató bien, lo más tranquila y seguro posible.


Hasta siempre cariño.

19 de noviembre de 2008

Selene. Capítulo XXXIV.

CAPÍTULO XXXIV: PESTI.


- Graaaaa….. Urrrraaaaaaaaa….. – se escuchaba desde el otro lado de la puerta.

- ¡Abre!.... ¡Anda! – le dice Fepico a Yu. – Es un cuervo que venía con la casa y que se divierte imitando ruidos – busca un cigarrillo en el bolsillo de su chaqueta. – Todavía no he podido descubrir como echarlo… Aunque, - mira el cigarro a tras luz – me sirve de compañía.


Cuando la puerta a penas contaba con unos centímetros de abertura, una especie de bola negra, que dejaba algunas plumas a su paso, entró estrepitosamente por la puerta imitando los ruidos de los pasos y los sonidos de las voces. Se coloca encima del reposacabezas del sofá y mira atentamente a su alrededor. Selene y Luis, desde el otro lado de una de las estanterías se acercan rápidamente.


- ¡Me nudo bicho! – dice Selene acercándose – Parece un balón más que un pájaro – acerca sus dedos al cuervo. - ¿De dónde lo has sacado? – retira la vista del cuervo – Ah…. ¡Bicho inmundo!

- Ya lo he dicho, venía con el trato – dice Fepico con el cigarrillo en la boca. – Aquel tío estaba loco por quitárselo de encima – el cuervo lo mira fijamente. – Lo cierto es que desde la primera noche sé por qué… No me hizo falta preguntármelo mucho.

- ¿Por qué no le retuerces el cuello? – añade Yu. – Y lo lavas de vez en cuando – se tapa la nariz al decir esto.

- No puedo, no se deja – le contesta aquel viejo misterioso – A demás, no se puede matar a lo que ya no le late el corazón.

- ¡Mola! – dice Luis – Estamos en el culo del mundo.

- ¡Bien dicho chico! – le dice Fepico levantando la mano en señal de aprobación.

- Tenemos que buscar una forma de matar a un bicho, que una vieja de metro cincuenta con muy mala leche…..

- No te puedes imaginar cuanta – añade el nieto de la aludida.

- Que dejó escondido algo importante, en algún lugar de esta habitación, y, ¡para colmo!.... Nos acompaña el muerto viviente de un cuervo – se coloca ambas manos en las sienes – Corregirme si me equivoco, porque esto ya supera todo lo que tenía por normal.

- Depende de lo que consideres normal – le dice Yu sonriendo.

- Luis… - llama Selene a su novio – No te alteres – se acerca a bajarle las manos. – ¡Cálmate un poco! – le da un beso en la frente – Verás como pronto lo verás todo mejor.


Luis la besa - ¡mejor! – piensa para sus adentros. Sabe que esto cada vez es más irreal y que nada volverá a ser como antes. La quiere, y eso es lo que importa, ha conseguido más de lo que pretendía en un principio. Jamás nadie se había preocupado por él de aquella forma, nunca tuvo un amor tan incondicional como el de aquella diosa reencarnada, la cual abrazaba en un intento por consolar su nerviosismo.


Nunca podría asimilar del todo aquel mundo, pero, en cierta forma, una vez fue el suyo. Ahora le tocaba recordar muchas cosas de su primer nombre, vivir su vida futura y conseguir aquello que Selene pretendía, desde hacía ya varias vidas; fuera lo que fuese. La seguiría hasta el fin del mundo si hiciera falta. Aunque a veces le entraban ganas de renunciar a todo y volver a su vida normal, continuar con las fiestas, su trabajo y la búsqueda de alguna amante casual; todas acababan hartándose en poco tiempo de él, muchas veces, su forma de ver la vida, de tomarse las cosas, de hacer caso a sus instintos, no concordaba con lo que estaba establecido en la mente de la mayoría. Por ello prefería estar solo, sin embargo, todo esto era diferente. Aquella extraña mujer, se involucró en su vida hacía ya tiempo, primero tropezando con él por la calle, luego se la encuentra en su lugar preferido y, poco tiempo después, es la persona con la quisiera estar toda su vida, aquella chica con la que desearía despertarse todas las mañanas. Estaba enganchado a ella, una droga sin remedio tras la cual sólo había vacío y soledad, lo sabía, y bastante bien. Al igual que Selene, la vida sin ese amor tan profundo, no podría seguir a delante sin antes convertirse en uno más de los miles de zombies que pululaban por la ciudad, esperando una muerte segura, los golpes de suerte esta vez no le curarían las heridas. Por ello, sólo por eso, se repuso apretando aquel delicado cuerpo y respirando su perfume, en una honda exhalación.


- Bueno – dice Yu. – Me parece preciosa la escena, pero decirme por dónde empezamos a buscar antes que este bicho nos saque los ojos.

- No es tan malo – dice Fepico dirigiéndose al el aludido. – Pesti, dime dónde está la cerradura que pertenece a esta llave – el cuervo mete la cabeza entre una de sus alas y se echa a dormir. – Parece que no quiere colaborar.

- Después del recibimiento, creo que no va a ayudarnos – dice Luis.

- ¿Pero ese pájaro entiende algo? – pregunta Selene, aún en brazos de su enamorado.

- Si, todo lo que le digo – se dirige Fepico a Selene – Abre las cervezas como nadie… Lo malo que después se bebe los culos y vuela en zigzag.

- ¿Por dónde buscamos? – dice Yu. – Aquí hay demasiadas cosas con llaves.


Cierto, la casa estaba llena de baratijas y objetos de valor todos con cerraduras de miles de formas y tamaños. Tardarían siglos en poder encontrar la otra parte del puzle, pero no les quedaba más remedio. Tenían que descubrir que nuevo invento había descubierto Víctor para quedarse con Selene, esta vez. Nunca lo había conseguido, ella era una de las más poderosas de todos los eternos, pero nadie sabía a qué tipo de magia se había podido encomendar para conseguir crear monstruos de tal envergadura, aunque también podía ser uno de sus miles de trucos.


No valía la pena pararse a pensar. Fepico salió a por algo de comida, mientras, el cuervo continuaba su siesta nocturna, y los chicos empezaron a poner algo de orden para poder colocar la cena y organizar un plan de búsqueda.