ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.




13 de enero de 2010

Selene. Capítulo LXIV

CAPÍTULO LXIV: UN DESCANSO ANTES DE VOLVER.

- ¡Por fin algo conocido! – dice Luis al ver en el lugar que se encontraban.

- ¡Esto es una pocilga! – grita la abuela dando vueltas sobre si misma.

- Es que no he tenido tiempo de limpiarla – se disculpa Fepico rascándose la cabeza -. No sabía que tú ibas a verla.

- Mejor dicho – dice Yu -. No ha tenido tiempo de limpiarla desde que se instaló aquí.
- ¡Tú arregla las cosas! – le recrimina el viejo.

- Es verdad – dice pasando el dedo por encima de un estante -. ¿De qué año quieres el polvo? Me han dicho que la obra del 76 fue un buen año – continúa Yu.

- Vale – dice Fepico un poco ruborizado -. Esto no es el palacio de un conde… Pero… por lo menos no hay ratones.

- ¡Seguro! – añade la abuela -. No podrían vivir con tanta mierda a su alrededor.

Al margen de toda aquella conversación, Luis se acerca a Selene.
- ¿Por qué has tardado tanto en entrar? –le dice en voz baja.

- Tenía que arreglar un asuntillo con el dueño de aquel antro – le dirige una media sonrisa y le arranca el libro del brazo a la abuela.

- ¡Eh! – grita la abuela -. ¡Esas no son maneras de pedir las cosas!

Selene no escucha, está buscando algo que le pueda ayudar a vencer a Víctor y a su bichito. Sin ton ni son pasa páginas hacia a delante y atrás buscando algo que le de una simple pista, sin embargo sólo algunas palabras vagas y sin lógica son lo único que llega a vislumbrar entre tanta parrafada.

- Esto no tiene sentido – dice por fin tras un buen rato mirando el libro -. Sólo explica lo que es… No hay nada que me ayude a deshacerme de él… ¡Fantástico! – cierra el libro de un solo movimiento -. ¡Un nuevo viaje al infierno en balde! Un nuevo logro Selene… ¡Qué bien lo hemos hecho!

- Por lo menos has jodido un poquito más a tu querido primo – le dice Yu sonriéndole y tocándole el hombro.

- Eso no me consuela ahora – le responde melancólica -. No quiero que vuelva a pasar lo de siempre.

- ¿Qué es lo de siempre? – le pregunta Fepico.

- Pues que cada vez que encuentro a Endimión lo pierdo – dice con lágrimas en los ojos-. Víctor siempre encuentra la forma de matar su cuerpo mortal antes de que pueda hacer nada para impedirlo.

- Pero eso no va a pasar esta vez – le dice Luis -. ¡Mírame! Tengo mi cuerpo legendario, los poderes casi completos, mi memoria recuperada, la de antes y la de mis vidas pasadas… ¿Qué más hace falta?

- Hacer que Víctor vuelva a renacer en otro tiempo y que no vuelva a retarte de nuevo – dice ella con pena.

- Selene – le dice Yu -. Ahora eres más fuerte que él – le recuerda -. Lo único que tienes que recordar es que no te da miedo y que puedes vencerle sólo con dirigirle una mirada.

- Eso es cierto – le responde -. No se como pero estoy casi al completo para poder volver a mi antiguo reino… Junto contigo, por supuesto – añade mirando a Luis.

- Eso no lo he dudado nunca.

La abuela se ha perdido tras una de las puertas, ajena a la conversación aparece con una gran hoya de caldo caliente y algún que otro comestible sólido, cree que lo primero que han de hacer aquellos chicos es descansar y dormir un poco. El día les dará nuevas noticas y podrán proseguir con sus corredurías. Un mundo se les abre ante sus ojos y su destino está casi sellado, sólo necesitan reponer unas pocas de fuerzas, olvidarse por unos instantes de todo y sonreír como lo hacían antaño.

11 de enero de 2010

NOSTALGIA SE LLAMABA

Ocurrió una tarde de primavera, aquella chica permanecía sentada en el parque mirando al vacío, simplemente no dirigía su atención a ningún punto. Esperaba simplemente, pero ¿qué o a quién? Seguramente a nadie.

Elevaba la vista sobre su cabeza, algunos árboles habían dado sus primeras flores y las abejas hacían ochos entre sus pétalos, danzando al mismo ritmo de sus aleteos constantes, al otro lado, dos o tres flores más arriba, unos gorriones exponían su amor fogoso al mundo y unían sus picos nerviosamente, en un constante repicar.

- Es cierto – pensó en voz alta y con calma -. Es el primer día de la primavera.

Pudiera ser así, o es que simplemente sus ojos veían el mundo aquel día de una forma diferente. Cuando salió de aquel solitario habitáculo donde residía, el aire la pareció menos frío, los guantes comenzaban a estorbarla y, algunos rayos de sol, calentaban sus mejillas, como hacía tiempo que no sucedía. ¿O era su corazón que volvía a latir? El tiempo pasaba muy lentamente en aquella ciudad perdida y olvidada por las almas colindantes. Volvió a cerrar sus abiertos pensamientos al mundo y siguió oteando a la nada.

Allí permanecía sentada, algo joven y todavía lozana, uno de sus puños, sujetaba con brío aquella cabeza pensante de aventuras amorosas y años pasados en los que festejaba los días soleados junto a alguien. ¿Dónde estaba? Esa pregunta había dejado de importarle hace mucho tiempo, aunque su corazón sentía nostalgia por el tiempo pasado y olvido por lo que jamás sucedió. Y en aquel banco de una lejana ciudad, perdida en la memoria de sus gentes permaneció con gesto incorrupto.

Una pequeña lágrima cayó del cielo justo en su cara, ahora sonrosada por el calor, se quitó uno de sus guantes de piel y la tocó sin retirarla de su piel sonrosada. Entonces alzó la vista y sonrió, elevó sus piernas y se dirigió hacia algún rincón de aquel viejo lugar. Estaba segura, pesaba, era el primer día de primavera.

6 de enero de 2010

SE ACABÓ LA NAVIDAD.

¡Por fin terminó!, me digo a mí misma esta mañana mientras contemplo mi árbol de navidad de plástico, comprado por un módico precio en el chino de la esquina y cuyo pie rebosa de regalos para sangreybesos y para mí.

Algunos expresan mi nombre de pila otros, en cambio, tienen pegatinas pegadas en un bonito papel infantil con apelativos cariñosos, esos son los de mi niño. Seguro, el resto de ellos, a pesar de estar tapados con un bonito papel de color, sé perfectamente que son ¿por qué? La respuesta es muy fácil, son aquellos que recibí antes de este día. Me lo dieron sin envolver, para ahorrar tiempo o simplemente porque no podían esperar; sin embargo, algo me hace que los cubra para descubrirlos este día.

Hoy para mí, siempre ha sido el comienzo de algo, el fin de año no. Ahora era cuando salía a la calle, cogida de la mano de mamá, sujetando mi carrito nuevo o intentando a prender a patinar con mis flamantes patines infantiles. Poco me han importado siempre las uvas, el que el 31 de diciembre marcara algo en un calendario, este fue el día en que lo viejo y lo nuevo se encontraban para no volver a cruzarse más. Aquellos viejos zapatos rotos serían pasto de la basura y mis muñecos antiguos irían a parar a cualquier parroquia cercana para que los disfrutara otro niño. Un mundo nuevo se descubría ante mis ojos llenos de nuevas inventivas que elucubrar en casa de mi abuela, y junto a ella, a pesar de su edad es más pilla que yo (pero tenía que salir a alguien, ¡digo yo!

Todavía lo recuerdo, era el seis de enero de cualquier año de mi infancia consciente, me levantaba a las 3 o las 4 de la madrugada (aunque ya lo tengo todo muy negro, como se suele decir, sigo sin dormir esa noche, parece una tontería, pero es verdad), me levantaba sigilosamente y veía el salón lleno de juguetes, al fondo, una muñeca Rosaura me esperaba impaciente para que la sacara de la caja, en el centro de aquel mogollón, el carrito antiguo, forrado con tela nueva que seguramente había hecho mi abuela, con la bolsa y las sábanas a juego (estaba mejor que antes, y fabricado con el máximo cariño.) Algo me llamaba la atención en primera línea de visión, los ping y pong, aquellos que pedía todos los años para completar mi extensa colección, sin montar, eso sería mi entretenimiento hasta que mamá y papá me pillaran. Por supuesto no faltaban los caramelos y una gran pila de ropa nueva y zapatos para todo el año; pero lo mejor estaba escondido siempre detrás del sofá, algunos libros y casetes (al principio eran cuentos audiodescritos, después fueron unas planchas planas de metal y plástico con algún autor que cantara bellas canciones. Todo cambia en esta vida.) Al cabo de un rato, depende de la profundidad de sueño de mis padres, me pillaban jugando con aquello, me mandaban a dormir, pero esta niña eterna no tenía sueño, así que simplemente me dejaban en mi cuarto. Año tras año, todo sigue igual, los regalos han cambiado: dinero y algunos perfúmenes han sustituido a los juguetes, en cambio, aquellos maravillosos libros, los caramelos y la ilusión del día no ha cambiado en absoluto. Parece ciertamente una mañana mágica. Este año, ha sido el primero que he pasado junto a sangreybesos, por supuesto y en mi propia casa. Las hadas han revoloteado esta mañana dando un brillo especial a la luz, los duendes han pulido los lazos de los paquetes y el desayuno, ha tenido un sabor no menos que especial.

A pesar de todo, como ya he nombrado antes, es una despedida de lo viejo, entre ellos, mi fiel teclado, aquel que me ha acompañado durante unos 10 fieles años, ha sucumbido. Tenía las letras borradas, pero medaba igual, algunas pegatinas suplían ese lugar, las luces fundidas, aunque a penas las miraba; la letra m se negaba a aparecer ante esta pantalla de cristal fundido, la j casi no bailaba ya y la s se negaba a continuar con sus largos paseas por mis relatos. Puede que suene a algo completamente tonto, gilipollas incluso o podéis llegar a pensar que no estoy bien de la cabeza. ¿Sabéis cuántos pensamientos hemos compartido juntos? ¿Cuántos escritos, trabajos de facultad, relatos, artículos, pensamientos, divagaciones, etc? Incluso llegué a escribir un libro jamás publicado con él. Un manuscrito que me hace llorar cada vez que lo leo y que me recuerda tantas cosas que sólo un niño puede relatar, pero él me ayudó, con sus teclas tintineantes y su bonito color plateado y negro, transmitía mis sueños y todo lo que pasa por mi mente. Fue como aquel peluche en forma de dragón que tenía, el dragón Eliot lo llamaba, como el título de aquella película de Disney: “Pedro y el dragón Eliot”, mi primera película. Bueno pues, Eliot, cansado de tanto abrazo y juegos de una niña inquieta, perdió su relleno, sus pelos amarillo fosforito se cayeron, aquella piel verde de tela suave mutó en un masacote áspero y casi inacariciable, pero lo sentí mucho cuando decidió abandonarme un día de reyes, sustituido por una osa posa, que aún conservo y que no si vosotros sabéis lo que es (es una mezcla de oso de peluche con una mariposa.)

Pues así son las cosas, ahora tengo otro compañero de letras, escritor de mis pensamientos, caballero en mis cruzadas y mediador entre un mundo que es sordomudo, me lo ha regalado mi amado y me encanta, aunque eso no quita para añore al otro. No lo voy a tirar, todavía no estoy preparada, pero algún día tendré que dejarle ir.

Espero que sea un día feliz para todos, que hayáis podido ver la magia de las hada y que no añoréis, como yo, a un compañero fiel e inanimado. Felices días mágicos.