ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.




9 de octubre de 2009

AL OTRO LADO.

Hoy es un mal día, hastiada por una rutina que lleva ya durando varios meses, me levanto aún somnolienta de la cama.

- Muak – es lo primero que escuchan mis oídos, a parte de un cálido sentir en mis labios.

- Buenos días respondo – pero mi voz está ausente de toda alma.

Me levanto, ¡qué otra cosa puedo hacer! El alba ha anunciado su llegada, a penas hace unos minutos, pero he de reponer fuerzas. Las pocas que aún poseo para poder erguirme. Unos pasos lentos y torpes, intentan llevarme a un rumbo automatizado, mis ojos permanecen entreabiertos , no quieren ver la luz todavía, sin embargo, la vida sigue y el mismo mecanismos una y otra vez, repite movimiento sin pesar hasta formar el desayuno. Algunas palabras se comparten, a penas parecidas a unos pocos quejidos.

Algo ha roto el silencio, unos besos, una despedido y hasta la tarde. Pronto será ese momento, mientras tanto, derrumbo mi cuerpo en aquel maldito escritorio. Encriptada en papeles, intento repasar y memorizar, una y otra vez, las cientos de palabras y líneas que sólo servirán para un objetivo en sí. Después, una nube de olvido, dejará pasar la teoría para dar paso a la práctico. ¿Cuál? Me atrevo a preguntarme mientras el corazón se me acelera y el aire deja de penetrar en mis pulmones, me siento asfixiada, ajena a toda función que me agarre a la vida. Un gran vacío en mi estómago, reflejo de la tristeza que me embarga, lo confirma. La ansiedad está volviendo a buscarme.

Se anuncia sí, terriblemente, como cada año que me enfrento a pruebas similares a esta. Algo me impulsa a marearme, siento como todo se escapa, la cabeza me da vueltas, flaqueo en mi intento por ser algo más que un simple pedazo de carne. A pesar de todo, hoy ha vencido, se ha ido en parte, me ha dejado un mal sabor de boca y un cansancio extremo, fruto de una batalla que libro una y mil veces sin cesar. Estoy maltrecha y algo decepcionada.

¡Tantas veces me paré enfrente del espejo para decirle que lo que pienso a la cara! Pero siempre soy yo, mi propia cara. Esa es la que me quiere dar a ver, estoy demacrada, llena de moretones y ojeras, mi piel se vuelve blanca como el papel y mis carrillos, han perdido ese ligero color rosado. ¡Está ahí! Lo sé, aprovecha cuando estoy sola para venir a buscarme. Su mano, mi mano, carente de toda lógica, levanta la imagen del espejo. Pero yo sigo quieta. Me mira con mis propios ojos y sonríe. Un detalle se le ha escapado, mis dientes son más afilados y blancos.

Entonces habla. Dice que va a vencerme, que no merece la pena pasar por tantas amarguras por algo en lo que no soy buena. Estaría mejor haciendo cualquier otra cosa. Los movimientos de su mano, delatan que jamás fue de este mundo y que nunca lo será, pequeñas ráfagas le permiten tocar parte de una realidad que no le pertenece, pero mientras sus gestos intentan parecerse a los míos, su verdadera forma aparece a pequeños trozos. Su mano, aquella que era igual a la mía, se alarga tornándose huesuda y con uñas moradas, quería engañarme. No sucumbiré más a sus malas artes – pienso para mis adentros mientras chillo desmesuradamente que se largue de mi vida por siempre. Sonríe, pero no lo hace, continúa mirándome tras los espejos de un alma que no existe, la suya propia. Se alimenta de la carroña que ciertas circunstancias dejan desplegados en el aire.

Ya la he engordado por mucho tiempo, ahora no. En estos momentos es cuando su cuerpo se torna en su verdadera forma. Ya no me reconozco, tomo una salida, intento huir, pero no es posible. Su reflejo se fue cuando mi cuerpo dejó de estar presente frente a aquel bonito espejo de cristal, pero su presencia persiste dentro de mí. Quiere poseerme y sin embargo, me resisto a ello. Ya ha tomado pequeños espacios de mi alma. Mis cambios de humor, el mal carácter y la tendencia a llorar lo confirman.

Noto como miles de punzadas dan en mi estómago, los gases internos de mi barriga hacen que esta provoque un dolor insoportable justo en su boca. Mis manos quieren agarrarla, pero lo único que consigo son unos cuantos moretones más, fruto de pellizcarme la piel que envuelve mi barriga. La conozco, es demasiado lista, pero la vencí una vez, ahora podemos volver a ganarla. Sé que con ella sólo se ganan batallas, que no valen remedios rápidos y que siempre está alerta como los buitres. Esto último lo acabo de vislumbrar. Tras un año de ausencia en mi vida, quiere volver a morar en los recovecos vacíos de mi imaginación. Si, es verdad, la imaginación, ¿cómo no lo había pensado antes? Lo cierto es que esta me supera de sobremanera, parece que tenga vida propia.

Creo que soñaré un rato, pero esta vez despierta. A ver que puedo encontrar. Sólo hay un problema, ¿dónde me encuentro ahora?

7 de octubre de 2009

AQUELLA MALDITA PREGUNTA.

Soy mujer, estoy orgullosa de ello. Como persona y ciudadana del mundo, me considero igual que las demás personas que pululan por las calles y parajes de este mundo, pero siempre hay alguien que quiere recordarte que tienes una función en este mundo como hembra de una especie.

Lo cierto es que cuando me lo dice una persona mayor paso un poco del tema, a un perro viejo no le puedes enseñar trucos nuevos, aunque en eso mis dos abuelas (que por fortuna aún viven y están muy lúcidas, son la excepción que confirma la regla. Bueno… A veces.) Después queremos igualdad, eso es lo que se me pasa por la cabeza cientos y cientos de veces en un mismo día. Las escenas son varias (ya estoy hablando como si viera una película. ¡Da igual! Me gusta así), así por ejemplo cuando estoy en la cola del supermercado es cuando más ridiculeces escuchas en esta vida.

Sin embargo, hoy no toca ese lugar. Muy lejos de aquello, hablemos de niño, si… De bebés más concretamente. Cuando inicias tu vida con alguien o te casas o tienes ya una edad las cosas pasan delante de tus ojos y de tus oídos tan rápidamente que, al principio, puede que no llegues a asimilarlo. Por ello, he hecho un recopilatorio de aquellas absurdeces que tienen que ver con nosotras, nuestras costumbres arcaicas y machistas y demás gilipolleces que hacen que pienses que te has salido del plano real (por lo menos lo que se piensa que puede ser eso), metiéndote en otro paralelo.

- Con la edad que tienes… Cómo no te cases pronto te vas a quedar para vestir santos. (Lo cierto es que prefiero quedarme para vestir santos que desnudar borrachos.)

- No te vayas a casar con treinta años… – y lo hace de forma amenazante (Nooo… A lo mejor me caso a los treinta y dos)

- Me caso porque ya tengo una edad. (Lo del amor eterno, la fidelidad y el hombre de tu vida han pasado a un segundo plano por lo que veo.)

Pero esto va más allá, cuando por fin te casas o das el paso de independizarte con aquella persona a la que amas (para el caso es lo mismo), todos te hacen la preguntita, da lo mismo que lleves 20 años o 1 semana, con confianza o sin ella, no importa. Ellos te la sueltan dentro de su ignorancia creyendo que vas a decir lo de siempre, que no llega más lejos que esto:

- No tengo ganas de niños ahora.

Lo malo es cuando te vuelves un poco más cortante en el tema, como por ejemplo:

- Y… - hace una pausa haciéndote creer que te va a decir algo interesante -. ¿Los niños para cuando? ¡Que ya mismo se nos pasa el arroz! (Lo del arroz, lo he dicho ya varias veces, el mío es brillante, en cuanto a ti. ¿A qué edad has traído tú los niños? Espera… Se me olvidaba que no tienes ninguno.)

- ¿Y los niños para cuando? (Por supuesto esta es otra brillante frase típica de la idiotez humana.)

- ¿Para cuando te vienen bien a ti? – la miro sonriendo -. ¿Para el año que viene por estas fechas?... Pues tendré que ponerme ya, si es que me das permiso o te vienen mejor para el siguiente.

Lo cierto es que no le sentó muy bien la respuesta, aunque a mí tampoco la pregunta. Teniendo en cuenta que me acababa de conocer, no sé a qué venía tal cuestión de interés.

Pero lo que más me repateó fue que tenía la misma edad que yo, estaba soltera y como que los niños no estaban en sus planes en esos momentos. Lo que yo digo, sino quieres que te respondan mal, no preguntes. Aunque jamás podrás librarte de “la preguntita”.

¿Sabéis por qué me molesta tanto que me la hagan? A parte de ser una cosa íntima, propia de la pareja, que no le incumbe a nadie más. Es simplemente por el hecho que parece que todo gira en torno a eso, tener hijos cuando te casas o te juntas con alguien, no puedes tener ambiciones o ciertas vistas a un futuro propio y lejos de los propios deberes de una casa. Os contaré un secreto, soy muy mala ama de casa. No valgo para las tareas diarias de un hogar, si… cocino porque me gusta, pero del resto de cosas… si puedo evitarlas mejor para mi. No es que viva en una pocilga, pero la casa es la que está a mi servicio no yo al de la casa. Eso es algo que mi madre no ha aprendido todavía (y creo que muchas amas de casa tampoco.) En fin, entre esas cosas el que me pregunten estas tonterías (que no tendrían que molestarme tanto, lo admito), hacen que me piten los oídos y me toquen mi fibra sensible. Lo cierto es que hay preguntitas que pueden molestar más, pero en mi lista de absurdeces, esta está en uno de sus puestos. ¿Cuál? Aún no me he parado a pensarlo, pero algunas se pelean por el mismo puesto.

5 de octubre de 2009

Selene. Capítulo LVI.

CAPÍTULO LVI: EL PATIO DE MI CASA.

A su alrededor un gran número de personas jugaban cogidos de la mano y dando vueltas, mientras saltaban y cantaban cada uno una canción diferente. Al verlos aparecer, simplemente continuaron con lo que estaban haciendo.

- Parece que no nos ven – dice Fepico.

- Yo creo que si – le responde la abuela -. Fíjate en que ahora miran todos fijamente hacia nosotros.

- Entonces… ¿Por qué no han parado? – incide Luis.

- Para que no los tomen por locos – responde Yu.

En ese momento todos se giran para mirarla.

- Es lógico – contesta levantando los hombros -. Todos quieren salir de aquí – sonríe -. Si dijeran que se le aparece alguien en el patio no abandonarían esto nunca.

- ¡Enfermera! – grita uno de los internos -. Han aparecido más demonios en el patio.

- Menos el que ya está demente, por supuesto – añade a su discurso antes de quela interrumpieran -. Esa es la excepción que confirma la regla… Actuar como los demás… Menos tú abuela. Tendrías que haber estado en un sitio de estos hace ya muchos años.

- ¡Un respeto jovencita!

A los pocos minutos una enfermera aparece por el patio. Nuestros héroes disimulan, sus vestidos no llaman mucho la atención ahí dentro y, por fortuna Yu ha alzado el vuelo antes de tiempo. Sus alas, grandes y poderosas, elevan su pequeño cuerpo hacia alturas inimaginables, desde allí contempla todo lo que está pasando y lo escucha, una pequeña piedra, colocada dentro des oído, hace las veces de altavoz, por lo que no se pierde una sola palabra.

- Ivan – dice la enfermera al llegar -. Ves… aquí no hay nadie.

- ¿Ha visto una mujer volando? – le dice Luis a Ivan -. La espantaste cuando saliste corriendo.

- ¡Bonita bata! – dice Selene -. Jijiji – expresa tapándose la boca y bajando la cabeza -. Podría dejármela – se acerca a la enfermera -. Esta noche tengo que matar un pollo para el rey. Entre usted y yo – se acerca a su oído ocultando sus labios al exterior -. No quiero mancharme para estar guapa.

- Veré que puedo hacer – le responde esta.

- Ahhhh….¡Bommm! – dice la abuela de Fepico tirando piedras al suelo -. Esta si que ha sido una buena explosión.

- Lalalalala – dice Luis mientras salta y danza como una grácil bailarina coja y manca -. ¿No es bonito el verano? Las flores se tornan de colores, el frío se escapa de las manos y casi podemos coger el sol – coge una flor del jardín y la huele -. Estupendo aroma… Me irá bien para preparar un cocido. ¿Le gustaría probarlo?

- Ves Ivan – dice la enfermera.

- Soy Yack el enterrador de gusanos – le interrumpe el recluso.

- Vale Yack el enterrador – se corrige antes de continuar -. No puedes decir que hay demonios cada vez que venga el Doctor Sedah a vernos o que vengan nuevos pacientes.

- ¿Quién ha hablado de pacientes? – dice Fepico sobreactuando -. Yo soy Freud y no soy ningún enfermo.

- Si Freud – le dice la doctora incrédula -. Lo que tú digas.

La enfermera se aleja, no le ha llamado la atención la llegada de algunos nuevos pacientes. Lo cierto es que es algo habitual. Al otro lado del patio, una reja separa a los infantes de los adultos. Estos miran a Yu haciendo movimientos extraños, parecen hormigas huyendo de algún peligro. Sin embargo, a parte de algunos bufidos de más, nadie parece alertarse por este tipo de comportamiento en el recinto.

Aquel ángel milenario pasa por encima de ellos. El sol evita que puedan vislumbrar la forma verdadera de la dueña de esas fantásticas alas.

- ¡Bien! – dice Yu -. Fantástica actuación.

- ¡Un ángel! – dicen todos los enfermos a la vez -. ¡Sálvanos! – imploran acercándose a ella de rodillas.

- ¿Yu? – dice Selene tocándole el hombro con el dedo índice.

- ¡Qué! – responde de mala gana.

- Creo que deberías esconder las alas – le propone -. Estamos en el plano mortal… ¿recuerdas?

- ¡Ah! Si… Es verdad… Se me había olvidado.

En un instante, un rayo negro envuelve aquellas dos gigantescas obras de algún dios primigenio, quizás fue por su mano y obra o simplemente por la conjunción de ciertas fuerzas que la crearon. Junto a ella, una ráfaga de luces diminutas, envuelven su cuerpo. Algunas plumas se escapan de su lugar original para formar parte del aire. El olor a lirios y jazmines invade el ambiente mientras algunos de los enfermos se pelean por coger una de aquellas maravillas.
- Listo – dice Yu una vez finalizada su transformación.

- Ahora a buscar al otro demonio – Selene se vuelve hacia los enfermos -. ¿Sabéis dónde está?

Todos afirman con la cabeza al mismo tiempo, ninguno de ellos se ha levantado del suelo aún. Elevan sus manos adorando a la diosa aurora, otros en cambio, las esconden tras la espalda sujetando aquellas preciosas plumas blancas como la nieve. A la vez, todos señalan a través de una ventana donde un singular personaje fuma y bebe algo de café, unas gafas de pasta gorda ocultan una mirada maliciosa y un brillo sobrenatural esputado por sus ojos hace que Yu se estremezca en ese mismo instante.

- Creo que vamos a ver al profesor Sedah – dice ella al reconocer la figura tras los sucios cristales.