ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.




15 de septiembre de 2009

Selene. Capítulo LV.

CAPÍTULO LV: PITO PITO.

- Por aquella – dice Fepico señalando una con forma de falo.

- No creo que Hades haya entrado por ahí – le responde Yu -. Eso es la lujuria, otro de los mucho infiernos.

- Yo tampoco – le responde -. ¿Pero qué tiene de malo un poco de diversión?

- Créeme – le dice Yu acercándose a él -. No creo que ahí dentro te diviertas mucho.

- Bueno y qué os parece esa – señala Luis al fondo.

Una pequeña luz deja entrever una puerta con forma reconocible. Aquel pomo plateado, lleva marcadas las yemas de alguien.

- Esa puerta no pertenece al infierno – dice Yu.

- ¿Por qué lo sabes? – incide Selene.

- Porque es la que hace diez – le responde.

- Han podido formar otro círculo nuevo – le dice la abuela.

- Si – la mira Yu -. También Hades podía haberse ido de vacaciones un tiempo con Perséfore pero no lo hace jamás.

- ¡Callaros todos un momento! – dice Endimión con la oreja pegada a la décima puerta -. Se escuchan risas y cantos.

- Es seguro – dice Yu acercándose para confirmarlo -. Hades no ha entrado por ahí.

- ¡Estate quieta un poquito! – la coge Endimión por el brazo cuando ve que intenta apartarlo de la puerta -. Es tan ridículo que puede que esté al otro lado.

- Puede que sea el lugar donde lleva a sus amantes – dice Fepico -. Arriba es primavera.

- No – responde Yu toscamente.

- Entonces abre la puerta Endimión – lo mira con cara confusa -. Quiero decir… Luis…. ¡No! Endimión…Bueno, como cojones te llames ¡Abre la maldita puerta! Ya sabemos que no vamos a interrumpir nada.

Aquello fue suficiente, la madera comenzó a rajarse separándose del lugar donde había sido afianzada. Unos ruidos tremendos siguieron al esfuerzo de aquella milenaria madera por desprenderse de su lugar de origen. Unas alas colocaron ese rectángulo mohoso sobre el techo, parecía que no deseaba que nadie atravesase su marco.

- No hay duda – dice Yu mirando al techo -. Ha pasado por aquí.

- Entonces… ¡A qué estamos esperando! - dice Luis -. ¿A que baje del techo?

- Eso no creo que vaya a pasar hijo – dice la abuela -. Puede llevarse así toda la vida.

- ¿Cuál? ¿La suya? – dice Yu sarcásticamente -. Porque yo tengo toda la eternidad.

- Y yo un jersey – le responde la anciana.

Acabada la absurda conversación ascendieron, algunos ayudados por los dioses primigenios, hasta la entrada hacia un lugar incierto, un pecado desconocido o ¿no?...

- Esto es…. – dice Luis mirando hacia todos los lados.

- Lo que estás viendo – responde Selene.

- Un manicomio – dice Yu sonriendo -. Todavía no deja de sorprenderme ese mequetrefe – piensa para si moviendo los labios.

1 de septiembre de 2009

SÓLO O EN COMPANÍA ¿CÓMO TE GUSTA MÁS?

Leyendas urbanas.

Enanismo, crecimiento de bello en zonas donde no existe folículos pilosos, pérdida de memoria, epilepsia, dolor de cabeza, sangrado de nariz, ceguera, degeneración cerebral hasta llegar a la pérdida de las facultades mentales,… .Nada más lejos de la realidad, esto podría parecer un cuadro que describe algún tipo de enfermedad grave, sin embargo, son simples artimañas y habladurías, entre otros mitos, que corren de boca en boca sobre la exploración del propio cuerpo, es más, intentan crear una especie de miedo hacia uno mismo.

Ya en el año 1758 Rousseau sostenía que agotaba los nervios y por ello había que abolir esta técnica, natural e intuitiva que todos los animales vivientes tenemos en este mundo. Aunque lo cierto es que los nervios se le agotaron a él para poder llegar a esta conclusión.

Freud decía que una mujer decente no tenía que poseer deseos sexuales (aunque lo cierto es que el también curaba la histeria femenina extirpando el clítoris, órgano del cual ya hablé extensamente y que no se encuentra en el interior de la garganta. Lo cierto que un hombre que dice que una mujer que no puede tener un orgasmo vaginal no es una verdadera mujer, que casi todos sus estudios tenían que ver con la sexualidad, que dejó a un lado al sexo femenino porque no lo consideraba digno de estudio y demás, merece poco respeto frente a este tema ya que, ¡contenta tenía que tener a su esposa! Por muy padre del psicoanálisis que fuera.)

No obstante, el tema se extiende un poquito más que eso, la iglesia, la gran voz de una supuesta conciencia divina (permítanme que lo dude) decía al respecto que eso era pecado. ¡Cuántas mentes dislocaron por ello! Es más, ¿a cuántas llevaron a los infiernos de su propia doble moral? Lo peor es que muchos de ellos se lo creyeron. Desde el poder coger una enfermedad de transmisión sexual, cáncer o padecer aislamiento por el deseo de autocomplacerse, hasta llegar al extremo de castigos, elevarte la voz como posesos o decirte que arderías en los infiernos, ya que eso era una tentación demoníaca, “bonitas palabras” que podías escuchar de un clérigo, y de hecho, sigues escuchando, de nuestros queridos sacerdotes y monjas, esas tampoco se libran. Pero ¿qué van a creerse un montón de niños, aún por crecer, y con los cerebros limpios?

Se aprovechaban de las mentes jóvenes para internar en ella una mentira, falta de todo fundamento y que los llevara una rectitud, que ni ellos mismo siguen. La doble moral es magnífica. Aunque las reprimendas van más por parte de las mujeres, aquellas que han de buscar un alma casándose con un hombre, ya que ellos si la tienen, nosotras hasta hace pocos siglos carecíamos de ella. Simplemente nos la reconocieron porque nos hicimos un poco más escuchables. Había que tenernos contentas de algún modo, aunque eso de que me reconozcan algo que ya tengo, si no es por trámites administrativos o burocráticos, como que me da igual.

Lo más natural del mundo.

Al igual que el sexo, la masturbación forma una parte intrínseca de nuestras vidas, no podemos obviarla ni negárnosla a nosotros mismos. Es parte de nuestro descubrimiento sexual, nuestros primeros orgasmos, el propio conocimiento.
Sabéis, al contrario de lo que hayan podido decir, es algo muy importante en nuestra vida. Con esto descubrimos nuestras tendencias, nacen nuevas fantasías, descubres lo que verdaderamente te gusta que te hagan en la cama y, por ello, hay que practicarlo más de una vez. Sólo con leerte una vez la lección no te la aprendes ¿verdad? Pues esto no iba a ser diferente.

A pesar de considerarse una forma de autoestimulación más propia de hombres que de mujeres (aún no he descubierto porqué), una mujer también tiene sus apetencias, prueba de la creencia religiosa, de lo mala que era y ciento de patochadas más, fue la histeria femenina, un royo que nos montamos para que nos liberaran de esa angustia sin que se notara que pedíamos algo como nuestro. Nuestra propia libertad sexual.

No fue tan malo, gracias a nosotras se inventó el consolador, los vibradores y algún que otro aparatito más. Algunas descubrieron ciertos placeres cuando en 1872 se inventó la ducha para una mejor limpieza y aseo, lo que pasa que esos chorritos continuos nos llamaron la atención de otra forma y, colocándolo entre las piernas, funcionaba como un aparato de masaje estupendo para llegar al paroxismo histérico (y ni que decir tiene cuando estos telefonillos de ducha podían cambiar su velocidad de chorro, sólo con girar una palanquita.)

Miénteme.

Al igual que tantas cosas en este mundo, el sexo femenino niega una y mil veces el tener encuentros íntimos consigo misma de vez en cuando, o muy a menudo, en eso ya no me meto. Pero lo hace, cualquier situación y momento es bueno para ellos. Levantar las piernas, acariciarse la zona de alrededor, algunas tiran bruscamente de los labios mayores, chuparse la yema de los dedos y hacer masajes circulares a velocidad irregular son algunas de las técnicas que utilizamos.

La ducha, como bien he nombrado antes, el roce de una tela suave, el colocarse en ciertas posturas o ir en ciertos vehículos (porqué pensáis que la bicicleta fue un invento prohibido para las mujeres en cierto siglo. ¡Claro! Porque daba gusto ir en él. Por desgracia los sillines modernos han quitado eso) Pero es que siempre estábamos inventando algo para escondernos, aunque sólo fuera de cierta forma de una negación sobre un órgano hecho sólo y exclusivamente para el placer, el clítoris.

Jugamos solos o en parejas.

Sin embargo, lejos de lo que una realidad monótona, individualista y carente de algún que otro divertimento egoísta que se refiera esta técnica, podemos llevarla al interior de una alcoba, acompañado por nuestro amante. En ella se pueden mostrar diferentes técnicas, para que haya placer o sexo no hace falta una penetración, y el orgasmo puede ser igual o más satisfactoria que el propio acto en sí (aunque lo cortés no quita lo valiente y puede convertirse en un juego prepenetración estupendo.)

Los puntos de presión, los deseos ocultos, aquel punto que jamás hubieras imaginado que estaba ahí. Las caricias y el uso o la ausencia de algunos instrumentos, pueden ser utilizados para la mayor aventura de tu vida. El descubrirte a ti mismo y que te descubras.

Puedes jugar con él en la ducha, o con ella, en la textura de varias telas, los antifaces aumentan la sensibilidad cutánea, los masajes con aceites o lubricantes. Aunque sobre todo ello, la paciencia, el placer ha de hacerse esperar un poco ya que, como todos sabes (y el que diga que no es un apestoso embustero o embustera) cuando se masturba uno a sí mismo, la pettir morte, llega antes de lo que suele cuando se está en compañía.

Los juegos son miles, las fantasías tantas como granos de arena hay en el mar. El juego, nunca mejor dicho, está en tus manos. Solo o en pareja, eso depende de ti.

Una cosa más, no te pasará nada, a parte de aumentar tu buen humor, mejorar los problemas de disfunción y falta de apetencia sexual, aumentar la imaginación en la hora X y mejorar el orgasmo. Ahora dime que me voy a quedar enana, por lo menos veré la vida de otro color, ¿cuál? No lo sé, pero prefiero depilarme la palma de las manos antes de que todo se torne en dos colores, lo que deseas y tu propia censura moral. Aunque si la rompes, sólo te enterarás tú.

29 de agosto de 2009

UNA RESPUESTA SIN PREGUNTA.

Hoy, sin quererlo y reflexionando, sin a penas pensarlo o reparar, en tan siquiera un momento que lo estaba haciendo. Encontré una respuesta a una pregunta que jamás me había formulado.

Ni siquiera medie una palabra con mi amado respecto al tema, no abrí la boca para pronunciar una sola frase de aquella filosofía inconsciente, pero ahí estaba, clara como el agua misma. Una contestación a una incógnita perdida en mi mente y que siquiera pensé por un momento en los años de mi vida. La respuesta era simple un simple segundo, el tiempo que tarda un niño en pestañear, eso es lo que quiero que dure.

¿Que dure qué? Esa era la gran pregunta a la eterna pregunta sin hacer. No lo sabía, pero mientras, mi mente seguía respondiéndose así misma.

Un simple suspiro en el tiempo, perdido en los vientos que envuelven al mundo, que no sea cansado de escuchar o de ver. Eso era lo que tenía que ser, una gota de agua, que a penas cruzaba el cielo se fundía con el mar, una simple forma de medir el tiempo, en el que eso durara no más que la suma de unas milésimas. No más.

En cambio, sería tan larga como cien años, miles y miles de horas reunidas para poder disfrutarlas como una buena película. De esas que son tan largas que piensas que no podrás aguantar sentado en la butaca de aquel cine y que, en cambio, al ver los créditos finales, parezca que acabas de pedir la entrada a la taquillera hace tan solo un momento. Simplemente eso.

Miles de horas y días llenos de aventuras y largas historias, de cuentos, mitos e inventos que hacen que todo pase en un sin sentir. En cambio, al final de todo, cuando agradeces a los que estuvieron desde el principio, a los fugaces actores que entraron en tu vida, a que pudieras realizar esas maravillas, a los nuevos que jamás se fueron y al resto, que sin saberlo participaron en muchos de los acontecimientos, todo haya sido así. Un simple segundo en una vida pasajera. Esa era mi pregunta, ¡la encontré! – pensé en esos momentos para mí misma.

¿Cuánto quieres que dure tu vida? Y la respuesta muy fácil, el dulce sonido de una risa, el clamor de un pájaro, el tiempo que tarda una brisa en rozar tu cara sólo una vez. Mi vida, que sea corta a mis ojos, divertida, pasajera, llena de aventuras y de impresiones maravillosas. Y, a la vez, igual de larga que la del resto, años dejando que pasen los días, segundos llenos de recuerdos, versos que se cuentan sin que mis labios dejen de exhalar palabras y canciones.

Eso es lo que deseaba, una larga y buena película en la que yo seré la actriz principal del reparto, junto con los colaboradores y actores secundarios. Que se alargue todo lo que pueda, y que dure en la mente del espectador lo suficiente, para decir ¡qué rápido se me ha pasado el tiempo!