ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.




10 de abril de 2009

VIERNES DE PASCUA.

Hoy es viernes de pascua, según tradiciones antiguas, no se cuanto de viejas pero eran de antes que yo nacieran y mi abuela era pequeña, así que deben de constar ver varios años de antigüedad. Un día como hoy, no se podía hacer ruido en las casas, los portazos y demás golpes o sonidos altos estaban prohibidos, en la tele ponían películas derivadas con la muerte de Critos y, según contaba mi madre, en la radio sólo se podía escuchar rezar el rosario.

Por supuesto todo ha cambiado, pero las tradiciones continúas y si hay algo que me joda de ellas es el tener que comer pescado por cojones. Si señores, señoras, señoritas y señoritos, una tradición que se remonta a tiempos de hambruna, donde el dinero que se ahorraba en consumir proteínas procedentes de animales de tierra, tenía que echarse al cepillo de la iglesia. Si eras rico todo estaba resuelto, a cambio de una buena ofrenda, podías librarte del pecado mortal de comer carne un viernes santo (es que todo se mueve de la misma forma.)


Según se cuenta, que no se si se hizo o hace, el dinero íntegro de la hucha eclesiástica, iba a parar a los más necesitados (no diré para qué bolsillo porque todos los sabemos, lo de que suene feo me importa tres leches.) En cambio, el pueblo, que no tenía dinero ni para comer como es debido, echaba fervientemente ese dinero para los que los necesitaban más que ellos, por supuesto algunos tenían que conformarse con algo más que las raspas del pescado, que tampoco era mucho, pero tenían a dios conforme.

Tradición nacida, no desde la propia biblia, sino desde el mandamiento de la misma corte eclesial, se ha mantenido hasta hoy, un viernes santo. Ahora el pescado está más caro que la carne, casualidad, no, especulación pura y dura, ya que miles de empresarios se aprovechan de ellos para subir el precio y así aprovecharse de los “fieles” (otro tema con el que hay que joderse.)

- Buenos días abuela – le digo por el teléfono.

- Hola, ¿qué vas a comer hoy? – me pregunta como todos los días.

- No, se - respondo sin saber ni que día era. – Algo de carne que tengo en el congelador.

- Eso no puede ser, hoy es vigilia, hay que comer pescado – me dice muy alterada.

- ¿Tú vas a echar el dinero que te ahorras en carne al cepillo de la iglesia? – le pregunto.

- No – me responde tras unos segundos. – Pero es que es vigilia y hay que comer pescado en viernes.

Como podéis comprobar sino echas el dinero para los pobres o has pagado la multa, impuesta por el supremo (que no es dios), esto carece de sentido alguno. ¿Para qué lo voy a hacer? Ridículo verdad, al igual que en encabezonamiento de mi abuela, la justificación no es clara, la forma en que me lo impone por el teléfono menos aún, también me niego a enriquecer al que ya tiene. Y, a parte de mis convicciones religiosas (que son nulas completamente), antes podía verlo racional, adaptado a los tiempos y era una forma de “ayudar al prójimo”, pero si todo ha perdido su significado inicial y nadie sigue la parte más importante de lo verdaderamente significaba, se ha quedado en algo obsoleto y carente de significado alguno.

Aunque el que lo quiera hacer que lo haga, yo de momento no, es más. Siempre me fastidió que los viernes de asado se sustituyeran en mi casa por un pescado congelado, que al ser fiesta estos días no hay quien encuentra nada fresco. ¿Para qué lo hacía mi madre? ¿Para tener contenta a mi abuela? Por eso, ahora que estoy en mi casa, mi propio templo y santuario, hago lo que siempre pensé, me comeré una parrillada, que me ha salido más barata, un buen vino y veré alguna que otra película de gritos y terror junto a mi amado. Si, será buena idea. Las sardinas las dejaré para el lunes o el martes, que estarán frescas y recién llegadas del mar (es lo que tiene vivir en una ciudad costera.)

Mientras, los chiringuitos y urbes se llenan de gente intentando comer pescado a precios desorbitados, malo, ya que se aprovecha para timar a cualquiera y en lugares donde no cabe un solo alfiler. Disfrutar la pascua, yo celebraré la mía santificándolas con vino y algo de buena pitanza.

9 de abril de 2009

BUEN MENÚ.

Según me habían comentado el lugar de la celebración era de lo más chic, todo de ultimísima moda, en cuanto a la decoración se dice, la mejor selección de entrantes y, como no, lo que más en boga estaba para las bodas de aquel año.

La novia llevaba un vestido de Ágata Ruiz de la Prada, el novio de Victorio y Lucchino, justo como la nueva temporada para bodas y festejos indicaba. Por supuesto la comida no iba a ser menos aún, un convite tremendamente caro justo a las mejores competencias y novedades. Todo copiado de las uniones acontecidas aquel año por famosos y demás estrellas del espectáculo, que habían dado un toque singular a esto de los convites. Sin embargo, la única que para mi era la más bonita de la fiesta era mi chica, aquella con la que comparto casa y cama desde hacía ya varios años. Cada vez que llegaba una cosa como esta a su vida, tenía que recopilar ideas para nuestro enlace, algo de lo que siempre hablábamos y que se que deseaba, pero nunca llegábamos a realizar debido a los múltiples compromisos. Una boda perfecta, quería ella, y esta sería, según palabras literales, “la mejor ocasión para coger ideas nuevas a la hora de montar la nuestra.” Seguro que deseaba algo diferente, pero no tan caro, por supuesto eso nunca lo dije.

Amiga de la novia, desde su más tierna infancia, el único detalle que sabía al respecto era la suma de ceros que habían tenido que unir a un número no unitario para poder afrontar los caprichos de esta.

Allí estábamos, por fin, en la gran puerta de entrada hacia el patio de la recepción, cervezas, vino, tinto y blanco, refrescos para todo el que quisiera, y obligatorio para los niños, no había nada anormal, sino contamos la cantidad de crisantemos que decoraban la sala. Una música estridente, procedente de los mejores compositores modernos, sonaba en un tono bajo y melancólico por los altavoces, todos estaban expectantes que aparecieran los novios, pero para ello habría que esperar un poco más. A lo lejos, un cuchillo alargado y con un cortante filo, anunciaba la existencia de una buena pitanza para la fiesta. Nada más lejos de la realidad, un hombre ataviado con camisa y boina, cortaba finas lonchas semitransparentes de un salchichón, este era largas y gruesas, recién estrenadas, según sus palabras, era de jabugo, yo tenía mis dudas, pero quién iba a replicarle algo a aquel tipo, llevaba un cuchillo en la mano.

- Caballero – me mira mientras pronuncia con un acento cerrado y más bien tosco. – Tome, tome. Verá como no ha probado un salchichón como este.

Con los ojos fijos en un plato decorado a los años 70, de plástico y con una sola lámina, tras la cual se podía vislumbrar el dibujo del círculo, lo miro con ojos atónitos.

- Pase más pa lante, caballero – dice mientras se sube el pantalón, seca el sudor de su frente y me señala con la punta de acero hacia otro cortador.

Sujeto la loncha entre la yema de mis dedos, parece que no hay nada entre ellas, a penas una simple gota de grasa me delata que ahí en medio hay algo. Sigo hacia la dirección que me había indicado, pocos metros hacia allí, veo un montón de niños rodeando a un señor con una tarrina de 50 kilos de margarina, Zas, por supuesto. Estaba untándola con un fino cuchillo de plata sobre hogazas de pan cateto, según él, hecho de lecha esa misma mañana. Me acerco a él, tengo que bajar esa exquisités como sea, no vaya a ser que se me pegue a la garganta y provoque un espasmo no deseado y, en consecuencia, las tres cervezas que me he tomado antes de llegar, salgan estrepitosamente embadurnando el suelo rojo coral.

- ¡Cariño! – se acerca mi novia emocionada. - ¿No es fantástico? – mira todo el panorama. – Un cortador de salchichón, el untador de manteca,…. ¡Hay! – suspira emocionada. – No le falta un detalle.

- Si, sólo falta el chupador de cabezas de gambas profesional – digo mientras doy un sorbo a la cerveza.

En buena hora aparecen, el cortador de salchichón se ha negado a continuar cortando tras haber llegado a la mitad del embutido, dice que la otra mitad es para el final del baile. ¿Será para servirlos como canapés para unas 250 personas que estamos allí? Por lo menos pondrán mortadela, pero con aceitunas rellenas de pimientos, como está de moda.

Entramos en la sala, todo es de color rosa y malva, las sillas están decoradas con flores bordadas, sobre la tela que cubre la silla de plástico, los centros de mesa se componen de pétalos secos y piedras, cubiertas por una urna sucia de cristal, naturaleza muerta lo llaman. Mi amada y deseosa acompañante, casi llora de la emoción, creo que ve demasiada prensa rosa para mi gusto.

El menú. Lo tomo de encima de mi plato. Parece que no tiene mala pinta: carne afrutada, sorbete desestructurado de limón, momia de pescado y aire de chocolate como postre. ¡Suena fantástico! Sin embargo el nombre es un poco cursi.

¡Un poco! ¡Esto es un timo! Digo mientras me sirven un trozo de sandía frita, vuelta y vuelta, con una guarnición de su propia cáscara como adorno. De acuerdo, el comérsela hace el mismo efecto que la viagra, por lo menos, eso he escuchado, pero en infusión.

- ¿Está buena la carne cariño? – me dice aquel ángel confuso.

- Si, sabe aaaa…. Sandía – esputo en última instancia metiéndome un trozo en la boca y saboreando el agua que cae a mi lengua tras morderla.

Cinco minutos, eso fue lo que tardaron en traer el sorbete. El silencio en la sala era enorme, podía cortarse la intensidad del este con un simple palo. Todos estaban deseosos por decir algo, por respeto, no lo hicieron. Se quedaron mirándose a la cara unos a otros intentando decir algo agradable. ¡Bueno! – pensé para mis adentros. – La fruta es recomendable tomarla antes de la comida.

Un simple vaso de agua y un trozo de limón, en forma de media luna colocado en el borde, fue lo que sirvieron seguidamente. Desestructurado decían, a medio hacer sería la palabra exacta. Disfruté de aquel agua con gotas de cítrico, como si me fuera la vida en ello, ya no podía más. Las tripas hacían ruidos indescriptibles en aquellos momentos, cuando llegó el plato fuerte. La momia de pescado, ¿qué sería aquello? Un buen besugo cubierto por una fina capa de lonchas de bacon, ¿tal vez?

Ingenuo de mí, me pusieron un gran plato cuadrado adornado por una raspa de pescado que hacía de sujeción central de una especie de algodón de azúcar blaquecino. Entre ese hilo se podía apreciar perfectamente el esqueleto de ese pez. Ahora lo único que esperaba de eso era que lo hubieran limpiado antes.

Tras la gran pitanza llegaba el postre, ahora sí que me iba a poner morado, estaba hecho de chocolate. Por lo menos algo dulce antes de empezar a beber.

- ¡Quéeeeeeeeee!

Fue lo único que se me ocurrió decir cuando vi una bolsa llena de humo delante de mí. Desabroché el lazo que la mantenía cerrada, un tremendo olor a dulce con menta embriagaron mis pituitarias. Tras la cortina de niebla inducida, una pequeña pastilla de negra, cuadrada y adornada por minúsculas hojas verdes era lo que contenía aquella tremenda envoltura plástica. Ya no podía más, después dirían que les faltó dinero para pagar el convite, y es que no era para menos. Al poco empezó el baile de los novios, las chicas se quedaron mirando extasiadas.
- Un Vodka, por favor – dije yo y algunos más en la barra.

- Lo siento – contestó el camarero. – Hasta que los novios no acaben el baile y cante la dama de honor, tenemos orden de no servir bebidas.

Todos los presentes nos miramos, sonreímos y, como alma que llega el viento atravesamos la salida del hotel dirección a un puesto de hamburguesas. Estaba justo en frente, eran baratas y deliciosas, llenaban el estómago y compartimos un buen rato junto a una jarra de cerveza. Por supuesto se pagó con el dinero del sobre.

A pocos metros, una hermosa mujer, vestida con traje largo se acerca a mí, toma un sorbo de mi bebida, me besa y me enseña el ramo de la novia. Pide una hamburguesa, parece que ella también tiene hambre y coge el pitillo que sujeto entre mis bermellones.

- ¿Quieres algo de bicarnato? - le digo antes que todos los presentes explotemos en carcajadas.

8 de abril de 2009

Selene. Capítulo XLVII.

CAPÍTULO XLVII: LOS REMEDIOS DE LA ABUELA SON LOS MEJORES.

El camino hacia la casa de Hades no era algo fácil de hacer, todo estaba lleno de fragmentos de cuerpos humanos en semidescomposición, asesinos y estafadores caminaban a sus anchas por las calles, corrían escondiéndose de su sentencia, algún que otro puritano extremista y miles de señores de buenas maneras, gritaban mientras sufrían los tormentos del simple hecho de haber ido a parar al infierno. Todo lo hicieron según unas doctrinas, gritaban sus mentes atormentadas por todo lo que estaban viviendo, si es que así se podía llamar. Mientras tanto, Edimión, sufría grandes dolores musculares, Selene intentaba calmarlo, sabía que todo era parte de la transformación y su cuerpo luchaba por transformarse en su forma inicial, aquel cuerpo acostumbrado a las comodidades de la vida moderno no era lo más conveniente en su nuevo mundo. Por ello, grandes músculos luchaban por abrirse paso entre una fibras ya inservibles para ellos, la sangre corría por sus venas a una velocidad extrema y su cerebro aprovechaba para dar miles de vueltas sobre todo. Sentía celos cuando volvía a recordar los amantes de su amada, la rabia lo atormentaba cuando notaba como Víctor, su gran rival, le arrebataba a esa diosa primigenia una y otra vez, sin conseguir cambiar los resultados, vida tras vida. Ahora necesitaba descansar, poner en orden todo aquello y dejar que su cuerpo se transformara poco a poco, en un robusto y gran pastor, amante de la serenidad y devoto de una prole ya inexistente. Sin embargo, no podía, tenía que luchar entre las visiones pasadas y la real, no debía confundir nada en ningún momento, podría volverse loco, entonces Selene volvería a fallar en su intento por tenerlo eternamente.

Entre tanto Yu y la abuela de Fepico, discutían sobre cuál era la mejor ruta, el nieto se mantenía al margen, riendo entre las riñas de las dos mujeres y fumando algún que otro cigarrillo de aliño casero. No podía creer que fuera nieto de Caronte, tampoco la situación en la que se encontraban era digna de una biografía seria, pero siempre le atrajo ese mundo. Ahora lo sabía, eran sus raíces y aunque su madre no lo hubiera concebido en las entrañas de esa tierra, procedía de allí. Un mundo nuevo se abría ante él, sin embargo, ahora no sabía muy bien cuál podría ser su destino. Siempre creyó que acabaría sus días con una botella de licor, tumbado, casi sin sentido, en aquel suelo lleno de suciedad y decadencia, que él mismo había creado en el centro de la ciudad. El fin de sus días lo tenía reservado como un privilegio de Luci, su fiel compañera férrea que ahora lo acompañaba bien sujeta de su mano.

- ¿Estás bien? – le dice Selene a Luis cuando este para afligido por el dolor. – Ten, esto te calmará – ella coloca su mano suavemente sobre la espalda de Luis antes de arañarle brutalmente la piel.

- ¡Qué forma más rara de calmar a alguien! – expresa Fepico al cual se le van a salir los ojos de las órbitas.

- Gracias – le dice Luis aliviado tras notar como su carne se expande.

- Está mutando – le responde Yu a Fepico seriamente. – Forma parte de su vuelta a nuestro mundo - se acerca al sorprendido. – Sino alivia la tensión de su piel puede sufrir más dolor de que ahora sufre mientras su carne se desgarra sola – se acerca a Luis para ayudarle a incorporarse junto a Selene. – Es el precio a pagar – acaba diciendo mientras ambas hacen fuerza par elevarlo sobre sus pies.

- Una cataplasma de guindilla te ayudaría con ese dolor – le dice la abuela a Luis.

Este no sabe que contestar de forma que no pareciera grosero, lo cierto es que puede que le ayude, pero no está dispuesto a sufrir un picor directo en su sangre, a causa de las divagaciones de una vieja loca.

Tras unos pocos pasos, necesita descansar. Están a pocos pasos de la ciudad inicial, la primera de tantas que bordean la guarida de Hades, pero no pueden seguir, las posadas que pueden encontrarse por el camino son demasiado sospechosas y saben que tendrán que correr bastante. Las alas de Yu, idénticas a las de un ángel, no serán bien recibidas en un lugar lleno de malas intenciones como ese. La verdad está en el centro del infierno y han de pasarlo rápido, bordeando las urbes y levantando las mínimas sospechas. Algo difícil para tres dioses, una no muerta que se condenó a ella misma al infierno y a su nieto, el más normal de todos allí abajo.
Luis ya no puede más, siente que está a punto de morir, su corazón se acelera más de lo normal y el pecho se mueve con cada latido, sus brazos se hinchan y suda descomunalmente. Intenta calmar a Selene en su estado, sin embargo lo único que puede gritar es que desea un cuchillo. A lo que su novia no quiere acceder.

- ¡Fepico! – implora Luis. – Dame el cuchillo o la navaja – extiende una mano temblorosa. – Por favor……¡Aaaahhhh! – su cara se descompone a cada segundo que pasa. – Necesito salir de este cuerpo.

- No puedes hacerte eso a ti mismo – le dice Selene angustiada.

- ¿Acabas de rajarle toda la piel de la espalda y le dices que no puede rajarse así mismo? – e increpa Yu. - ¡Deja que acabe él solo con su mutación!

- ¿Y si se hace daño? – le replica su amiga.

- Más del que le has podido hacer tu – señala la sangre de la espalda de Edimión. – Lo dudo – Luis grita cada vez más fuerte. – Fepico, ¡dale el maldito cuchillo! y acabemos con esto.

- Hijo – se dirige a Luis la abuela. - ¡Toma esto! – se acerca a él con un cuenco sacado de quien sabe dónde. – Te aliviará el dolor – Luis la mira desconfiado. - ¡Hazme caso! Es dulce.
Viendo las opciones existentes, aquel maltrecho intento de dios griego se toma el elixir de un solo trago. Su garganta seca, hace que nuez se mueva compulsivamente, no deja ni un solo rastro de aquel brebaje dentro del cuento. Este se rompe contra el suelo cuando una mano lacia y semiinconsciente, deja de sujetarlo fuertemente.

- ¿Qué has hecho vieja loca? – le grita Selene.

- Ya no le duele nada – responde poniéndose bien las gafas y sonriendo. – Ahora duerme como un angelito.

- Estupendo – dice Yu muy seria. - ¡Cómo no teníamos prisa! Ahora tenemos un bello durmiente entre nosotros.

- Serán solo unos días – le responde la abuela. – Cuando despierte se sentirá mejor.

- ¡Seguro! – continúa atacándola Yu. – Habrá acabado la transformación – dice mirándolo. – Mientras podríamos montarnos una bonita cabaña para pasar unos días de descanso ¿no crees? – mira muy enfadad a la abuela. – Este es un lugar fantástico para pasar unas vacaciones entre gritos, asesinos, cleptómanos, demonios, criaturas devoradoras, plantas quemadas, ríos de sangre… ¡Un lugar estupendo para descansar!

- No seas tan optimista – le dice Selene. – Podemos llevarlo con nosotros.

- ¿Se te ocurre alguna forma? – dice Fepico temiendo lo peor entre Yu y su abuela.

- Si, pero tendremos que arriesgarnos un poco – confiesa Selene. – Tendré que transformarme, hacer algo de magia y habrá que volar hacia el centro del hades sin mirar atrás ni abajo.

- ¡Eso es una locura jovencita! – añade la abuela acusándola con el dedo.

- ¿Se te ocurre algo mejor? – le dice Yu. - ¿Dormirnos a todos quizá? No… ¡Espera!... – se vuelve hacia ella bajando la cabeza hasta la altura de sus ojos. – ¿Que tal si vamos cargando con Edimión al interior de la ciudad, dejamos que nos descuarticen y violen?

- No me gusta tu actitud jovencita – amenaza la abuela.

- ¿Se te ocurre algo mejor? ABUELA – le dice Fepico.

- Si – responde. – A pocos metros de aquí hay una cabaña donde Hares vas a pasar algunos días de vez en cuando – señala la ruta. – Es su lugar de descanso.

No hay otra opción, tienen que dejar que pase el tiempo hasta que Luis despierte de su trance. Entre palabras y discusiones, su aura mágica ha creado una cúpula blanquecina a su alrededor, vuelve a ser una crisálida en la que poco a poco, alejado de toda realidad y mundo existente, sus músculos y huesos toman una forma diferente. Todos esperan que esté bien, sobre todo Selene, nunca había llegado tan lejos en sus objetivos y no sabe con exactitud qué puede salir de aquel capullo. Cierto es que espera que Edimión salga completamente restaurado de él, eso incluye poderes y recuerdos.

Entre tanto, inician el camino. Una burbuja de agua fresca, sacada de una de las cantimploras, ayuda a transportar aquella masa semiinforme con nombre y alma propias.

A lo lejos, una casa casi derruida y con aspecto tétrico espera a sus nuevos invitados.