ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.


26 de julio de 2010

FÓRMULAS MAGISTRALES.... ¡ESTUPIDECES!

Intentos desesperados.

Soy curiosa, lo sé, a veces demasiado, aunque yo tengo la impresión de que me quedo corta. Mis andaduras por los múltiples lugares que me ofrece internet son múltiples, largas y laboriosas. Tengo siempre una libreta al lado para apuntar todo aquello que me resulte interesante y las ideas para mis divagaciones mentales, que no son pocas.


Bueno pues, a raíz de una noticia absurda que leí, se me ocurrió otra completamente diferente y, en mi búsqueda, desvié mi camino hacia otra. Todo esto vino por la búsqueda de los mitos sobre y pertenecientes a las mujeres. Y… ¡Sorpresa! No sé cómo, aparecieron cientos de páginas en mi pantalla que hablaban sobre cómo ligarse a una mujer. Hablaban de cuentos y fantasías, cierto, pero no erra ese el tema en cuestión que buscaba precisamente.

Mi entusiasmo aumentó entonces, mis ojos se salieron de sus órbitas al comprobar que muchas páginas (ninguna escrita por una mujer), comentaban cientos de cosas sobre cómo conseguir una pareja, entre ellas, un par de miles de videos donde el que no quería leer, podía escucharlo. Métodos simples, fáciles, rápidos y, según algún que otro contertulio o vendedor de libros y programas de ligoteo, eficaz cien por cien.

Me lo pasé pipa, de eso no hay duda, no he visto humor más fino referente a un mito tan extendido. Lo de que existen fórmulas magistrales para ligar, y pensé en cargármelas todas o, por lo menos, la mayorías de ellas. Ahí van:

- Para ligarte a una mujer hay que comprenderlas y saberlas tratar. Tienes que saber comportarte y conocer su psicología, así como lo que buscan realmente. (¡Ole tus huevos! Si eso fuera verdad no habría más carrera que la psicología femenina, se instauraría como ciencia y sabríais más que nosotras mismas.)

- Hacerse el intelectual – en todo esto aclaraba que si dominabas un tema tenías que extenderte para impresionarla, siendo esto último otro de los requisitos imprescindibles para ligar. (a) Una cosa es impresionar con los conocimientos y otra aburrirla tremendamente; b) si ella no entiende una papa del tema que dominas serás no menos que una buena medicina para el insomnio, nada más; c)No hay nada más repelente que un tio que intente hacerse el listo y dejarte a ti por detrás de sus conocimiento, no somos tontas, sólo que pasamos del tema; d) aunque ese tema sea común con un pequeño dato para despertar su curiosidad basta, sino eres un puto pedante.)

- Las mujeres desean tanto sexo como los hombres (estupendo, y, aunque fuera verdad, que no lo es, ¿eso te da derecho a comportaros como un hombre de las cavernas y babearle la falda insistiendo y queriendo acostarse con ella en la primera cita? Yo os doy la respuesta no, y el que vaya directo con ese pensamiento es un ¡puto machista!)

- Hay que ser guapo y tener dinero para seducir (acabáis de eliminar al 99,9% de la población mundial.)

Y como estas hay cientos, sólo que he puesto aquellas que me han sorprendió por ser ridículas o porque me he partido de risa.

Ahora viene el cabreo.

Después de leer una página detrás de otra, ver algún que otro vídeo, escucharme a mí misma y demás cosas raras que hago antes de sacar un tema, llegué a una conclusión. Estaba enfadada y mucho, demasiado para callarme y dejarlo pasar, puede que sea una tontería, que para otros no merezca la pena, pero es que sino lo hago exploto, y me ha dicho el médico que eso de reconstruirme cada poco tiempo no es bueno.

Puede que no sea la mujer más inteligente del mundo, tampoco la más guapa, la más dulce, la más sensible, pero sé lo que he visto, lo que quiero (por lo menos hasta mañana) y lo que soy. Y sobre todo ello soy persona, si señores, persona, no existen fórmulas magistrales para ligar, todo lo que le puedes ofrecer a una persona es tú mismo, así sin más. Los engaños se desvelan con el paso del tiempo, la verdad sale a la luz en estas cuestiones siempre y si eres de una forma no puedes ser de otra, imposible. Sobre todo, cuando se trata de personas.

Entre todo, lo que más me molestó de todo esto, es que ninguna página hablaba de que éramos personas inteligentes, que tenemos gustos como todo el mundo, que anhelamos cosas, que soñamos, pensamos,… En ellas se nos trataba como a una especie de perrito a los que había que engatusar y mimar para que te abandonaran.

¡Olvidaros de arcaísmos! A quién no le gusta que lo traten bien, que los entiendan, que la persona que tiene en frente se muestre seguro consigo mismo, que lo impresionen de vez en cuando e impresionar ellos mismos.

Vuelvo a repetirlo, por si algún sabiondo o sabionda no se ha enterado del tema, somos personas, no perros, somos seres inteligentes, humanos e iguales y nos da igual que sepas cómo se reproduce la mosca de la fruta, que tengas u porche en el garaje, miles de euros en una cuenta bancaria y demás tonterías superficiales (aunque las hay para todos, no os olvidéis de las mujeres y los hombres sin escrúpulos o a los que les gusta ser un trofeo) En el corazón nadie manda y no porque seas bueno con alguien te va a dar su amor incondicional o porque le regales miles de cosas.

¡Basta! Veo que en ello la mente no ha evolucionado mucho por lo visto.

Nosotras tampoco nos libramos.

Y es que la reprimenda es para ambos, también me fui a las que hablaban de cómo coger a un hombre.

Una cosa tengo que decir, olvidaros de haceros las dulces sino lo soy, de haceros las duras, las estrechas (eso de hacerse de rogar es algo que nunca he entendido), las tímidas, las débiles,.. Esto parece un anuncio de refresco.
Ellos también son personas y por muy guapo, perfecto y estupendo que parezca, quizás no os conviene. Lo importante de una relación es no ir con disfraces o mentiras, comunicarse mucho, no esconderse nada, respetarse y, sobre todo, tratarse como iguales. Eso es lo que funciona, no las fórmulas magistrales sacadas de un libro, hechas por una bruja de tres al cuarto o el consejo que te da alguien. Ese no eres tú.

Soy persona, ciudadana del mundo. Como tal merezco ser tratada como igual, porque tengo mente, igual que cualquier otro. Aunque también soy mujer y punto.

22 de julio de 2010

Selene. Capítulo LXVI.

CAPÍTULO LXVI: THEMYSCIRA.

La noche era cálida, los árboles brindaban la mejor de sus canciones al paso de una suntuosa brisa. Allí, en mitad de la noche y perdidos en mitad del bosque de las ilusiones, se encontraban todo esperando a que un reloj de arena diera la hora precisa para iniciar su camino hacia donde Víctor se encontraba.

- Creo que este camino no nos lleva a ninguna parte – dice Fepico mirando un horizonte de árboles interminable -. A todo esto – mira a Selene -. ¿Dónde demonios vamos?

- A mi casa – le responde ella sin quitar la vista del reloj de arena -. Es el único sitio donde ese majara de Pang puede esconderse sin ser localizado por ningún dios.

- Por lo que he escuchado no eres tú la única que tiene cuentas con él – le dice Luis tocándoles los hombros.

- No – se adelanta Yu-. El que más y el que menos tiene algo que devolverle, aunque Selene gana por años de antigüedad.

- De eso puedes estarte segura – dice ella dejando el reloj en el suelo.

- Y ese reloj – se acerca la abuela curiosa -. ¿Qué es? – se sujeta las gafas mientras lo observa de cerca.

- Es como un mapa hacia mi casa – le responde Selene -. Mide el tiempo.

- Como todos los relojes – incide Fepico.

- No exactamente – le contesta ella apartando la vista por un momento -. Este mide el tiempo que tarda en aparecer la puerta de ida hacia Themyscira.

- Y… ¿no se puede ir por otro camino? – le dice -. Lo digo por si se nos pasa la hora de ida y aparece la de vuelta.

- Los que van a Themyscira pocas veces vuelven - responde Selene -. Entre otras cosas porque sólo se aventura a ir aquellos que jamás pensaron en volver a casa o que viven en aquel lugar – se aleja del reloj -. Y sí… Podríamos llegar por medio de otro camino, cogiendo un transporte hacia el polo sur, adentrarnos unos 1000 kilómetros hacia el sur, girar al oeste unos 3000 kilómetros y después esperar a que salga el sol del amanecer.

- Creo que tu método es más rápido – le dice Luis que no para de observarla.

Poco tuvieron que esperar, los granos de aquel reloj de cristal se deslizaban cada vez más lentamente. El fino embudo que les invitaba a caer en el vacío, había disminuido su diámetro hasta el espacio en el que sólo una simple mota de arena podía pasar por él. Los segundos pasaban lentamente, el aire podía tocarse con las manos y el ruido de cada uno de aquellos trozos de tierra ínfimos tomaba la misma categoría de una gran piedra al tropezar con sus hermanas ya caídas hacía poco.

Cuando el más lento de todos a penas rozó el último grano del montículo, dos ramas de árboles se unieron y entretejieron sus ramas formando un ojo de colores verdes. Allí, al otro lado, la casa que vio nacer a Selene y a Yu, por primera vez, se presentaba ante una visión hermosa y cálida para ambas hermanas.

Selene, llena de emoción por volver de nuevo a sus raíces, tomó a Luis del brazo, besó su mejilla y le invitó a pasar el primero.

- Espérame al otro lado – le susurró -. No te muevas del sitio que pronto estaremos juntos.

Seguidamente, Fepico le siguió. La abuela, llena de reticencias, tuvo que ser empujada, literalmente por Yu. Las hermanas pasaron juntas por aquel lugar perdido de los ojos de los incautos hacia lo que una vez llamaron hogar.

- ¡Ahiiii! – se quejan ambas a la vez.

- Podías haberte apartado un poco de a boca del túnel ¿no? – dice Selene a Luis.

- Si no me habéis dado tiempo – responde -. He tropezado al entrar, después Fepico ha caído encima de mí y, por último, la abuela.

- Por lo menos no nos hemos hecho daño – dice Yu.

- ¿Por qué no hablas por ti? – le dice Fepico -. Ahora tengo que rehacer mis cigarrillos… han quedado hechos una auténtica pena.

- ¿Los especiales? – le dice la abuela a su nieto.

- Si.

- Esto sí que va a ser un auténtico infierno – dice ella echándose las manos a la cabeza -. ¡Intenta salvar alguno! Los necesito para curar los dolores de mis huesos.

- Ahora tiene dolores de huesos – dice Yu a Selene en un susurro -. Pero para pillar al cuervo no le dolía nada.

- ¿Qué estás diciendo jovencita? – le regaña la abuela -. Gozo de buena salud, pero mis huesos ya no son los mismos que cuando tenía 80 años.

- Shuuuuuuu… - les manda Luis a todos -. He escuchado algo.

Todos se esconden entre unos matorrales de flores amarrillas y rojas, esperando ver al dueño de aquel ruido que ha escuchado Luis. Poco tarda en a parecer.

- No me lo puedo creer – dice Luis -. Ese ruido no puede hacerlo un perro normal.


- Se acordará de nosotras – le dice Yu a Selene.

- Puede –le responde mientras el perro ha olido su rastro.

- Tihan – dice Selene elevando la voz mientras el dócil animalito se acerca a ellas para darles la bienvenida.

- Hola cariño – le responde Yu, que no parece ella misma -. Has echado de menos a mamá, ¿eh? Sí, sí – habla con el perro ante la mirada atónita de todo el mundo.

- Si yo ya decía que no podía ser tan borde – le dice Fepico tapándose la boca a Luis.

- Thian… ¡Cuánto tiempo sin verte amor! – continúa Yu con su habla maternal -. ¿Dónde está mamá? ¿eh? Dime ¿dónde está? – sigue diciendo mientras su perro le lame la cara.

- Seguro que se ha vuelto a dejar la puerta abierta – le responde Selene -. Anda… ¡Vamos a darle una sorpresa a papá!

20 de julio de 2010

DE LOS VISILLOS A LAS VISIONES.

Esto no es tan antiguo.

Aunque se conocía con otros usos: en la decoración de cortinas y mantas, alguna que otra pequeña tira que hacía las delicias de la ropa femenina y masculina, por supuesto, (el que después casi quedara relegada a las mujeres es otra historia), manteles, pequeños detalles, todo estaba hecho con ciertos adornos que recordaban a la naturaleza. Las flores, principalmente, aunque algún que otro dibujo fuera de lo normal no está demás tampoco.

Formando parte de la misma tela, sin estar bordado sobre ella y, lo mejor de todo, dejando el espacio entre un dibujo y otro, bien al aire libre o con una tela transparente, no podemos hablar de otra cosa que no sea el encaje.

En los inicios del mismo, para el uso de la ropa interior picaba un poco, cierto, te daba el tiempo justo para ponértelo en el cuarto baño al llegar a casa y atacar a tu pareja, desando que te la quitara lo más rápido posible. Y si te la arrancaba a tiras mejor, su sensación no daba muchas ganas de volver a utilizar esa prenda.

He encontrado poca información respecto a cuándo comenzó a utilizarse, algunas fuentes dicen que data de los años 70 y 80, otras que ya se habían encontrado en ciertas ropas de las épocas antiguas (teniendo en cuenta que antiguamente la ropa interior casi no existía, lo dudo o me doy ese permiso por lo menos.) Hablando con mi madre, cuenta que los primeros surgieron cuando ella tenía unos 16 o 17 años (de eso no hace tanto. Aún conserva alguno de esos modelitos), pero viviendo en el país que me ha tocado, comprobando su historia, y, viendo la gran represión y el corte de ayuda y suministros que hubo, no puedo contar con un dato objetivo respecto al tema. Puede que sea verdad lo de que cierta cantante lo puso de moda en sus actuaciones como ropa interior, sin embargo, todo sigue sin quedarme demasiado claro. Por lo tanto he decidido contar lo que sé y no lo que especulo, a pesar de que lo que sé puede cambiar en cualquier momento.

De relegados a top ventas en ropa interior.

Y es que esos intentos de llevar el encaje a la ropa interior tuvieron sus frutos. Molestaban, picaban, eran incómodos, cierto. Eso no puedo negarlo, pero el uso de nuevas telas como la seda, el raso y el algodón, entre otros materiales, facilitaron que se llevaran más tiempo del inicial y, sobre todo, que estas prendas no quedaran relegadas a aquel cajón con llave de la habitación que sólo se abría en ciertas ocasiones.

Por fortuna ahora podemos encontrarlos en todas partes, aunque, eso sí, dependiendo del tejido, la forma, la marca, el diseño y demás, puede que el coste pase desde unos 6 euros (y tiro por lo bajo) a lo que estés dispuesto o dispuesta a pagar. Aunque para mí es el mejor gasto como regalo compartido que una puede hacer, una gran inversión para disfrute de dos personas.

Siendo una moda sexy en la intimidad, puede que parezca arcaica cuando vemos todos aquellos pañitos y cortinas recargadas en casa de la abuela, por ejemplo. Sin embargo, nos olvidamos que todo ello dio lugar a un uso mucho más provocativo.

Esto te hace sentir….

Bonita, sexy, seductora, apasionada, bien contigo misma, segura,… Y todo lo que una mujer necesita considerarse, aunque realmente no le haga falta, en un mal día. Ciertamente, todos requerimos que nos digan algo guarro, provocativo, sensible, romántico, suave, tímido o bonito, en algún momento del día, de la semana, del mes, etc. Todos y cada uno de nosotros, sin excepción de sexo o condición, y el que diga que no es verdad porque él sólo se basta así mismo, o que posee una autoestima muy alta, miente como un bellaco (las palabras de aliento sirven para todos, sin excepción, pero las que se relacionan con el sentirse sexy y provocativo aún más.)

El poder de una simple prenda puede ahorrarte mucho tiempo en terapia, evitar pastillas para la depresión y demás cosas que no le sientan bien a nuestra salud mental. Piensa por un momento, puedes llevar la ropa más ancha y menos atractiva que tienes en tu armario, pero, por dentro, estás vestida para el combate, estás lista con una segunda piel donde el encaje tapa solamente lo justo para dejar espacio a una imaginación sin precedentes. Sólo por eso, te atreverás a moverte de otra forma, hablarás con ese chico aunque no estés vestida para la ocasión y demás paranoias que no nos atrevemos a realizar: porque tenemos mal el pelo, no quiero que me vea con esta vestimenta, esto no me favorece para nada,… (¡Cosas de mujeres!, yo tampoco lo entiendo, pero no es más que coquetería pura y dura. ¡Chicos! Soy consciente que, la mayor parte de las veces, en las que ocurre esto, hacemos el gilipollas ya que a vosotros eso no os importa mucho, pero parece que para nosotras es cuestión de vida o muerte.)

Ahora al grano.

¿Dispuesta para atacar? Por supuesto, quién podría negarse a ese vestido que tan bien te queda, esos tacones de vértigo, que piden a gritos que alguien escale por ellos, y, por supuesto, a ese conjunto de ropa interior tan atractivo que te has comprado. Con esas flores que sólo tapan lo justo, el pezón y el monte venus, (depilado total, al estilo último mohicano o simplemente recortado. Eso ya es cosa tuya.)

Una cita fantástica, con tu marido, novio, novia, pareja, amante, rollete o porque simplemente te has vestido para pasarlo bien, ¡da igual! Lo que si podemos decir es que no noche no a acabado y que el romanticismo no tiene porqué morir tras los primeros pasos de un ritual de seducción para dejar paso al sexo puro y duro (que esperemos que esté duro, si no la noche se nos va a chafar y por descontado.)

Los primeros pasos son dulces, eso todos lo sabemos, la pasión puede respirarse en el ambiente, pero… ¿por qué no caldear un poco más la habitación con un lujoso desnudo? Puede ser sutil, rápido o muy muy lento. Evitando que la ropa interior caiga llevada por las bullas, y moviéndose un poco para que él disfrute de una buena vista, haciendo que su imaginación se deleite con esa situación íntima que habéis decidido compartir ambos. Los roces, el mostrar todo y no enseñar nada, hacerle que toque aquella suavidad parecida, pero no comparable a la de una piel desnuda, fomentar su deseo.

Sólo es eso, el juego de la seducción, el aumentar un poco más el calor hasta que este no te permita llevar nada encima. Mostrando una noche de encanto, producida por la magia de una realidad forjada por ambos, sin bullas, sin horas de salida, pensando en los dos y jugando con los sentidos.

Aunque, los juguetes tampoco tienen porqué estar prohibidos, recuerda que, en ciertas ocasiones somos como niños ¿A caso no tenemos derecho a disfrutar como uno?

16 de julio de 2010

DESEO…. (SEGUNDA PARTE)

Un sinfín de sensaciones se dejaron aflorar en el cuerpo de la joven. La lujuria, fruto de aquella imagen desenfrenada, sobre una noche ideal sin ningún tipo de compromiso, aumentaba aún más ansias por completar su acto carnal, provocando que sus secretos más ocultos mostraran el punto exacto de su ubicación mediante una marca húmeda de placer.

Aquellas manos varoniles recorrieron todo su cuerpo hasta parar en la zona marcada, sus dientes, entre tanto, se entretenían intentando probar el dulce sabor de unas montañas sonrosadas y coronadas por unos pezones erectos que pedían a gritos que alguien los amansara.

Todo pasó lentamente entre gemidos y gritos de placer, aún no la había penetrado cuando el calor se hizo insoportable. Sus ojos, contemplaban a una bestia ataviada con fuego y de piel roja que se adueñaba de su cuerpo. La cabeza de aquel apuesto hombre, estaba decorada con unas protuberancias largas y puntiagudas, al igual que dos de sus dientes delanteros.

No le importaba, ni siquiera calló en el terror. Para ella, aquel bello ser la había elegido para consumar una noche de placeres ocultos, que ahora le eran desvelados por un pequeño pago. ¿Cumpliría su deseo? Fue lo único que se le pasó de la cabeza un instante antes de que aquella protuberancia erecta penetrara dentro de ella.


Era fuego, los movimientos que se sucedían, violentos y rápidos, la incitaban a chillar y dejarse llevar por el placer. Había perdido el control, se retorcía como una culebra entre los brazos de aquel ser extraño.

Minutos después, la muerte de todo sentimiento de pasión, fue anunciado por una explosión de placeres unidos para provocar uno solo. El más fuerte de ellos.

- Lo deseas – decía él mientras ella cabalgaba sobre su cadera desenfrenadamente.

- Siiiii – chilló mientras elevaba los brazos al aire.

- Que así sea – dijo antes de sujetarla por las caderas y apretar fuertemente hacia él.

Un alarido llenó el aire de la habitación, para dejar paso a un cuerpo semiinconsciente y casi sin fuerzas que cayó suavemente sobre la bestia. Este, tranquilo y agotado, dejó el cuerpo de aquella joven a su vera y durmió con ella hasta la noche siguiente.

Al despertar, todo le daba vueltas, recordaba todo lo acontecido horas antes. Miró a su alrededor y él todavía se encontraba a su vera mirándola amorosamente.

- ¿Cómo te encuentras? – le dijo acariciando su cara.

- Todo me da vueltas – lo mira -. Creía que esa criatura que veía a noche era mi imaginación.

- Seguro que también pensabas que no estaría aquí cuando te despertaras – le sonríe mostrándole los dientes.


La cabeza le daba vueltas más y más rápido, estaba mareada, tenía nauseas y los dietes le dolían como si fuera la primera vez que veían la luz lejos del envoltorio de sus encías.

- No me encuentro bien – le dice mientras se sujeta la cabeza.

- Tranquila – le dice apoyando la cabeza sobre su pecho -. Yo tengo la solución – le acaricia el pelo -. Escucha tus sentidos.

El rugir del corazón de aquel extraño calmó su estado, ahora dejaba paso a una gran ansiedad. Escuchó sus sentidos y sus labios hicieron el resto, buscando algún apoyo, tomó aquellos masculinos pezones y comenzó a succionar cual bebé lactante. De ellos manaba un líquido cálido y rojizo, estaba dulce y ardía cuando pasaba por su boca.

- Ahora te espera una nueva vida – le decía él mientras ella no para de absorber la sangre que mana de sus pezones -. Renunciarás a la luz del día y sólo beberás de la vida de los demás – acaricia su pelo mientras le revela su nueva forma de vivir -. Pero no te preocupes – mira hacia su pecho y ella continúa mamando vorazmente -. Yo estaré a tu lado, serás inmortal y nadie podrá hacerte daño.

Entonces, ella, saciada de beber aquel elixir de vida y muerte, se elevó de entre las sábanas miránodolo lascivamente. Mientas algunas gotas de sangre decoran su cuerpo con dibujos inconclusos.
Su mente sabía que le habían dado lo que deseaba, pero que el pago no había sido una noche de pasión, sino su alma. Donada a cambio de volverse como la persona a la que estaba mirando en esos momentos. Sabía que no era verdad todo lo que le decía, que no siempre estaría con ella, que la abandonaría cuando se aburriera, pero podría buscar a otra alma dispuesta a entretenerla por algunos años.

Lo besó de nuevo, sonrió antes de limpiar su cuerpo.

- ¿Dónde vas?

- A arreglarme – le dice ella con una carcajada infantil, mientras busca algo para ponerse en un perchero -. Tengo ganas de divertirme y nunca he conocido la vida nocturna.

- ¿Vamos juntos?

- Aún tengo mucho que aprender – le da su ropa para que se vista -. ¿No?

15 de julio de 2010

DESEO…. (PRIMERA PARTE)

Hubiera hecho cualquier cosa con tal de cambiar su situación. Estaba harta, cansada del mundo y de cómo esta había decidido tratarla. Si volvía la vista atrás, un mar de penurias inundaba sus recuerdos, donde las pequeñas luces de esperanza, se habían ocultado tras unas nubes claras.

Parecía que no había salida en todo ello, tras la última estafa mental sufrida, decidió caminar sola por las calles, con un rumbo indefinido hacia cualquier lugar lejos de todo lo que le hacía daño. Antaño, todo lo que la rodeaba, le proporcionaba recuerdos inventados sobre una vida que jamás tuvo; ahora toda su imaginación se fugó para dejar paso a una realidad que odiaba.

- Cloc, cloc, cloc, cloc,… - el paso de aquellos tacones dejaba constancia de su presencia por las solitarias calles.

A lo lejos, una puerta se abrió al notar sus vibraciones. Ella, con lágrimas en los ojos, lo vio mostrarse en todo su esplendor por el rabillo del ojo, movió todo su cuerpo y la curiosidad hizo el resto. Sin embargo, no recordaba que existiera ningún local como ese por el barrio, tampoco que tuvieran permiso de apertura en aquellas horas de madrugada; daba igual, era lo que necesitaba.

- Hola – la dijo una cálida voz varonil al oído.

- ¿Eres mi hada madrina? – le preguntó pícaramente mientras mareaba su copa.

- Algo parecido – le respondió él sentándose a su lado.

- No te he dicho que podías acompañarme.

- ¿Seguro? – le dice apoyándose en la mesa y tomando su barbilla delicadamente -. Eso no es lo que me dicen tus ojos.

- ¿Quién eres? – pregunta ella mientras desea que aquella mano jamás se aparte de su piel.

- Algo parecido a un hada – le contesta sonriendo sensualmente -. Sólo que… - toma un sorbo de su copa de balón -. Yo cobro por mis servicios.

- ¿Y qué puedo ofrecerte? – continúa preguntando a aquel extraño mientras acerca su cara a pocos centímetros de unos labios ajenos -. No puedo pagarte mucho.

- No acepto dinero – le responde aproximándose un poco más a ella -. Dime… - roza sus labios mientras habla -. ¿Qué deseas? – le pregunta mientras su mano acaricia suavemente la cara de su acompañante.

- Ser una persona diferente – le responde ella con aliento romántico mientras en su mente sucede un beso eterno entre ambos.

- Puedo dártelo – le responde él sin dejar de provocar que el movimiento de sus labios rocen levemente los suyos -. Pero tiene un precio alto, muy alto.

- Si no aceptas dinero – se retira un poco de él y sonríe mientras apoya su mejilla en la mano de aquel extraño -. Sólo puedo ofrecerte lo que ves – le susurra suavemente.

- Perfecto – le dice buscando de nuevo el roce de su cara -. Acepto el trato… - hace una seña al camarero.

Pocos minutos tardaron en llegar a la soledad de la casa de ella. Todo estaba por los suelos, fruto de un ataque de histeria. Sin embargo, el asombro de aquel hombre, si es que lo hubo, no se dejó ver en ningún momento. Sólo la miraba a ella que, sutilmente, lo arrastró hacia la estancia más íntima del hogar, su habitación. El único resquicio donde aún podía permanecer tranquila sin que nadie la molestara.

La puerta de la habitación se abrió suavemente y ella le invitó a pasar.

- ¿Cumplirás tu promesa? – le dijo ella un poco incrédula.

- No soy un hada… - sonríe mientras le pellizca suavemente la barbilla -. Pero cumplo los deseos si me ofrecen un buen pago por ello – le sonríe justo un instante antes de besarla.

12 de julio de 2010

LLAMADITA, EMBOSCADA Y…. TIMBRE DE PUESTA.

Llamadita matutina, primera historia.

Lunes, 9:30 de la mañana.

Esta mañana no me amodorro en el sofá como de costumbre, el día se presenta cálido y con mucho cansancio y dolorida, me dirijo hacia la habitación para ir a la compra semanal antes de hacer cualquier otra cosa dentro de la casa.

-Ring, ring, ring,… - suena el puto teléfono y yo con un solo zapato puesto.

Lo cojo, no me queda otra, podría ser mi madre o mi abuela para ver qué vamos a hacer esta mañana.

- Hola, buenos días – me dice una voz al otro lado del auricular -. Le llamo para comunicarle que ha ganado una termitatic tardorus 8300 ¿Sabe lo que es?

- Si, un robot de cocina inútil.

- ¿Podría decirme su nombre para saber a quién dirigirme?

- ¡Ole tus cojones! – le digo al escuchar esto -. He ganado un concurso, al que no me he presentado y quieres que te diga cómo me llamo – respondo ante lo que acabo de escuchar -. Eso no te lo crees ni tú.

- Bueno – se cree que me va a ganar -. A lo mejor me lo facilita si le digo que el lote está valorado en 3000 euros y lo único que usted tiene que hacer es….

- Pagar los costes de envío que no ascienden a más de unos…. – le interrumpo la retahíla que acaba de soltarme -. Cien o doscientos euros en total ya que yo saldré ganando con todo ello – respiro un momento mientras mi tensión unida a la mala leche, provocada por nefasta noche de dolores musculares aumenta -. Pero si lo he ganado, sin presentarme, cosa que hay que tener presente ante todo, ¿por qué demonios tengo que pagar algo que no quiero? – continuo diciendo -. Escucha, como te llames…

- Silvia – me responde mosqueada.

- Inténtalo con otro primo y deja de gastar saliva – entonces le cuelgo y salgo a la calle.


Emboscada callejera, segunda historia.



Y continuaba el día, aunque realmente no había hecho más que empezar, mis dolores musculares aumentaban por momentos, pero aguantaba estoicamente, junto con mi mal humor, hasta que acabara de realizar las compras.

Tras unos minutos insoportables salgo a la calle, directa a la farmacia para comprar un calmante y volver a casa lo más rápidamente posible.

Al salir de la farmacia, un grupo de trajeados me cogen por sorpresa, van vestido todos iguales y saludan con buenas formas. A pesar de mis intentos por hacerme la tonta con los cascos del mp3, no resulta y me siguen hasta el portal.

Mis nervios se ponen a cien y coloco las llaves de la casa entre los dedos de mis manos a modo de pinchos, como un puño americano improvisado.

- O me dejáis en paz o me lio a ostias con todo el mundo – les digo dándome la vuelta mientras dan un paso atrás.

- Señora… - dice uno de ellos -. Venimos a traerle un mensaje divino.

- No me interesa – le respondo sin bajar la guardia con mi puño colocado en los riñones, listo para soltarse.

- Pero es que Dios ama a todo el mundo – me dice otro -. Venimos a darle su mensaje.

- Pues que me lo mande por email que hoy no estoy para mensajes divinos – respondo -. Como des un paso más no respondo – le digo a uno de ellos que intenta acercarse.

- Queríamos darle información sobre nuestra consagración y darle un folleto informativo sobre nosotros.

- Estupendo – le digo -. Te lo puedes ahorrar o echarlo a reciclar.

En ese momento se abre la puerta de mi portal y entro mirando al exterior.

- El primero que me siga sale con un hueso roto – me dirijo a ellos sacando sólo la cabeza -. Que sepáis que no es una broma.

- Vaya con Dios Señora – dice uno de ellos -. Esperemos que el mesías le perdone por este acto.

- Dios no se – respondo -. Pero Satán estaría orgulloso de vosotros –hablo en voz alta mientras se cierra la puerta -. ¡Ir a darle la tabarra a otro y que no os vea por aquí!

Parecía una vieja cascarrabias, pero es que no estaba de humor para aguantar a nadie, es más nunca lo hago, pero es que no tenían que haberme seguido.

Tocan a la puerta, tercera y última.


Por fin llegué a casa, muerta por el cansancio y los dolores, llena de de mal humor y harta de la mañana, a penas eran las once del día cuando estoy poniendo en su sitio todo lo adquirido en el supermercado.

Entonces ocurre.

- Ding, dong,…. – la puñetera puerta que no tendría que sonar nunca.

Y es que no hay dos sin tres. Miro al otro lado y veo como dos personas hablan con mi vecina de enfrente pidiéndole una factura de teléfono.

- ¡Otra vez! – pienso hablando en voz alta -. Hoy no me da la gana de abrir a nadie.

- Ding, dong,… - vuelve a sonar mi timbre y yo pongo "Mago de oz a toda leche" en mi minicadena.

Quería que supieran que estaba en casa pero que no me salía del alma abrir la puerta. Se van, parece que se han dado por aludidos. ¡Qué gilipollas fui!

La música continúa alta, me encanta escucharla a toda leche, sobre todo si la de arriba se pasea con sus tacones puestos a las 6:00 de la mañana y la escucho en casa.

Casi con buen humor, me cambio de ropa y me dedico a mis quehaceres diarios acompañada de unas voces casi perfectas, en ese momento. “La posada de los muertos”, es mi canción favorita.

Estoy a punto de poner una lavadora al son de alza tu cerveza cuando vuelvo a escuchar el timbre. Me acerco a la puerta -¡otra vez esos pesados! – digo para que me escuchen.

- Señora… - titubea un poco -. ¿Podría abrir la puerta? – y lo acompasa de algunos toques a la madera que separa el pasillo de mi habitáculo.

Me voy hacia la cocina, tengo muchas cosas que hacer para gilipolleces y hoy no tengo ganas de guasa. Así que paso del tema antes de volver a escuchar un persistente golpeteo contra la puerta blindada.

Cojo un bote de insecticida y me dirijo hacia la puerta.

- Somos el teléfono – dice el chico que acompaña a la mujer del otro lado de la puerta -. ¿Puede abrir? Queremos saber si tiene aplicado a la factura el descuento de zona – dice intentando elevar la voz sobre la música que no me da gana bajar.

- No me interesa pagar menos – les grito mientras las chica persiste en golpear la puerta insistentemente (parece que le gusta hacerse polvo los nudillos).

- Señora – continúa el hombre -. No sea así… ¡Venga!... ¡Que ayer ganamos el mundial!

- ¿Alguna tontería más para que abra? – respondo a puerta cerrada -. Es para dedicarme a otra cosa más interesante… Como alimentar iguanas - no sé por qué dije eso pero salió así.

- ¡Abra o no nos vamos!

- Como queráis…. Ahí se está muy fresquito.

Dos minutos después siguen ahí, son como las cucarachas que insisten en vivir en mi casa. Así que la idea era clara, insectos, intentando entrar en mi casa, un bote de cucal en la mano, bombilla en mi cabeza. Coloco el bote de spray en la ranura de la puerta y empiezo a echarlo.

Tres segundos, eso fue lo que tardaron en irse. Por lo menos el día no ha acabado tan mal.

En conclusión, es un mal día, todavía puede acabar peor. Sin embargo, por muy vulnerable que me encuentre, no es día para aceptar regalos que haya que pagar, procedentes de un concurso en el que no he participado, hacerme religiosa o cambiar de compañía de teléfono.

Podría habérmelo tomado mejor, calmar mis nervios o disfrutar de algunos momentos surrealistas. A pesar de todo las técnicas insistentes de venta, unido a la desesperación por captar clientes, mediante técnicas de venta agresiva, han hecho que todos tengan unas maneras, no menos que desagradables y olvidando los buenos modos.

Puede que funcione con otras personas, pero lo único que hace falta es que se me pongan chulos para demostrarles, que apulsos y cabezonería pocos me ganan.

8 de julio de 2010

LOS HORRORES DE NUESTRA VIDA.

Fobia.

Miedo irracional hacia objetos, situaciones o personas concretas. Se conoce como un trastorno emocional. A parte de la denominación, hay nombres específicos para unos tipos de fobias, como el miedo a las alturas o a los sitios cerrados; también hay nombres generalizados como miedo a los insectos, ya que no hay una denominación determinada para un tipo de insecto en concreto, así como el miedo a las aves.

Normalmente estos miedos irracionales no poseen explicación alguna o trauma que pueda explicar el por qué de ello. Podría ser la permanencia de los miedos infantiles en las personas adultas, sólo que como son adultas hay que llamarlo de una forma más seria (¡Vamos! Especulo yo, ya que los niños poseen varios tipos de miedos irracionales, unos se pasan con la edad y otros, en cambio, permanecen hasta el mismo día en que visitamos la tumba.)


Según algunos estudios, juntos con el miedo y el asco, son propias de la educación; si a tu madre le dan miedo las arañas a ti, en un momento determinado de la vida te la darán. Aunque esta parte conclusiva de la teoría tiene su parte de verdad y de mentira, como todo en esta vida, ya que obvian ciertas cosas y exageran otras (como hacemos todos) para tapar ciertos vacíos, aunque, según mis propias observaciones en la mayor proporción de casos que he visto se dan.
También son de ámbito cultural, ya que las costumbres sociales y religiosas, fomentan el miedo o la adoración hacia ciertos objetos, personas o animales que forman parte de ellos.

Y… ¿Por qué estoy hablando de miedo? Simplemente porque, como he dicho antes, este tipo de desarreglo mental se debe a una desproporción de este sentimiento tan necesario, provocando reacciones demasiado irracionales para que se realicen.

Casi todo el mundo tiene una.

Y es que, al igual que la razón (cosa que todo el mundo tiene y de la que nadie carece), cada ser humano posee un miedo interno a algo que es inofensivo, aunque sea en parte.

Yo voy a confesar los míos, tengo un miedo irracional a las alturas, aunque jamás he superado el mismo y, tras muchos intentos por hacerlo, no lo he conseguido. Sólo por ello, evito subirme en cacharros que me dejen ver el suelo cuando se elevan, me sujeto a las barandillas de las escaleras y no me asomo a balcones a menos que no estén en una primera planta. En esos momentos un miedo profundo me invade, he de controlarme para poder enfrentarme a él y surge efecto. Aunque como no veo necesario el pasar un mal rato, he decidido olvidarlo y evitarlo a menos que sea absolutamente necesario.

Y del miedo, pasamos al asco más profundo de todos los que puedo sentir, las cucarachas, un insecto que me merece toda la fascinación a la vez debido a sus métodos de supervivencia y su capacidad de adaptación al medio. No puedo evitar sentir un cosquilleo invasor por todo el cuerpo (igual al que se siente cuando se ve un montón de insectos juntos) cuando veo una sola de ellas. Mi instinto no es el de correr cuando las veo, ni mucho menos, sino el de exterminarlas ya que todos tenemos derecho a la vida, pero no en mi casa (no cuando yo estoy en ella, mientras pueden campar a sus anchas.) Este verano ha traído esa plaga tan desagradable, pero el insecticida específico, alguna que otra mosquitera y resignación ante la situación, hacen más llevadera la jornada (llevo gastados ya tres botes de matacucarachas en lo que va de verano. Esto tiene dos soluciones, desaparecen o me muero de una intoxicación. No hay más vueltas.)

¿Por qué no es una fobia? Simple, menos algún que otro grito de sorpresa en alguna que otra víctima, suelo perseguirlas y no subirme a una silla, encaramarme a la lámpara, gritar como una descosida o fracturarle el hombro a sangreybesos mientras lloro y noto que mis piernas flaquean. Sólo es asco desmedido, ya que las persigo por toda la casa, muevo muebles y no descanso hasta que no la echo al cubo de la basura bien muerta. Obsesión, si, porque ese comportamiento persecutorio no es sano.

Qué daño ha hecho la educación sexista.

Y es que mientras los hombres son los encargados de exterminar las vidas de aquellos animales infortunados que están en el sitio equivocado, en el momento equivocado. La mujer toma un papel sumiso y débil, zapateando encima de un taburete y chillando como una loca, sin tomar cartas en el asunto. Eso nos ha enseñado la tele, tu madre y el resto del mundo, ya que no veo motivo para gritar por una rana, una rata, un reptil o cualquier otra cosa.

¡Pavas! - pienso cuando veo esos salto propios de un atleta olímpico (con un poco de entrenamiento podría llegar muy lejos.) Da igual que al sexo masculino le tenga la misma fobia a las mismas cosas, este no puede reblandecerse y tiene, por cojones, que tomar cartas en el asunto. La mujer tiene permiso para dislocarse la garganta y aprender a zapatear como un buen bailaor de flamenco.

Eso sí, después no se te ocurra hacer un comentario sexista o meterte con ella, que te cae una tremenda. Ella tiene derecho porque tiene ovarios, tú no. Y si, por un casual ocurriera al revés, hazte cuenta que, por ser varón tienes que aguantar estoicamente y sin enfurruñarte, toda la ristra de burlas. ¡Eso no es propio de un hombre! (métele una rana por la camiseta, a ver como baila el mambo, a ver si vuelve a reírse.)

En ese aspecto no soy igual que la mayoría, no me dan miedo los reptiles, los adoro; menos las cucarachas, todos los insectos me gustan, no he logrado superar algunas sorpresas, pero no me da miedo a gritar como una pava en un momento determinado.

En conclusión, todos tenemos miedo irracional a algo, un asco descomunal hacia ciertas cosas (se me olvidaban los huevos crudos.) Seguro que todos tenemos alguno por muy duros que necesitemos parecer, por muy hombres o mujeres que seamos, la mente es demasiado grande para que tengamos explorados todos sus abismos; no me mintáis, el que diga lo contrario: “miente como un bellaco.”

Estos son mis miedos, sin embargo, no conseguiréis asustarme con ellos, os lo puedo asegurar, como mucho un pequeño salto o alguna vociferación subida de tono. Si no, tampoco lo contaba.

5 de julio de 2010

SÓLO LO IMPRESCINDIBLE.

Unas largas tijeras hicieron los menesteres de aquella muchacha esa misma tarde. Una melena de casi un metro y medio de larga, caía sin freno hacia el suelo del establecimiento mezclándose con mechones de otros colores.

- Lo quiero corto – decía ella mirando el reloj que marcaba la hora en la que tenía que estar en casa -. Por la barbilla – acababa su frase dejando entre ver una sonrisa en el espejo.

Acabado el trabajo, trepó por la torre de pisos. Esta vez, los escalones no eran tan inclinados, ni siquiera los desperfectos de la pared le parecían tan horrendos como antaño. Colocó su bolso sobre la mesa de la entrada y se dirigió hacia el baño.

Atusada y vestida para la ocasión, pronto llegaría el momento en que se marcharía de allí definitivamente. No se llevó nada de aquel lugar, recogió su bolso a juego donde guardaba lo necesario y se largó de aquel sitio en cuanto un timbre chirriante la avisó de que unas plantas más abajo la estaban esperando.

- ¿Nos vamos? – dijo ella con una sonrisa.

- ¿Y la bruja de tu madre? – le dijo él asombrado -. ¿Te ha dejado salir?

- Digamos que ha caído muerta ante mis argumentos.

A varios kilómetros de la ciudad, lejos de las miradas curiosas un pequeño coche azul goteaba colores rojizos hacia el suelo. Las llaves estaban puestas y el incauto muchacho descansaba con una nota en la mano y una pistola en la otra.

“Yo maté a la bruja”, ponía sin firma mientras el sol tocaba ya los montes del alba.