ELABORAR UNA IDENTIDAD ES UN PRIVILEGIO QUE SÓLO EJERCEN AQUELLOS QUE TIENEN LA POSIBILIDAD DE ELEGIR Y QUE LUEGO MANTIENEN EL ESFUERZO DE PENSAR.


22 de febrero de 2010

LAS VENAS LARGAS QUEDAN MEJOR



¿Estado permanente o pasajero?

Nervio, conocido como un conjunto de fibras asociada a fascículos (no de enciclopedias) por medio de tejido conjuntivo. De esta palabra también podemos sacar la frase, eres un nervio que, en términos coloquiales, significa que no puede estarse quieto en ningún lugar más de unos tres segundos. Diferente de ser una persona nerviosa, de la cual deducimos que, a parte de que no es tranquila, siempre tiene motivos para estar inquieto provocado por un estado permanente de ansiedad o nerviosismo.

Estos dos últimos términos, en palabras específicas de su significado quieren determinar ciertos estados corporales, causados por un exceso de actividad eléctrica entre los nervios biológicos a causa de un estado psicológico que influye, de manera más o menos visible, en un estado físico que nos produce tales alteraciones. Teniendo en cuenta el estado de ansiedad, considerado una patología y el de nerviosismo, el cual sólo se considera un estado de alteración pasajera, debido a una excitación (de lo cual se deduce que la frase: “está mal de los nervios” tiene poco o ningún sentido en ciertos ámbitos.) Por lo tanto, después de toda esta explicación, podemos deducir que un estado de nerviosismo o excitación, puede ser derivado de una acontecimiento o echo importante, por lo menos para la persona que sabe que va a sufrirlo, este estado futuro, en el que no se puede predecir un tipo de acción física o mental futura y del que sólo se pueden provocar imágenes mentales en la cabeza, bien de forma consciente o subconsciente, se denomina como ilusión, ya que no posee ningún fundamento en la realidad. Debido a que esta aún no ha llegado o simplemente se conforma de diversos factores debidos a las múltiples opciones que pueden ofrecernos acontecimientos que no se han llevado acabo. En este caso la mente de los sujetos juega con el “y si….”.

Debido a una imaginación, más desbordada o no, depende mucho de la amplitud de miras de la persona que sufre este estado, podemos causarnos a nosotros mismos estados de alegría desmedida, euforia, depresión, soledad, tristeza, etc.

Después del sermón viene el resto.

Pues bien, debido a ciertos acontecimientos que ocurrirán en la vida de sangreybesos y yo, más concretamente un enlace matrimonial, por la firma de un contrato mercantil en un juzgado. Mi estado de nerviosismo no se ha vuelto pasajero, sino más bien permanente. Motivos de los cuales, ninguno, sino factores externos a nosotros mismos que vienen a interrumpir en la calma de mi mente y la tranquilidad de mi casa, la cual ya compartimos. Ridículo, pensaréis, después de un año de convivencia la vida cambia poco o nada, más bien esto último en el sentido estricto de la lógica, pero las tradiciones arcaicas, no carecen de pensamientos igual de desfasados en la mente de la personas y nervios se contagian. Aunque éstos mayormente son provocados por el estrés y el no dejar que nadie se meta absolutamente en nada, ya que todos quieren hacer de tu boda, la que ellos no tuvieron y corregir en esta los errores que a ellos les parecieron cometer o no realizar en las suyas.

Problemas como invitados de personas que no quieres que estén en el fiestorro, o de personajes desconocidos, se solucionan no más que con pequeñas tormentas por parte de los contrayentes con sus respectivos parientes. Preguntas indiscretas que descubres que tienen solución con una mentira descarada, que se coge al vuelo y da a entender que no vas a contestar, son algunas de las causas del estrés preboda que puede producirte tu alrededor. Pero las cosas no quedan ahí, tras haber casi pasado la tormenta de las típicas gilipolleces sobre cómo es el vestido, te quitarás los piercings, te taparás los tatuajes o qué vas a repartir de regalo, viene la tormenta de una pregunta que se ha dicho una y mil veces y que no te queda más remedio que escuchar y contestar capeando el temporal:

-¡Qué poco te falta! – esto es la entradilla a la pregunta -. ¿Estás nerviosa?

Y da igual que te lo diga quien sea, de tu círculo o la cotilla del quinto, todos quieren escuchar lo mismo, para corroborar su propia elucubración mental de que una novia tiene que estar nerviosa. Lo peor de todo es que te lo dicen con una sonrisilla malévola en el rostro intentando disimularla. ¿Por qué? La respuesta llega sola, un estado de nervios es síntoma de algo y nunca bueno, aunque venga por un hecho afortunado, y ellos se regocijan en los males de la gente.

-No – contesto -. Llevo un año viviendo con mi novio y todo está listo, ¿por qué iba a estarlo?

Entonces es cuando la alegría se les borra de la cara y dicen la patochada mayor del mundo:

-Entonces no tienes ilusión.

No es que no tenga ilusión o esté contenta, que lo cierto que lo más interesante de la boda para mí es la barra libre y la música, es que no va a cambiar nada en esta casa. Y tú, cotilla de mierda, y morbosa que se intenta hacer pajas mentales con mis cosas, a raíz de un acontecimiento que e sólo mío y de mi marido (sí, marido, me casé hace un año, aunque no ante nadie, sólo fue una ceremonia íntima de dos personas que entraban en una casa para vivir una vida juntos sin firmar nada absolutamente y sin testigos que certificaran nada delante de nadie.) La palabras más concreta sería estrés inducido.

Los ideales de una boda.

Y todo viene inducido por lo mismo, mientras que la novia no quiere una boda perfecta o para ella lo mejor de todo sería una gala de sombras y terror desmedido, unido a la música heavy, para otros, sobre todo los más allegados sería una gala con violines y una orquesta que tocara canciones de fondo, mientras que los futuros esposos prefieren de comida una cerveza y una chuleta con patatas, huevo frito, chorizo y lomo en manteca, para los demás el salmón unido a una bichisuá (o como demonios se escriba), acompañado de una mezcla de carne de primera, pasada por supuesto, algo e salsa y verduras al vapor, sería la mejor comida de recepción unido a un marco incomparable, cuando los contrayentes prefieren el escampado de la esquina. Que está cerca y puede montarse una fiesta de puta madre. Y tu boda perfecta se vuelve una pesadilla para ellos, aunque eso para mi no es ninguna pesadilla.

Aunque lo peor de todo aún está por llegar, a penas faltan veintipocos días y todo se ha vuelto una rutina mareante. ¡Qué poco te queda! ¿Estás nerviosa? ¿Has elegido ya esto o aquello? ¿Y el traje? ¿Y el ramo? ¿Y….? El caso es dar por saco, aunque debido a ello, y que los nervios y la ansiedad se han hecho notar en mi, una amable doctora me recomendó una buena botella de vino, comida, música, aislamiento y un buen polvo diario antes y después del enlace, así que, bajo prescripción médica no puedo negarme a dejarme caer en las tentaciones, sin embargo, ya lo hacía antes de que ella lo dijera, pero lo tomaré como que hay que tomarse la medicina más a menudo.

Ante todo, yo recomendaría esto último para todos los casos de la vida, seguro que sería más llevadera y creo que lo aplicaré.

17 de febrero de 2010

Selene. Capítulo LXVIII.

CAPÍTULO LXVIII: EL MÁS BELLO DEL PUEBLO.



- ¡A todo esto! – dice Fepico mirando un cielo verde oscuro -. ¿Dónde vamos?

- A buscar al cocodrilo ese con plumas – dice Luis mirando a Selene -. ¿No?

- En cierta forma no es un cocodrilo con plumas – dice Selene mirándose las uñas -. Es una pluma de cocodrilos.

- ¡¿Cómo?! – incide Fepico.

- Es lo mismo pero al revés – le dice Luis intentando aclarar las ideas.

- ¡Vamos!... No perdamos el tiempo – dice Yu empujando a Fepico por el hombro y cogiendo a Luis en la marcha -. Lo entenderéis cuando lleguemos allí – los suelta y se adelanta por el camino -. ¿A qué loca se le ocurre hacer una poción con una pluma de caimán? ¡Vieja loca!

- Esa es mi abuela.

- Por eso – contesta volviendo la mirada -. Es una vieja y está loca… No he dicho nada que no sepas ya.

- Eso es cierto – afirma Fepico cogiendo el cigarrillo con dos dedos.

El camino se les hace eterno, entre barro e insectos, nuestros aventureros marchan por un paraje repetitivo en el que, visto un lugar, lo has podido contemplar todo de aquella esfera paralela de la realidad que conocen. El sol calienta con rayos rojos y verdes, una claridad azulada, destaca un vivo color amarillo y añil de los troncos de los árboles, en apariencia muertos, que son los únicos seres vivos que decoran un paisaje inhóspito, cuanto menos. Algas naranjas, asoman de entre un agua fétida y estancada, coloreando la suela de sus botas.

- En estas condiciones sería mejor volar – dice Yu tapándose la cara del sol ardiente.

- No podrías – le dice Selene -. Este sol te quemaría las plumas nada más salieras de entre los árboles.

- ¡Si no tienen hojas!... ¿Qué van a tapar?

- Recuerda que nada es lo que parece y que….

- Si ¡ya lo sé! Esta ley se cumple en todos los universos – le dice a modo repetitivo como un niño que cotorrea su lección -. Es la única ley universal.

- ¿Qué es eso? – dice Luis señalando a lo lejos.

- Otra roca – dice Fepico -. Quizás ya la hayamos pasado antes…. ¿No? Como aquí todo es igual.

- Todo tiene sutiles diferencias – dice Yu -. Este es el camino hacia el caimán.

- ¿No era un cocodrilo? – dice Luis.

- No es un caimán - dice ella -. Verás estos animales de sangre fría son animales más pequeños que los cocodrilos, con el morro más redondeado y menos cuadrado que sus primos, se alimentan de peces y algunos mamífero pequeños, aunque si pueden cazar algo mayor mejor que mejor….

Los tres miraban a Yu de una forma un tanto extraña. De Selene podían esperarse ese tipo de respuesta ante una diferencia tan vaga, presente ante los ojos de un inexperto en el tema, pero Yu los estaba dejando con la boca abierta ante su clase magistral sobre reptiles.

- Y… - en ese momento Yu mira a los tres -. ¿Es que aquí la única pedante puede ser Selene?

- No – le dice Fepico -. Sigue con la explicación que su modo reproductivo me dice algo familiar.

Era la primera vez en siglos que alguien conseguía sacarle los colores del atardecer a aquella diosa. Bajó la cabeza, no hubo réplica, como era de esperar en ella, tomó la empuñadura de su arma y continuó el viaje a la cabeza sin más.
A lo lejos, algo les estaba aguardando, su olor fétido destacaba entre el aroma de las algas fermentadas por el agua estancada. Los observaba con aquellos ojos saltones y azules. A penas tenía plumas en su cuerpo y alas, pero se distinguía perfectamente de su estirpe. Un ave, casi una caricatura de las mismas, pero al fin y al cavo era una de ella.

Aquella simulación de plumas largas y afiladas, no eran más que eso, un espejismo de lo que se quedó a medio terminar en un mundo imperfecto y acabado por alguien que perdió su énfasis a mitad del proceso.

- ¡Extraños! – dice cuando por fin puede vislumbrarlos -. ¡Estupendo! No recibimos visitas normalmente.

- Pues no he adivinado por qué – le dice Luis mientras Selene le da un codazo en el costado.

- ¡Fantástico! – continúa aquel ser extraño antes de mirarse de nuevo al espejo -. ¿Podrían decirme qué hacen por estos hospitalarios parajes?

- ¿Ha dicho hospitalarios? – dice Fepico antes de ver como el cigarrillo que tenía en los labios cae como el queso del cuervo al agua -. Ya quedaba poco de todas formas.

- Estamos buscando un caimán con plumas – le grita Luis desde tierra -. ¿Sabes por dónde anda?

- En su casa – le responde el bicho -. No sale de ahí por miedo a perderlas – se echa un poco de perfume -. Es que es un poco huraño ese caimán. En cambio, su hermana es de los más sociable – se atusa algo parecido a una cresta -. No hace muchos días dio una fiesta en sociedad para presentar a su hija, la golondrina coja, y… ¿qué creéis que hizo su hermano? Ni apareció por la fiesta… - se mira de nuevo al espejo -. ¡Es que no puedo estar mejor! Una descortesía total por su parte – continúa mirando al suelo y haciendo un gesto con el ala libre.

- ¿Sabes dónde vive? – le dice Yu, que había permanecido muda hasta ese momento.

- Por supuesto – se toca la frente en un gesto completamente antinatural -. Todo el mundo lo sabe por aquí.

- Como este lugar es tan acogedor vengo todos los fines de semana – dice Endimión por lo bajo.

- Shuuuuuuuuu – le dice Selene con ojos enfadados -. Pero nosotros somos forasteros.

- Eso se nota por vuestro aspecto – dice bajando hacia el suelo en un aterrizaje más bien accidentado -. Disculpad – se levanta para limpiarse un poco el nuevo polvo de las alas -. Es que esta nueva peluquera me ha hecho una permanente plumar que no es nada cómoda – mira a Yu -. Aunque la tuya tampoco es muy buena. Tienes las puntas por fuera del pelo…. ¡Acompañarme! Iremos a hacerle una visita, aún quiero que me explique por qué no me votó en el último certamen de belleza.

- Porque no fue – dice Fepico.

- ¡Eso no es excusa para no votar! Todo el mundo sabe que soy el más bello de por aquí.

- Entonces no quiero ver al más feo – dice Luis para sus adentros.

- Por lo menos veremos al caimán antes de lo previsto – le dice Selene.

15 de febrero de 2010

EL EXTRAÑO INVASOR

Hoy en la mañana, yo estaba soñando, cuando un inmundo ruido, procedente de otro planeta, me despertó. Abrí los ojos y, pude ver a aquella criatura con dos grandes chichones y una antena que iba de un lado a otro sin parar. También pude observar, su gran cara redonda con dos antenas que no se movían a penas y una, un tanto nerviosa, que no paraba de dar vueltas.

Me levanté de un salto y me abalancé sobre él, como una estampida cuando ve un depredador que se los va a comer uno por uno, sin dejar ni siquiera sus blancos huesos. Lo primero que hice fue tirarle la almohada y, una vez en el suelo, empecé a pisotearlo sin compasión. Me gustaba oír como, poco a poco, su grito se iba apagando y como u pequeña antena saltaba por los aires.

Cuando terminó la cacería, quité mis pies y vi un montón de tuercas y tornillos sin olvidar los muelles. ¡Hummmmmm!......... el sabor de la victoria sobre la máquina. Era mucho mejor que cualquier cosa. Pero, ¡hay! ¿Por qué lo hice? A la mañana siguiente me levanté tarde, y no pude ir al trabajo. Ahora me lamento pero, qué gusto me dio no ver a ese ser tan ruidoso encima de mi mesilla de noche.

Ahora he tenido que comprarme otro. Pero, como me vuelva loco, y de eso estoy seguro. Le pegaré una buena patada hasta el cubo de la basura y me daré el gustazo de levantarme, otra vez tarde, un día de diario. ¡Maldito despertador¡

11 de febrero de 2010

FÁBULA DEL DESPERTAR.

Esta historia nunca tuvo un principio, a lo mejor su final llegue algún día, aunque de eso tampoco estoy segura.

Puede que comenzara en un pueblo, en una gran ciudad, en una calle o camino de tierra, eso da un poco igual. La vida era tranquila, los días pasaban sin más, las noches eran largas y el insomnio dejaba de estorbar.

El sol se acostaba y se levantaba, despertando con rayos de luz, a unos ojos vespertinos, que saludaban la mañana, con más pesadez que esperanza. Unas manos gruesas y doloridas, rascaban unos ojos, aún cubiertos por legañas, que se negaban a empezar aquella rutina diaria, pesada como la que más.

Los pies estaban cansados, el frío les impedía salir, evitaban aquella suave tela de zapatos para el hogar, pues entre sábanas retozaban sin necesidad de trabajar.

- ¡Ay! – decía el pie derecho -. Ahora me van a calzar, junto a mi hermano el izquierdo y nos vamos a marchar.

- No te quejes bajito – dijo una voz singular, era la oreja que anunciaba su presencia, alzando la voz, para que la pudieran escuchar -. Tú estarás calentito, entre algodones mulliditos… Y yo aquí a la intemperie, a aguantar el frío invernal.

- No es tan cómodo como dices – dijo el hermano par -. Nos quedamos atrapados en hormas y nada más… Si por lo menos viéramos a donde va este patan.

- A ningún sitio interesante – dijo el ojo abierto, pues su hermano cerrado aún estaba -. Mira y mira a una gran muchacha. Unos verdes ojos tiene sin embargo esa boca haragana ni un hola le dirige.

- La culpa no es mía – dijo el labio superior, junto con su hermano el inferior -. Si ni se acerca para podernos hacer oír.

- Pues algo hay que hacer – dijo un pie.

- Estoy harto del siempre el mismo camino recorrer – dijo el otro pie.

La conversación acabó, tras una buena tostada, unos zapatos de piel y un gorro de lana. ¿Llegarían a ponerse de acuerdo estos compañeros para cambiar su recorrido? Como ya he dicho, eso no lo puedo saber. Aunque tampoco sabía cómo empezar.

8 de febrero de 2010

HAY LLAMAS QUE JAMÁS SE EXTINGUEN.

Primero tenemos que poner un bonito marco.

Velada, palabra de la cual se dice que es una reunión de varia personas para divertirse, en el ámbito mágico se realizan dos significados, pero el que nos interesa es aquel que se refiere a la descripción como algo maravilloso o estupendo.

Dícese de aquella reunión, me reitero en lo dicho, pero una reunión ha de ser de más de una persona, a lo cual me remito a la suma de dos, no más, sino sería una fiesta. Por lo que la velada sería estupenda, pero no romántica, punto al que deseaba llegar. Y es que un aniversario es la mejor fiesta que pueden montar dos personas para celebrar una unión, sea cual sea.

Ahora vamos a la parte mágica; como cada vez que deseas hacer algo romántico, pretendemos que sea maravillosa, inolvidable y que cause sensaciones de sorpresa y algún que otro shock, provocado por el asombro de la persona a la cual va dirigido todo esto. Sin embargo, viniendo a cuento de la palabra con que he comenzado, un derivativo bonito y que puede ocurrírsele a cualquiera, sobre la palabra en cuestión es vela. Si señores y señoras, caballeros y señoritas, aquel artilugio utilizado desde los albores de la humanidad para encender los caminos y las casas, hecho de sebo en sus orígenes y de cera de abeja, como una modernización de la misma; provocadora de marcos de magia negra y blanca, indispensable en rituales de todo tipo para atraer un deseo, la fuerza, echar mal de ojo y miles de cosas más. Lo cierto es que su marco es inmejorable, tanto si deseas asustar como enamorar. Pero nuestro caso es el último. Nuestra pretensión es enamorar, decir que la o lo amas o lo que se te ocurra, pero que sea bonito.


El color es importante.

Y me refiero con esto a nada que ver con la magia o supersticiones (si lo eres puedes seguirlo, nadie te lo impide), sino que todo esto va en conjunción con los gustos de cada uno, el color del mantel, de los muebles, de la casa, la forma de ser de cada uno o lo que deseéis en esos momentos. Así , por ejemplo:

- El blanco significa la pureza, la paz, la simpleza, las buenas vibraciones…


- El amarillo o el naranja del dominio, el poder, el gozo, la alegría, la luminosidad y el intelecto.

- Azul, es paz, tranquilidad, bienestar, calma, da equilibrio y concentración.

- El celeste es lo mismo que el azul mezclado con lo del blanco.

- Gris para la madurez y la sabiduría.

- El morado para las concentraciones extremas y la mayor velocidad mental, fomenta las curas psicológicas y transmuta las malas vibraciones. Se considera un color sagrado y absorbe la negatividad.

- El lila es una mezcla del rojo, el azul (que da como resultado el morado) y el blanco, así que mezclar todos los significados.

- El marrón es el color de la fertilidad, cosa que no viene bien en una noche de lujuria si lo que pretendemos es sólo buscar un buen achuchón. Pero para el que quiera saberlo.

- El color rojo, al igual que el blanco, lo sabemos todos de sobra, así que no gastaré tinta en esto.

- El rosa, mezcla de dos, producto de un aprendizaje de párvulos, así que unir significados. A parte sirve para evitar los malos pensamientos.

- El negro, por descontado, el color de los pecadores, del cual he averiguado que se utiliza junto a una vela blanca para evitar sus, como podríamos decirlo, “efectos negativos” (para eso no la enciendas, ¡vamos! Digo yo.)

- Una cosa, el verde es el que vale para todo, aunque no siempre es el color que nos pega.

Y después de esta clase de brujería, ridícula o no, depende de quién lo use, de llenar toda la casa de velas, decirle a tu amado que te llame cinco minutos antes de volver, encender a un ritmo descomunal todas las velas. La velada, nunca mejor dicho, está servida, no es necesario encender una sola bombilla, las sombras que irradia el ardor del fuego, junto a ese fantástico conjunto, unos tacones y algo de pintura, lo han dicho todo.

Antes que el sexo.

Pero no tenemos que pasar a acción directamente, la ensalada sin aderezo es más bien sosa, y, aunque pueda resultar de guste muchos, el dar unos buenos entrantes antes del plato principal no es de mal paladar de nadie.

Una mesa decorada, un buen vino, algo de cava o champan para el postre, una cena pausada, romántica, con algo de música, sólo tú y tu pareja, una visión espectacular a la luz de las velas. Una conversación agradable y el cuarto o el nido preparado para el gran final, los fuegos artificiales, harán que todo esto sea un encuentro, algo más que duradero.

Pueden existir obsequios, rosas a más convenir, un bonito beso, ciertos abrazos y las manos actuarán solas, sobran las palabras en un marco mudo donde el corazón y la pasión arden por sí solas, más que las propias velas que has colocado para decorar.

Y mientras las velas se apagan sinuosamente, el calor aumenta, la habitación arde y el fuego se extingue suavemente, ahí quedan dos amantes, en plena oscuridad, tras unas sábanas suaves, las ropas esparcidas y la pasión saciada, sólo por un momento. La noche es joven, los corazones salvajes y, aunque la cera se haya extinguido, la velada puede continuar todo lo que uno desee, para ciertas cosas no hace falta luz.

1 de febrero de 2010

Selene. Capítulo LXVII.

CAPÍTULO LXVII: UN NOMBRE PARA ALGO QUE YA LO TENÍA.

Tras ojear de nuevo las páginas del libro, encuentran una respuesta a todo, ojos de cuervo y plumas de caimán. Esa es la fórmula para vencer a aquella sombra que perseguía a Selene. Su preocupación no se centra en una sola criatura, seguramente hay más de una custodiando el lugar donde Víctor se esconde para urdir un nuevo plan que haga que la diosa primigenia caiga en sus brazos. Aunque esto último no cuadra con los planes de la aludida.

- Está bien – dice Selene tras apuntar las cantidades de la recta -. Ahora tenemos que encontrar los ingredientes y fabricar la fórmula mágica.

- ¡Estupendo! – añade Luis -. Sólo hay que capturar un caimán que crecen…. Un momento… No me lo digas…. A unos miles de kilómetros de aquí y pedirle que por favor nos de una pluma que…. Sino me equivoco no tienen.

- Espero que haya alguna fórmula para hacer crecer plumas a un lagarto gigante – dice Fepico -. Mientras… - mira un momento al techo pensativo -. Me tomaré un cubata… Pero de los que emborrachan.

- Yo me encargo de lo ojos de cuervo – dice la abuela portando un cuchillo de considerable tamaño en la mano -. ¡Ven aquí pequeñín! – comienza llamando al cuervo que vive con Fepico.

- ¡Abuela! – le llama la atención su nieto -. Sé que es un poco molesto pero le he tomado cariño a ese bicho.

- ¡Ah!... No te preocupes, es inmortal… ¡No va a ocurrirle nada malo!

- A parte de dejarlo ciego – dice Yu.

La anciana ha encontrado al córvido y, como alma que lleva el diablo, este corre en un vuelo frenético por toda la habitación intentando escapar de aquel acero afilado. La abuela, sudorosa y con la respiración entrecortada, salta de estantería en estantería, tirando todo lo que le sirve de apoyo, intentando cazar al objeto de su captura.

- Ya no tengo veinte años – dice mientras continúa la caza -. La edad no perdona.

- ¿Quién lo diría? – dice Yu intentando seguirla -. Sin esto lo hace con algunos más no quiero ver lo que hacía entonces.

- Mi abuela siempre ha estado en buena forma – dice su nieto -. Es cosa de familia.

- No será porque tu corras mucho que digamos – le dice Selene.

Plasss, pummm, chaf, se escucha por todo el lugar. Pero Fepico se preocupa más por descubrir qué es una pluma de caimán, aunque sospecha que la repuesta es más literal que metafórica.
- ¡Bueno! – dice Selene quitando la vista de la señora -. ¡Pongámonos en marcha! Tenemos que ir a la dimensión de los caimanes con plumas.

- ¿No tenía un nombre? – le dice Yu.

- Si, pero no me acuerdo – le contesta ella haciendo un gesto con los hombros -. ¡Pongámonos en marcha!

Un círculo, es todo lo que necesitan para llegar hasta allí. La dimensión de nombre desconocido, lo tuvo alguna vez, se nombra en los libros, pero es visitada tan infrecuentemente que ni siquiera los más sabios pueden recordarlo. En ella, miles de criaturas extrañas acechan para no ser vistos, todo está patas arriba y su belleza puede sólo ser apreciada por aquellos que jamás han visto el mundo.

Con los brazos elevados, los tres brujos se concentran en un lugar jamás visto para llegar hasta él. Una gran luz invade el espacio entre ellos y después, nada. Un silencio absoluto, carente de toda lógica invade la habitación. La abuela chilla frenéticamente al cuervo, pero sus alaridos no pueden ser escuchados por ninguno de los presentes, una mosca, se coloca justo en la oreja de Selene, pero jamás será escuchada por ella. Todo pasa desapercibido.

La calma, la sensación de distancia invade todo, aquel tremendo silencio hace demasiado daño a los oídos de los presentes, mueven sus cabezas fuertemente, pero no resulta. Sin embargo, nada ha cambiado a su vista, todo permanece igual. ¿Todo? Una gran mano invade aquella informe circunferencia para dejar paso a un pequeño lagarto, que suelta de entre sus dedos. Este, un poco confuso por ver unos gigantes, los mira con ojos golosos y les indica un camino anexo al que ellos esperaban. Sonríe y se coloca sobre el hombro de Luis. No habla, sabe que no pueden escucharlo, los guía con sus verdes dedos hacia un punto concreto y desde allí desaparecen sin más.

Solo cuando el último pie ha traspasado el umbral, este comienza a cerrarse lentamente, justo al mismo tiempo que el sonido vuelve a reaparecer en el mundo. Fepico, corre, da un salto y se sitúa con ellos en la nueva dimensión.

- Lo cierto es que no echaba de menos correr para entrar en otro mundo – dice mientras se levanta del suelo y se sacude un poco el polvo -. Pero no podía perderme toda la acción.

- ¿Y tu abuela? – le dice Selene.

- Estará entretenida un buen rato – se busca un cigarrillo de su chaleco -. Seguro que no se dará cuenta – enciende el cigarrillo -. Por el único que lo siento es por el cuervo